En este artículo haremos un resumen del libro Descubrir el pasado para sanar el presente, de Carmen de Sayve y Ana Coudurier. En dicho libro se trata la evolución del alma a través del uso de regresiones a vidas pasadas. Crea o no en el más allá o en la reencarnación, este libro no le dejará indiferente. Para que lo lea entero y saque sus propias conclusiones, he omitido en este resumen las transcripciones de las sesiones a pacientes que viven una regresión, ya que su interpretación puede ser muy subjetiva. Para ahondar más en el tema pueden leer a Allan Kardec, Chico Xavier o Brian Weiss. Ahora les dejo con dicho resumen.
La terapia de regresión a vidas pasadas (T.V.P) es una terapia del alma, ya que libera a esta de la carga emocional asociada a un acontecimiento del pasado. La experiencia de regresión a otras vidas se obtiene de manera espontánea o provocada mediante diversas técnicas. Se puede presentar durante la meditación y los sueños o al encontrarse en un lugar que despierte esa memoria. También puede provocarse esta experiencia por medio de la hipnosis profunda o ligera, la hiperventilación y la inducción. En YouTube tienen meditaciones guiadas para realizar autohipnosis, aunque se recomienda hacerlo con un profesional.
Las regresiones se utilizan para sanar fobias o solventar problemas kármicos con otras personas. Cuando se realiza una regresión con fines terapéuticos, se lleva al paciente a un estado de relajación profunda que favorece el descenso de la frecuencia de las ondas cerebrales hasta producir ondas alpha y theta. Llegado a este punto, el campo de la conciencia se expande y abarca otros planos dimensionales, sin que éste pierda contacto con el aquí y el ahora; a excepción de la hipnosis profunda en la que se llega al estado delta y se pierde la conciencia de la realidad física. Esta hipnosis profunda puede ser peligrosa si la realiza sin un profesional al lado, ya que puede revivir una situación traumática tan intensamente que puede causarle incluso la muerte.
Al sintonizarse con el mundo espiritual, la persona tiene acceso a los registros akashicos de sus vidas pasadas y a los mensajes y enseñanzas de los Maestros y guías espirituales. Es decir, los elementos reprimidos en el subconsciente son llevados por la conciencia superior o esencia divina al nivel consciente. Es como si los recuerdos del alma afloraran a su yo tridimensional. Si bien es cierto que el alma subsiste en el mundo espiritual, necesita del cuerpo físico para eliminar y trasmutar las toxinas espirituales que la perturban.
Antes de seguir, explicaremos un poco el por qué de la reencarnación. Aunque luego entraremos más a fondo en la cuestión, por ahora solo diremos que las almas buscan llegar al Creador mediante la evolución en el amor. Para llegar al máximo nivel de amor y fusionarse así con el Creador, el alma debe conocer el mal e ir superando pruebas hasta llegar a su destino. Para ello puede trabajar en el Bardo (lo que nosotros llamamos el paraíso celestial) o puede encarnarse en el mundo físico. Esta encarnación en el plano físico es un método más rápido para evolucionar que aprender en el plano espiritual, pero conlleva mayor riesgo. Para llegar al amor infinito, lo que llaman la Luz, primero hay que pasar por la Oscuridad. La Oscuridad se compone de los sentimientos negativos como pueden ser la avaricia, el egoísmo, la lujuria etc. En este sentido los Siete pecados capitales y los Díez mandamientos pueden ser de ayuda para entender la Oscuridad. En cada encarnación, el alma escoge pruebas a superar y así poder avanzar hacia la Luz. La regresión es una terapia que ayuda al individuo a sanar bloqueos que tiene en el mundo físico y que impide al alma evolucionar. Por ejemplo, si surgieron vidas de víctima con un patrón emocional de autodevaluación, culpa, resentimiento y necesidad de castigo, que dan lugar a las creencias: “no merezco”, “no valgo”, “pobre de mí”, etc., es indispensable, para lograr una sanación profunda, que el paciente sea llevado al origen de ese patrón kármico y experimente al victimario. Y eso puede hacerse durante una regresión. Otro ejemplo es cuando aparece un vínculo conflictivo con alguno de los personajes que nos hemos cruzado en una vida pasada. Mientras no resolvamos ese conflicto, seguirá presente durante todas las reencarnaciones hasta que lo solucionemos. Para ello es importante indagar cuál es el patrón kármico que existe entre las dos almas para liberarlo, es decir, cual fue el origen de la disputa, ponerse en la piel del otro y así solucionarla. A la hora de morir pueden también surgir pensamientos y emociones sumamente intensos, como el odio o el deseo de venganza, que pueden dar lugar a un karma, por lo que es importante limpiarlos. Una vez somos conscientes de nuestro error, debemos compensar ese mal acto con un buen acto para evolucionar. La culpa es la emoción que lleva al alma a la necesidad de compensar sus actos de desamor y puede elegir regresar como víctima o equilibrar con servicio a los demás en la siguiente vida. Un asesino puede escoger ser asesinado en una siguiente vida para limpiar el karma creado en la vida anterior para pasar al siguiente nivel o vivir como asceta para evitar tentaciones. Las experiencias en el plano físico o terrenal son las que nos ofrecen la oportunidad de seguir evolucionando. Si por ejemplo se repite la inclinación a una cierta profesión, es porque no está agotada esa experiencia y el alma necesita reencarnarse en dicha profesión para limpiar sus vidas de oscuridad en las que no ha encontrado todavía el equilibrio. Un paciente médico estaba totalmente entregado a su profesión de médico, olvidando por completo a su familia. Tras una regresión comprendió que su misión era dedicar más tiempo a la familia y no a su trabajo, como había hecho en una vida anterior y estaba haciendo en esta. Al conocer su vida pasada, entendió que debía equilibrar su vida profwsional con el amor a su familia. Aunque ya lo hizo una vez, en ésta vida tiene que reafirmar ese comportamiento. Para entender mejor esto, el libro nos ofrece otros ejemplos de regresiones realizadas a pacientes que nos ejemplifican lo explicado en los capítulos siguientes.
Si ustedes se preguntan por qué los desastres golpean siempre a los más desprotegidos y marginados, la respuesta es simple: ellos han elegido vivir estas circunstancias para acabar de una vez por todas con su karma. No es crueldad del destino, sino condiciones aceptadas de antemano por la víctima. Viviendo una situación tan extrema están limpiando un karma que con vidas normales necesitaría dos o más reencarnaciones para alcanzar lo que logran en esta única experiencia. Valorar las pruebas que está pasando la humanidad actual como crisis o cambio climático es comprender que éstas son las que la ayudarán a dar el salto a la cuarta dimensión. No sólo tenemos una misión individual, también tenemos otra como especie. Vean en las distintas crisis una verdadera bendición, ya que conlleva el avance real hacia la auténtica liberación del planeta.
Los Maestros llaman a los distintos niveles evolutivos Astrales. El Astral es el mundo espiritual que corresponde a la tercera dimensión. Consta de tres planos principales, cada uno subdividido en varios niveles, según la frecuencia vibratoria que los rige. En los diferentes planos astrales se encuentran las almas en tránsito que esperan volver a encarnar o seguir evolucionando, hasta obtener la frecuencia vibratoria necesaria para acceder a la cuarta dimensión. El Bajo Astral es donde se encuentran los desencarnados cuya vibración es muy baja, ya que siguen fuertemente apegados al plano terrenal. Los que allí se estacionan, y según su estado de conciencia, se hallan en lo que se considera el “purgatorio” o el “infierno”. Ambos estados son voluntarios y no eternos. Por decirlo de otra manera, el que se aferra a lo material (dinero, poder, belleza, etc.), vivirá reencarnaciones siempre en el Bajo Astral. En este Astral se hallan los malhechores, sea cual sea su posición social. En el Astral Medio se encuentran la mayoría de las almas humanas, dado el estado evolutivo actual de la humanidad. En el Alto Astral se encuentran los seres más evolucionados, personas altruistas que radian amor por todos sus poros. Del Alto Astral se pasa a la quinta dimensión o se decide bajar al plano terrenal para ayudar a los que están más atrasados. El trabajo en la quinta dimensión consiste en crear mundos en los que habrá vida evolutiva, dando así gloria al Creador. La última dimensión es la fusión con la Fuente en la que nos originamos y en la que el Universo entero se absorberá.
Aclaremos que el Ser es amor y amor significa dar, aceptar, entregar, equilibrio, armonía y felicidad. Eso es lo que en realidad somos, nuestra esencia espiritual, pero no podríamos saber todo ello sin pasar por lo opuesto, que es el temor o el miedo; lo cual significa aprisionar, atesorar, controlar, negar, dudar, incomprensión, intolerancia, desasosiego, infelicidad y desarmonía. Estamos creados desde el amor y al amor debemos volver, pero para conocer el amor verdadero e infinito antes debemos deshacernos del odio y del miedo.
La encarnación es para el alma abandonar el paraíso celestial, esto provoca la ilusión de estar separada del Todo, del amor y la felicidad para ir a experimentar los sentimientos contrarios. Imaginen qué están en la piscina de su mansión caribeña tomando un mojito y de repente le dicen que al día siguiente debe estar luchando en la guerra de Ucrania. ¿Cómo se sentirían? Pues eso. Así nace el miedo, que una vez encarnados da lugar al ego, el cual nos acompaña durante todo el recorrido por este plano hasta que, después de múltiples esfuerzos y experiencias, la conciencia se abre al entendimiento de su verdadero Ser y nos volvemos seres amorosos. En este sentido, el alma joven, por su falta de experiencias terrenales, busca intensidad en su expresión y por lo tanto se deja llevar más por el egoísmo, mientras que el alma vieja, que no necesita de esa intensidad emocional por ya haberla experimentado en otras vidas, responde con mayor equilibrio a la reencarnación. Pero aunque un alma vieja cuente con gran conocimiento, ese conocimiento puede usarlo mal y puede repetir curso. Imaginemos que morimos con el deseo de ser muy inteligentes en una próxima vida y se nos concede. Es muy interesante ver cómo cuando un sujeto muere con un deseo el alma regresa para satisfacerlo en una siguiente experiencia. En una sesión narrada, Regina muere en Inglaterra con el deseo de conocer América. En la siguiente reencarnación Regina se encarna en un miembro de una familia que vive en la época colonial en México. Como decíamos, si deseamos ser inteligentes en una siguiente vida, o ricos, o muy guapos, nuestro libre albedrío puede convertirnos en Nicola Tesla, Brad Pitt o en Warren Buffet o Quasimodo. Nosotros escogemos avanzar o darnos a los placeres terrenales. Cada vida es una prueba y debemos ser conscientes de ello.
La doctrina de la reencarnación establece que el ser humano nace una y otra vez en el mundo físico hasta tomar conciencia de su verdadero Ser, que es divino. De la mano de lo anterior va la Ley del Karma, que es el principio de equilibrio entre la causa y el efecto. Platón sostenía que “el conocimiento fácilmente adquirido es aquel que se ha obtenido en una vida anterior, por eso fluye con facilidad”. Al entrar en la aventura del mundo físico, el Ser de Luz, que es cada uno de los seres humanos, se reviste de un cuerpo, vehículo de muy densa vibración que lo aísla por completo del mundo espiritual. Esto es necesario, ya que sin ello no se podría experimentar la sombra, que más tarde le hará apreciar en toda su infinitud la Luz de donde salió. Como decíamos antes, aquellos que creemos en desventaja no lo están realmente, ya que así lo han escogido para experimentar lo que los llevará a expandir su conciencia. Si a veces no comprendemos que alguien pudo haber escogido vivir con limitaciones físicas o condiciones extremas de pobreza o enfermedad, es porque lo juzgamos desde el plano físico y no metafísico. Sí, correcto, nosotros escogemos la vida que llevaremos en nuestra reencarnación para experimentar aquello que nos impide evolucionar. Por ejemplo, si en una vida anterior hemos pecado de avaricia, para la siguiente podemos escoger ser ricos para probar la filantropía o muy pobres para sufrir el sentimiento opuesto. Esta decisión será asesorada por un guía espiritual, pero al final la decisión es nuestra. Al inicio, la vibración del ser humano, al ser sumamente densa, lo incita a ser violento, lujurioso, ladrón o asesino. Sin embargo, se necesita que pase por esos extremos para después expresarse en el otro polo y finalmente lograr el equilibrio. Quien no tiene todavía el discernimiento para entender que cualquier acto contra el amor lo aleja de su verdadero Ser, no sale de la Oscuridad. Sin embargo, el desear cumplir con su deber ya denota otro estado de conciencia. Por lo tanto, si escogemos ser rico para probar nuestro lado altruista, nuestras decisiones nos llevarán a ayudar a los demás si queremos evolucionar. Si seguimos siendo egoístas, en una vida posterior no nos dejarán ser ricos nuevamente y por lo tanto deberemos sufrir la pobreza extrema. Erróneamente se toma este karma como un castigo. En realidad, se trata de una ley de compensación sumamente compleja, concebida para sacar al ser evolutivo de la sombra y ayudarlo a encontrar la Luz. Es importante hacer hincapié en que todo concepto que parezca tomar la postura de premio o castigo es incorrecto, así como la de “deuda kármica”; quizás el término más adecuado sea “enseñanza”. Cada experiencia que se vive en el mundo físico está diseñada para sacar al ser evolutivo de la sombra y no para hundirlo más en ella. Pero no siempre se logran superar ciertos patrones, ya que, una vez encarnada, en muchas ocasiones el alma se obsesiona con la huella que trae, profundizándola aún más. Necesitará entonces de un estímulo verdaderamente fuerte que la saque de ese patrón. Por ejemplo, cuando un alma tiene un patrón de violencia, puede elegir regresar en una próxima encarnación a una infancia de maltrato y abuso para intentar no cometer los mismos errores pero puede caer nuevamente en esos errores.
Se comprende que al hablar de causa y efecto aludimos a la consecuencia, que puede ser dolorosa o grata, dependiendo desde luego de la la causa que la originó. Por lo tanto, karma es la oportunidad que se le da a las almas para aprender a actuar con amor y lograr así su evolución espiritual. Cada vez que la vida nos presenta una prueba en la que logramos responder más desde el amor y menos desde el ego herido, avanzamos en la trascendencia y purificación de las emociones negativas impresas en el cuerpo emocional, lo que favorece la elevación de la conciencia. En las vidas escogidas como normales y tranquilas de clase media, tenemos la obligación de servir a los demás y de ayudar. El desaprovechamiento de esta oportunidad constituye lo que se conoce como karma de omisión. En el Bardo se elige, pues, voluntariamente la vida, el entorno, los seres con quienes se va a convivir y las pruebas a pasar para superarse y evolucionar. Trascender estas pruebas y limitaciones tienen por objeto ascender en la escala evolutiva. Si se vive una vida de total oscuridad ésta se compensa con una vivencia en la Luz, pero quizás falte por vivir una experiencia intermedia. Todas las vidas son movimiento y se van compensando unas con otras, pero cuando el promedio de todas eleva la vibración del ser, se llega al equilibrio y la armonía. Las almas que se encuentran en una vibración muy densa, no logran llegar a la luz debido a que su mente está únicamente enfocada en el plano físico, adonde desean regresar. Estas almas reencarnan desde el Bajo Astral, como dijimos anteriormente, que es el plano espiritual de mayor densidad y el más cercano a la vibración del mundo físico. Las privaciones y las penas le ayudarán a elevar su frecuencia vibratoria, aunque en ocasiones, por ser ésta sumamente densa, no puede evitar seguir en la oscuridad, no porque se lo proponga de antemano, sino porque su misma densidad se lo provoca. Pero, ¿qué sucede si vida tras vida nos lanzamos a la mala vida y a los Siete pecados capitales? Pues por decirlo de forma clara, te expulsan del colegio. Nuestra luz pasa por todos los estados. Primero somos minerales, luego vegetales, animales y por último humanos. El hecho de ser expulsados del colegio por haber repetido curso mil veces conlleva la vuelta al estado mineral. Y la llegada a ser humano nuevamente puede tardar eones. El Creador es amor infinito, da muchas oportunidades, pero también tiene su paciencia. Es bueno, pero no tonto.
Antes de estar inmersos en la vida física, nos encontramos en el Bardo o mundo espiritual con diferentes almas, con las cuales ya hemos tenido varias experiencias y acordamos con ellas que nos enseñen, en el curso de la vida física, las diferentes virtudes que necesitamos aprender. Es el caso de las personas que a veces nos hacen daño y nos es difícil perdonar, o el de las que amamos entrañablemente. Acordar con otra alma significa decidir volver a vivir juntas una experiencia para eliminar el odio, el rencor o cualquier emoción negativa que las vincule; para, finalmente, trasmutarla en amor. Lo que sucede es que, al volverse a encontrar, algunas veces se despierta el recuerdo a nivel inconsciente de lo que se vivió y activa esas mismas emociones; y surge así el deseo de venganza. En ciertas ocasiones tenemos encuentros fugaces con seres que nos parece conocer desde siempre. Quizás ese sea el caso y ya hemos compartido experiencias pasadas con ellos. Aunque el encuentro sea breve y carezca aparentemente de importancia, nos ayuda a comprender que muchas almas que nos rodean han tenido un fuerte significado en nuestras otras vidas.
Las almas, antes de regresar al mundo físico, se proponen ayudarse a vivir lo que necesitan experimentar. Por ejemplo, si un alma cree necesitar ser víctima para contrarrestar sus abusos anteriores, esta escogerá vivir junto a otra que todavía se encuentre en tal densidad que, muy probablemente, la hará vivir esa experiencia. Hay casos en que el acuerdo consiste en hacer sufrir al otro para compensar una antigua actitud; es decir, que si en una ocasión uno hizo sufrir al otro profundamente, en ésta le pedirá a la víctima que le haga lo mismo, lo cual, si se da el perdón, hará que se equilibre y se anule el karma entre los dos. El vivir estos extremos no sería necesario si el alma comprendiera que la mejor manera de compensar sus anteriores inarmonías es mediante el amor, que es lo que se transgredió; pero cuando todavía no se ha llegado a esta comprensión, el alma busca el autocastigo.
Pongamos un ejemplo. Imaginemos que en una vida un padre abusa sexualmente de su hija. Una vez muertos, en el Bardo, acuerdan invertir los papeles y la hija se convierte en el padre abusador y el padre abusador pasa a ser la víctima. Esto provoca que el padre abusador entienda lo que hizo mal sufriendo lo que hizo sufrir y equilibra el karma entre las dos almas, entendiéndose la una a la otra y poder así amarse, superando el rencor y la venganza en su aprendizaje. Tras una vida tan traumática como la expuesta anteriormente, la víctima puede decidir tener una vida de descanso donde reine en ella la paz y la felicidad y que le sirve como respiro después de atravesar por experiencias intensamente polarizadas. Estas vidas pueden ser monjas de clausura, pastor de cabras o alcalde de un minúsculo pueblo de la Sierra. Cuando el alma ha agotado todas las experiencias que ofrece el mundo físico se decide a elevar su frecuencia vibratoria, dando así el paso a la siguiente dimensión.
A través de la hipnosis o de la meditación podemos entablar contacto con nuestros fallecidos, ya que ese estado expandido de conciencia nos permite acceder a otras dimensiones. No importa que una de las almas se encuentre en el mundo espiritual, siempre hay interacción entre todas las almas, por eso también se puede dar la liberación de un lazo negativo con quien ya no tiene cuerpo físico. El amor no tiene barreras y todo lo sana.
Cada misión abarca un tipo de lección. Por ejemplo, ser víctima de catástrofes naturales enseña impotencia y resignación. La muerte de un hijo enseña desapego, la ruina puede enseñar humildad y la obtención de mucho poder puede poner a prueba nuestro altruismo o compasión. Hay pruebas que pueden ofrecer malos entendidos. Por ejemplo, marchar a la guerra dejando a la familia desamparada no es abandonarlos. Cada uno cumple una misión y por lo tanto la misión del padre puede ser morir en batalla y la misión de la madre puede ser cuidar ella sola de sus hijos. Ambos están cumpliendo su propia misión. Para saber qué misión es la verdadera (morir en la guerra o demostrar amor a la familia no yendo a la guerra) hay que tener confianza en la propia intuición. Mientras se es fiel a la misión escogida para la encarnación no hay abandono a la familia, siempre y cuando la búsqueda sea del ideal y no del ego. El Universo cuidará de los que se queden, ellos no vendrán pues no es su camino.
El dolor al encarnar nuevamente y dejar la felicidad del paraíso es muy poderoso, por eso hay quienes escapan de él enajenándose con poder, placeres, drogas, sexo, alcohol. Siempre detrás de esos abusos hay gran desolación y dolor. Los hay que se refugian en el trabajo buscando el éxito mundano, lo que les impide estar cerca de su dolor evadiéndolo de esta manera. Yo mismo he sentido en sueños ese dolor, esa angustia de separación, de dejar la Luz. Ese dolor me surgía estando en el vientre de mi madre y no quería reencarnar. Es una angustia indescriptible. Esto me hace comprender un poco mejor a los jóvenes de hoy día, que buscan la comodidad y evitan el sacrificio. Creo que las almas jóvenes encarnadas en la actualidad desean vivir el Bardo en La Tierra, y no les culpo por ello. Pero posiblemente cuando se den cuenta de que han desaprovechado la oportunidad de evolucionar sea demasiado tarde y necesiten repetir curso. El problema será el planeta que se encuentren en las siguientes vidas.
El abandono de la Luz no sólo provoca miedo, también celos. Los celos son una emoción provocada por el miedo al abandono, en primer término, ya que el miedo se halla en la base de cualquier comportamiento del ego. Se manifiesta de dos maneras, una, por el deseo de no estar solo y otra por el deseo de tener control absoluto sobre la otra persona que, en casos extremos, llega a la necesidad de poseerla en todos los aspectos de su personalidad. Cuando ese rasgo de dominio no se sana se puede convertir en una verdadera patología, que pasa de una vida a otra. Aprender que el apego sólo trae dolor y es un impedimento para la plenitud es vital. El miedo al abandono provoca apego, después va el aislamiento y, por lo tanto, la infelicidad. El verdadero amor es sin apego (así está expuesto en El arte de amar de Erich Fromm). El sexo es bellísimo, pero siempre como complemento del amor. De lo contrario es lujuria egoísta. Cuando se da un apego sexual con un alma determinada es porque ya se tuvo una experiencia previa con la misma. El caso del apego sexual sucede cuando la vibración del sujeto está en el chakra sexual y, por lo tanto, su nivel de conciencia corresponde a esa baja frecuencia. Cuando el alma decide compensar su extravío sexual, elige una experiencia opuesta que, en este caso puede ser la vida de un monje célibe y con voto de pobreza. Como puede verse, la Iglesia también tiene su misión en La Tierra.
El apego al Bardo puede incitar al que no desea sacrificio ni sufrimiento a suicidarse. No vale la pena quitarse la vida nunca, ni por el dinero ni por cualquier otra cosa. Todo se puede mientras se tenga vida; en el momento que cesa, se acaban las oportunidades. El suicidio no es más que la decisión del individuo de no seguir adelante con la experiencia terrenal. No implica este acto ningún castigo, como ningún acto humano lo hace, sólo el remordimiento de no haber tenido el valor de seguir adelante con su misión. El problema es que hay más vidas y que lo que no se acabó de aprender o de cerrar en esa vida, habiéndoselo propuesto con anterioridad, sólo se pospone para una nueva experiencia. No hay castigo, por así decirlo, pero sí hay efectos; al quedar truncada una experiencia habrá que repetir en otra vida el estímulo que se evadió, y éste algunas veces puede ser más enérgico en la vida posterior. No quieres caldo, pues dos tazas.
Retomemos ahora la maldad del Bajo Astral. Cuando un alma comete actos de desamor en cualquiera de sus manifestaciones y abusa de otros, se convierte en lo que llamamos “victimario”. Estas actitudes le provocan culpa, aunque no siempre a nivel consciente, durante la misma experiencia vital. La culpa, cuya huella queda impresa en el cuerpo emocional, genera la necesidad de autocastigo. Al querer compensar esa desarmonía, probablemente elija, en una próxima encarnación, volver como “víctima”; rol que podrá experimentar de muy diversas maneras, como padecer el mismo dolor que provocó a otros, sufrir abandonos, venir con una malformación congénita o una enfermedad que lo hará sufrir toda la vida, entre otras. Algunas de las emociones características de la víctima son: el rencor, el deseo de venganza, la culpa y el menosprecio a sí mismo; la lección a aprender será el amor y el perdón. Las emociones predominantes en el victimario son: la soberbia, el enojo, el desprecio y el odio, que con frecuencia le generan culpa; y la lección a aprender es el amor y el perdón a sí mismo. El verdadero perdón a quienes nos ofenden no se da desde la clemencia, sino desde la comprensión de que lo que han hecho es porque todavía no han salido de la oscuridad en la que los seres evolutivos hemos entrado. Si comprendemos que el daño moral o material que alguien nos inflige es una experiencia que nuestra alma busca para su crecimiento y aprendizaje, el perdón se da de manera natural. Por el contrario, si alimentamos rencores hacia los demás o hacia nosotros mismos, que no son más que manifestaciones de la culpa, éstos se convertirán en el cáncer del alma, el cual probablemente algún día se manifieste en el cuerpo físico.
Algunos comprenden más rápido que otros cómo salir de la oscuridad; y algunos más se engolosinan con determinadas actitudes negativas que provocan el endurecimiento del alma, lo que impide el contacto con la luz interna. Es entonces cuando se necesita de un fuerte catalizador (experiencia extrema) para abrir ese duro caparazón. Recordar que cuando hay amor y aceptación, no hay envidia.
Un desorden muy común son las fobias. La fobia es el resultado del rechazo a morir y, por lo tanto, esto trae como consecuencia una carga emotiva muy intensa. Cuando el individuo en la vida actual se encuentra ante una situación que tiene alguna similitud con la situación que originó la fobia, experimenta el despertar de ese particular recuerdo que quedó impreso en el cuerpo emocional en una vida anterior. Esto es lo que se entiende por suceso desencadenante o detonador. Por ejemplo, usted puede sufrir claustrofobia si en una vida pasada fue enterrado vivo. Esta fobia la tendrá vida tras vida hasta que la supere. Esta huella, activada, se convierte en un miedo irracional, ya que la persona no tiene un recuerdo consciente de ese suceso. Estas situaciones son las que dan lugar a las diferentes fobias. Se viene a esta vida para limpiar también las fobias, pues se tiene que liberar el alma de cualquier cosa que la ate al plano físico. Estas provocan karma, es decir, necesidad de volver a encarnar para aprender la aceptación, el desapego y acabar con el miedo. Toda experiencia traumática en una vida pasada puede producir miedo al detonante en la nueva encarnación. Después de una experiencia de dolor, abuso sexual, hambre o violencia puede aparecer, por ejemplo, la obesidad como escudo ante la supuesta hostilidad del mundo exterior, o por la necesidad insatisfecha de ser amado, por lo cual el sujeto busca gratificarse con el placer de la comida. En otras ocasiones, puede tratarse de una decisión del alma de pasar por esa experiencia para sufrir con la deformidad y aprender la humildad, la paciencia y la autoaceptación. Si sufre de obesidad tiene tres opciones: hacer ejercicio y comer menos, atiborrarse a pastillas o practicar una TVP para desbloquear el detonante de su enfermedad. Como dicen, el primer paso es reconocerlo. Estos detonantes suelen surgir en el momento antes de morir. En uno de los casos mencionados en el libro, un paciente descubre que es esteril porque el último pensamiento que tuvo antes de morir fue la pérdida de sus hijos, algo que lógicamente le causó un gran dolor. El pensamiento antemortem de “no vale la pena traer hijos al mundo para que sufran”, se transformó en un mandato que posiblemente ha contribuido a la esterilidad del paciente en esta vida. Lo que creemos, creamos. En el caso de las creencias negativas, para deshacerse de ellas, el sujeto necesitará pasar por un suceso que contrarreste la huella emocional, y además comprender su irrealidad. Citaremos algunos ejemplos:
—Soy malo y merezco ser castigado.
—Siempre me abandonan.
—Si me muestro como soy, me rechazan.
—Haga lo que haga, nadie me va a querer.
—Todos se aprovechan de mí.
—No merezco ser feliz.
—El dinero es sucio y corrompe.
—Soy un fracasado.
Para desactivar una programación como estas es necesario ir al suceso en el que se originó, que por lo general fue traumático. Al revivirlo se libera la emoción y se toma conciencia de que la creencia se produjo en el pasado, y con ello pierde su vigencia en el presente. Al dejar de creer, dejamos de crear. Si un individuo durante una encarnación hizo mal uso del dinero, pudo haber grabado algunas creencias como: “El dinero es sucio”, “No merezco la abundancia”, “Si tengo dinero, soy corrupto”, “Soy incapaz de generar dinero”, etcétera. Es muy probable que, durante su vida actual, manifieste situaciones conflictivas con el dinero, como: estrechez económica, apego excesivo, miedo a perderlo y culpa por tenerlo y gastarlo, entre otras. Será necesario, entonces, llevar a cabo una sanación del vínculo de esa persona con el dinero.
Por lazo kármico se entiende el rompimiento del equilibrio debido a acciones negativas contra una o varias almas y la compensación necesaria para equilibrarlas. Si en una vida dos almas se lastiman, vendrán juntas en otras vidas hasta que aprendan a amarse. No sólo es para reparar actos de desamor por lo que las almas regresan en grupo, sino para trabajar juntas en alguna misión. Según el acuerdo espiritual que se estableció antes de encarnar, al liberar las emociones negativas que las vincularon, se llega naturalmente al perdón, y se da paso al amor y la compasión, lo que trae como consecuencia la disolución del karma. Por ejemplo, si sufrimos palizas de nuestro padre en una vida pasada, en el Bardo podemos acordar invertir los papeles en una siguiente vida para perdonar y ser perdonados. Tras este perdón incondicional mutuo se hallará el amor y se desatará el lazo kármico entre ambos. Hay casos en que el deseo de un alma para desagraviar lo que le hizo a otra (en este caso una alma murió ahogada por la negligencia de otra), es imperioso. Entonces se le da la oportunidad de hacerlo en la misma vida. El alma que sigue viva crece y tiene un hijo, (el hijo es la alma reencarnada que murió ahogada siendo joven). El niño, por un lado, viene con un problema respiratorio (asma), debido a la huella que se imprimió en su cuerpo emocional durante la muerte en su anterior encarnación (ahogamiento), y por el otro, para que con el sufrimiento que eso le produce al padre (alma que promovió la muerte de su amigo en la juventud), se libere su karma. En esta ocasión el niño murió para dar una lección de desapego al padre y al mismo tiempo para equilibrar el karma entre ambos, esta vez, mediante el dolor del alma del padre negligente. Cuando dos almas deciden ir como gemelos de un mismo óvulo es porque desean estar muy unidos para poder trabajar juntos. Por haber salido de la misma célula, los gemelos se sienten iguales y en gran unión uno con el otro. Esto es un aprendizaje que, en ocasiones, sirve para entender el concepto de unión. Cuando una madre queda embarazada y se ha acordado quién será su hijo, el alma que va a reencarnar se le acerca desde ya antes de la concepción y la rodea de amor para preparar su alojamiento. Una vez consumada la concepción, el alma se introduce, aunque no siempre definitivamente, sino que entra y sale para irse acostumbrando a su nueva condición en el mundo tridimensional hasta la hora de su nacimiento. Cuando se provoca un aborto, debemos entender que sólo se está impidiendo la realización de un alma que desea encarnar. En el movimiento espírita, Allan Kardec también menciona el aborto como un echarse atrás del alma que se iba a encarnar. Un paciente vivió así su nacimiento: “Estoy en un lugar donde soy espíritu y me siento muy bien. Puedo ver el sitio, en la Tierra, donde voy a nacer. Por un rayo de luz bajo hacia el vientre de la que será mi madre. Siento mucha paz y calor; estoy en una casa en donde veo gente que camina, pero yo no he nacido. Veo a una mujer en trabajo de parto y a un doctor que la ayuda. Entro en mi cuerpo durante el parto. Esa mamá es mi hermana de esta vida”.
En otro capítulo se narra el tema de los demonios, los espíritus y las posesiones. En La Tierra, se quedan las almas estancadas en la vibración del mundo físico por diversas razones. Una de ellas es porque en una muerte repentina no se dan cuenta de que han muerto. Estar apegadas y sentirse atraídas por lo que dejaron, sean pertenencias, afectos, poder, dinero, etcétera, puede constituir otro de los motivos para no elevarse. Emociones como la culpa, el miedo, el rencor o el deseo de venganza son otras de las razones para no quererse mover de este plano al morir. En estos casos es más difícil que el alma se vaya a la luz si no recibe ayuda del mundo físico. De todas maneras, desde el mundo espiritual se le auxilia también enviándole luz que, poco a poco, hará que se desapegue de la atracción de ese plano. En un ejemplo de ello, un paciente revive su quedada en La Tierra como espíritu por querer seguir cerca de su pareja. El problema es que al estar tan apegado a lo material, el espíritu no sabe qué es la luz que le envían desde el más allá y por tanto no va hacia ella, incluso huye de ella por miedo. “Nuestro trabajo, dice un guía espiritual, es ése: sacar a las almas del “Purgatorio” y buscar socios en el mundo físico que envíen luz y amor desde abajo, para desapegarlos de ese chicle en el que se encuentran.
Sufre por la imposibilidad de comunicarse con los que dejó y por las emociones negativas que, por su densidad, le impiden elevarse a la luz”. Así pues, las personas con sensibilidades extrasensoriales reencarnan con un don para ayudar a los espíritus errantes a seguir su camino.
Cuando el individuo se encuentra demasiado apegado a la materia, al morir le es difícil elevarse al mundo espiritual y se queda en el Astral Bajo, de diferentes maneras. Unos sólo deambulan por el mundo físico en busca de ser escuchados o molestando a los encarnados; otros desean experimentar las sensaciones que tenían en cuerpo físico y entonces tratan de incorporarse a algún encarnado, para sentir a través de su cuerpo. Se puede entrar en una persona cuando hay una hendidura en su aura debilitada, que pudo haber sido provocada por una mediumnidad no controlada, por alguna adicción, por una profunda depresión, así como por mantener una emoción negativa con gran intensidad, como la ira o el miedo.
Se entiende por demonios a seres desencarnados de muy baja vibración, que se apoderan de la voluntad de un encarnado con sensibilidad extrasensorial. Hay posesiones demoníacas temporales y permanentes. En ambos casos, se pueden presentar como algunas manifestaciones de esquizofrenia en el poseído. Una de las razones por las que estos seres se introducen y permanecen en el poseído, es debido a que éste busca entidades que le den poder y lo hagan sentirse superior; lo cual en un principio logra, pero después estos demonios se burlarán de él y lo harán sufrir cruelmente. En ambos casos, la manera de liberarlos a la luz puede ser mediante la oración o la persuasión. En situaciones extremas se necesitará de un exorcismo que efectúe alguien competente para este trabajo. En el Universo rigen leyes y energías que todavía no son conocidas por la mayor parte de la humanidad, pero que algunos saben utilizar en pro o en contra de la armonía universal. Dichas energías pueden ser dirigidas de manera positiva o negativa; por esta última se entiende el uso de ellas para obtener poder sobre los demás en beneficio propio y en contra del amor y la armonía. Esto es lo que se entiende por brujería y magia negra. Nuestro pensamiento puede fabricar, consciente o inconscientemente, esas entidades que poseen una fuerza vibratoria acorde al nivel de conciencia de su creador y al que quedan vinculadas. Los llamados “brujos negros” crean conscientemente elementales a su servicio y que, en conjunto con seres desencarnados de muy baja vibración, trabajan bajo las órdenes de aquéllos para destruir la armonía de alguna persona. Hay casos en los que el brujo, con su intención, carga de energía negativa algún objeto, del cual emana tal fuerza negativa que produce una gran desarmonía en quien se encuentra cerca de él. También puede, con su intención, transferir simbólicamente la personalidad de la víctima a un muñeco y gracias a su poder mental, produce el daño deseado. Hay una variante poco común de estos procesos: consiste en cargar un objeto con una entidad desencarnada, en estado de evolución muy primitivo. El brujo le promete a ésta la inmortalidad y un gran poder para hacer el mal. Como su gozo consiste en eso, acepta y es encerrada en dicho objeto. Así éste poseerá una fuerza negativa de gran potencia, debido a que en él se encuentra un ser consciente. En caso de que el objeto deje de existir como tal, el ser se liberará. Un ejemplo de esto es la película Anabel de la serie del matrimonio Warren. La brujería puede utilizarse también de manera positiva y usarla para el bien común, y siempre tiene más poder que su contrario. Quienes utilizan estas fuerzas con este fin, tienen el poder de neutralizar y muchas veces materializar, la fuerza negativa recibida por la víctima. Esto es lo que se denomina magia blanca e incluye las “limpiezas” y la sanación física y psíquica, entre otras.
Durante una regresión, el paciente puede comunicarse con algún alma afín a él. Se presentan las almas que tienen asuntos pendientes con la persona porque ésta se encuentra en un estado expandido de conciencia que le es propicio para la comunicación con el mundo espiritual. El estado al que se accede durante la regresión es de una vibración más sutil que la de la conciencia del mundo físico. Las almas se atraen, ya sea por amor o por lazos energéticos, creados por pendientes anteriores que dan lugar al karma entre ellas. En el momento en que las circunstancias son propicias, se atraen como imanes y la conexión se efectúa. Todo esto, desde luego, es supervisado por los guías y las diferentes jerarquías que velan por el orden cósmico.
Parte del descrédito sufrido por la teoría de la reencarnación está asociado a la idea de que varios individuos han manifestado haber sido, en sus vidas pasadas, personajes históricos famosos. Realmente hay muchos estamentos que se verían perjudicados si la gente conociera esta verdad, como los religiosos. Estos estamentos son los encargados de desacreditar a aquellos que desean instaurar la Luz en el planeta haciendo hablar a gente sin credibilidad ninguna. Seguro que recuerdan haber visto a un campesino analfabeto o a un friki con un gorro de papel de plata diciendo que los extraterrestres existen, ¿verdad? Por suerte para nosotros, cada vez más se están pronunciando científicos y gente con una alta credibilidad académica o laboral que están confirmando lo que el campesino y el friki dicen. Cuando una persona sale en televisión diciendo que es la reencarnación de Jesús o Hitler, lo que en realidad sucede es que esos personajes son arquetipos para el reencarnado, uno de bondad y otro de maldad. Por arquetipo se entiende el modelo de los personajes sobresalientes de la humanidad, que representan características específicas de poder, maldad, crueldad, lujuria, bondad, justicia y heroísmo, entre otras. Cuando un alma desea experimentar alguna de estas vivencias “entra” en ese personaje, en la línea de tiempo en donde está sucediendo y narra lo que experimenta en la piel del otro. Recuerden que todas las almas están conectadas entre sí porque todos procedemos del mismo lugar. Partamos del principio de que todos somos Uno y lo mismo, y a la vez somos seres individuales, cada uno con una misión y una decisión distintas. Pero resulta que deseamos vivir una experiencia relevante de la humanidad, por medio de un personaje famoso por su poder o sus hechos. Podemos hacerlo, ya que “él es yo y yo soy él”. Pero, ¿cómo podemos entrar en la individualidad de otro ser? No entramos, simplemente nos unimos a su experiencia en una simbiosis permitida, ya que todos podemos experimentar lo que nos plazca. El vivir la experiencia de un arquetipo de crueldad nos llevará necesariamente a experimentar sus consecuencias, pero esto se sabe y se acepta. Cuando un alma desea vivir la situación de un arquetipo humano de poder, bondad, crueldad, etcétera, se le permite entrar en esa línea de tiempo y ser uno con el personaje en cuestión. No es el que se incorpora al arquetipo el que toma las decisiones, sino que sólo experimenta las vivencias del verdadero personaje y las narra como si fueran propias.
Otro tema interesante es la aparición en escena de almas que vivieron en La Atlántida. Estas regresiones se narran en el libro porque guardan entre sí características comunes que dan a entender que La Atlántida existió de verdad. En estas regresiones los habitantes, llegados del espacio, se asientan en este planeta con mucha más superficie de la que tiene ahora. Los habitantes hablan telepáticamente. Leamos un fragmento de la narración de un paciente que vivió en el continente perdido.
“Cuando terminamos la escuela nos dan unos medallones que tienen un cristal en medio. Son de diferentes colores y nos colocan otro cristal en el entrecejo. Ahora me veo en un lugar en donde nos van a enseñar a curar. Debemos estar bajo una luz que desciende del techo y con el cristal del entrecejo somos capaces de detectar la disfunción del paciente. Hay supervisores que anotan todo lo que se hace, mediante un alfabeto que consiste en líneas punteadas en diagonal y horizontal. No hay familias, pues sabemos que todos somos uno. Nos unimos a los otros por afinidad de vibración, lo cual se intuye desde el primer momento”. Un paciente narra lo siguiente: “Dos volcanes hacen erupción. Sabemos que vamos a morir; aunque sabemos también que con la muerte nuestra energía sólo se transformará”. Otro dice: “Hay quienes profetizan el hundimiento de nuestra tierra”. Un tercero comenta: “De pronto, un día la tierra empieza a crujir, el agua poco a poco cubre todo, la tierra se hunde, se oyen muchos gritos y lamentos. Dios quiso guardarnos en el agua para que no hiciéramos más daño”. Y un cuarto dice: “estalla un planeta desde adentro... esto sucede por hacer mal uso del conocimiento. Ahora veo unas ruinas bajo el mar. Me dice mi Ser Superior que me muestra esas escenas para que entienda que un buen número de los seres de esas civilizaciones alcanzaron un altísimo nivel de conocimiento, pero que no lo aplicaron con amor”. Por lo anterior, podríamos suponer que si existió la civilización que habitó la Atlántida, ésta llegó a un alto grado de conocimiento y tecnología, pero al dejarse llevar por la soberbia del poder, el efecto kármico que esto provocó fue su desaparición.
Como es arriba es abajo, dice la ley, y lo que parece haber sucedido en la Atlántida es réplica de lo que nos dicen que aconteció en niveles superiores con los ángeles rebeldes. Según lo que se ha recibido por medio de sucesivos dictados, los seres angélicos, al verse con gran poder, se dejaron llevar por la soberbia y decidieron no acatar el orden divino de unión con el cosmos. Los ángeles que se rebelaron eran creadores y gobernadores de mundos, entre los cuales se encuentra la Tierra. Al concederles el gobierno de esta parte del universo, sintieron que su poder era inmenso y, llenos de soberbia, decidieron actuar de manera autónoma. Proclamaron que su ser maravilloso había existido siempre y que no le debían a nadie su existencia. Declararon la guerra a las legiones de la luz que intentaban hacerlos entrar en razón. Estos seres modificaron la genética de los seres que creaban para que fueran ignorantes y tenerlos como esclavos (algo parecido a lo que pasa en la actualidad con los poderosos del planeta). En la Tierra la luz es más poderosa que la oscuridad pero estos ángeles rebeldes han logrado retrasar la evolución del ser humano muchos años. Según cuentan los Maestros, el tiempo de estos ángeles rebeldes está próximo a su fin. Si no desisten en su empeño, la luz les devolverá al estado mineral, pero si se rinden podrán seguir siendo ángeles, aunque no podrán mandar en el planeta Tierra, ya que serán expulsados de él.
Antes hemos mencionado el Bardo. El Bardo es una palabra tibetana que designa el intervalo entre la conclusión de una situación y el comienzo de la siguiente. Según un Maestro, el Bardo sería lo que nosotros entenderíamos por paraíso celestial: “no pueden siquiera imaginar la belleza de este plano donde nos encontramos, se necesitan conceptos terrenales para describirlo pero faltan palabras que se ajusten a esta realidad…”. Cuando desencarnamos, nos dirigimos a la luz donde unos guías espirituales nos ayudan a habituarnos al mundo espiritual. En ese momento aparecen los remordimientos y el juicio a nosotros mismos por la vida llevada. Hacemos balance y se nos deja en un sueño reparador para equilibrar nuestras desarmonías. En este mundo, en el Bardo, hay quienes estudian para conocer los secretos cósmicos, otros reciben y ayudan a los recién llegados, otros más se dedican a guiar a los encarnados desde el Bardo mediante comunicación telepática, otros organizan situaciones para que los que están en el mundo terrenal (si no han llevado a cabo su función) reaccionen para cumplirla. Estas situaciones es lo que podríamos decir señales divinas, intuición, karma o premoniciones. Nos ayudan a cumplir nuestros deseos siempre y cuando otorguen una enseñanza. En el Bardo no existe ni el dolor ni el sufrimiento. Las almas se reúnen por afinidad vibratoria y trabajan en grupos para su evolución. Antes de encarnar decidimos junto a aquellos que tenemos un lazo kármico qué roles vamos a desempeñar en La Tierra, donde vivir, si vamos a ser ricos o pobres, etcétera, para experimentar y evolucionar. Aprovechar las enseñanzas o no en el mundo físico depende de nosotros. En el Bardo cuanto más amor y humildad practiques más avanzas. Aquellos que han sido malos en La Tierra, al no estar cubiertos con la densidad del cuerpo y ya envueltos en luz maravillosa, no actúan desarmónicamente en el paraíso. Actualmente estamos viviendo el cambio de era que llevará a los seres humanos a la cuarta dimensión, una dimensión donde no hay oscuridad.
También hoy día los científicos quieren encontrar el origen de la creación del universo que habitan. Se acercan a ese principio, pero no logran entender qué hay detrás. Con el raciocinio humano, que es limitado, no lo encontrarán jamás. ¿Cómo se puede comprender lo ilimitado con un instrumento limitado, como es la mente humana encarnada? Al vestirse el alma de materia física pierde el contacto con el mundo ilimitado del espíritu y no puede acceder a esos conocimientos a menos que deje manifestar a su Ser interno que es divino. Prueben a viajar en el tiempo e intenten explicar a un neandertal el funcionamiento de un avión. Lo más probable es que le miren como usted mira al friki con gorro de papel de plata. Estamos obsesionados con pensar en las cosas según nuestro conocimiento. Rechazamos la idea de la existencia de ovnis porque nosotros no podríamos fabricarlos en este momento. La soberbia del ser humano es infinita. Tampoco creemos en el más allá porque es algo que no se puede tocar ni ver. De todos modos, quien no quiere creer no creerá por muchas pruebas tangibles que le pongan delante.
La vida más allá de la vida ha sido una creencia expuesta en todas las culturas del planeta desde hace milenios. Todas las culturas tienen su propia idea sobre lo espiritual, pero todas coinciden en que nuestra alma no muere cuando el cuerpo físico lo hace. ¿Quiénes somos nosotros para rebatir siglos de creencias espirituales? Nos creemos superiores a culturas primitivas porque podemos viajar por el aire o tenemos Internet, pero la sabiduría va más allá de aquello que se puede tocar. Hoy día nos curamos tomando una pastilla mientras que antes lo hacían masticando plantas. El fin es el mismo, la curación del paciente, ¿qué más da el medio que se utilice? Hay que ser humildes y reconocer que es posible que los antiguos supiesen más de según qué temas de lo que sabemos nosotros con nuestra tecnología actual. El hecho de no tener pruebas no significa que no exista algo. Hay que ser muy hipócrita para creer en la existencia de Jesús, Moises o Mahoma y rechazar la existencia de ovnis o la idea de reencarnación. Después de leer mucho sobre este tema y haber experimentado en mi propia carne algunas cosas que se narran en este libro, no me avergüenza decir que creo en la vida tras la vida, en el Bardo, en el karma y en el poder inmenso de nuestra mente. Quiero acabar con una frase que podría cambiar el mundo: “Si no se tiene amor dentro de sí no se le puede dar a los demás, y el maltrato que les des te lo das a ti mismo. No hay que juzgar al otro, sino comprenderlo y perdonarlo”. Evolucionamos juntos, porque todos somos uno.
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