Ya en la antigua Grecia Hipócrates asoció cuatro temperamentos humanos a cuatro sustancias corporales. La cólera (persona roja) la asoció a la bilis amarilla o el hígado. La impulsividad y la alegría (amarillo) la asoció a la sangre, y por tanto al corazón. La tranquilidad y el sosiego (verde) la asoció con la flema y el cerebro. Y por último la melancolía y tristeza (azul) la asoció con la bilis negra, sustancia que se encuentra en el bazo. Un exceso de una de estas sustancias en el cuerpo producía, según Hipócrates, un temperamento distinto. En cambio los aztecas asociaron cuatro temperamentos a los cuatro elementos (fuego, aire, tierra y agua). No es difícil imaginar pues la asociación elemento-color: fuego-rojo, agua-azul, aire-amarillo y tierra-verde. Para los aztecas las personas fuego eran explosivas; las aire eran decididas también, pero de trato fácil; las verdes trabajaban la tierra en favor de la comunidad dando a esta seguridad y estabilidad; y las agua eran observadoras, calladas y seguras. Más recientemente Marston, inventor del detector de mentiras, sentó las bases para el modelo DISC, donde se catalogan los distintos comportamientos humanos y personalidades, y que fue desarrollado por Walter Clarke. DISC son las iniciales de dominio (rojo), influencia (amarillo), estabilidad (verde) y cumplimiento (azul). Después, muchos psicólogos han estudiado el temperamento humano, coincidiendo con Hipócrates y los aztecas en clasificar a los humanos según su personalidad. El libro Rodeados de idiotas: Los cuatro tipos de personalidades (o cómo entender a quienes cuesta tanto entender) de Thomas Erikson profundiza en ello con un lenguaje entendible y numerosos ejemplos que nos facilita su comprensión. Autor sueco, Thomas Erikson ha desarrollado una larga carrera como experto en lenguaje corporal para importantes corporaciones, siendo especialista en la interpretación de los patrones de comportamiento, así como en el análisis de los distintos tipos de personas. Su bibliografía es extensa, publicando ensayos psicológicos y novelas que tratan sobre lo que conoce, la psocología.
¿Por qué nos entendemos tan bien con algunas personas y con otras no? ¿Por qué parece que a veces, aunque nos expliquemos muy bien, hablemos con auténticos idiotas que entienden lo que decimos? ¿No seremos nosotros los que no sabemos tratar con esos idiotas? Estas preguntas se hace el autor y se las traslada al lector. Y estas preguntas son las que se responden en este libro. Un error muy común para explicar esto es que comparar al resto de humanos con nosotros mismos, tachando de idiota a aquel comportamiento que no entendemos. Para comprender a los demás, Erikson utiliza el sistema DISC por dominio, influencia, estabilidad y cumplimiento, comportamientos principales y que describen “cómo se ven las personas a sí mismas en relación con su entorno. Cada uno de esos tipos de comportamiento se asocia a un color: rojo, amarillo, verde y azul”.
1. La comunicación se produce en los términos del oyente
“Todo lo que le dices a otra persona, tu interlocutor lo pasa por el filtro de sus marcos de referencia, sus sesgos y sus ideas preconcebidas. Lo que queda es, en última instancia, el mensaje que esa persona entiende”. Por ello el mensaje enviado puede ser muy distinto al recibido y sentirnos frustrados al comprobar que no tenemos ningún control sobre nuestro interlocutor. Por eso, para hacerte entender debes ser flexible y capaz de interpretar las necesidades de los demás. Carl Jung dijo: «Vemos lo que hacemos, pero no vemos por qué hacemos lo que hacemos. Por consiguiente, nos evaluamos y nos valoramos unos a otros a partir de lo que vemos que hacemos». Sólo hay dos situaciones en las que realmente podemos hacer lo que queramos y ser como realmente somos: una, estando a solas y dos, estando con personas que son iguales que nosotros. Con el resto de personas debes escoger bien cómo comportarte si no quieres ser tú el idiota. Para que esto no suceda debemos empezar por respetar, primero a nosotros mismos y después a los demás.
2. ¿Por qué somos como somos?
Nuestro comportamiento es una combinación de herencia y entorno. De niños aprendemos por imitación, adquiriendo así valores y forjando nuestro carácter. La siguiente capa de porqué somos como somos la forma nuestra actitud, forjada por nuestras experiencias, aunque a medida que cambian nuestras experiencias también cambia nuestra actitud. Por ejemplo, no tendrás la misma actitud con un rico cuando eres pobre que con un pobre si años después te toca la lotería. Así, “Cuanto mejor te conozcas, mayores serán las probabilidades de que te adaptes a quienes te rodean”. Pero, ¿cómo te ven en realidad los demás? Mientras tú ves tu comportamiento fundamental (comportamiento en soledad o rodeado de gente como tú), quienes te rodean suelen ver tu comportamiento moderado (comportamiento según la situación). En cada situación escogemos la máscara que corresponda. Por ejemplo en el gimnasio presentamos la máscara deportista, en la boda de nuestro primo la familiar, o la laboral en el trabajo. Así pues, la fórmula matemática para analizar nuestro comportamiento sería: C = f (p x fc), donde f es función, p es personalidad y fc es factor circundante.
3. Una introducción al sistema
Como hemos visto, el DISC está compuesto por 4 características, y cada una de ellas se asocia a un color:
Analítico (asociado al color azul)
Reacciones lentas
Máximo esfuerzo por organizar
Mínimo interés en las relaciones sociales
Marco temporal histórico
Acción cautelosa
Tendencia a evitar involucrarse
Dominante (rojo)
Reacciones rápidas
Máximo esfuerzo por controlar
Mínimo interés por la cautela en las relaciones
Marco temporal actual
Acción directa
Tendencia a evitar involucrarse
Estable (verde)
Reacciones pausadas
Máximo esfuerzo por establecer relaciones
Mínimo interés por el cambio
Marco temporal actual
Acción de apoyo
Tendencia a evitar el conflicto
Estimulante (amarillo)
Reacciones rápidas
Máximo esfuerzo por implicarse
Mínimo interés por la rutina
Marco temporal futuro
Acción impulsiva
Tendencia a rechazar el aislamiento
“En torno al 80 por ciento de la población tiene una combinación de dos colores que dominan su comportamiento. Aproximadamente el 5 por ciento tiene un solo color. En el resto de personas el comportamiento lo dominan tres colores”. “El comportamiento totalmente verde, o verde en combinación con otro color, es el más habitual. El menos común es el comportamiento rojo puro, o rojo en combinación con otro color”.
ROJO
Enérgico
Resolutivo
Pionero
Innovador
Directo
Decidido
Intenso
Convincente
Impaciente
Ambicioso
Controlador
De carácter fuerte
Competitivo
Orientado a objetivos
Orientado a resultados
Veloz
Independiente
AMARILLO
Hablador
Comunicativo
Persuasivo
Creativo
Expresivo
Entusiasta
Optimista
Espontáneo
Sociable
De trato fácil
Empático
Encantador
Estimulante
Sensible
Necesitado de atención
Flexible
Abierto
VERDE
Paciente
Tranquilo
Estable
Reservado
Prudente
Fiable
Leal
Modesto
Productivo
Persistente
Reflexivo
Comprensivo
Amigable
Buen oyente
Servicial
Considerado
Amable
AZUL
Sistemático
Objetivo
Estructurado
Analítico
Perfeccionista
Metódico
Lógico
Reflexivo
Distante
Reservado
Cauteloso
Correcto
Convencional
Sigue las reglas
Necesita tiempo
Inquisitivo
Orientado a la calidad
Posiblemente desees (o no) cualidades de uno u otro color o detestes algunas del tuyo. Recuerda que esto no es para criticar, sino para conocernos mejor y conocer a los demás.
4. Comportamiento rojo. Cómo reconocer a un verdadero alfa y evitar interponerse en su camino
Hipócrates, en su teoría del temperamento humano, denominó a los de color rojo como «coléricos». Los rojos no hacen el menor esfuerzo por esconder cómo son. Tienen metas desmesuradas e irrealistas en muchos casos, aunque se esfuerzan al máximo para conseguirlas. Toman decisiones rápidas y suelen querer asumir el mando y correr riesgos. Suelen ser líderes por naturaleza. Hablan más alto que los demás y generalizan en categoría a las personas. Los rojos no pueden estar quietos, siempre están haciendo algo. Son directos y dicen lo que piensan, sin rodeos, sin entender el enfado de los demás por su sinceridad. Si una tarea les resulta monótona, la dejan y a otra cosa. Las personas rojas suelen verse a sí mismas como:
Motivadas
Resolutivas
Ambiciosas
Determinadas
Competitivas
Independientes
Rápidas
Decididas
Con un buen control del tiempo
Convincentes
De carácter fuerte
Orientadas a resultados
Les encanta la competición y ganar (aunque esa competición sólo exista en su cabeza). Hasta corren para ver cuánto tardan en acabar un libro. Lo que otros hacen para relajarse, para él es una competición. Si se ponen, son capaces de competir incluso en la meditación. Pero si pierde…, es capaz incluso de intimidar a niños. “Ese tipo de comportamiento intenso y competitivo suele molestar a los demás, porque creen que lo que la persona busca es dominarlos y silenciarlos. Pero nada más lejos de la realidad”. Casi nunca hay ninguna malicia en sus intenciones. Solo quieren ganar.
“«Rápido» es sinónimo de «bueno» para los rojos. Si te encuentras en una reunión y de repente te das cuenta de que uno de los demás participantes está dedicando su tiempo a algo totalmente distinto, es muy posible que se trate de un rojo que ha perdido el interés en lo que está pasando”. La lentitud les molesta horrores, y si te paras a pensarlo, tienen razón. Sus decisiones son rápidas para no perder el tiempo. Un rojo detesta la inactividad. Para ellos no exigirse el máximo es porque no lo hemos intentado lo suficiente. “La capacidad de gestionar situaciones difíciles y grandes retos es el atributo que caracteriza su comportamiento”. Nada es imposible, sólo un poco más difícil. No temen asumir responsabilidades y obtener poder es para ellos una manera de tomar sus propias decisiones. Es más, un rojo puede ser muy modesto, ya que lo que hace lo hace por él, no para conseguir la aprobación de nadie, ya que les trae sin cuidado lo que piensen de ellos. “Un rojo va a por todas. Cuando tiene una opinión sobre algo o quiere que los demás le demos la razón, no para hasta conseguirlo”. Y son tan convincentes en sus palabras que nadie osa llevarles la contraria, aunque aseguren que los duendes existen y juegan al pádel. “Los rojos son personas con un enorme espíritu innovador y de carácter fuerte”. No es casualidad que muchos emprendedores sean rojos. Para ellos la vida es riesgo y el riesgo se aplaca con trabajo. Son ágiles y cambian de opinión sin titubear si ven que se han equivocado. También acepta ideas de los demás si él no tiene ninguna al respecto. Pero ser rojo tiene también sus inconvenientes. Por ejemplo, se aburren a la mínima, son impredecibles, sus numerosos cambios pueden hacerles unos incomprendidos y solitarios, sobre todo si viven rodeados de azules y verdes. Ejemplos de famosos rojos son: Steve Jobs, Franklin D. Roosevelt, Venus Williams, Margaret Thatcher, Barack Obama, Elon Musk o la madre Teresa de Calcuta.
5. Comportamiento amarillo. Cómo reconocer a alguien que tiene la cabeza en las nubes y hacer que vuelva a la realidad.
El amarillo es una persona optimista y alegre, con una visión positiva de la vida. Viven para vivir. El júbilo y la risa son su gasolina. Son el alma de la fiesta, y si la fiesta se vuelve aburrida o el ambiente se torna tóxico, ellos desaparecen. “Reconocer a una persona amarilla es fácil: es la que no para de hablar y la que, más que preguntar, responde, a menudo contestando preguntas que nadie ha hecho”. Y siempre con una sonrisa en la cara. Es agradable tener a un amarillo cerca. Los amarillos son emocionales y, al igual que los rojos, toman decisiones rápidas, aunque raras veces son capaces de explicar racionalmente por qué las han tomado, seguramente que por intuición. Y su intuición les lleva a acertar en sus decisiones más que el resto de colores. Nunca oirás a otros hablar mal de un amarillo.
“Para las personas con mucho amarillo en su comportamiento, lo más importante son las relaciones”. Extrovertidos, convincentes, les entusiasma y les hace felices hablar de sus emociones a los demás, aunque sean desconocidos. Ven en los demás únicamente rasgos buenos. Mi mujer es amarilla y mi hijo y yo nos metemos con ella porque no ve a nadie feo en televisión. Su comentario a una crítica física de una actriz es siempre: pues yo la veo guapa, a lo que mi hijo contesta, ¡tú no ves a nadie feo! A lo que ella se ríe. Porque un amarillo siempre está riendo y a cualquier comentario negativo le da la vuelta.
Al igual que los rojos, los amarillos tienen mucha energía. Son muy curiosos y es muy posible que por ello les gusten los gatos. Todo lo nuevo les gusta y siempre encuentran formas distintas de hacer una misma cosa. Las personas amarillas suelen verse a sí mismas entusiastas, encantadoras, extrovertidas, estimulantes, optimistas, flexibles, abiertas, creativas, espontáneas, convincentes, de trato fácil y comunicativas. Están dedicados exclusivamente a encontrar oportunidades y soluciones. En su época, Hipócrates llamó a los amarillos «sanguíneos», lo que significa «optimistas». Para ellos no hay problemas, ya que éstos se solucionan por sí mismos. Toda su energía está enfocada a divertirse y a entregarse a la vida social. Además, un amarillo nunca permitirá que estés triste.
El amarillo es un tipo ingenioso, cuando mira algo detenidamente, como por ejemplo su comedor, puede contar hasta diez que antes de llegar al cinco tendrá ya dos ideas para cambiarlo todo de sitio y que quede espectacular.
“La energía y optimismo que desprenden hacen que los amarillos sean muy persuasivos”. Solo usando el lenguaje ponen a la gente de su lado, pero también con la riqueza de sus gestos corporales pueden vender una nevera a un esquimal. Muchas veces bromeamos en casa del dinero que están ganando algunas empresas de cosméticos por los productos que mi mujer recomienda a sus amigas. La verdad es que si fuese a comisión, viviríamos en un palacio de estilo rococó. Para persuadir, el amarillo suele utilizar imágenes vívidas y coloridas al hablar, haciendo que te imagines lo que desean expresarte con todo lujo de detalles, generando un impacto que se nota en todo el cuerpo. Te hacen sentir importante. La mayoría de amarillos no son conscientes de su habilidad como oradores, ya que para ellos es su manera de ser y han sido así desde bien pequeñitos. Bill Clinton, a pesar de las manchas que dejó en vestidos ajenos, es una muestra amarilla de ello.
“Si a los amarillos no se les deja cultivar sus relaciones personales, se marchitarán y morirán lentamente”. Esto significa que si está casado/a con un/a amarillo, o le deja salir de fiesta con sus amigos o a cenas de empresa siempre que quiera o le abandonará. Necesitan socializar tanto como el respirar. “Los amarillos conocen a todo el mundo. Tienen más conocidos que nadie. Todo el mundo les cae bien. Un amarillo no necesita conocer a alguien a fondo para llamarlo «amigo». A cualquier persona que no le tenga una manía evidente lo considera un colega”. Mientras los rojos preguntan qué se va a hacer, los amarillos se interesan por quién lo hará. “Entre los famosos que muestran rasgos claramente amarillos están Oprah Winfrey, Robin Williams, Ellen DeGeneres y, en el ámbito de la ficción, Pippin, de El señor de los anillos, y Han Solo, de La guerra de las galaxias”.
6. Comportamiento verde. Por qué el cambio es tan difícil y cómo evitarlo
“La persona verde es la más común. Te la encontrarás casi en todas partes”. Vendría a ser un promedio de todos los colores. Mientras los rojos se estresan buscando el mayor rendimiento, los amarillos son vividores creativos y los azules (como veremos después) son paladines perfeccionistas de las hojas de cálculo de Excel, los verdes son los más equilibrados. “Hipócrates los llamaba «flemáticos». Los aztecas, «personas tierra». «Tranquilos», «sosegados» y «de buen trato» son algunas de las palabras que también podrían aplicárseles”. El verde aporta serenidad al caos, equilibrio a los extremos. “Si tienes un amigo verde, jamás olvidará tu cumpleaños. No envidiará tus éxitos y no intentará arrebatarte el protagonismo contando sus propias historias. No intentará ser mejor que tú y no te perseguirá con nuevas y drásticas exigencias”. Tampoco te verá como un competidor y no asumirá el mando al menos que se lo pidan. Eso es lo que no hará, pero ¿qué hace? Su trato es fácil y te deja ser tú mismo, son poco exigentes y pasan desapercibidos. De niños son angelitos. No ofenden, ni molestan, pero se esfuerzan en encajar en cualquier sitio. Se les da muy bien calmar a amarillos confusos y son buenísimos haciendo que los azules —que, en ocasiones, pueden ser un poco fríos— muestren cierta calidez. Son muy tolerantes con el comportamiento de los demás, amables, cuidan sus relaciones y recuerdan todas las fechas importantes de los que les rodean. Saben escuchar e intentan ayudar en lo posible a cualquiera que necesite ayuda, por eso es normal que trabajen en la sanidad. Son buenos jugadores de equipo, para ellos el grupo está por encima del individuo. Y también se puede confiar en ellos. Su debilidad son los cambios. Siempre te recordará la frase más vale malo conocido… A sí mismos los verdes se ven como amables, tranquilos, fiables, atentos, agradables, pacientes, previsibles, estables, buenos compañeros de equipo, discretos, reflexivos y que saben escuchar. “Como los amarillos, los verdes son personas orientadas a las relaciones y su interés por los demás es genuino y auténtico”. Un verde está siempre tan dispuesto a ayudar a los demás que corren el riesgo de que algún desalmado se aproveche de su buena fe. “Los verdes quieren estar a buenas con todo el mundo, así que ayudarán incluso a quienes no les caen muy bien”. Además, puedes estar tranquilo si un verde dice que hará algo, porque así será. Siempre se puede contar con ellos, por eso son tan predecibles. “Siempre sabrás cómo responderá un verde a determinadas preguntas porque no cambia de opinión con frecuencia”. Los verdes no hablan, escuchan. Les importa lo que dices, al contrario que los amarillos, que sólo hablan y los rojos, que solo escuchan si tienen algo a ganar. Un verde debe quedar bien con todo el mundo, aunque no compartan tus ideas, ideas que nunca conocerás. “Mr. Rogers, Gandhi, Michelle Obama y Jimmy Carter son algunos de los famosos con rasgos verdes. Y Jesucristo, claro. He ahí un tipo que sabía cómo ayudar a los demás”.
7. Comportamiento azul. En busca de la perfección.
El azul no desea hacerse notar, aunque tiene todas las respuestas correctas a todo. El azul analiza, clasifica, evalúa y valora. En casa de un azul todo está ordenado de un modo muy concreto. “Hay etiquetas y nombres en todos los colgadores para que los niños sepan exactamente dónde poner los abrigos. En la nevera están los menús de las cenas, divididos en intervalos de seis semanas para garantizar una dieta equilibrada. Si te fijas en sus herramientas, verás que todo tiene su lugar y no hay nada fuera de su sitio. ¿Por qué? Porque un azul que se dedica al bricolaje siempre vuelve a poner las cosas donde les corresponde”. Un azul es un pesimista/realista. Ve errores y riesgos. Y es el típico que sabe de todo y apuntilla cada discusión con un dato estadístico. “Así son los azules. Conocen cómo está la situación antes de abrir la boca. Lo han buscado en Google, han leído el manual de instrucciones y han consultado el diccionario. Y luego presentan un informe completo”. Por supuesto que un azul no lo sabe todo, pero callará antes de soltar una burrada. Y tampoco alardea de su conocimiento. El azul suele verse a sí mismo como: cauto, correcto, detallista, disciplinado, lógico, Metódico, modesto, preciso, que busca la calidad, reflexivo, riguroso y sistemático. Y estas cualidades están ordenadas por orden alfabético, como haría un azul. Ahora mismo seguramente un oyente azul está poniendo el nombre del autor del libro en Google y abrirá mi blog para saber más de mí, además de ojear el resto de mis Podcast, si no lo ha hecho ya. ¡Dios cuide a los azules!
Su humildad hace que no proclame a los cuatro vientos su sabiduría, con saber él mismo que es sabio le basta. Un azul puede ver como otros se dejan los sesos en un acertijo o al resolver un problema durante horas mientras él sabe la respuesta desde el minuto uno y no ha dicho nada por dos razones: no tiene visión de conjunto y nadie le ha preguntado. El acertijo era problema del grupo, no suyo, porque nadie le había invitado a participar. Y si se le felicita contestará que él solo hace su trabajo.
Si le comentas a un azul que tú no lees la letra pequeña te mirará como a un bicho raro. Para un azul los detalles importan, todo importa. Y si está escrito mejor. Por eso, si un azul lee este artículo y le interesa el tema, acto seguido irá a una librería y comprará no sólo este libro, sino el resto de libros que Erikson haya publicado. El caso es que pensándolo bien un rojo dejará de leer este artículo en cuanto no se hable de él y el amarillo lo leerá por encima y en diagonal mientras habla con alguien más. Sólo un verde leerá el artículo entero, pero sólo porque le doy pena. Bendita humanidad.
Los azules, por ello, son muy precavidos, poniendo la seguridad por encima de todo. Un azul pondrá tres despertadores, saldrá de casa dos horas antes de lo que lo haría cualquiera para llegar al trabajo, revisa una y otra vez las cosas que debe llevar encima y todo debe estar en su sitio. Esto puede hacer pensar que sufre algún trastorno obsesivo-compulsivo, pero nada más lejos de la realidad, sólo está ahorrando tiempo. En la empresa Toyota tienen la norma de preguntarse siempre «por qué» cinco veces para garantizar la calidad y llegar a la raíz del problema. Toyota debe tener muchos azules en plantilla, aunque la sociedad nipona es más azul que una aldea pitufa. Una mancha de aceite en una de las fábricas de Toyota puede no fregarse al momento, pero se harán informes de miles de páginas para averiguar por qué hay una mancha de aceite en el suelo del taller. “Los azules sostienen que, si van a hacer algo, tienen que hacerlo bien”.
Como no sabe mentir, un azul te mencionará primero todos los defectos de la casa que pretende venderte. Meticuloso y honesto. “Tienen en alta estima el pensamiento lógico; sin embargo, es muy fácil que se depriman cuando las cosas no salen como ellos quieren”. También son muy tranquilos, porque tenerlo todo controlado les da tranquilidad. Serenos por fuera solo, porque en su interior su cerebro va a mil analizando el presente, el entorno, posibilidad de lluvia (aunque no haya una nube en kilómetros a la redonda), consecuencias, opciones, porcentajes, etc. Pensar en todo todo el tiempo les obliga a callar, a ser introvertidos, pero muy observadores. ¿Para qué hablar si nadie te ha preguntado? La mayoría de científicos son azules, como Einstein o Bill Gates. En la ficción ejemplos de azules tenemos al doctor Spook o a Sheldon Cooper.
8. Nadie es perfecto del todo. Fortalezas y debilidades
Como hemos visto, los colores tienen cualidades muy distintas. “Mientras que dos de ellos (rojo y amarillo) son de reacciones rápidas, los verdes y azules son reflexivos”. Pero nadie es perfecto y todos cometemos errores, aunque dependiendo de la situación, y del lado donde te encuentres, tu opinión será distinta. Hay que recordar que todo es subjetivo y que nadie está en posesión de la verdad absoluta. “Las buenas cualidades pueden convertirse en desventajas en las circunstancias equivocadas, al margen de cuál sea esa cualidad”.
Para empezar a criticar, y recordemos que las críticas las dan quienes nos observan, diremos que los rojos y amarillos “tienden a exagerar sus puntos fuertes y creen que no tienen verdaderos puntos débiles. Su ego es muy poderoso y gran parte de su éxito seguramente se deba a que no se obsesionan con sus fallos y defectos, sino que buscan oportunidades y buenas noticias”. Los verdes y azules exageran sus puntos débiles y en algunos casos ignoran los fuertes. Las consecuencias es una desidia por las alabanzas que pueden llevar a la improductividad y a trabajar en soledad.
Cómo percibimos a los rojos
Los rojos desean que sean sinceros con ellos, el problema es que cuando lo eres puedes causar una acalorada discusión y el consiguiente enfado de tu interlocutor. Un rojo, en su opinión, está más rodeado de idiotas que el resto de los colores. “Hay quien dice que los rojos son beligerantes, arrogantes y egocéntricos. Se los percibe como inflexibles, impacientes, agresivos y controladores”. Y visto esto, es posible que piense que ser un rojo ya no es tan guay como al principio. Y aunque no lo crean, lo que acaba de ser expuesto molestaría a cualquiera, menos a un rojo. Para él, usted simplemente se equivoca. Un idiota más a su alrededor. Su impaciencia le hace saltarse toda la jerarquía establecida, por lo que siempre se dirige al que tiene la potestad para solucionar su problema. El rojo circula por el carril bus porque es más rápido, asumiendo el coste de la multa si le paran. Saben tan bien como cualquiera que está mal saltarse las reglas; sin embargo, como así es más rápido, lo hacen igualmente”. Al rojo le importa el fín, no el medio. La comunicación del rojo suele verse como agresiva, ya que son demasiado sinceros y directos. Por ello pedirle opinión a un rojo sobre un informe de trabajo puede ser lo correcto, pero su respuesta seguro que acaba con un “podría estar mejor”. Y la culpa de sentirte mal por un trabajo que tú creías perfecto es tuya, porque le has pedido a un rojo que sea sincero contigo. “Al pedir una opinión sincera, has abierto las compuertas de un torrente de sinceridad brutal”. Además, si le reprochas su brutal sinceridad te buscas un enemigo, porque el rojo no teme los conflictos. No los buscan, pero no los temen. Un consejo del autor es: “lo peor que puedes hacer cuando te enfrentas a un rojo es dar un paso atrás. Esa estrategia puede causarte serios problemas”. Y otra cosa, el rojo habla así, no está enfadado. Se enfada cuando le dices que no se enfade. A más “no te enfades” más alzara la voz.
Algo importante para un rojo es la influencia en los demás. No desea controlar la conversación de los demás, sino a los demás. El rojo apuesta siempre a lo grande, pasa de los detalles. “La ventaja, para un rojo, es que consigue que todo se haga a su manera. La desventaja es obvia: todos los demás se sienten controlados”.
Las relaciones sociales no son el fuerte de los rojos, y si uno de ellos habla con una persona muy sentimental, como puede ser un amarillo o un verde, éstos les percibirán como insensibles y crueles. También puede parecer egocéntrica su manera de expresarse, pero el rojo lucha por lo que quiere, y no necesita a nadie para conseguirlo. Ese hablar desde el yo (que comparten con los amarillos) es incomprensible para mucha gente, sobre todo para los verdes. En las discusiones su fuerte ego provoca animadversión, por ello los rojos tienen pocos amigos, pero los que tienen son para toda la vida. “A decir verdad, los rojos son los que siempre creen que están rodeados de idiotas”.
Cómo se percibe a los amarillos
Un azul dirá de un amarillo que es egoísta, superficial y que confían demasiado en sus posibilidades. Un verde podrá decir que hablan demasiado y no escuchan. Y a estas cualidades se les unen las de distraídos y descuidados (patosos). “Cuando un amarillo escucha esos comentarios, pueden pasar dos cosas: o que le afecten mucho y hieran de verdad sus sentimientos o que se embarque en una defensa feroz”. Pero lo cierto es que a la larga olvidará el comentario, ya que su memoria es selectiva. Su positivismo borra lo que no les gusta oír y aumenta su autoestima. Ya se ha dicho que los amarillos son muy buenos comunicadores y el pánico escénico no existe en su diccionario. Pero, no saben cuándo parar, segundo defecto. O les da igual que a ti te importe poco lo que explican. Les da igual tus bostezos, tu cuerpo dándoles la espalda, etc. El amarillo habla y le importa una mierda si alguien les escucha o no.
Seguir un método de estudio o de trabajo para un amarillo es prácticamente imposible, además de aburrido. Su solución es recordarlo todo, y lógicamente todo no se puede recordar, así que son bastante olvidadizos. Eso sí, el discurso pidiendo perdón será el más largo y adornado que hayas oído jamás, pero sin entrar en detalles, los detalles son caca para los amarillos. Y por no concretar o no detallar no finalizan completamente ninguna tarea. A la hora de entrar en detalles su cabeza ya está imaginando cómo quedará la tarea que tienen que hacer después. Es decir, si usted tiene que pintar una pared con un amarillo, adivine quién de los dos se ocupará de las esquinas. Ellos el pincel pequeño ni lo tocan. Y si un amarillo pinta sólo, dejará las esquinas sin pintar y dirá que eso le da un toque vintage a la habitación. Porque detallar significa tener que concentrarse, y la concentración en un amarillo es caca. Por eso los amarillos leen novelas y no ensayos. No ha recogido aún una pelota que ya ha lanzado dos más al aire. El problema es que le faltan brazos para recogerlas, pero no pasa nada porque su palique les sacará del apuro. En una reunión, el amarillo es aquel que mira el móvil o se pone a hablar con el de su lado en lo que él cree que es en voz baja, aunque este no le haga ni caso. Un amarillo es como un niño pequeño, te lleva siempre al límite, y seguirá hablando en voz baja hasta que alguien se enfade. Y por supuesto el amarillo se ofenderá y dirá que no es para tanto.
Su baja tolerancia a lo mundano hace que no se les dé bien la burocracia o seguir un tema, pero esto lo negarán, como buenos amarillos que son. Y si el tema es aburrido, el amarillo buscará la manera de zanjarlo y hablar de su propio tema, que por supuesto es más entretenido (que no interesante). Porque siempre hablan de sí mismos, sus anécdotas son las más divertidas y sus opiniones valen la pena escucharlas. Aunque no se le pregunte a él, el amarillo siempre contesta por los demás y acto seguido se dirige al preguntado y le dice: porque eso es lo que ibas a decir, ¿verdad? No dejan hablar y su palabra va a misa. Y por ello se les da fatal escuchar, aunque un amarillo negará esto también, por supuesto. Comercial sí, psicólogo ni por asomo. “Lo que pasa es que a un amarillo a menudo no le interesa lo que dicen los demás, porque sabe que él podría estar diciéndolo mucho mejor. No es capaz de mantener la concentración; empieza a pensar en otras cosas y empieza a hacer otras cosas. No quiere escuchar: quiere hablar”. Y como niños grandes que son, los amarillos sólo quieren hacer cosas divertidas, pero esto también lo negarán. El amarillo debe aprender a escuchar, porque puede que haya cosas que otros digan y ellos no sepan. “Deberían, por ejemplo, tomarse en serio el mensaje de este último apartado. Si se niegan a aceptarlo solo porque es un mensaje difícil y posiblemente aburrido, no aprenderán nunca nada”.
Cómo se percibe a los verdes
Huir de los conflictos puede provocar la crítica a las espaldas del criticado, algo que rojos y amarillos pueden ver como algo deshonesto. Además de deshonestos, los verdes se ven también como huidizos o cobardes ya que temen los cambios. Si por un verde fuera, seguiríamos en la prehistoria. Y no sólo eso, no cambiar significa seguir pensando lo mismo toda su vida, algo que se puede interpretar como un signo de terquedad (ahora me explico por qué la gente vota siempre al mismo partido político, roben lo que roben, son verdes). La falta de cambio o de adaptación impone al verde seguridad a sí mismo, seguridad que viene dada exteriormente y por desgracia no internamente. Además, si a un verde le dicen que la tierra es plana y él cree en su interlocutor, se lo creerá por muchas pruebas en contra que le presentes. “Si quien se lo ha dicho es su mejor amigo, no puede ser más que verdad. Si un verde confía en una persona determinada, la palabra de esa persona se convierte en ley. Eso hace que sea fácil abusar de los verdes, porque pueden ser un poco ingenuos y crédulos”.
Los verdes son más pasivos que activos. “Como los verdes raras veces dan el primer paso y casi siempre dejan esa responsabilidad en manos de los demás, es fácil llevarse la impresión de que no están demasiado interesados o entregados a nada”. Cosa que acaba siendo cierta. La vida con ellos es tan predecible que puede llegar a ser muy aburrida. Pero los verdes piensan que como ellos no quieren hacer nada, el que tienen al lado tampoco, y no hacen nada. Además, hacer algo es cambiar y cambiar es peligroso, y ello conlleva más pasividad. Si un rojo propone a un verde jugar a cartas, el verde pondrá excusas sin fin esperando a que el rojo desista de hacer algo y se vuelva verde. Acción para un verde es caca. Su sueño sería dedicarse profesionalmente a la meditación, es decir, cobrar por no hacer nada. “Esa forma de indiferencia y falta de compromiso puede acabar con el entusiasmo hasta de la persona más inspirada”.
Aunque tienen puntos de vista y opiniones como cualquiera, son reacios a tomar partido para no verse envueltos en jaleos. Esto provoca que su lenguaje sea ambiguo y enrevesado. Una persona normal opinaría que respirar bajo el agua es imposible. Un verde sustituiría “es imposible” por “parece que podría no ser fácil conseguirlo”. Dicen lo mismo pero minimizando el riesgo de entrar en conflicto con la otra persona. Al no adoptar una postura clara sobre algo, tampoco tiene que defenderla. Si quieres hacer pasar un mal rato a un verde oblígale a posicionarse o simplemente siéntate en el sitio donde él se sienta siempre a desayunar, verás cómo empieza a sudar sangre y a fulminarte con la mirada, eso sí, sin atreverse a decirte nada. Acabas de fastidiarle todo el día.
Los verdes aborrecen las peleas. “Esa aversión al conflicto acaba teniendo también otras muchas consecuencias, como cabezonería, ambigüedad y resistencia al cambio”. Pero al ser personas que buscan socializar, no entrar jamás en conflicto con nadie es casi imposible. Para ellos, “quienes provocan conflictos son personas alborotadoras y problemáticas. Los conflictos son señal de mal liderazgo, mala comunicación y discordancia”, aunque el problema afecte a todos, ellos incluidos. Rojos y amarillos son los primeros en sacar el problema a relucir y lo lógico es hablarlo entre todos los afectados para solucionarlo lo antes posible, lógico para todos menos para el verde. El verde no opina porque no quiere saber lo que pensarían de él (y de su opinión) los demás si lo hiciese. Esto, ahora que lo pienso, es mucho de madres de posguerra. Yo recuerdo que mi madre planchaba hasta los calzoncillos y cuando le decíamos que no hacía falta respondía: ¡sí hombre!, ¿qué pensarán de mí en el hospital si tienes un accidente? Pues sinceramente, le respondía, si tengo un accidente me importa una mierda lo que opinen de ti y supongo que lo que menos les importa a los médicos que están intentando salvarme la vida es lo bien planchados que están mis calzoncillos.
Ante una discusión sobre el color del cielo, el rojo dirá lo que piensa y será querido u odiado por ello; el amarillo propondrá su propio color; el azul tendrá varias preguntas para esclarecer el verdadero color del cielo; y el verde…, no dirá nada y si le piden su opinión mirará ansioso a su alrededor esperando que el amarillo responda por él. El verde también tiene su opinión, pero no la dice para no entrar en conflicto con nadie, al menos en público. A las espaldas opinan como todo el mundo, pero como se sinceren con un amarillo están jodidos porque su opinión se sabrá tarde o temprano. “Mientras crean que pueden escapar a tu mirada, te criticarán de formas que nunca esperarías de un verde”.
Cómo se percibe a los azules.
“Se los percibe como evasivos, a la defensiva, perfeccionistas, reservados, exigentes, meticulosos, indecisos, conservadores, dependientes, inquisitivos, suspicaces, aburridos, distantes e insensibles”. Un problema que tienen los azules es la necesidad de estar seguros cuando quieren hacer algo. Desean tenerlo todo bajo control, y eso es imposible, por ello casi nunca hacen nada. Pero cuando lo hacen, “hacen muy bien su trabajo, pero lo abordan todo con una actitud tan quisquillosa y crítica que hunden en la miseria a todos los que los rodean”.
“A los azules, además, se los percibe como muy criticones y casi suspicaces. No se les escapa nada y tienden a comunicar sus impresiones de forma muy poco delicada”. Aquellos que no tienen su grado de exigencia no soportan tantas preguntas y perfección en el trabajo. Un trabajo que no está mal, está fatal para ellos y te dirá todos los errores que has cometido, por insignificantes que sean.
El azul “necesita mucho espacio personal, tanto físico como psicológico. Necesita conocer muy bien a su interlocutor para abrirse”. Por ello sólo se sienten cómodos en el entorno familiar y, a ojos de los demás (sobre todo amarillos y verdes), parecen ser insensibles y distantes. Son desconfiados y deben comprobarlo todo lo que se les dice. Tener un padre azul significa que revise la mochila del fútbol cinco veces antes de salir de casa, compruebe que has hecho los deberes y te recalque todos tus errores, que te ordene la ropa por temporada y color, etc. Vivir con alguien así puede ser un infierno, por no mencionar el tiempo que pierden si tienen que comprobar todo mil veces. “Muchos a su alrededor tienen opiniones sobre su método de comprobar siempre dos veces e incluso tres veces todo lo que él mismo hace y todo lo que los demás hacen. Les saca de quicio que él, con sus acciones, les deje tan claro que no confía en ellos”.
9. Aprender cosas nuevas. Cómo utilizar lo que has aprendido
El saber no ocupa lugar, el problema es que sí ocupa tiempo. Y el tiempo es limitado, por desgracia. Si usted cree que este libro no le servirá de nada porque es autónomo o soltero, está muy equivocado. El ser humano está destinado a ser sociable y ser sociable significa llevarse bien con la gente. Pero sobretodo este libro le ayudará a conocerse mejor, conocer sus defectos y pulirlos para ser sociable. ¿Cree aún que está perdiendo el tiempo? “Entender a los demás siempre será un factor crucial a la hora de alcanzar tus objetivos en la vida de la forma más fácil posible, sean cuales sean esos objetivos”. La práctica es importante, por eso es crucial que lo que aprendas en este libro lo traslades a tu mundo, ya sea laboral o familiar. A continuación, Erikson propone un capítulo sobre el lenguaje corporal, que no resumiré por haber tratado este tema en otro artículo de mi blog. Aun así, mencionaremos algunos gestos que adoptan los distintos colores.
Lenguaje corporal de un rojo
Mantienen las distancias con los demás.
Dan fuertes apretones de manos.
Se inclinan hacia delante de forma agresiva.
Utilizan el contacto visual directo.
Emplean gestos controladores, aunque estos gestos sean limitados.
Al caminar por una plaza abarrotada de gente, obliga a los demás a apartarse yendo directo a su objetivo.
No abrazan o dan muestras efusivas de cariño.
Apuntan a menudo con el dedo.
Interrumpen a su interlocutor.
Tienen un tono de voz fuerte y hablan rápido.
No suelen mostrarse nerviosos.
Lenguaje corporal de un amarillo
Son táctiles.
Son relajados y alegres.
Mantienen un contacto visual afable.
Utilizan gestos expresivos.
Suelen acercarse a su interlocutor.
Son muy bromistas.
Suelen hablar rápido y con tono enérgico (como los rojos), pero a tropezones, ya que su cerebro va más rápido que sus cuerdas vocales.
Son afectivos y pueden abrazar a gente desconocida.
Les encanta el contacto físico, algo que puede llevar a malos entendidos.
Son muy empáticos, por lo que su estado de ánimo depende del de su interlocutor
El lenguaje corporal de un verde
Tienen una actitud relajada y se acercan a su interlocutor.
Actúan de forma metódica.
Tienden a inclinarse hacia atrás si están sentados en una mesa
Mantienen un contacto visual muy afable.
Prefieren una gestualidad de pequeña escala.
Movimientos perezosos que irradian calma y confianza
Si están estresados o incómodos se les nota
Les gusta el contacto físico, pero solo con gente a la que conocen lo suficiente.
Intentan hacerse invisibles (opuesto al rojo)
Tienen expresión afable o neutra, los gestos exagerados no van con ellos.
Su tono de voz es bajo aun estando en grupo, suave y cálida, de ritmo lento.
El lenguaje corporal de una azul
Prefieren mantener a los demás a distancia.
Permanecen de pie o sentados.
Suelen tener un lenguaje corporal hermético.
Utilizan un contacto visual directo.
Hablan sin gesticular.
Sus expresiones son mínimas o nulas.
La distancia de seguridad frente a su interlocutor es más amplia de lo normal.
Recurren al cruce de piernas y brazos cuando se sienten incómodos.
Son capaces de mantener la misma posición durante horas, ya sea de pie o sentados.
Suelen mirar a los ojos de su interlocutor, aunque éste se incomode.
Su tono de voz es contenido y apagado, más bien débil y no varía. Parece que lean la orden del día.
El discurso es reflexivo, como si sopesaran cada palabra antes de decirla.
El ritmo es lento, más que el de un verde.
12. Adaptación
“Lo que nos sale de forma natural es mostrar nuestro comportamiento básico. Lo «antinatural» es adaptarnos continuamente a los demás, y es algo que requiere habilidad, práctica y energía”. Esa adaptación es lo que llamamos “Inteligencia emocional”. Y tener inteligencia emocional requiere esfuerzo y energía, ya que es algo no natural en nosotros mismos. Si piensas que debes ser tú mismo y a quien no le guste que se aguante, estás muy equivocado. Inconscientemente ya practicas la inteligencia emocional, es decir, ya te adaptas a distintas situaciones y cambias tu forma de ser en determinados contextos. No eres el mismo en familia, con los amigos o con los suegros, como tampoco eres el mismo en el trabajo o en una recepción ante los reyes magos de oriente. Tu físico es el mismo, pero tu comportamiento, quieras o no, es distinto. Ser inteligente emocional significa ser consciente de quién es tu interlocutor y adaptarte a sus demandas. Si quieres ser aceptado en sociedad deberás saber tratar con los distintos colores. Por ejemplo, si hablas con un rojo debes ser claro y conciso, de lo contrario el rojo pensara de ti que eres un gilipollas. Al amarillo deberás dejarle hablar, al verde no debes pedirle opinión y al azul debes hablarle con tecnicismos si quieres que te tome en serio. Seguirás siendo tú, pero adaptándote a la situación. Imaginemos que eres un tío o tía valiente, decidido/a, ¿sí? Pues imagina que te pido que te tires de lo alto de la Torre Eiffel sin paracaídas, ¿lo harías? Por muy valiente y decidido/a que seas, no eres estúpido/a y sabes que ser valiente significaría tu muerte. No dices, yo soy así, valiente, me tiro. No. Pues en tu comportamiento con los demás igual. No dejas de ser tú, pero amoldándote a las circunstancias. Ahora bien, siempre puedes ser tú, pero luego no te quejes de que nadie te quiere o te comprende. Por supuesto “tú decides hasta qué punto modulas tu comportamiento. Cuanto más aprendas sobre los demás, más fácil te resultará tomar decisiones. Tanto si participas en el juego como si vas por libre, la decisión siempre será tuya”. Si conocerse a uno mismo aporta muchas ventajas, imagina si también conoces a los demás. Puedes ser el puto amo allá donde vayas. Claro está que siempre hay excepciones y que no somos perfectos, pero se aprende practicando y cuanto más practiquemos menos errores cometeremos.
Adaptación al comportamiento rojo
El rojo espera de ti que seas rápido y eficaz. Así que ante un rojo, piensa y actúa, pero rápido. Mejor un “bien” a secas que un “bien porque ayer llame al de la lavadora y hoy ya puedo hacer la colada”. Rápido, eficaz y sincero. Nada de cháchara. Si te ayuda, empieza por el final. Por ejemplo podemos decir “hace mucha calor y la verdad es que estoy sediento y me apetece algo fresquito, como un helado”. A un rojo sólo dile que quieres un helado y punto. Si eres comercial o quieres venderle algo a un rojo olvida todo lo que te han enseñado sobre hacerte “amigo” del cliente, la confianza y todo ese rollo, con un rojo eso no sirve. Dile lo que vendes, sin más y él lo comprara si lo cree conveniente o no si no lo necesita. Por mucho palique que tengas no convencerás a un rojo con más de tres palabras. El rojo no quiere un nuevo amigo, solo está trabajando y más de tres palabras es perder el tiempo. Tampoco lo halagues, no necesita tus halagos, con los suyos propios le basta. Si lo halagas creerá que eres un pelota y perderás todos los puntos que hayas podido ganar hasta ese momento. No dudes, los rojos odian a los indecisos. Dile lo que piensas, te agradecerá no perder su valioso tiempo en dudas absurdas. En resumen, si quieres llevarte bien con un rojo debes convertirte en uno de ellos. Y si eres empleado de un rojo, prepárate a vivir por y para el trabajo. Esfuerzo al máximo. Él no tiene vida fuera del trabajo, tú tampoco debes tenerla. “Te tendrá en alta estima si ve que tu compromiso tiene su reflejo en forma de duro trabajo”. Y no esperes elogios.
Recuerda:
Sin detalles
Rápido
Eficaz
Esfuerzo
Motivación
Si crees que las prisas son malas consejeras, házselo ver con ejemplos históricos cortos y precisos.
No cedas a la primera.
Si demuestras que el rojo está equivocado, lo asumirá, pero debes demostrárselo bien.
También con ejemplos históricos cortos hazle ver que tomar riesgos puede ser innecesario. Mantente firme y no cedas.
Cuando se enfada o abusa de alguien, en voz alta y tono enérgico debes reprocharle su acción. Exígele que se comporte como un adulto y que abandone la sala si pierde los nervios. No puede salirse con la suya solo porque grite.
La amistad no es algo importante para un rojo, pero sí lo es que le dejen de lado en la toma de decisiones importantes, algo que suele suceder por el temor de los demás a las reacciones coléricas de los rojos si no están de acuerdo con la decisión. Para solucionar este problema de transparencia debes hacer entender al rojo que la confianza es primordial tanto en la vida social y laboral para que la información fluya. Si puedes hacer entender a un rojo que es importante para los demás sentirse escuchados, puede que se abra a ti, escuche nuevas propuestas e incluso te explique algo de su vida.
Adaptarse al comportamiento amarillo
Al igual que los rojos, el amarillo no teme el conflicto y también estalla de furia, aunque prefieren un ambiente tranquilo y agradable. El amarillo espera de ti que seas feliz, que estés de buen humor, que escuches sus bromas, rías sus tonterías y crees un ambiente en el que se sienta cómodo. Tampoco debes detallar tu conversación, prescinde de las pequeñeces. El amarillo sólo quiere saber cómo se pone la música, no como funciona el ordenador o el móvil. Si deseas que un amarillo tome una decisión, no le remitas a los hechos, dile que haga caso de su instinto, recuerda que los amarillos son emocionales. Para un amarillo, nuevo significa emocionante, así que deja que investigue. Y si quieres venderle algo a un amarillo menciona palabras como última generación, recién desarrollado o no se ha usado antes. Sé abierto y simpático con la gente, ya que al amarillo le encanta estar rodeado de gente y las personas introvertidas les crean inseguridad.
Para caer bien a un amarillo calla y escucha, recuerda que les encanta hablar. Si deseas que recuerde una cita o algo importante, haz que lo repita en cuanto se lo has dicho. Los amarillos suelen tener un problema con el tiempo y los horarios, así que tienes dos opciones para que esté en el lugar correcto a la hora indicada: citarle media hora antes o decirle que te enfadarás con él si no llega a la hora. Ayúdalo a organizar su vida haciendo la lista de la compra o mirando videos de cómo organizar el armario, el canapé o cualquier mueble que contenga cosas. Pero hazlo con tacto, odian las listas o el orden. Al igual que sucede con los rojos, hazle entender con claridad, valentía, perseverancia, discreción y en positivo al amarillo que el grupo está formado por más personas además de ellos. En esto corres el riesgo de que de por finalizada su amistad contigo, por eso debes trazar un buen plan o buscarte nuevos amigos. En el trabajo, como hemos visto, los amarillos hablan mucho de lo que tienen que hacer pero hacer, hacen poco. Por ello debes presionar a tu compañero amarillo para que trabaje, pero con suavidad, como si fuese un niño, amable pero firme, y sin que sepa que lo controlas, las almas libres no soportan la esclavitud. “Explícale con suavidad y cariño el valor en sí de hacer el trabajo, ahora que sabe lo que hay que hacer. Dedica un momento a explicarle al amarillo que podría ser aún más popular de lo que ya lo es si acabara el trabajo. Todo el mundo lo querría y le tendría más aprecio que nunca”. Debes también actuar así si quieres que el amarillo acepte las críticas. Busca un ambiente relajado y explícale tu punto de vista con tono suave y siendo claro. Recuerda que los amarillos son unos hábiles manipuladores, cíñete al plan.
Adaptarse al comportamiento verde
El verde espera de ti que le proporciones seguridad y estabilidad. Y que escuches lo que le preocupa y entiendas sus miedos. Decirle que no tenga miedo no sirve de nada. “En lugar de eso, ayuda a tu amigo verde a enfrentarse a su miedo a lo desconocido. Anímalo a hacer las cosas que le temorizan y a avanzar pese a todo. Prueba a darle suaves empujoncitos hacia delante, como hicieron con nosotros cuando aprendimos a nadar de pequeños, pese a que el agua parecía fría y peligrosa”. También los verdes esperan de ti que seas una persona pasiva, mejor en casa que dando un paseo por la peligrosa ciudad. Es más, Erikson dice que ha conocido a verdes “cuyos esfuerzos para evitar el trabajo les robaba más energía que ponerse a hacerlo”. Y seguro que ustedes también conocen a alguno. El verde necesita paz y tranquilidad, sobre todo el fin de semana, ya que la paz y la tranquilidad le hacen sentirse seguro y feliz. Aunque es importante respetar sus deseos, debemos recordarles que la actividad física es buena para el organismo. El verde necesita saber el plan mucho antes que cualquier otra persona, ya que tiene que sopesar todos los riesgos. Pero no será su plan, sino tu plan, porque ellos están demasiado cansados para organizar nada. Si quieres que un verde vaya de acampada contigo un fin de semana, explícale todos los pasos a seguir, con detalles y sin dejar ningún cabo suelto. Minimiza cualquier peligro que pueda entrever el verde aportando la solución de antemano. Toma la iniciativa, ya que ellos no lo harán jamás.
Cuando estés ante un verde no discutas, no le lleves la contraria o saldrá huyendo. Y si tienes que reprocharle algo, sobretodo hazlo en privado y asegurándote que aún te sigue cayendo bien. Si quieres que cambie, dile que quieres que cambie. Concreta. En general al ser humano no le gustan los cambios, por eso todos tenemos algo de verde en nosotros. Y cuanto más rápido sea el cambio, peor lo llevamos. Si quieres que un verde (o tu parte verde) acepte los cambios, lo primero es armarte de paciencia, desglosar el proceso en partes y darte varias semanas para convencer, persuadir y explicar los pormenores describiendo el proceso con todo lujo de detalles. Debes dejar claro que la única solución es el cambio. Y si no ves nada positivo en el cambio, llama a un amarillo y pídele que te lo diga.
El verde nunca tomará la responsabilidad de hacer algo, ya que conlleva mucho esfuerzo y puede crear conflicto con quien no esté de acuerdo en cómo hace las cosas. Y por supuesto nunca asumirá su parte de culpa, ya que ser culpable de algo significa tener que cambiar algo de sí mismo. Por eso, escoge tú la película, escoge el restaurante, el lugar de vacaciones, etc. Y cuando te canses de tomar las decisiones por él, plántale cara y anímalo a que sea él quien las tome, pero hazlo con tacto.
Adaptarse al comportamiento azul
El azul espera de ti que hagas como él, es decir, pensar en todo, hasta en el último detalle. Debes estar preparado siempre para lo que te venga, sea lo que sea. Y si no estás preparado, no tengas miedo a reconocerlo, sin excusas. Si un azul descubre que le mientes perderás toda su confianza, así que es mejor responder tarde que mentir. Recuerda que un azul hace preguntas para confirmar lo que ya sabe, no para saber, ya que se ha aprendido la lección de antemano. En el entorno laboral, un azul espera de ti que trabajes. En el trabajo no se socializa, se trabaja. El café debe durar el tiempo de cuatro sorbos, no más. Si tu jefe azul descubre que aprovechas el café para ligar con su secretaria o explicar a los compañeros la serie que estás viendo, estás jodido. “Cíñete a la tarea que tienes entre manos. Trabaja con listas en las que anotar hechos concretos, objetivos que puedas marcar como ya cumplidos junto con el azul”. Si eres amarillo, calla y ponte a trabajar. Si eres verde…, ponte a trabajar directamente. Si eres rojo, sigue siendo tú, pero más detallista. Y olvida el hecho de que un jefe azul te pregunte por cómo va tu vida no laboral, no le interesa. Y tampoco le preguntes como le va a él su vida privada, la misma palabra lo dice, “privada”.
Cuando hables con un azul, éste espera que la conversación sea realista. No sueñes en voz alta, no prometas, no seas optimista. Simplemente sé realista, como ellos, pensando en el hoy y ahora, fijando objetivos razonables a corto plazo. Habla con propiedad, aportando datos y siendo conocedor del tema del que hablas. Y estate preparado para responder cualquier pregunta que te haga sobre dicho tema. Por ejemplo, si le recomiendas un hotel a un azul debes saber nombre del hotel, dirección, precio exacto, cómo llegar hasta él, horario del desayuno, si permiten la entrada a mascotas, qué tipo de mascotas, etc. En resumen, debes conocer hasta el último detalle del hotel, porque para un azul hasta el más pequeño detalle cuenta para saber dónde le estás enviando.
Sé también meticuloso en tu trabajo con un azul. No importa el tiempo que tardes, pero ya que lo haces, hazlo bien, o más bien perfecto. Y por supuesto no le critiques su tardanza en la entrega de un trabajo, la calidad requiere tiempo. Alaba su escrupulosa atención por los detalles y por la calidad superior de su trabajo, y que no te pille si le mientes.
Tu comportamiento ante un azul debe ser empático, recordándote que los azules no muestran sus sentimientos en público, pero recordándoles a ellos que los demás sí lo hacen, sobre todo los amarillos. “Muéstrale que las personas pueden ofenderse mucho cuando los demás critican su casa, su coche, a su pareja o a sus hijos. Sé claro y dile que ser sincero no es una excusa para ser insensible […]”. A un azul es inútil meterle prisa, es más, el estrés los ralentiza aún más, por eso, de forma calmada y metódica, dile que la cena que tenéis con tu jefe la semana que viene es importante para ti y que por ello deberá empezar a vestirse dos horas antes de lo habitual o tendrá que ir más rápido para arreglarse. Si añades que si llegáis tarde a la cena hay un 65,3% de posibilidades de que te despidan, te prestará más atención. Y si te pregunta de dónde has sacado ese tanto por ciento, no le digas que tu instinto te lo ha dicho, dile que lo has sacado de una encuesta en internet sobre las causas de los despidos. Eso sí, busca esa encuesta porque te dirá que quiere verla, analizarla y estudiarla a fondo. Para un azul, si está escrito es porque es verdad. De todas formas recuérdale que es mejor hacer algo por instinto que no hacer nada por falta de información, una información que no sabe si tendrá alguna vez en su vida. Si es necesario calculad juntos el porcentaje de riesgo que tiene hacer algo o no hacerlo. Y una vez calculado el riesgo recuérdale que debe tomar una decisión y no poner peros, proporcionándole con suavidad y delicadeza las herramientas necesarias para ir en la dirección adecuada. Hazle notar también las consecuencias de retrasar o no la toma de dicha decisión.
Concluyendo, si quieres tratar a un color, debes convertirte en él.
13. Como dar malas noticias
Los mejores a la hora de dar malas noticias son los rojos, te darán la mala noticia y a continuación te preguntarán si quieres tomar algo. Sin acritud. Pero otra cosa es decirle a alguien lo que piensas de él. La mayoría de personas optan por evitar las críticas, pero esto no significa que sea lo mejor, si no que le pregunten a Hitler, que habiendo perdido la batalla de Stalingrado aún creía que iba ganando la guerra, ya que ninguno de sus generales se atrevía a decirle que iban perdiendo. Lo primero que debes averiguar es el color del que recibirá tu crítica, con el objetivo de que la persona escuche tus comentarios y cambie para bien.
Cómo dar una mala noticia a un rojo
Criticar a un rojo es fácil, solo necesitas un chaleco antibalas. Nada de adornos, al grano. Piensa que si un rojo te critica, la culpa es tuya por no saber encajar el golpe. Lo primero es hacerle ver las consecuencias que puede acarrear su insensibilidad. Se le puede recordar que si estresa a sus empleados, éstos rendirán menos en el trabajo, por ejemplo. Es decir, recordarle que ganará menos dinero si tiene empleados descontentos (hay que recordar que a un rojo le importa un pimiento los sentimientos de los demás). También hay que aumentar su ego, diciéndole lo buen jefe que puede ser si sus empleados son productivos, ya que las ventas subirán y él será visto como el mejor jefe de ventas del país. Posiblemente te diga que si sus empleados son unos infelices no es problema suyo, a lo que hay que recordarle que sí es un problema suyo porque si no vende va a la calle. Piensen en esto, ¿qué es más fácil, despedir a once jugadores de un equipo o despedir al entrenador? No entres al trapo en sus protestas, deja que se desahogue y después sigue con tus argumentos. Cuando se haya calmado y reconocido su error, dile lo que debería hacer, si él no ha sido ya el que lo ha dicho, y después házselo repetir para que se le quede en la cabeza. Su competitividad hará que no acepte algún punto, es normal, necesita ganar en algo, déjalo, seguro que será un punto poco importante. Por último, para afrontar a un rojo escoge un día en el que tus energías estén por las nubes, porque te llevará al límite.
Cómo dar una mala noticia a un amarillo
Un cambio es una buena opción para el amarillo, pero solo si ese cambio lo ha pensado él y no otro. Recuerden que el amarillo desea ser el centro de atención y por ello pueden recibir críticas a sus espaldas. Hacerle ver esto a un amarillo puede ser un problema, sobretodo hacerle escuchar lo que tienes que decirle. Lo primero, debes ser más rápido que él en hablar. Puedes decirle claramente que habla demasiado, que se inventa cosas y que la gente se acaba cansando de su charlatanería. Él lo negara, claro está. Entonces ponle ejemplos, diciéndole que en la última cena le cronometraste y habló él más que el resto de amigos juntos. Dile que hablar está bien, pero hablar mucho cansa a los demás, ya que ellos también tienen cosas que explicar y él no les deja. Si se sincera y reconoce que se repite mucho, indícale que sus anécdotas son graciosas la primera vez que las cuenta, la segunda vez ya se hacen pesadas. Dile que si tiene pensado explicar tres viajes, con uno será suficiente para dejar tiempo a los otros que participen también en la velada, e incluso comenten su viaje. “Criticar a un amarillo no es fácil, porque se lo toma todo como algo personal”. Pasas de ser amigo a ser enemigo. Por ello debes recordarle que sigue siendo tu amigo, de lo contrario no le habrías dicho la verdad y te importaría tres pepinos que la gente le criticase a sus espaldas. Como el amarillo no escucha, es posible que le tengas que recordar mil veces que seguís siendo amigos. Paciencia. Tras eso puedes oír al amarillo decir «No le caigo bien a nadie», «Los demás molan más» o «Yo pensaba que tú creías que yo era gracioso». Es decir, los demás son aburridos y yo el divertido, y posiblemente la siguiente vez que vayáis de cena con los amigos, estará callado, haciendo saber así al resto su enfado con ellos. El amarillo no conoce el gris, para él todo es blanco o negro y cambiarle es muy difícil, por no decir imposible. “Así que si te ves capaz de enfrentarte a los gemidos y lamentos, y puede que también a alguna lágrima, puedes seguir persiguiendo tu objetivo”, porque saben muy bien cómo hacerse las víctimas para conseguir que todo sea como antes, una gran fiesta eterna con ellos como maestros de ceremonias.
Cómo dar una mala noticia a un verde
“Criticar a un verde puede ser cruel. Se sentirá mal, se replegará en sí mismo y se cerrará en banda”. Su ego es muy débil y suelen ser muy críticos con ellos mismos. Y eso caerá bajo tu conciencia. Recuerda que los verdes manipulan a los demás para que no hagan nada, como ellos. Los psicólogos suelen llamar a este comportamiento pasivo-agresivo. Lo primero que debes tener presente es que si vas, debes ir a por todas y no abandonar a mitad de camino. Como los verdes sí escuchan, puedes hablar con ellos, pero tienes que ser concreto, diciéndole exactamente lo que te ha sentado mal de su comportamiento. El verde captará tu estado de ánimo y entenderá tus palabras, aunque verás cómo se viene abajo rápidamente y se fustiga (se llamarán a sí mismos inútiles o estúpidos). Puedes decirle que no es para tanto, pero no te eches atrás, el verde está intentando salirse con la suya dándote pena. Estate preparado para ser recompensado de mil maneras para no hacer lo que le has pedido. Por ejemplo, si le comentas que detestas que esté todo el fin de semana metido en casa viendo películas, posiblemente te lleves masajes, cenas románticas en casa, por supuesto, etc., durante un tiempo para que olvides tu enfado y él pueda seguir estirado en el sofá viendo Netflix. Al verde, igual que al amarillo, hay que abroncarlos como a niños pequeños recordándoles que se les quiere, pero que no deben hacer tal cosa. El siguiente mensaje sería, por ejemplo: te agradezco el masaje, pero sigues sin moverte del sofá, algo que puede complicar nuestra relación. Tras esto, pídele que repita lo que le has dicho para demostrar que ha entendido tus palabras. Y recuérdale que el problema no es él, sino su inactividad los días que podéis disfrutar ambos de vuestra compañía. “Y haz un seguimiento. Estamos hablando de cambiar algo y crear un nuevo patrón de comportamiento. Y, como de costumbre, los verdes tratarán de resolver el problema... no haciendo nada”. Ten presente que el verde intentará hacerse el víctima y aprovechará tu mala conciencia para no cambiar.
Cómo dar una mala noticia a un azul
Recuerda que los azules saben muy bien lo que han hecho y porqué lo han hecho, así que antes de recriminarles nada comprueba que tienes todos los datos para llevar una discusión. Y, sobre todo, cuida los detalles. Si puedes recabar información de otras personas que estén sufriendo su mal comportamiento, mejor. Toda ayuda es poca para discutir con un azul. Sobretodo debes aportar datos concretos como fechas y horas y aportar ejemplos concretos, precisos y detallados. Si vas a recriminarle a tu pareja que el bebé no puede dormir con vosotros en vuestra cama, asegúrate de haber leído todos los libros de la biblioteca sobre pedagogía y haber tomado apuntes. Ten en cuenta que una conversación con un azul es prácticamente una exposición de tu tesis frente al rector de la Universidad. Debes tener respuesta para cualquier pregunta que te haga. Y prepárate si te pilla en un renuncio. Mucho mejor si los datos los llevas escritos. Insisto, toda ayuda es poca. Y mejor aún si abordas el tema directamente, sin suavizarlo. Un halago antes de una crítica no hace más que confundir al azul, y deja de escucharte. Si quieres que un azul te escuche, cíñete a los hechos. Finalmente, como con el resto de los colores, pídele que repita lo que le has dicho y haz seguimiento detallado, por si acaso, de su posterior conducta. “Es difícil criticar a un perfeccionista. Ya conoce el mejor método para hacer las cosas, y no cambiará de opinión solo porque tengas un título más largo en tu tarjeta de visita. Así que se trata de hacer muy bien los deberes”.
Que colores se llevan bien y por qué
“En un mundo perfecto, tendríamos el mismo número de personas de cada color” en un grupo para que funcione. “El amarillo tiene una idea, el rojo toma la decisión, al verde le toca hacer todo el trabajo y el azul lo evalúa y se asegura de que el resultado sea inmejorable”. Pero por desgracia esto no es así y prevalece el dicho de Dios los cría y ellos se juntan, algo que parece razonable que suceda, ya que por ejemplo el inactivo verde buscará a alguien como él para seguir siendo inactivo, por ejemplo. La primera óptima combinación sería azul con verde, ya que ambos se lo piensan dos veces antes de actuar y son introvertidos. Los dos son racionales y no se estresan con facilidad. Les cuesta tomar decisiones, es cierto, pero las decisiones que toman son meditadas.
También el rojo y el amarillo es una buena combinación de actitudes. Ambos son impetuosos, decididos, enérgicos, extrovertidos y locuaces. Si bien la conversación entre ambos irá por distintos derroteros, el diálogo fluye entre un rojo y un amarillo. También coinciden en marcarse metas elevadas y poseen una mente ágil. Un equipo de rojos y amarillos, al contrario que el equipo verde-azul, impondrá un ritmo rápido, teniendo claro su objetivo y motivando a los que les rodean. “El problema tal vez radique en el hecho de que a un rojo es posible que un amarillo le parezca demasiado parlanchín, pero como ninguno de los dos sabe escuchar, ambos desconectarán de la conversación cuando les convenga”.
Combinaciones complementarias
También podemos hacer emparejamientos a partir de las prioridades de cada color. Así, los azules y rojos están enfocados al trabajo y se complementan, ya que el rojo está interesado en el resultado y el azul en el proceso. Ambos colores se entregan a la tarea a realizar casi en exclusiva, sin perder el tiempo en hablar de cosmética, fútbol o el tiempo. Por otro lado, también es de lógica emparejar al amarillo con el verde, ya que ambos son sociables. Dado que el verde se toma las cosas con calma y el amarillo prefiere divertirse, el verde permitirá que el amarillo ocupe tanto espacio como quiera. Uno habla, el otro escucha. Además, al verde se le da bien calmar al amarillo histriónico y soñador. En el ámbito laboral tendrán el problema de trabajar o de ponerse a ello, pero nadie es perfecto.
Combinaciones difíciles
La imagen positiva muestra cómo se ve cada perfil a sí mismo. La imagen negativa es una expresión de cómo podrían vernos los demás. Todos experimentamos cosas distintas.
AZUL: ANALÍTICO
Negativo Positivo
Crítico Concienzudo
Indeciso Reflexivo
Estrecho de miras Serio/persistente
Quisquilloso Exigente
Moralista Metódico
ROJO: DOMINANTE
Negativo Positivo
Avasallador De carácter fuerte
Estricto Independiente
Difícil Ambicioso
Dominante Decidido
Intenso Eficaz
VERDE: ESTABLE
Negativo Positivo
Tozudo Solidario
Indeciso Respetuoso
Sumiso Complaciente
Dependiente Fiable
Torpe Afable
AMARILLO: ESTIMULANTE
Negativo Positivo
Manipulador Motivador
Irascible Estimulante
Indisciplinado Entusiasta
Contradictorio Encantador
Egocéntrico Extrovertido
Juntar a un rojo con un verde para resolver un problema sería todo un reto, sobre todo si debe haber cooperación. El rojo criticará al verde por su falta de implicación en el trabajo, mientras que el verde criticará al rojo por ser un hijoputa agresivo que nunca escucha. Aun así, se complementan en el hecho de que al rojo le gusta dar órdenes y el verde suele ser sumiso.
Amarillo y azul sí es un reto que trabajen juntos, más que rojos y verdes. El amarillo se meterá en el trabajo del azul sin saber que leches está haciendo, ya que no se ha leído las instrucciones y tampoco escuchará las instrucciones del azul. Entretanto, el azul tardará horas en estudiarse las instrucciones sin decir ni mu, algo que al amarillo le parecerá el ser más aburrido del planeta. El azul, en cambio, llevará fatal la verborrea del amarillo, creyéndolo un charlatán frívolo. Para ganarse al azul, el amarillo incrementará su verborrea, algo que llevará al azul a explotar, acabando cada uno en una esquina de la sala sin hablarse.
15. Comunicación escrita
Cada color tiene su estilo de escritura. La escritura de un rojo es breve y concisa, y generalmente espera una respuesta breve y concisa. Un ejemplo seria:
Quedamos mañana a las 19h en el bar de Moe. ¿Te parece?
A este mensaje se le respondería con un Ok o con un “a las 19h no puedo, mejor a las 20h”. Recuerda que a un rojo tus explicaciones le importan un bledo.
El mensaje escrito de un amarillo, por el contrario, puede ser muy distinto, bastante más largo y con más detalles. Por ejemplo:
¿Hola Homer, como estás? ¿Qué tal el trabajo? Supongo que hasta los topes con el calor que hace. ¡Ahora mismo estoy sudando por todos los poros de mi piel, y eso que estoy en la sombra! Por cierto, mañana me han dado fiesta en el trabajo porque me debían horas de Semana Santa y he pensado que podríamos quedar para contarnos cómo va la vida. Me iría bien quedar en el bar de Moe, a media tarde más o menos, si te va bien. ¿Que tal a las siete? Hasta luego. Lenny.
PD: te paso foto de como tengo sudada la camiseta, ¡vas a flipar!
Tu respuesta a este mensaje (recuerda que si no respondes el amarillo pensará que estás enfadado con él) debe ser informal, cordial y sobre todo debes darle las gracias por la foto y mencionar que te has reído mucho con la camisa empapada en sudor. Por ejemplo:
¡Como tienes la camisa! Jajaja. Ok no hay problema en quedar mañana a las siete. Un abrazo. Mañana hablamos.
El mensaje de un azul será suave y personal. Lo más seguro es que le dijeras de quedar hace ya semanas y su mensaje es para recordártelo, ya que le ha saltado la notificación en la agenda.
Hola Homer, recuerda que hemos quedado mañana a las 19h, en el bar de Moe (6ª avenida, numero 25, en el cruce con la 8ª avenida). Te envío ubicación. Un saludo. Lenny Johnson.
Tu respuesta al azul debería ser algo así:
Buenos días, Lenny. Mañana a las 19h en el bar de Moe. Recibido. Y también he recibido la ubicación. No te preocupes. Un saludo, Homer Simpson.
Y como se podrán imaginar, el verde no escribe mensajes, es demasiado trabajo.
16. ¿Que es lo que nos saca de quicio?
“Es posible extraer conclusiones sobre el comportamiento de alguien a partir de su temperamento. Por «talante» o «temperamento» me refiero a cómo reacciona una persona cuando ocurre algo inesperado”. El mejor medidor para esto sería la ira o el enfado que pueda tener el sujeto. Hay que recordar que no todos respondemos de la misma manera a los cambios y esta reacción puede darnos muchas pistas sobre la personalidad de la persona.
Erikson compara en el libro los distintos temperamentos con tipos de vasos. Para el color rojo escoge un vaso de chupito, ya que no hace falta mucho para que un rojo pierda los nervios y estalle. El tráfico, el tiempo, el empleado de la tienda, la gente, etc. Los rojos necesitan muy poco para enfadarse. Lo bueno es que la ira del rojo tarda en irse lo que tarda en llegar, es decir, lo que llenas un chupito. No permanece enfadado mucho tiempo, suelta mierda por la boca y a otra cosa, y si no le entiendes o te duele lo que ha dicho, es tu problema. Derramar un vaso de chupito es problemático, pero se limpia rápido. Recuerda que para un rojo él no se enfada, solo alza la voz para comunicarse, algo que a un verde puede parecer que el rojo está enfadado incluso cuando solo está opinando.
Incluso los positivos y alegres amarillos pierden los estribos. Al ser muy expresivos, es fácil darse cuenta de cuando un amarillo empieza a ponerse rojo. El temperamento amarillo es como el de un vaso normal, tiene más capacidad que un chupito, es más fácil ver cuando está lleno pero también lleva más tiempo limpiar el líquido derramado. Pero la situación sigue siendo controlable. El amarillo, al contrario que el rojo, se sentirá culpable de su estallido, así que hará un esfuerzo extra por ser amable la próxima vez que se encuentre con la víctima de su enfado. Las personas que combinan rojo y amarillo su ego está por las nubes y pueden defender su posición hasta límites insospechados, aunque tengan las pruebas de lo contrario delante de sus narices. La ventaja es que el rencor les dura poco y olvidan pronto, algo que verdes y azules ven como algo excesivamente apasionado.
La ira de los verdes puede resumirse en un refrán conocido que dice: líbreme Dios del agua mansa que ya me libraré yo de las bravas. No es fácil ver a un verde perder los nervios, pero eso no significa que no les pase. El verde también estalla, solo que para sus adentros. Erikson compara su temperamento con un barril de cerveza de 200 litros y se pregunta cuántos chupitos caben en dicho barril. Evitar el conflicto hace que ese barril tarde en llenarse, incluso años. Pero cuando revienta el barril, recoge lo derramado si te atreves. El líquido ha arrasado con todo lo que había en la mesa, con la mesa e incluso con el que estaba sentado en la mesa. El verde empezará a tirarte cosas en cara de lustros atrás. Todo, todo sale a la luz, por eso debes intentar no ser la chispa que encienda la pólvora. “Es un problema a gran escala. Los verdes controlan sus emociones para no dar problemas ni destacar, y carecen de un mecanismo para liberar la ira y la frustración. Sienten y experimentan tanto como cualquiera, pero les faltan las herramientas naturales para soltarlo todo". Para que el tsunami no llegue a la costa podemos intentar que hablen a menudo de sus frustraciones y enfados para ir soltando cerveza del barril de poco en poco. Esa porquería que durante años han llevado dentro puede incluso enfermarlos, así que si usted tiene algo de verde, descargue de vez en cuando su ira para no explotar como una bomba nuclear y arrasr con todo lo que le rodea.
También los azules llevan el estrés por dentro, pero no explotan como los verdes, aunque también tengan un barril de 200 litros por temperamento. Pero la diferencia con los verdes, y es una diferencia crucial, es que en el fondo del barril hay un pequeño grifo que gotea, y así el barril pierde líquido poco a poco. Esas gotas son pequeños gruñidos, quejas casi imperceptibles y pullazos sutiles a los que les rodean. Los demás interpretamos sus quejidos “como un lloriqueo perpetuo, pero el descontento es real. Y como un azul no es lo bastante activo como para instigar algo, discutirá sobre ello en lugar de hacer nada al respecto”. Sus múltiples quejas es una manera de controlar la presión del barril y evitar así la tercera guerra mundial. Al igual que con los verdes, al azul también se le puede preguntar (pero con ejemplos concretos) y pedir sugerencias de mejora sobre alguna de sus quejas para que pueda aportar él la solución.
17. Factores de estrés y ladrones de energía
“Cuando hablamos de estrés, a menudo nos referimos a la sensación de tener mucho que hacer y muy poco tiempo para hacerlo”. La presión, las exigencias y las expectativas pueden también estresarnos. Cada persona reacciona de un modo distinto al estrés, dependiendo, además, de su carácter, de su pasado, de su presente y de lo que espera de su futuro. Si has dormido doce horas es posible que afrontes mejor un duro día de trabajo que si has dormido seis.
Factores de estrés para un rojo son:
Despojarle de su autoridad
Hacer cosas sin obtener resultados inmediatos
Falta de retos
Inactividad física y mental
La rutina
Rodearse de gente que comete errores tontos
No controlar a los demás
Oír a menudo que se tranquilice o que baje la voz
Cuando un rojo se estresa, culpa a los demás por su estrés, porque los rojos están rodeados de idiotas a todas horas. El rojo espera mucho de sí mismo, pero también de ti, y en situaciones de estrés son exageradamente exigentes e impulsivos, no escuchan, se encierran en sí mismos y trabajan más, pero cuidado con despertar a la bestia que llevan dentro. La manera más eficaz de ayudar a un rojo a que se desestrese es ordenándole que lo haga, si tienes poder sobre él, claro. Otra manera es enviarlo al gimnasio o a cualquier evento competitivo.
Los factores de estrés para un amarillo son:
Sentir que es invisible
Mostrarse escéptico o pesimista
Rutinas repetitivas
Ser apartados del grupo, no sentirse escuchados.
Impedirle bromear o la seriedad
Hacerle pensar dos veces antes de hablar o la represion de espontaneidad
Protestas y quejas por cosas insignificantes
Humillación pública
El estrés en el amarillo provoca que quiera llamar la atención aún más de lo habitual, pero puede que esto sea contraproducente para él. Para ayudarlo deja que organice algo con mucha gente como asistente. Ir a un centro comercial abarrotado de gente, ruta de bares, fiestas o barbacoas. Algo divertido y donde pueda hablar.
A los verdes les estresa:
Sentirse inseguros (haciendo tareas por primera vez y sin estar preparados, por ejemplo)
Tareas sin finalizar y cabos sin atar (por esto los amarillos son únicos para estresarlos)
Los cambios rápidos e inesperados (orden por la mañana y a mediodía contraorden)
Rehacer tarea de principio a fín porque a alguien le parece que está mal
Los desacuerdos familiares o laborales.
Ser el centro de atención a sugerencia de otro
Cuando está estresado, el verde se retrae y se vuelve frío. Su lenguaje corporal se torna rígido y si tú has sido el causante, no querrá saber nada de ti. En situaciones críticas el verde se paraliza (por ejemplo si tiene que atender a un enfermo con urgencia). Si queremos desastresar al verde debemos darle permiso para descansar o dedicar tiempo a lo que más le guste.
Estresores de los azules son:
Decirles que no saben de lo que hablan (haciéndoles quedar como idiotas)
Cambios imprevistos y sin razón aparente
El riesgo
Las sorpresas de última hora (no digamos ya si les dicen que sus suegros llegan en media hora y sin avisar)
Cometer errores (decirle a un perfeccionista que su informe tiene faltas de ortografía puede llevarle al manicomio)
El incumplimiento de reglas y normas
Estar rodeado de personas muy emotivas (amarillos). La muestra de emociones les estresan mucho (por eso nunca irán a ver una comedia romántica al cine con un amarillo)
Cuando se estresa el azul se vuelve muy, muy pesimista, aparece la desidia, se vuelve pedante, cauteloso, y encontrará errores donde no los hay. Para evitar el estrés, un azul necesita privacidad y tiempo para pensar y reorganizarse. Las prisas son malas consejeras.
Como conclusión, Erikson nos dice que en circunstancias estresantes el comportamiento se refuerza y exagera. “Un rojo se vuelve aún más duro y agresivo con quienes lo rodean; un amarillo se vuelve más mustio y caótico; un verde se vuelve aún más pasivo y evasivo de lo habitual; y un azul puede cerrarse en banda del todo y buscarle no tres pies al gato, sino cinco”.
Para ejemplificar lo escrito podemos decir que los rojos son rápidos y están más que dispuestos a asumir el mando en caso de ser necesario. Consiguen que las cosas se hagan. Sin embargo, cuando se ponen manos a la obra, se convierten en controladores compulsivos y puede ser desesperante tratar con ellos. Y pisotean una y otra vez a los demás. Los amarillos pueden ser graciosos, creativos y crear buen ambiente estén con quién estén. Sin embargo, si se les da un espacio ilimitado, consumirán todo el oxígeno de la habitación, no dejarán que nadie participe en la conversación y las anécdotas que cuenten estarán cada vez más lejos de la realidad. Con los simpáticos verdes es fácil llevarse bien porque son muy agradables y se preocupan de verdad por los demás. Por desgracia, también pueden ser personas muy indecisas, que no se sabe si vienen o van. Cualquiera que nunca tome una posición firme a la larga acaba siendo difícil de tratar. No sabes qué opina, y esa indecisión acaba con la energía de los demás. Los analíticos azules son tranquilos, sensatos y piensan antes de hablar. Su capacidad para mantener la cabeza fría es sin duda una cualidad que muchos les envidian. Sin embargo, el pensamiento crítico de los azules puede convertirse muy deprisa en suspicacia y en cuestionamiento de quienes los rodean. Todo puede volverse sospechoso y siniestro.
Un ejemplo podría ser una comida familiar. Tras comer se acuerda jugar a un juego de mesa. El amarillo propone la idea y el rojo saca el juego que compró la semana pasada para la ocasión. ¿Cómo actuará cada uno? El rojo empezará a jugar sin leerse las instrucciones, instrucciones que el azul está leyendo y analizando. El amarillo, sonriendo, contará una anécdota sobre una vez que jugó con un grupo de amigos a un juego parecido (juego que no tiene ni idea de qué va), mientras que el verde, callado en la esquina de la mesa, oirá las instrucciones que da el rojo y decidirá no jugar para ayudar a todos a jugar. Otro ejemplo sería con un mueble de IKEA. Los rojos, seguros de que podrán hacerlo sin problemas, empezarán a atornillar y ensamblar las diferentes piezas sin mirar siquiera lo que hay en el resto de la caja. Los amarillos lo destrozarán todo entre proclamaciones de que será muy divertido colocar el mueble en su sitio mientras imaginan cómo quedará el nuevo aparador en la pared de la derecha del dormitorio, con el mantel de la abuela y un precioso jarrón de tulipanes encima. Ensamblarán las piezas un poco de cualquier manera, sin ponerle demasiadas ganas. Pondrán unos tornillos donde parece lógico hacerlo y luego pasarán a otra parte del mueble. Un verde aficionado al bricolaje apoyará la enorme caja contra la pared y hará una pausa para un café. No hay ninguna prisa. ¿Qué hará un azul? Leerá las instrucciones dos veces (porque los manuales se hacen para que los leas), examinará todos los componentes y confirmará que las distintas piezas del nuevo armario coinciden con las imágenes de las instrucciones. Con un paño húmedo —pero no demasiado— limpiará todas las piezas, porque es probable que hayan acumulado polvo. Contará el número de tornillos de la caja, para no tener sorpresas al final si falta algo (si sobraran demasiadas piezas sería capaz de desmontar todo el mueble). Puede que a un azul le lleve algo más de tiempo montar el aparador, pero una vez montado puedes tener por seguro que aguantará para siempre.
La conclusión que extraemos de este interesante y ameno libro es fácil: para comprender a los demás primero debemos reconocer su color y después adoptar ese color, sea cual sea el nuestro. A esto se llama empatizar, pero ahora tienen una herramienta más para llevarlo a la práctica. Recuerden: “En torno al 80 por ciento de la población tiene una combinación de dos colores que dominan su comportamiento. Aproximadamente el 5 por ciento tiene un solo color. En el resto de personas el comportamiento lo dominan tres colores”. “El comportamiento totalmente verde, o verde en combinación con otro color, es el más habitual. El menos común es el comportamiento rojo puro, o rojo en combinación con otro color”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario