miércoles, 12 de junio de 2024

Mamá me ha dicho que no me quieres de Carmen Serrano

Carmen Serrano, casada y madre de tres hijos, nació en Valencia en el seno de una familia de siete hermanos. Desde joven, percibió la importancia de que los niños obtengan una buena educación emocional para su crecimiento personal, social, profesional y, por supuesto, como futuros padres. Después de años de investigación y crecimiento en este tema tan complejo, se aventuró a plasmar en un libro sus observaciones, vivencias y reflexiones. En 2015 es nombrada “Madrina de Honor” en el Congreso Internacional de “Custodia Compartida y Protección Jurídica del Menor” promovido por la “Asociacion Custodia Compartida Alicante”; poco después dirige y presenta una sección del programa “La mañana TVE1”, llamada No te hagas líos (disponible también en YouTube, donde entrevista a personajes relevantes del mundo de la educación y la salud emocional, como Javier Urra, José Antonio Marina, Emilio Calatayud, José Carlos Aranda, Fernando Alberca o Casimiro Bodelón. Como autoridad consolidada en los temas relacionados con la defensa de los niños y su relación con los adultos, fue invitada como conferenciante por el Magistrado Juan Antonio Magaña de la Mora, Presidente del Supremo Tribunal de Justicia y del Consejo del Poder Judicial del Estado de Michoacán, México. El entrecomillado es texto literal extraído del libro. 

"El título de padre y madre, para quien se lo gane y se lo merezca". Este sería el lema de un libro tan esencial como polémico. Serrano se atreve a criticar,  algo extraño en la sociedad que vivimos, la ley de violencia de género por presuponer al hombre culpable antes que inocente cuando por denuncias (falsas muchas de ellas) por maltrato de las madres de sus hijos son tachados de maltratado res, perdiendo así la custodia de sus hijos, con la orden de alejamiento correspondiente, perdiendo, a su vez, el hogar y cargando con el estigma de maltratador de por vida. La mujer madre (mala madre y peor persona), aprovechando una ley tan feminista como injusta, intenta que el padre de sus hijos pierda todo contacto con ellos, pero eso sí, pagando su manutención, aunque deba vivir bajo un puente, porque no lo quiere como padre pero sí como banquero. Carmen Serrano pide por esto que ya que la mujer no quiere que el padre participe en la educación de su hijo, debería también renunciar al sustento económico que la ley le obliga a pagar al padre para su manutención. Es decir, negarle a un padre poder ejercer como padre debe ser para lo bueno y para lo malo. 

La sociedad actual ha crecido creyendo que las madres son las dueñas de los hijos y que los padres no saben nada de niños; que no tienen capacidad para amar a sus hijos; que los niños son cosas de mujeres; y lo que es peor, que los niños no quieren a sus padres igual que a sus madres. "Así nos lo contaron nuestras abuelas -dice Serrano-, pero tengamos en cuenta que ya estamos en el siglo XXI y que conseguir que las mujeres no estuvieran bajo el yugo de nadie costó muchos esfuerzos a muchas mujeres y a algunos hombres. Sin la ayuda de esos hombres —dicen que una minoría, afirmación que no comparto—, no lo habrían conseguido. Ahora debo ser una de esas mujeres —tampoco creo que seamos minoría— que les recuerde al resto —espero que una minoría— que a ellos también hay que considerarlos iguales a nosotras en derechos, condiciones y obligaciones". "Que las mujeres -sigue Serrano- pensemos que los hombres no son aptos para amar, criar, cuidar, educar…, es la misma barbaridad que los hombres piensen que las mujeres no son aptas para conducir, estudiar, fundar empresas… También sé que cuando alguien se atreve a cuestionar a alguna de estas mujeres, automáticamente le ponen el sello de machista. En estos casos no hay que darle mayor importancia, puesto que le están acusando con algo inconsistente y carente de sentido. Defender a un niño no es ser machista, es una obligación de los adultos y un derecho de los menores". 

Dado que el privilegio de elegir tener un hijo es sólo de la madre, ya que es ésta quien lo gestará, no debe pagar su error con su hijo. La madre tiene derecho a elegir al progenitor, a elegir si tendrá el hijo o no, a elegir el momento, pero no tiene derecho a dejar a su hijo sin padre. Esas progenitoras quieren hacer creer a la sociedad que cuando estos hombres dejan de amarlas, o simplemente se separan, aunque sea de mutuo acuerdo, también se separan de sus hijos. Esto en la mayoría de los casos es mentira. Y Serrano añade: "quiero decir también (y esto es muy importante) a esas mujeres que mienten en los tribunales diciendo que han sufrido malos tratos (siguiendo el consejo de las malas amigas o de los malos abogados) para obtener la custodia absoluta de sus hijos, que cada vez que hagan eso y sea falso, ellas pueden ser las causantes de cada asesinato de violencia hacia la mujer. ¿Sería más rápida la justicia si a las personas que mienten les recayera la misma pena que piden para sus falsos agresores? La misma pena; es decir, perderían la custodia, una orden de alejamiento, cárcel y la prohibición de ver a sus hijos. Dejándolas en la más absoluta de las ruinas, tanto emocional como económicamente. Todo lo que ellas piden para sus víctimas. Sin duda, esto debería ser así ya". Realmente esto sería justicia. Debo recordar que la denuncia a otra persona, sea del género que sea, debe ir acompañada de pruebas. Actualmente, el radicalismo feminista ha conseguido tergiversar la justicia, consiguiendo que sea el denunciado el que pruebe su inocencia, algo inaudito en la justicia a nivel mundial. ¿Cómo prueba un hombre que el día de los hechos estaba en casa, solo, viendo la tele o llorando sus miserias? La polarización feminismo-machismo buscada desde la ultraizquierda para ocultar su deficiente programa económico, social y político está provocando no sólo que volvamos a la Edad Media (pero en el otro extremo), sino que sigamos en la Edad Media indefinidamente. Cierto es que durante siglos la mujer ha sido menospreciada y maltratada, con muy pocos derechos y muchas obligaciones, pero no debemos repetir el mismo error, y mucho menos buscar venganza contra un rol machista que murió hace ya muchos años. Debemos buscar justicia, y aclarar que la igualdad que busca el feminismo no es darle a la mujer el mismo poder sobre el hombre que éste tuvo sobre la mujer hasta hace poco. Como hombre que soy, lo único que puedo decir es que veo injusto que mi hijo y yo (pero sobre todo mi hijo) debamos pagar los platos que nuestros antepasados rompieron. ¿Siento lo que pasó Juana “la depresiva” (en mi opinión no estaba loca) o Juana de Arco por el simple hecho de ser mujeres? Por supuesto, y espero que no se repita, ni con Juanas ni con Juanes. Si algo tiene el ser humano es que puede perdonar y aprender de sus errores. Hagámoslo y dejemos la venganza para los animales. 

Cuando una persona piensa en ser padre, desde ese mismo instante se está ofreciendo para ser alguien que guíe los pasos a su hijo de la forma más sabia que pueda, consciente de que no será tarea fácil. Intentará esto con toda su alma, y lo protegerá de igual modo. Ser padre es una elección, no una obligación. En cambio ser buenos padres sí lo es, si has traído hijos a este mundo. Y para un niño, no sentirse querido por los que un día decidieron traerles a este mundo es lo que más dolor y desequilibrios emocionales les causa. 

"Algunas madres piensan que si les hablan mal a sus hijos de los padres, las van a querer más a ellas. Es muy importante que esto lo tengan en cuenta todas las madres: las cosas que nos dicen las madres calan. Para bien o para mal, pero calan… Si realmente es así, si realmente piensan que criticando al padre los niños las van a querer más, aprovecho para decirles que ese pensamiento es absurdo y macabro". La madre, anteponiendo su odio al padre a la felicidad de su hijo no piensa en lo triste que debe ser para su hijo no sentirse querido por su padre —o pensarlo— porque así se lo ha contado ella. Pero, peor aún para el menor es tener un padre y que no lo pueda disfrutar porque se lo impida la persona que se supone que más le quiere, esa misma que le trajo al mundo, eso no tiene ningún sentido. Porque una madre de verdad, una buena madre, jamás antepondría sus derechos, deseos y sentimientos a los de su hijo. Jamás. Una madre mentiría y robaría por amor a un hijo, pero no para robarle a su hijo el derecho a ser amado por su padre, que es lo que algunas mujeres pretenden. Estas mujeres, llenas de rencor y odio, no podrán ser nunca felices, y mucho menos hacer felices a las personas que les rodean.

Pero estas progenitoras, como las llama Serrano por no merecerse el calificativo de madres, no sólo evitan que los padres puedan educar a sus hijos sino que los malcrían dándoles todo lo que el niño les pide para chantajearlos emocionalmente. "Ser buenos (padres) -dice Serrano- no supone decirles a todo que sí, para nada, ya quisiera yo que eso fuera posible. ¡Qué cómodo sería! Pero hay que educar, y educar es poner barreras. Es decir” no” cuando hay que decirlo, duela a quien duela y cueste lo que cueste. Lo contrario es condescender, o sea, irse por la pendiente con ellos hasta el precipicio. En definitiva, una irresponsabilidad. No saber decir no también trae consecuencias nefastas. Hay padres que desearon tanto a sus hijos, los quieren tanto, que confunden dos términos bien distintos: ser padres buenos con ser buenos educadores.

A un niño hay que educarlo con firmeza, que no con dictadura, y dejándole bien claro desde pequeñito quién lleva el gobierno del hogar. Un niño educado así, jamás pegará a sus padres". 

Los niños no vienen a este mundo para cumplir nuestros sueños, sino que estamos obligados a ayudarles a que ellos cumplan los suyos. No son esclavos de nuestra propiedad ni armas arrojadizas. Nuestros hijos, antes que hijos, son personas independientes, con sentimientos y opiniones propias. ¿Quiénes somos nosotros para prohibirles ser felices? 

Pero además, algunas progenitoras, no sólo impiden que el padre eduque a sus hijos, sino que solicitan ayuda a los abuelos para que los eduquen ellos. "Lo reconocen; los utilizan para todo, hasta para quitarse la responsabilidad de tener que ser ellas las que eduquen a sus hijos. A estas pájaras cuco hay que cuestionarles el amor que sienten por sus hijos y, por supuesto, también el amor por sus padres. Porque a estos abuelos nadie les pregunta por sus necesidades, deseos e inquietudes: si quieren jugar una partida de cartas con sus amigos, si han decidido hacer deporte junto con las otras compañeras de su edad, si les gusta ver los telediarios en vez de Bob Esponja…". 

Serrano utiliza aquí el adjetivo "cuco". Para la autora una madre así se equipara al pájaro cuco, ya que éste deposita su huevo en un nido ajeno para que sea el pájaro dueño del nido quien incube y alimente a su cría mientras el cuco vive feliz y sin preocupaciones. Advierte Serrano a "las mujeres, madres, abuelas, tías, amigas… que no os sorprenda si algunas se ponen a llorar cuando le recriminéis sus actos, cuando les advirtáis de que decirles a los niños que sus padres no los quieren es un maltrato y un delito. Por lo visto están acostumbradas desde pequeñas a conseguir siempre las cosas. Éste es el problema que siguen arrastrando durante la madurez". Estas madres consentidas desarrollan un trastorno narcisista de la personalidad tal que donde pisan no crece la hierba nunca más. Mienten, manipulan, están fuera de la ley, creen ser Dios, y Dios no se equivoca nunca. Pero en el fondo son personas inseguras, temerosas, acomplejada, cobardes, que deben simular fortaleza para ocultar sus debilidades. Se sienten tan inferiores que creen que castigar a su hijo sin consola por no hacer los deberes, éste dejará de quererlas, cometiendo el mismo error que cometieron sus progenitores con ellas. Y para más inri, la justicia feminista protege esta forma egoísta y vil de educación. 

"Todo esto me parece surrealista: he visto y escuchado en televisión a una mujer poner verde (y de todos los colores) al padre de su hija, asegurándose de que jamás pueda sentir el orgullo de ser querida por su padre. Sin embargo, esta mujer no permitía que le hablaran mal de su propio padre. Paradójico, ¿verdad? De manera que una madre que eligió un padre para su hijo, ¿cómo puede después criticarlo, negarlo, prohibirlo…? Por mucho que una mujer quiera a su hijo, si lo quiere solo para ella, si cree que es exclusivamente de ella y solo a ella le pertenece, comete maltrato con su hijo y con las demás personas. Porque los niños vienen a través de nosotros, pero no nos pertenecen. No son cosas. La sociedad da por hecho que la progenitora es buena por naturaleza y que el progenitor tiene que demostrarlo. Pero ¿y si no se le da la oportunidad de demostrarlo?"

Para Serrano un niño necesita a su padre y a su madre. Oír a una madre o a un padre autoproclamarse como autosuficiente para educar a solas a su hijo es sinónimo de que ese padre o madre o no lo educa o no quiere a su hijo. Padre y madre cogen diferentes roles en la educación de su hijo y esos roles son complementarios. Así que un niño necesitará a su madre para unas cosas y a su padre para otras. Al faltarle una de las dos figuras, la educación del niño será coja. Por esto hay que luchar para que la custodia compartida sea la primera opción tras una separación con hijos de por medio, ya sea de mutuo acuerdo o por juzgado. Ambos progenitores deben tener las mismas oportunidades de educar a sus hijos, llegando a acuerdos que beneficien la relación entre ellos y la relación de ellos con sus hijos. Como bien dice Serrano: "Nunca he visto a una persona feliz hacer daño a alguien, y menos a un niño". 

Dice un gran maestro en el mundo de los niños, don Casimiro Bodelón, que para una buena gestación nos sobran incubadoras y falta el calor y el cobijo de la clueca hogareña. Esta frase resume a la perfección lo dicho en el libro "Mamá me ha dicho que no me quieres" y debería ser una frase ya dilapidada. En la actualidad la mayoría de padres tenemos a nuestro alcance los conocimientos necesarios para ser unos buenos padres y unos buenos educadores. Sólo hace falta que queramos serlos, que seamos conscientes de que nuestro odio hacia el otro progenitor sólo perjudica a una persona, al niño, el único que nada tuvo que ver en la ruptura o en la decisión de ser padres. El niño es el inocente y el que más sufre con una mala relación entre sus padres. Empaticemos con él y demostrémosle que su felicidad es lo primero para nosotros, sus padres, dejando a un lado el rencor, la venganza, el odio, el orgullo, el egoísmo y todos esos sentimientos que pudren el alma de cualquier persona. Y si algún padre o madre decide hacer infeliz a su hijo mostrando dichos sentimientos hacia otra persona, se merece muchos calificativos, menos el de padre o madre. Para nuestros hijos somos dioses y en el futuro actuarán a nuestra imagen y semejanza. No convirtamos su vida en un infierno. Créanme, sé de lo que hablo. Y también decir a aquellos padres que sufren el desamor inducido de su hijo, que piensen unos segundos antes de decirles a sus hijos lo que piensan de su piiii madre. Entiendo la rabia, la frustración, la ira que pueden sentir al oír de un hijo que no le quiere después de sufrir humillaciones e insultos por querer hacer de su hijo una persona de bien. Entiendo que por su cabeza pasen ideas macabras o estúpidas tras años de esfuerzo, de sacrificios que su hijo no ve o no quiere ver. Antes de insultarlo a él o de insultar a su madre delante suyo, piénseselo dos veces. No es su hijo quien no le agradece sus esfuerzos, es la madre, mediante el cuerpo de su hijo quien le habla. No caigan en la provocación, se lo digo por propia experiencia, yo tampoco estoy libre de culpa. Hay una frase que dice: no haga nada de lo que puedan arrepentirse en el futuro. Luchen por ellos. Ofrezcan a su hijo la otra mejilla (pero haciéndose respetar). Métanse en la cama cada noche con la conciencia tranquila. Busquen apoyo psicológico para el niño y para usted y no pierdan el tiempo intentando convencer a su madre que no está actuando bien porque no lo entenderá, ya que para ella la educación que le está dando es la idónea, ya que su única finalidad es hacerle daño a usted. Para ella, el fin justifica los medios. Nadie dijo que fuera fácil. Yo mismo estoy aprendiendo a base de errores. Cuando equivoco el camino vuelvo al punto de partida y tomo un camino distinto. Hagan caso a sus seres queridos. Aunque ellos no hayan pasado por lo que están pasando ustedes, ellos piensan en el bienestar de su hijo, usted sólo piensa en acabar con el suplicio. Y siento decirles que con los psicópatas el suplicio no tiene fin hasta que uno de los dos está bajo tierra. Porque los psicópatas están centrados en la guerra, y perder una batalla les da una excusa para mantener el conflicto. Ganar una batalla también. Para ellos sólo uno puede quedar en pie, y Dios no pierde nunca. De padre a padre, el único consejo que les puedo dar es que lean sobre el tema e intenten llevar a cabo lo aprendido. Y cultiven mucha, mucha paciencia. 

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