domingo, 6 de marzo de 2022

Sobre la cuestión judía de Marx


En 1843, un joven llamado Karl Marx, 26 años, escribe un ensayo brillante y novedoso en la época que responde al escrito "La cuestión judía", de Bruno Bauer, seguidor de la escuela hegeliana y antiguo colaborador de Marx en la edición de la Gaceta Renana.

"Sobre la cuestión judía" rebate las ideas de Bauer en las que sostiene que la emancipación política judía, una emancipación que los hijos de David veían factible dado su gran poder económico (y por lo tanto político), única posibilidad de emancipación según Bauer, y que se logra renunciando a su conciencia religiosa, ya que esta emancipación debe llevarse a cabo en un Estado laico si se desea la libertad y la igualdad del ser humano." Así, Bauer, básicamente, acude a la religión judía para la separación o no de un grupo social dentro de un Estado, en este caso cristiano. 

En "Sobre la cuestión judía", Marx responde a Bauer desde un punto de vista muy distinto del discípulo de Hegel y más tarde profesor del mismo Marx. Pero antes debe tenerse en cuenta el contexto histórico en el que está escrito dicho ensayo, y la vivencia personal del padre del comunismo, para entender mejor la idea que Marx tenía sobre la emancipación del hombre. En este sentido destacan tres puntos:

1. Las revoluciones de 1830, donde las clases medias y populares se rebelaron contra el rey autocrático Carlos X. Lo suple el rey Luis Felipe. Carlos X intentó  restablecer la monarquía absolutista y limitar el poder de las Cámaras de representación. A esto se le unió una prolongada época de crisis y hambruna que perjudicó a las clases más bajas, que esperaban como agua de mayo unas reformas políticas que ayudasen a garantizar los pocos derechos civiles de los que disfrutaban. Pero fue unas elecciones a la Cámara Baja la gota que colmó el vaso. Disgustado con un gobierno de mayoría liberal, Carlos X decide disolver el Parlamento y decreta cuatro polémicas ordenanzas, una de ellas la prohibición de la libertad de prensa, y provoca la salida a la calle del pueblo de París. Éste derrota al ejército real, provocando la caída del regente, que es sucedido por el escogido de La Fayette, creando así una nueva Constitución más liberal. En Alemania, movidos por un sentimiento patriota y unionista, son los estudiantes los que se movilizan, aunque no lograrán ningún avance hasta las revoluciones de 1848. 

2. El poder de la Iglesia cristiana en el gobierno de los distintos Estados europeos y la prohibición a sus miembros, fieles y creyentes, de otorgar créditos en beneficio propio, ya que el cristianismo aboga por la caridad y considera la usura como pecado, cosa que en el judaísmo no. 

3. Marx procedía de una familia judía de clase media. Su padre, descendiente de rabinos, fue obligado a convertirse al protestantismo si quería seguir ejerciendo como consejero de justicia del gobierno prusiano. Estos hechos, junto a los conocimientos que tenía Marx de filosofía, historia, teología, política y economía le ofrecieron la visión del judío como usurero (también Hitler años más tarde), la del burgués como opresor de la clase obrera y la de la religión como arma separatista de la sociedad. Así, Marx responde a Bauer rechazando su idea de que sólo existe un tipo de emancipación, la política, y haciendo ésta más genérica busca la emancipación del hombre, no sólo de la religión sino del Estado, para convertirlo en un hombre con derechos: libre, igualado y seguro.

"Sobre la cuestión judía"

La emancipación humana de Marx le lleva a desechar ideales tan capitalistas como la diferencia de clases o la creación de Estados, sobretodo religiosos. Tomando como referencia, además del texto baueriano, la Constitución francesa de finales del siglo XVIII, Marx expone sus ideas sobre la emancipación, ya no política o religiosa, sino social. El hombre debe emanciparse, según Marx, de sí mismo y para ello debe suprimir la religión, que priva al hombre de su libertad y le ancla en el pasado; del estado, gobernado por una clase burguesa ansiosa de riqueza que oprime al trabajador en busca de su propio beneficio; y del sistema capitalista (o liberalismo económico), que promueve la propiedad privada, el egoísmo y la usura. Define al Estado como el nuevo Dios ateo, mediador entre el hombre y su libertad. Aunque se crea, Marx no rechaza la política, incluso la hace necesaria para la emancipación del hombre libre, del hombre real. Ya que el hombre puede emanciparse políticamente y seguir siendo religioso, la emancipación política no es la emancipación humana, entendiendo por emancipación la vuelta al pasado, anterior al modelo feudal. Tampoco los "derechos humanos" proclamados tanto en la Constitución estadounidense o francesa hacen al hombre libre como lo entiende Marx, porque los derechos de libertad, seguridad o igualdad vienen establecidos por un gobierno burgués, egoísta, que limita el primero, asegura en su beneficio el segundo y por descontado omite el tercero.  Por esto, el "derecho humano" deja de ser un derecho cuando entra en colisión con la vida política. Y la política es esclava del dinero.

En "Sobre la cuestión judía", Marx defiende la teoría de que la emancipación religiosa del hombre es la separación entre Estado y religión, aunque el hombre puede seguir siendo religioso. También que la emancipación política del hombre no viene dada por el otorgamiento de derechos, sino por la desaparición del dinero, y por lo tanto, una vez el hombre emancipado de la religión y del dinero estará completamente emancipado de sí mismo y podrá llegar a ser un hombre real, un hombre sin ataduras materiales, servidor únicamente de sí mismo, que vive en comunidad y que se relaciona con sus semejantes para sobrevivir y no enriquecerse. Un hombre cuyo status social está por encima del burgués judío usurero y del ciudadano religioso y oprimido que desea más participación política para ver aumentados sus derechos civiles. Es decir, mientras exista la religión (de Estado o privada) y una política que haga cumplir leyes escritas por una clase dirigente con solvencia económica, el hombre nunca será realmente libre y la sociedad en la que actúe no será igualitaria.

Comunismo

Como hemos visto, la idea del comunismo comienza ya a vislumbrarse en este temprano texto de Marx. Las ideas revolucionarias francesas de mediados de siglo, originadas por una política burguesa ajena a los problemas sociales y las malas cosechas que provocaron un aumento de precios y por lo tanto hambruna, se expandieron rápidamente al resto de Europa (Alemania, Prusia, Austria, Italia, Hungría), aunque los consiguientes movimientos revolucionarios que se llevaron a cabo en estos países fracasaron. Aún y así, los gobiernos se vieron obligados a conceder mínimos derechos sociales para mantener el orden y la odiada y esclavista burguesía de la época propiciaron que el inconformista Marx, junto a su inseparable Engels, conocedor de primera mano del mercado laboral y los intereses burgueses, redactaran el Manifiesto Comunista para ayudar a la tan necesitada clase obrera. Tampoco faltaron quienes excusasen el liberalismo económico con teorías tan absurdas como la prosperidad de un país depende de la oferta y la demanda (Smith), o el control de la natalidad de los más pobres para el enriquecimiento del Estado (Malthus). Pero esta defensa que Smith y Malthus hacen del capitalismo no fue suficiente para que Engels y Marx no lo criticasen en su "Manifiesto Comunista", escudándose en los nuevos movimientos nacionalistas alemanes y en la precaria situación en la que habían quedado los trabajadores tras una rápida industrialización.  

Conclusiones

En conclusión, Marx era un idealista que buscaba la sociedad perfecta y así lo plasmaba en sus escritos. Buscaba la justicia social otorgando el poder supremo a las clases más desfavorecidas, es decir, a la clase obrera. Ya en "Sobre la cuestión judía" Marx nos enseña hacía dónde se encaminan sus pensamientos, que acaban confirmándose con la publicación de "El Capital" y después la obra que escribe junto a Engels. En sus libros, Marx busca por encima de todo mostrarnos la posibilidad del hombre de vivir libremente, sin estar atado a ley alguna ni ser siervo de nadie. Pero para llegar a este estado, el hombre debe primero pasar por una serie de estados nada fáciles de conseguir. El ser humano debe abandonar toda creencia religiosa, y por consiguiente el Estado que gobierne debe ser laico. Después, el obrero, el status social más bajo, debe gobernar sobre una burguesía codiciosa en ese Estado laico para que los derechos civiles entre clases se igualen. El Estado también debe acabar con el liberalismo económico para controlar los precios y evitar monopolios privados. Es decir, para que el hombre pobre llegue a ser libre realmente, debe empezar por gobernar al hombre rico, todo ello desde el laicismo. Una vez se asuma esta situación, los Estados pueden desaparecer para vivir en una sociedad de intercambio económico, de igualdad legislativa y de plena seguridad ciudadana. Hacer el bien nos puede hacer libres.


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