Sigo siendo un don nadie, así que sigo sin poder dar consejos de cómo se deben hacer las cosas o no. Por suerte tengo un hijo al que sí puedo darle consejos, el cual con suerte los escuchará y los seguirá. Para que nadie diga que soy un pretencioso, Álex, esto va por ti, para que en un futuro seas mejor persona de lo que ya eres. Espero que estos consejos te sirvan en un futuro y aprendas a ponerlos en práctica para llegar a ser un hombre de valores. No quiero que los sigas al pie de la letra, tú simplemente léelos y reflexiona sobre ellos, después la vida nos lleva donde jamás pensaríamos que nos llevaría y muchos de ellos debemos desestimarlos, pero por lo menos intenta llevarlos siempre contigo.
Reconocer el error es el primer paso para no volver a equivocarnos
El echar la culpa al tiempo, al césped, al vecino, al frutero, al político o a la suerte no es serio. Siempre, siempre, el error es nuestro y debemos, primero, asumirlo y, después, corregirlo. Si los políticos nos roban es porque nosotros les hemos votado. Si tu novia te deja será posiblemente porque no le dabas todo lo que ella te pedía. Si te estrellas con el coche será posiblemente porque tu velocidad no se adecuaba a la aconsejada en ese tramo de carretera. Si no ganas más dinero será posiblemente porque tu formación no es la exigida para el nivel económico que deseas. Si no ahorras es porque te lo gastas. No pierdes el autobús, simplemente te has levantado tarde. Nosotros, y sólo nosotros, cogemos las riendas de nuestro destino. Sólo nosotros. Y meditar sobre ello, echarnos la culpa a nosotros y no al conductor del autobús, hará que la próxima vez nos levantemos antes, que conduzcamos más despacio, que no tiremos el dinero o que estudiemos para conseguir nuestras metas económicas. Sólo tú puedes corregir tus errores, los demás no tienen nada que ver y no tienen por qué sufrir tu ira cuando tú eres quién te equivocas.
La acción hace inteligente al hombre (la experiencia es un grado)
Eminentes pedagogos coinciden en que el niño se hace inteligente viviendo experiencias. Sabes que el cuchillo corta porque te has cortado, sabes que el fuego quema porque alguna vez te has quemado, sabes que te darás con el pico de la mesa si no miras por donde vas porque ya te lo has comido una vez, o sabes que te caerás si sigues arrastrando los pies al caminar. El niño aprende a golpes, se hace inteligente actuando, adquiere experiencia y si se ha cortado con el cuchillo una vez, no tema que no lo hará una segunda. Puedes leer todos los libros del mundo y seguir sin saber qué sensación se tiene al pisar la nieve o al caminar por el desierto por mucho que insista el autor en que pasarás mucho frío o mucho calor. Por eso, si uno no se cae no aprende a levantarse, y una vez levantado aprendes a no caer.
Nunca digas a nadie que haga lo que tú no harías
Que no te atrevas a meterte en una cueva oscura que no conoces o en una casa en ruinas que crees encantada dice de ti que eres una persona responsable. Que le digas a otro que entre y te cuente lo que ha visto dice de ti que eres un cobarde. Un cobarde manipulador que se aprovecha de los ingenuos para averiguar algo que por sí solo no es capaz de averiguar. Si no quieres cortar el césped no le digas al vecino que lo haga, y si se lo pides por lo menos págale por el servicio. Eso deja lo de cobarde en vago, que quieras o no es mejorar un paso, aunque no te convierta en el Capitán América. ¿Verdad que no le pides a un amigo que se coma tu comida o que bese a tu novia por ti? Si no quieres o no te atreves a hacer una cosa pues no la hagas, pero no utilices a los demás como si fuesen tus esclavos y te deban la vida. La época de los negros recogiendo algodón quedó muy atrás. Y si eres de los pobres desgraciados que se tiran de un puente porque se lo piden unos desalmados para ser popular entre ellos, pues solo decirte que hoy te romperás una pierna, pero mañana puede que no vuelvas a ver el sol. El hombre que es hombre aprende a hacer las cosas por sí solo, si no sabe paga a un profesional para que lo haga por él y no se deja embaucar con falsas promesas para hacer lo que otros quieren. Sé dueño de ti mismo, no esclavo de otros.
No critiques a quien hace lo que tú no eres capaz de hacer
Parecida a la anterior máxima. Es muy común ver a cuatro pensionistas dirigiendo las obras de un edificio desde el otro lado de la valla mientras insultan al capataz por su incompetencia. Si alguno de ellos hubiese sido un aclamado arquitecto pues lo entendería, no mucho, pero podría llegar a pensar que desea hacer partícipe al capataz de su dilatada experiencia. Pero si ha sido barbero, taxista o funcionario, ¿qué coño sabe de construcciones? Un cobarde es aquel que critica al que actúa pero que no es capaz de ponerse en su lugar. No critiques a tu marido/mujer por colgar mal un cuadro cuando no se dedica a ello porque posiblemente te dirá que lo cuelgues tú, y entonces pasará de ser un bonito cuadro unos milímetros torcido en la pared del dormitorio a un cuadro lleno de polvo en el altillo. En cambio, puedes participar, ayudar a tu marido/mujer a tomar medidas, a taladrar la pared y aprender juntos a colgar un cuadro, así, cuando se divorcie de ti por ser un tirano manipulador y tengas que independizarte sabrás colgar un cuadro por ti mismo y no dependerás de nadie. Esta es otra máxima que viene al caso, intenta no depender de nadie. Nadie mejor que tú sabe dónde y cómo quiere que esté ese cuadro colgado. Por eso, nunca, nunca, critiques el esfuerzo de los demás cuando tú no eres capaz de hacerlo, eso dice mucho de cómo eres, y precisamente no muy bien.
Llorar o enfadarse no va a solucionar el problema
Cuantas veces habremos oído eso de que llorar es de cobardes. Tampoco es que sea realmente así, la vida da muchas vueltas y a veces llorar es una manera de desahogarse tan válida como dar puñetazos a un saco de boxeo. Pero si uno da dos pasos atrás es para coger carrerilla, no para caer en un pozo de lágrimas y lamentarse de su mala suerte de por vida. Llorar no va a hacer que un ser querido vuelva a la vida, o que encuentres el ordenador que te dejaste olvidado en un banco del parque, o que tu novio/novia vuelva contigo. Es más, en este último caso, es posible que al llorarle, tu novio/a piense que eres una persona débil y no quiera saber más de ti. Si te caes con la moto y la destrozas tienes la opción de ahorrar para arreglarla o para comprarte otra. Te puedo asegurar que tus lágrimas no van a arreglar las abolladuras del carenado. Si pierdes algo puedes buscarlo o comprarte otro. Llorar no va a hacer que vuelva a ti volando. Pero si no es malo llorar, en mi opinión, no se debe hacer en público. Llora si quieres, pero en soledad. No debes mostrar flaqueza porque muchos se aprovecharán de ella para conseguir de ti lo que deseen. Un ser humano desesperado y débil es un ser manipulable, inseguro y carnaza para leones. Y puedo asegurar que leones sobran en la selva y las gacelas están muy cotizadas. Nos caemos para levantarnos, no para quedarnos tirados en el suelo por el resto de nuestros días.
Se consciente de tus limitaciones
Si tienes miedo a las alturas, no sueñes con ser astronauta. Conocerse a uno mismo ayuda a saber a qué se puede aspirar y a qué no. Podemos oír de nuestros seres queridos que no nos debemos rendir nunca, que debemos perseguir nuestros sueños y que quien la sigue la consigue. Bueno, eso está bien siempre y cuando seamos concientes de nuestras virtudes y nuestros defectos. Yo no sueño con jugar una Champions junto a Ronaldo, más que nada porque ya no tengo edad y porque jamás jugué al fútbol profesionalmente. Tampoco sueño con casarme con Jennifer Aniston, con conducir un fórmula 1 o con dejarme coleta. Soy feo, no estoy preparado físicamente y estoy calvo. Hay que perseguir nuestros sueños, ser ambiciosos, pero dentro de nuestros límites. Hay que vivir con los pies en la Tierra y no dejarnos la piel en perseguir sueños imposibles de realizar. Uno debe ser realista en esta vida, pensar con la cabeza y dejar de soñar con profesiones irrealizables o con mujeres modelos que jamás conocerás. Sinceramente, si te conoces bien y sabes hasta dónde puedes llegar, serás más feliz, ya que conseguirás realizar tus sueños, unos sueños alcanzables y realistas. Si yo persigo el sueño de ser cantante sin tener ni idea de cantar, lo único que me llevaré serán decepciones, y esas decepciones me harán infeliz. “I have a dream”, dijo en su día Martin Luther King, y su sueño se cumplió. Pues yo también tengo un sueño, y mi sueño es que estas palabras te sirvan, hijo, algún día para ser mejor persona. Espero que también se cumpla.
Antes de juzgar pregúntate por qué lo hizo
No debemos prejuzgar jamás al prójimo si no sabemos el por qué de su actuación. Nos creemos sabios, maestros en todo, cuando realmente el sabio es el que se cree tonto. El sabio no juzga, pregunta, aprende y medita si él haría lo mismo o no. Todos coincidimos en el hecho de que aumentando los impuestos no saldremos de la crisis, juzgamos a los políticos por sus nefastas decisiones. Pues bien, nosotros, los sabios que tanto sabemos de política y de economía, pedimos un préstamo al banco para llegar a final de mes o tiramos de VISA. ¿Y por qué? Pues porque lo más seguro es que no tengamos otra opción si queremos dar de comer a nuestros hijos. Y si hacemos lo mismo que hacen los políticos para intentar salvar al país o a nuestra familia, ¿quienes somos nosotros para juzgarlos? ¿Hemos hablado con Merkel para saber qué opción es válida para sanear las cuentas? ¿Hemos hablado con el Banco Europeo para saber su postura? ¿Nuestras ideas tienen el visto bueno de Europa? ¿Es aconsejable tirar de VISA cuando cobran un 14% de intereses? Y tú dirás: ese que me critica por tirar de VISA no tiene ni idea en que situación estoy. Cierto, muy cierto, sólo tú sabes cómo llevar tu economía doméstica. Entonces, ¿por qué juzgas a los políticos si no vives en la Zarzuela? Todos podemos opinar, faltaría más, pero no juzguemos si no conocemos de primera mano la profesión. Hoy día nos creemos banqueros, políticos, médicos, entrenadores de fútbol, empresarios, etc. Pero ¿por qué me creo banquero si no tengo un título de economista? Tampoco tengo un Máster en Ciencias Políticas, no he estudiado jamás INEF, es más, jamás he jugado a fútbol campo ni he utilizado un bisturí. No juzguemos a no ser que sepamos de primera mano qué se cuece en la olla, nos evitaremos así muchas preocupaciones y podremos presumir para nuestros adentros de ser más listos que aquellos que prejuzgan sin saber. Seremos los sabios, no los idiotas.
La suerte hay que buscarla
Los billetes de 50 euros no caen del cielo, eso lo sabemos todos. La suerte no existe. Aquellos que se han hecho millonarios no ha sido porque les viniese un duende y les dijese que invirtiesen en esto u lo otro. Esa gente ha estudiado mucho, ha acudido a conferencias, ha preguntado a expertos, ha acudido a seminarios, ha leído periódicos, ha aprendido idiomas y ha perdido mucho dinero antes de ganarlo. No ha sido suerte. La suerte no existe. Si soy actor en una película es porque lo hice bien en el casting, no porque el director me viese en la calle y me diese el papel. Si pretendemos encontrar trabajo sentados en el sillón de casa viendo la tele pues vamos listos. Un triunfador es aquel que triunfa, que ha superado a otros para ser el mejor en lo suyo, y seguro que ha tenido que trabajar mucho para conseguir ser el número uno. Sí, es cierto que hay gente que gastando 20 euros en la lotería se ha hecho millonaria, pero también es cierto que muchos no supieron gestionar su dinero y que posiblemente estén ahora peor de lo que estaban cuando trabajaban para otro o tenían abierto su taller mecánico. Lo que viene rápido, se va rápido y no hay bien más preciado que aquel que nos ha costado mucho ganar. Así, busca la suerte, no esperes que la suerte te encuentre a tí. Trabaja duro y posiblemente algún día puedas decir que valió la pena dormir cinco horas al día. Seguro que te sentirás orgulloso de tí mismo y tendrás el respeto de los demás. Piensa, ¿a quién respetas tú? ¿Qué hizo para ganarse tu respeto? Yo lo tengo claro y, sinceramente, los hombres y mujeres a los que respeto no son lo que son porque les cayese el dinero del cielo.
Estas máximas no tendrían ninguna eficacia si no tuviésemos en cuenta la máxima principal, la madre de todas las máximas, la que rige el universo y la que por encima de todo tendríamos que tener en mente todo el tiempo. Esta máxima es la del empirismo, la de ponerte en la piel del otro cuando quieras hacer algo que puede provocarte remordimientos en un futuro. Si no cumplimos esta máxima, de nada nos servirá cumplir el resto de máximas. Esta máxima es…
Nunca hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti
Esta sería la máxima que resume todas las demás. Es el valor que todo hombre debería tener en mente cada vez que comete una acción. Recoge la empatía que debería tener el ser humano frente al resto de mortales que conviven con él en la Tierra. Si no te gusta que te roben, ¿por qué robas tú al prójimo? Si no deseas la muerte de tu hijo, ¿por qué asesinas al hijo de otro? Si odias recibir puñetazos, ¿por qué buscas pelea? Esto también lleva a otra frase que debería pensar el ladrón, el camorrista, el asesino, etc.: nunca sabes con quién te la estás jugando. Así, todo se engloba en esta máxima, la primera máxima que el ser humano debería tener en cuenta para vivir y dejar vivir, para armonizar nuestro entorno. Si todos tuviésemos en cuenta esta máxima antes de actuar, muchos problemas que nos rodean dejarían de ser problemas y lograríamos vivir en paz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario