sábado, 19 de marzo de 2022

Marco Aurelio

Marco Aurelio Antonino (Roma, 26 de abril de 121​-Vindobona o Sirmio, 17 de marzo de 180) fue emperador del Imperio romano desde el año 161 hasta el año de su muerte en 180. Fue el último de los llamados Cinco Buenos Emperadores, tercero de los emperadores procedentes de una familia de antiguos colonos itálicos asentados en la provincia de Baetica,​ y está considerado como una de las figuras más representativas de la filosofía estoica. Gobernó brevemente en solitario tras la muerte de Lucio Vero como consecuencia de la Peste antonina en 169, aunque desde 177 gobernó junto a su hijo Cómodo, quien le sucedería. La película Gladiator está ambientada en época de la muerte de Marco Aurelio y gobierno de su hijo.

La gran obra de Marco Aurelio, Meditaciones, escrita en griego helenístico durante las campañas de la década de 170, todavía está considerada como un monumento al gobierno perfecto. Se la suele describir como «una obra escrita de manera exquisita y con infinita ternura»

El estoicismo predicó el valor de la razón, al proponer que las emociones destructivas son el resultado de errores en nuestra manera de ver el mundo y ofreció una guía práctica para permanecer resueltos, fuertes y en control de la situación. He aquí las principales frases del estoico Marco Aurelio recogidas de sus Meditaciones. 

Meditaciones 

Tanto el que goza de un tiempo más largo como el que ha de morir rápidamente deja atrás lo mismo, porque sólo es el presente de lo que va a verse privado, si es eso lo único que tiene y si uno no deja atrás lo que no tiene.

El fin de los animales racionales es seguir la razón y ordenamiento de la ciudad y constitución más venerables.

Por encima de todo, aguardar la muerte con el pensamiento favorable de que no es otra cosa sino disgregación de los elementos de los que está compuesto cada ser vivo.

Por tanto, hay que darse prisa, no sólo porque cada vez se está más cerca de la muerte, también, porque la comprensión de los hechos y su seguimiento cesan antes.

No seas verboso ni activo en exceso. Que la divinidad que está en ti sea guía de un ser varonil, respetable, social, romano, de un jefe que se coloca en su puesto como alguien que, liberado, esperara el toque de retreta para escapar de la vida, sin necesidad de un juramento ni de ningún hombre como testigo 

Hay que ser recto, no corregido.

No honres nunca como tu conveniencia lo que te fuerce en alguna ocasión a infringir la confianza de la que gozas, a dejar a un lado la vergüenza, odiar a alguien, sospechar, maldecir, aparentar, anhelar algo que precisa de muros y cortinajes.

En la reflexión de quien se ha disciplinado y purificado no podrías encontrar nada purulento, ni tampoco contaminado, ni anfractuoso. 

Pues bien, arrójalo todo, quédate sólo con estas pocas cosas y además rememora que cada uno sólo vive este presente efímero. Lo demás o ya está vivido o es incierto. 

Así pues, apresúrate para el fin, deja al lado las esperanzas vanas y ayúdate a ti mismo, si es que te importas, mientras es posible.

Que lo manejen a uno como marioneta los impulsos es propio también de fieras, putos, Fálaris  y Nerón. 

A ningún lugar más tranquilo, más pacífico se retira un hombre que hacia su propia alma, sobre todo aquel que tiene dentro recursos tales que, si los examina, al momento se encuentra en total bienestar. 

Porque, ¿con qué te irritas? ¿Con la maldad de los hombres? Reconsidera el dictamen de que los animales racionales han surgido unos por otros, que soportarse es parte de la justicia, que los hombres yerran sin querer, que muchos por sentir enemistad, sospecha, odio, rivalidad han sufrido tormento, se han hecho cenizas; ceja en tu irritación. 

Es ciego quien guiña el ojo de la inteligencia. Es mendigo quien precisa de otro y no tiene en sí mismo todo lo útil para la vida. 

«Soy afortunado porque, a pesar de haberme ocurrido eso, permanezco sin pena y no me rompo por el presente ni temo el porvenir.» 

«Me despierto para una tarea humana, ¿y todavía me irrito si me dirijo a hacer aquello por lo que he nacido y para lo que me han traído al mundo? ¿O me han fabricado para esto, para reconfortarme al calor de las mantas?»

Exhibe por tanto aquellas que dominas por completo: no ser tramposo, tener nobleza, aguantar los trabajos, despreciar los placeres, no quejarse de tu destino, necesitar poco, la buena disposición, la liberalidad, la sencillez, no ser charlatán, la grandeza.

 En definitiva, sigue avanzando y pregunta si deben estimarse y considerarse como bienes cosas por las que, tras reflexionar sobre ellas, se pudiera aplicar el dicho de que quien las posee en abundancia «no tiene sitio ni donde cagar».

Si los dioses decidieron sobre mí o sobre lo que debía ocurrirme a mí, decidieron bien. En efecto, ni siquiera es fácil pensar en un dios que no decide.

Cada uno vale tanto como vale aquello por lo que se afana.

Procura prestar atención precisamente a eso que va contra la razón, porque si la conciencia del error se marcha, ¿qué motivo hay para vivir?

Cuando alguien yerre contra ti, al punto medita que ha errado por sus supuestos sobre qué es bueno y qué es malo. Pues al considerar eso te compadecerás de él, no te sorprenderás ni te encolerizarás.

«Propio de un rey es actuar rectamente y tener mala fama»

En cada acción pregúntate: ¿cómo es en lo que me atañe?, ¿no me arrepentiré por ella? 

Por tanto, enseña o aguanta.

El que es injusto es impío porque la naturaleza del todo ha creado los animales racionales unos por otros, de forma que se beneficien mutuamente según su valía y no se perjudiquen en manera alguna; el que infringe esa decisión es impío con toda claridad contra la más respetable de las divinidades. 

El mayor bien es alcanzar lo justo, puesto que el fracaso es estar lejos de ello.

Pues existe perdón para todo el que persigue su propio bien.

Que no son sus acciones las que nos irritan pues ésas dependen de sus principios rectores, sino nuestras suposiciones sobre ellas.

Todas aquellas cosas que rezas por alcanzar en todo un ciclo, puedes tenerlas ya si dejas de ser tu propio rival. Esto es: si dejas atrás el pasado y pones en mano de la providencia el futuro, y si sólo el presente lo encaminas derecho hacia la virtud y la justicia.

Pues el delirio de grandeza que delira sobre la inexistencia de delirio es el peor de todos.

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