Mucho se habla de crisis y brotes verdes pero nadie recuerda ya de dónde vino esta crisis. Como el chiste del enano correteando feliz por el verde césped, me río al notar el roce de los brotes verdes en mis cojones, y perdón por la expresión. Con el paso del tiempo he podido comprobar en mi propia carne que para encontrar una solución a un problema debemos primero tener muy claro su origen. Después es conveniente analizar todos los pasos dados en dicho problema para comprenderlo bien y no volver a tropezar con la misma piedra. Cierto es que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra pero también es cierto que ha sido el único animal que ha inventado un aparato con el que poder viajar por el espacio. En mi humildad y desconocimiento de la situación política y económica de este país, intentaré sacar una conclusión que pueda clarificar los hechos, la tormenta que se nos viene encima, porque lo peor está por llegar, no nos engañemos. Por último decir que no pretendo con este escrito aleccionar a nadie, no soy quién para ello, escribo sólo para desahogarme, como he hecho con el resto de mis escritos. Empecemos pues.
En las charlas con mi padre sobre política siempre acababa yo diciendo la misma frase: ¿no queríais libertad?, pues ya la tenéis. Tras 36 años de dictadura tuvimos una transición de 7 años (cuento hasta las elecciones del 82 en las que Felipe González, representando a un recién formado PSOE, consigue la presidencia), culminada por una Constitución negociada en bares por políticos que muchos de ellos venían de vivir muy bien con Franco. Antes de seguir, un inciso. No me pregunten de qué libro saqué tal o cual dato, no retengo todos los datos, no soy una biblioteca ni un superdotado, pero si les interesa puedo decirles qué libros me he leído para llegar a tales conclusiones.
Como decía, los padres de la Constitución eran en su mayoría de derechas (5 de 7). Con semejante consejo de sabios y con el temor de una guerra con EEUU de fondo (alguien decidió pedir ayuda al beligerante país si el Partido Comunista Español, o sea, Carrillo, se hacía con el poder) se pusieron los cimientos de nuestro futuro chalet de lujo. Desde entonces ha llovido mucho pero hay cosas que siguen igual. La transición española acabó con las ideologías y dio el poder al dinero. Repito que es mi opinión. Nos quisimos subir al tren de Europa cuando el claxon de salida ya había sonado y corríamos nosotros con muletas por las calles recién asfaltadas. Posiblemente nos hubiese ido mejor si hubiésemos esperado la llegada de un segundo tren. La prisa siempre es una mala consejera. Primero fue la OTAN, a la que los españoles se opusieron y que la clase política desoyó. Entramos en la OTAN por cojones. Le siguió el liberalismo económico, con un Estatuto de los Trabajadores hecho a medida para la Patronal (léanse el art. 41, por mencionar uno, o véase los 20 minutos para comer en una jornada de 8 horas) y pactos de precios entre empresas del mismo sector que aún hoy sufrimos. Después los casos de corrupción y las estafas (Fórum filatélico, GAL, caso Naseiro, Filesa, Banesto, Gürtel, Malaya, etc.) nos enseñaron que los españoles nos habíamos modernizado, atrás quedó el timo de la estampita y los trileros. España siempre ha sido un país de pícaros lazarillos, aunque ahora hay más información. No sé de qué nos extrañamos ahora cuando un duque roba al estado, eso ha pasado siempre en nuestra piel de toro y seguirá pasando. Repasen la historia. Al español (sí, generalizo, ¿y que?, si se da por ofendido es su problema) nunca le ha gustado trabajar. Somos unos incultos con aires de grandeza y cuando un inculto obtiene poder ya ven lo que sucede. Ya lo decía Aristóteles, un buen gobernador debe ser antes un buen filósofo, el problema es que los filósofos no desean meterse en tales marrones, por eso son filósofos, y aunque quisiesen, los incultos no les dejarían.
Tras todo lo antes mencionado llegó la CEE y el euro. Otra vez a correr que se nos escapa el tren, aunque esta vez vamos en silla de ruedas, nos hemos modernizado, somos europeos. Nos creímos un país avanzado, moderno, a la altura de Francia, Alemania o Inglaterra. ¡Ilusos! Ellos tenían una moneda fuerte, nosotros una tasa de paro superior al 20% y un nuevo gobierno liderado por neoliberales de centro derecha. Así nos fue. Un café pasó de costar 100 pesetas a 1 euro (166 pesetas). Por esta regla de tres un trabajador que cobrase 100.000 pesetas debía haber pasado a cobrar 1.000 euros ¿Usted lo vio? Yo no. Las empresas empezaron a frotarse las manos y el inculto pequeño empresario también. El aumento de precios hizo que el currante perdiese valor adquisitivo mientras El Corte Inglés daba facilidades para fraccionar el pago de la plancha. Electrodomésticos Navarro no. El inculto propietario del bar "Manolo" que se frotaba las manos con la llegada del euro tuvo que cerrar el negocio. No vio que lo primero de lo que se prescinde cuando uno no tiene qué llevarse a la boca son los lujos. El Corte Inglés, por contra, se hizo de oro y dio un puesto en su consejo de administración al colega que había inventado tan milagrosa moneda.
Llegaron entonces tiempos de "bonanza", pan para hoy, hambre para mañana. Los bancos pedían dinero a su señor con intereses a un 1% y al currante se lo prestaban al 4 o al 5. Negocio redondo. Siempre he dicho que la culpa de la burbuja inmobiliaria fue nuestra, del consumidor. Como buenos españoles, fieles a nuestra picardía lazarillesca, unos vieron negocio en ello y otros la oportunidad de vivir en una mansión con sueldo de mileurista. Otra vez la incultura nos jugaba una mala pasada. Vivimos como quisimos y no como podíamos. Yo conozco casos, y seguro que vos también, si con suerte no cayó en la tentación. Viendo al vecino, nosotros quisimos ponernos a su altura. Ir a un banco era lo mismo que comer en un buffet libre, por el mismo precio me pone esto, esto y esto. Así, matrimonios de trabajadores medios vivían en unifamiliares con piscina, de seis habitaciones y guardilla y tres vehículos, el Volkswagen para ir de compras entre semana, la moto para que papá vaya al curro y el Audi para ir los domingos a la playa y vacilar a los colegas. Es que si me quedo en la piscina de casa nadie ve el carraco que tengo. 500.000 euros a pagar en 40 años, eso no es nada, además, un día me tocará la primi y todo solucionado. O si no, que pague mi hijo, de todas formas un día todo esto será suyo. Amor de padres.
El hecho fue que vivimos por encima de nuestras posibilidades y a nadie le preocupó. Al señor del banco menos, él se había blindado el contrato y si querían despedirle tendrían que pagarle 8 o 10 millones de euros. Nos iba estupendamente, éramos ricos y el futuro no preocupaba. Pero si hubiésemos tenido algo de culturilla general hubiésemos visto que la vida es un ciclo y que lo que se consigue fácil, fácil se va. Habíamos pasado el euro, la crisis de principios de los 90, la dictadura, la inmigración a Suiza por falta de trabajo, el crack del 29, la Revolución Industrial, la pérdida de las colonias, la Revolución francesa, la peste negra, Al-Andalus, el Imperio Romano. Todo son ciclos. Todo tiene su principio y su final. La burbuja inmobiliaria no iba a ser una excepción. De repente, sin que supiésemos por qué, todo se fue al traste. Llegó la crisis. Llegaron las sub-prime.
Intentaré explicar con un ejemplo lo que yo entendí como sub-prime o los paquetes basura. Repito, es lo que yo he entendido, a diferencia de otros, mi palabra no va a misa, soy humano y a menudo me equivoco. Bien, imagínense que tengo una tienda de piruletas y que compro una caja con 100 piruletas al mayorista. Cuando las examino veo que 25 están caducadas y que no las puedo devolver, ¿qué hago? Fácil, me hago el loco y se las vendo a otro. El problema, además de vender piruletas caducadas y que seguramente me las tenga que comer con patatas cuando alguien se queje, es que las he comprado a plazos, dos años, y para venderlas tengo que ofrecer préstamos a 10 años. No salen las cuentas. Dentro de 10 años tendré dinero para pagar unas piruletas que debo pagar en 2 años. Pido un préstamo y listos. Si no lo puedo pagar pues a la quiebra, que otro burro cargue con estas alforjas que yo me retiro con Curro al caribe.
Esto fue lo que entendí yo en su momento de las sub-prime. Un banco americano concede hipotecas a todo quisqui y cuando se da cuenta de que el quisqui no puede pagarlas las camufla con hipotecas buenas y le vende el paquete a otro idiota. Éste, cuando se da cuenta del timo ya es tarde y para no quebrar, ¿qué hace?, ¿bajarse el sueldo? Noooo, pide ayuda al BCE, al FMI o al gobierno de turno. Y al final, quien paga su hipoteca y la de los demás es aquel que no podía pagarla desde un principio y que vive bajo un puente. ¿No querías sopa? Pues dos tazas, y llenitas hasta arriba. Y se hizo el caos. ¡A los botes salvavidas!, se oía en el Titanic. El capitán y su tripulación primero, el resto que nade.
Y aquí estamos. El lazarillo creció y vio que no se había labrado un futuro creyendo que podría vivir de la picaresca toda su vida. Pero se casa, tiene niños y su mujer le pide un sueldo fijo al mes porque los niños tienen que comer y ella no puede ir al baile con esos zapatos que lleva usando 6 meses. ¡A la ruina! El lazarillo, con pocos estudios (esto de estudiar es un coñazo), se ve con cuarenta y largos con una hipoteca más larga que un día sin televisión, en el paro, una mujer que le amenaza con divorciarse si no trae pan a casa y una suegra que lo tacha de inútil a la mínima de cambio. Para rematar la faena llega el señor del banco con el estoque. Desahucio. Y Pepe se tira por el balcón, algo que alegra a nuestro presidente, ahorra en antidepresivos y un parado menos.
Sinceramente, creo que nuestro presidente es un peón del BCE y de Alemania, más cobarde que Leoncio el león (¿recuerdan aquellos dibujos?). Pero ¿qué queremos, en un país que idolatramos a un tío que se cambiaba de bando como yo de calzoncillos para conseguir su propio reino (hablo de El Cid Campeador); o presumimos de un Imperio donde no se ponía el sol mientras aniquilábamos media Sudamérica porque no soportábamos sudar trabajando; donde la Iglesia torturaba a una mujer acusada de brujería por su suegra (la SANTA Inquisición, la más dura de toda Europa); donde se perdió Cuba porque un iluminado ordenó salir a los buques de guerra de uno en uno por un cuello de botella mientras los americanos cazaban moscas a cañonazos y se partían el culo de la risa; donde llamamos loca a la única reina que ha llorado la muerte de su esposo y que parió a su hijo sin ayuda de nadie en un retrete cortando el cordón umbilical a mordiscos; donde se perdió Flandes por estar borrachos como cubas; donde al ejército más temido del mundo y reconocido así por nuestros rivales se le dejaba morir de hambre sin pagas (los míticos Tercios); donde las subcontratas existen desde el siglo XVI o antes si contamos las relaciones de vasallaje; o donde se mete en la cárcel a una mujer por robar 10 euros para dar de comer a su familia mientras la família de una tonadillera gana pasta en TV porque el marido ha matado a un inocente conduciendo borracho perdido (de la Justicia hablaré en otro momento). Esto, señores, es España.
Tenemos lo que nos merecemos. Si un chaval de 14 años es capaz de cortarse un brazo para vivir del cuento por minusválido, ¿qué no hará un tesorero de un partido político que maneja millones a diario? ¿Por qué no privatizar Endesa y ganarme un sueldo como asesor una vez retirado de la política? Hasta 35 ex cargos políticos de primera línea benefician a estas empresas con sus contactos dentro de la bolsa, la construcción o los monopolios. Yo te privatizo, tú me fichas y luego yo te digo qué acciones comprar o dónde construir a un módico precio. Mi héroe, el ex ministro Rato, cobra de Banco Santander 200.000 euros al año, de Lazard (banco de inversiones) 2.7 millones de euros al año, más lo que el recién fichado por Telefónica habrá presuntamente robado por ahí. Pero luego está la paga vitalicia que les queda por ser presidentes. Los expresidentes del gobierno cobran 80.000 euros al año por haber sido muy buenos con nosotros. Así se lo agradecemos. Y también pagamos a los de nuestra Comunidad Autónoma. A Jordi Pujol, a Maragall y a Montilla les soltamos 86.000 euros al año más lo que llevan a sus espaldas. ¡Y muchos no llegamos al día 10! No sé pero yo a esto lo llamo tomarnos el pelo. Ellos nos exigen 8 horas por 700 euros al mes pero cobran una pasta por tocarse los cojones. Bonito ejemplo. Así salen después los hijos. En un autobús del Imserso los metía yo a todos estos.
Somos incultos, económica y políticamente hablando, ¿cómo pretendemos tener mandatarios honrados? Eso sí, todos sabemos con quién está la Esteban. Somos lo que comemos, y comemos de pena. No somos europeos, somos norteafricanos. En Europa los ministros dimiten al mínimo rumor de corrupción, los suizos votan todas las propuestas de ley, aunque sean promovidas por la oposición, en los países escandinavos la educación es gratis, toda. Incluso los universitarios reciben una paga para que puedan independizarse. En Finlandia te pagan el transporte si el colegio escogido está a más de 5 km de tu casa. En Dinamarca los sindicatos gestionan las Oficinas de Empleo, incluso sus ciudadanos protestaron por una bajada de impuestos para no perder derechos sociales. Y así podría estar todo el día. Esto es Europa y no la mierda que tenemos. Imposible. Imposible que en España sucedan estas cosas mientras nos gobiernen políticos que están deseando coger un puesto de asesor en cualquier empresa privada. Lo que sea para no dar un palo al agua. ¿Recuerdan lo del niño? Pues eso, vivir sin trabajar.
Sí, lo sé, es muy fácil criticar y no hacer nada. Hombre, yo no puedo mejorar el sistema de educación, pilar básico de una sociedad moderna, aunque tengo varias ideas. Yo creo que la única forma de protesta legal para que nos oigan que nos queda son las urnas. Yo no voto ni PP ni PSOE, no soy ni de izquierdas ni de derechas, es más, creo que eso ya no existe, ahora sólo hay dinero. Poderoso caballero. Estos ya han robado suficiente, dejemos a otros que chupen también del bote. Dicen que en la variedad está el gusto. A lo mejor damos con uno que sea bueno. No, no me sirve eso de más vale malo conocido. Me niego. Si usted es de izquierdas hay más partidos de centro izquierda a los qué votar. No sé, al que le caiga mejor. Eso hago yo. Juguemos a su juego, al divide y vencerás. Tampoco sirve el "pues no voto". Error, los peperos van todos a votar después de oír misa, si no vota ya sabe quién ganará y, lo peor, después no tendrá derecho a quejarse. El voto en blanco también es una tontería, aunque demuestra su disconformidad, es cierto. Su voto en blanco va a la mayoría, ya que los escaños se calculan por porcentaje y número de votos. Como decía, juguemos al divide y vencerás, al río revuelto ganancia de pescadores. Pongamos 20 partidos en el congreso, o mejor cincuenta. Que se maten por unos pocos votos, y por el voto nos tienen que beneficiar en algo, aunque sea poco, pero algo. Cierto es que a cuantos más partidos políticos más guirigay y más problemas para llegar a acuerdos. O no, no sé. Lo que sí sé es que no quiero lo que tenemos ahora. Estos cabrones están hundiéndonos en la puta miseria y corremos el riesgo de tener otra mayoría absoluta dentro de dos años pero con los del puño y la rosa. ¿Recuerdan lo de la OTAN por cojones? Pues eso tampoco lo quiero. No quiero un ordeno y mando por mandato de... (iba a nombrar a Dios pero visto lo que hace por nosotros Él también puede irse a... ). Yo quiero que los de traje y corbata me escuchen y que hagan algo a mi favor para ganarse mi mísero voto. Quiero un político honrado, no mil, con uno me basta. Uno que se conforme con vivir de su sueldo de funcionario, que no deba favores, que no agache la cabeza ante Europa, que no lama el enorme culo de Angi, que ayude de verdad al pequeño empresario, que no se haga el sueco (ojalá fuesen nuestros políticos suecos) cuando a alguien se le cae un sobre con papel verde dentro, que comprenda que a este país lo salvan los currantes, que modifique la ley para escarmentar al que no escarmienta, un político que no juegue a ser Zeus, que tenga miedo a salir a la calle si hace las cosas mal. Quiero a Luis XVI apostado en la guillotina cagándose las patas abajo, llorando y suplicando por su vida mientras susurra que no lo volverá a hacer más. Quiero también un pueblo culto y sano. Quiero que seamos conscientes del pasado para no volver a equivocarnos, quiero a mi hijo cerca de mí, no en Alemania trabajando repartiendo pizza, quiero una jubilación digna tras 47 años de cotización, quiero poder decidir quién me representará en el congreso con listas abiertas, quiero que todos, TODOS, nos ganemos el sueldo.
En resumen, quiero un político que sea sincero y justo, porque no hay nada en el mundo que me reviente más que las injusticias y que me tomen por gilipollas, y supongo que a usted le pasa lo mismo.
Esa es mi opinión sobre la crisis. Ahora, ustedes pueden hacer como ellos, lo que les salga de las pelotas.
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