Esopo fue un fabulista griego cuya existencia se desconoce. La primera referencia que se conoce sobre Esopo es una cílica en torno al año 470 a. C. En fuentes literarias de la Grecia clásica, aparece citado por Heródoto,Aristófanes, Aristóteles, y Platón. Incluso este último dice que Socrátes se sabía de memoria los apólogos de Esopo y los versificaba.
Esopo es conocido por sus 300 fábulas, todas ellas con una moraleja moralista. En este escrito he puesto únicamente las moralejas de las fábulas, pero recomiendo su lectura, principalmente en niños, por su facilidad de comprensión.
01 – El águila, el cuervo y el pastor.
Pon tu esfuerzo y dedicación en lo que realmente estás preparado, no en lo que no te corresponde.
02 - El águila, la liebre y el escarabajo.
Nunca desprecies lo que parece insignificante,
pues no hay ser tan débil que no pueda alcanzarte.
03 - El águila de ala cortada y la zorra.
Siempre corresponde generosamente con tus bienhechores, y por prudencia mantente alejado de los malvados que insinúan hacer lo incorrecto.
04 - El águila y la zorra.
Nunca traiciones la amistad sincera, pues si lo hicieras, tarde o temprano del cielo llegará el castigo.
05 - El águila y la flecha.
Más profundo es nuestro dolor cuando nos vencen con nuestras propias armas.
06 - El águila y los gallos.
A quien hace alarde de sus propios éxitos, no tarda en aparecerle quien se los arrebate.
07 - Las zorras a orillas del río Meandro.
Por lo general, los fanfarrones siempre están al alcance del peligro.
08 - La zorra a la que se le llenó su vientre.
Con paciencia se resuelven muchas dificultades.
09 - La zorra y el espino
Nunca pidas ayuda a quien acostumbra a hacer el daño.
10 - La zorra y el leñador.
No niegues con tus actos, lo que pregonas con tus palabras.
11 – La zorra y la serpiente.
No imites a los más grandes, si aún no tienes las condiciones para hacerlo.
12 – La zorra y los racimos de uvas.
Nunca traslades la culpa a los demás de lo que no eres capaz de alcanzar.
13 – La zorra y el cocodrilo.
Recuerda siempre que lo que bien se ve, no se puede ocultar con la mentira.
14 – La zorra y la pantera.
Las cualidades del espíritu son preferibles a las del cuerpo.
15 – La zorra y el mono coronado rey
No te lances a una empresa, si antes no has reflexionado sobre sus posibles éxitos o peligros.
16 – La zorra y el perro.
Al impreparado lo delatan sus actos. Estudia y aprende con gusto y tendrás éxito en tu vida.
17 – La zorra y el mono discuten sobre su nobleza.
Sé siempre honesto en tu vida. Nunca sabrás si el vecino que te escucha sabe la verdad y corroborará o desmentirá tus palabras.
18 – La zorra y el chivo en el pozo.
Antes de comprometerte en algo, piensa primero si podrías salir de aquello, sin tomar en cuenta lo que te ofrezcan tus vecinos.
19 – La zorra con el rabo cortado.
Cuídate de los que dan consejo en busca de su propio beneficio, y no por hacer realmente un bien.
20 – La zorra que nunca había visto un león.
En la medida que vayas conociendo algo, así le irás perdiendo el temor. Pero mantén siempre la distancia y prudencia adecuada.
21 – La zorra y la careta vacía.
No te llenes de apariencias vacías. Llénate mejor siempre de buen juicio.
22 – La zorra y el hombre labrador.
Procura ser comprensivo e indulgente, pues siempre sucede que el mal que generamos, tarde o temprano se regresa en contra nuestra.
23 – La zorra y el cangrejo de mar.
Si intentas entrar a terrenos desconocidos, toma primero las precauciones debidas, no vayas a ser derrotado por lo que no conoces.
24 – La zorra y el cuervo hambriento.
Si tienes una necesidad inmediata, de nada te servirá pensar satisfacerla con cosas inalcanzables.
25 – La zorra y el cuervo gritón.
Cuando te adulen, es cuando con más razón debes cuidar de tus bienes.
26 – Las zorras, las águilas y las liebres.
Antes de decidir unirte a una campaña, mide primero la capacidad de los posibles adversarios.
27 – La zorra y la liebre.
Nunca le pidas lecciones a los tramposos, pues tú mismo serás el tema de la lección.
28 – La zorra y la leona.
No midas el valor de las cosas por su cantidad, sino por su virtud.
29 – La zorra y el león anciano.
Siempre advierte a tiempo los indicios del peligro, y así evitarás que te dañe.
30 – La zorra, el oso y el león.
Por empeñarnos en no querer compartir, podemos perderlo todo
31 – Las ranas y el pantano seco.
Al tratar de emprender una acción, analiza primero las consecuencias de ella.
32 – La rana del pantano y la rana del camino.
Si tienes la oportunidad de mejorar tu posición, no la rechaces.
33 – Las ranas pidiendo rey
A la hora de elegir los gobernantes, es mejor escoger a uno sencillo y honesto, en vez de a uno muy emprendedor pero malvado o corrupto.
34 – La rana que decía ser médico y la zorra.
Nunca proclames ser lo que no puedes demostrar con el ejemplo.
35 – La rana gritona y el león.
Quien mucho habla, poco es lo que dice.
36 – El león y el boyero.
Cuando busques una solución, ten presente que al encontrarla, ésta a su vez puede convertirse en el siguiente problema.
37 – El león y los tres bueyes.
Si permites que deshagan tu unidad con los tuyos, más fácil será que te dañen.
38 – El león y el mosquito volador.
No importa que tan grandes sean los éxitos en tu vida, cuida siempre que la dicha por haber obtenido uno de ellos, no lo arruine todo.
39 – El buen rey león.
Cuando en un Estado se practica la justicia, los humildes pueden vivir tranquilos..., pero no deben atenerse.
40 – El león apresado por el labrador.
Si te metes a competir con los más poderosos, prepárate antes muy bien. De lo contrario saldrás malherido de la contienda.
41 – El león enamorado de la hija del labrador.
Nunca te fíes demasiado como para despojarte de tus propias defensas, pues fácilmente serás vencido por los que antes te respetaban.
42 – El león, la zorra y el ciervo.
Nunca permitas que el ansia de honores perturbe tu buen juicio, para que no seas atrapado por el peligro.
43 – El león y la liebre.
Si tienes en tus manos un pequeño beneficio, cuando busques uno mayor, no abandones el pequeño que ya tienes, hasta tanto no tengas realmente en tus manos el mayor.
44 – El león y el jabalí.
Las luchas inútiles sólo sirven para enriquecer y alimentar a sus espectadores.
45 – El león y el delfín
Cuando busques alianzas, fíjate que tus aliados estén en verdad capacitados de unirte a ti en lo pactado.
46 – El león, la zorra y el lobo.
Quien tiende trampas para los inocentes, es el primero en caer en ellas.
47 – El león y el asno ingenuo.
Para que no te pase las del asno, cuando te asocies, hazlo con socios de igual poder que tú, no con otros todopoderosos.
48 – El león y el asno presuntuoso.
Si te alabas a ti mismo, serás simplemente objeto de la burla, sobre todo de los que mejor te conocen.
49 – El león y el ratón.
Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando llegue el momento las cumplirán.
50 – El león, la zorra y el asno.
Siempre es bueno no despreciar el error ajeno y más bien aprender de él.
51 – El león, Prometeo y el elefante
Muchas veces, muy pequeñas molestias nos hacen olvidar las grandezas que poseemos.
52 – El león y el toro.
Observa y analiza siempre con cuidado tu alrededor, y así estarás mejor protegido de los peligros.
53 – El león y el ciervo.
Cuidémonos de no dar nunca poder a los irascibles y dañinos, pues si ya sin motivo nos dañan, más lo harán si por cualquier causa se sienten inconformes.
54 – El león, la zorra y el ratón.
Nunca dejes de cuidarte ni aún de las más pequeñas cosas, por ínfimas que sean.
55 – Los lobos y los perros alistándose a luchar.
Cuando de asociarse se trata, entre más equilibrada sea la unidad de voluntad y de pensamiento entre los miembros, mayor garantía habrá de éxito.
56 – Los lobos reconciliándose con los perros.
Nunca des la espalda o traiciones a quien verdaderamente te brinda ayuda y confía en ti.
57 – Los lobos y los carneros.
Nunca le entregues a los enemigos, a los que te dan el apoyo y protección.
58 – Los lobos, los carneros y el carnero mayor.
Nunca te desprendas de lo que es primordial para tu propia seguridad.
59 – El lobo orgulloso de su sombra, y el león.
Nunca valores tus virtudes por la apariencia con que las ven tus ojos, pues fácilmente te engañarás.
60 – El lobo y el cordero en el arroyo.
Para quien hacer el mal es su profesión, de nada valen argumentos para no hacerlo. No te acerques nunca donde los malvados.
61 – El lobo y el cordero en el templo.
Si sin remedio vamos a ser sacrificados, más nos vale que sea con el mayor honor.
62 – El lobo y la cabra.
Conoce siempre a los malvados, para que no te atrapen con sus engaños.
63 – El lobo, la nana y el niño.
Más importante que las palabras, son los actos de amor verdadero.
64 – El lobo y la grulla.
Nunca hagas favores a malvados, traficantes o corruptos, pues mucha paga tendrías si te dejan sano y salvo.
65 – El lobo y el caballo.
A todo malvado, aunque parezca actuar como bueno, no debe de creérsele.
66 – El lobo y el asno.
Si alguna vez llegas a tener poder de legislar, sé el primero en cumplir tus propias leyes.
67 – El lobo y el león.
Lo que ha sido mal habido, de alguna forma llegará a ser perdido.
68 – El lobo y el perro.
Vale más el duro trabajo en libertad, que el placer en esclavitud.
69 – El lobo y el pastor.
Nunca dejes tus valores al alcance de los codiciosos, no importa su inocente apariencia.
70 – El lobo harto y la oveja.
Camina siempre soportado en la verdad, y ella te abrirá los caminos del éxito, aún entre adversarios.
71 – El lobo herido y la oveja.
Prevé siempre el verdadero fondo de las aparentemente inocentes propuestas de los malhechores.
72 – El lobo y el labrador.
A veces, por casualidad o no, los malvados parecieran actuar bien, mas su naturaleza siempre los delata.
73 – El lobo y el perro dormido.
Si una acción te lleva a caer en un peligro, y luego te logras salvar de él, recuerda cual fue esa acción y evita repetirla para no volver a ser su víctima.
74 – El lobo y el cabrito encerrado.
Muy a menudo, no es el valor, sino la ocasión y el lugar, quienes proveen el enfrentamiento arrogante ante los poderosos.
75 – El lobo flautista y el cabrito.
Cuando vayas a efectuar una nueva actividad, antes ten en cuenta tus capacidades y las circunstancias, para valorar si puedes salir adelante.
76 – Los dos perros.
Pide siempre a tus mayores que te enseñen una preparación y trabajo digno para afrontar tu futuro, y esfuérzate en aprenderlo correctamente.
77 – Los perros hambrientos.
Ten siempre cuidado con los caminos rápidos, pues no siempre son los más seguros.
78 – El hombre al que mordió un perro.
Grave error es alagar la maldad, pues la incitas a hacer más daño todavía.
79 – El perro y el cocinero.
No te confíes de la generosidad que otros prodigan con lo que no les pertenece
80 – El perro de pelea y los perros sencillos.
Las grandes ganancias, siempre van acompañadas de grandes riesgos.
81 – El perro, el gallo y la zorra.
Es inteligente actitud, cuando encontramos un enemigo poderoso, encaminarlo a que busque a otros más fuertes que nosotros.
82 – El perro y la almeja.
Nunca tomes un asunto sin antes reflexionar, para no entrar luego en extrañas dificultades.
83 – El perro y la liebre.
Sé siempre consistente en tus principios.
84 – El perro y su reflejo en el río.
Nunca codicies el bien ajeno, pues puedes perder lo que ya has adquirido con tu esfuerzo.
85 – El perro y el carnicero.
No esperes a que suceda un accidente para pensar en cómo evitarlo.
86 – El perro con campanilla.
Los halagos que se hacen a sí mismos los fanfarrones, sólo delatan sus mayores defectos.
87 – El perro que perseguía al león.
Cuando entres a una empresa, mantente siempre listo a afrontar imprevistos que no te imaginabas.
88 – El perro y la corneja.
Si deseas que los más alejados te escuchen, debes llamarlos con mayor intensidad.
89 – La corneja y el cuervo.
Cuando vanidosamente y sin tener capacidades, se quiere rivalizar con los más preparados, no sólo no se les iguala, sino que además se queda en ridículo.
90 – La corneja con los cuervos.
Cuando pienses cambiar de sociedad, domicilio o amistades, no lo hagas nunca despreciando a la anterior, no sea que más tarde tengas que regresar allá.
91 – La corneja y las aves.
Nunca hagas alarde de los bienes ajenos como si fueran propios, pues tarde o temprano se descubre el engaño.
92 – La corneja y los pichones.
Contentémonos con nuestros bienes, pues tratar de tomar sin derecho los ajenos, sólo nos conduce a perderlo todo.
93 – La corneja fugitiva.
En cuanto mayor son los valores que se buscan, mayores son los riesgos.
94 – El cuervo y la culebra.
Antes de querer poseer algún bien, primero hay que valorar si su costo vale la pena.
95 – El cuervo y Hermes.
Si por nuestra voluntad faltamos a nuestra primera promesa, no tendremos oportunidad de que nos crean una segunda.
96 – El cuervo enfermo.
No te llenes innecesariamente de enemigos, pues en momentos de necesidad no encontrarás un solo amigo.
97 – El ruiseñor y el gavilán.
No dejemos los bienes que ya tenemos, por ilusiones que ni siquiera divisamos.
98 – El ruiseñor y la golondrina.
Los bienes y los males recibidos, siempre quedan atados a las circunstancias que los rodearon.
99 – El gallo y la comadreja.
Para el malvado decidido a agredir, no lo para ninguna clase de razones.
100 – Los gallos y la perdiz.
Si llegas a una comunidad donde los vecinos no viven en paz, ten por seguro que tampoco te dejaran vivir en paz a ti.
101 – El ciervo, el manantial y el león.
Muchas veces, a quienes creemos más indiferentes, son quienes nos dan la mano en las congojas, mientras que los que nos adulan, ni siquiera se asoman.
102 – La cierva y la viña.
Sé siempre agradecido con quien generosamente te da la ayuda para salir adelante.
103 – La cierva en la gruta del león.
Si tratas de salir de un problema, busca que la salida no sea caer en otro peor.
104 – La cierva tuerta.
Nunca excedas la valoración de las cosas. Procura ver siempre sus ventajas y desventajas en forma balanceada.
105 – El ciervo y el cervatillo.
Cuando se tiene un ánimo temeroso, no hay razón que pueda cambiarlo.
106 – El caballo viejo.
No presumas de la fortaleza de la juventud. Para muchos, la vejez es un trabajo muy penoso.
107 – El caballo, el buey, el perro y el hombre.
Describe esta fábula las etapas del hombre: inocente niñez, vigorosa juventud, poderosa madurez y sensible vejez.
108 – El caballo y el palafrenero.
Ten cuidado de quien mucho te adule o alabe, pues algo busca quitarte a cambio.
109 – El caballo y el asno.
Cada vez que no tiendes tu mano para ayudar a tu prójimo que honestamente te lo pide, sin que lo notes en ese momento, en realidad te estás perjudicando a ti mismo.
110 – El caballo y el soldado.
En los tiempos de bienestar, es cuando debemos prepararnos para las épocas críticas.
111 – La mula.
Siempre debemos reconocer nuestras raíces, respetando nuestras herencias y las ajenas.
112 – El camello que estercoló en el río.
Es como en algunos estados o empresas, donde los incapaces y los corruptos pasan a ocupar los primeros lugares, en lugar de los más sensatos, honestos y capaces. Si llegas a tener puestos de mando, promueve siempre a los mejores.
113 – El camello, el elefante y el mono.
La fortaleza más grande, siempre se mide en el punto más débil.
114 – El camello visto por primera vez.
Es natural que lo desconocido lo tratemos siempre con recelo y prudencia. Después de varias observaciones podremos tener un juicio mejor.
115 – El camello bailarín.
Usa siempre cada cosa para el propósito con el que fue creado.
116 – El camello y Zeus.
La envidia no es buena consejera. Cuando quieras mejorar en algo, hazlo con tu esfuerzo y por tu deseo de progresar, no porque tu vecino lo tenga.
117 – La cabra y el cabrero.
Nunca niegues lo que bien se ve.
118 – La cabra y el asno.
En todo plan de maldad, la víctima principal siempre es su propio creador.
119 – Las cabras monteses y el cabrero.
Nunca confíes en quien pretende tu nueva amistad a cambio de abandonar a las que ya tenía.
120 – El buey y la becerra.
No te ufanes de la ociosidad, pues nunca sabes que mal trae oculto.
121 – Los bueyes y el eje de la carreta.
En la vida encontrarás a muchos que se fingen cansados de ver trabajar a otros.
122 – El buey y el mosquito.
Pasar por la vida, sin darle nada a la vida, es ser insignificante.
123 – La víbora y la zorra.
Personas perversas siempre conectan con situaciones perversas.
124 – La víbora y la lima.
Nunca debes esperar obtener algo de quien sólo ha vivido de quitarle a los demás.
125 – La víbora y la culebra de agua.
En la lucha diaria tan importante es el estímulo como la acción.
126 – El cisne tomado por ganso.
Antes de tomar una acción sobre alguien o algo, ya sea que le beneficie o perjudique, primero debemos asegurarnos de su verdadera identidad.
127 – El cisne y su dueño.
Muchas veces sucede que tenemos que hacer a la fuerza lo que no quisimos hacer de voluntad.
128 – El gato y las ratas.
Los malvados, cuando no pueden dañar a sus víctimas directamente, buscan un atrayente truco para lograrlo. Cuídate siempre de lo que te ofrecen como muy lindo y atrayente.
129 – Los ratones y las comadrejas.
Cuando adquieras puestos de alto nivel, no te vanaglories, pues mucho mayor que la apariencia del puesto, es la responsabilidad de cumplir lo encomendado.
130 – El ratón campesino y el ratón cortesano.
Es tu decisión escoger el disponer de ciertos lujos y ventajas que siempre van unidos a congojas y zozobras, o vivir un poco más austeramente pero con más serenidad.
131 – El ratón y la rana.
Toda acción que se hace con intenciones de maldad, siempre termina en contra del mismo que la comete.
132 – El milano que quiso relinchar.
Nunca te dispongas a imitar las cualidades ajenas si no tienes la preparación y condiciones adecuadas para hacerlo, so pena de quedar como un vulgar y fracasado envidioso.
133 – El milano y la culebra.
Nunca busques dañar a tu prójimo, no vaya a ser que sin que lo notes, sea más fuerte que tú, y te haga pagar tus injusticias.
134 – El milano y la gaviota.
Sabiendo cuales son tus capacidades, nunca intentes sobrepasarlas si no te has preparado para ello.
135 – El alción.
Si tienes que adentrarte en lo desconocido, ten en cuenta la llegada de sorpresas agradables y desagradables.
Nunca te confíes a ciegas de lo que no conoces. En terrenos nuevos anda con paso sereno y ojos bien abiertos.
136 – El tordo.
Nunca te excedas de lo que encuentres placentero, no vaya a ser causa de tu desgracia.
137 – La paloma y la hormiga.
Siempre corresponde en la mejor forma a los favores que recibas. Debemos ser siempre agradecidos.
138 – La golondrina y el hijo pródigo.
Toma nota de si es la hora correcta antes de ejecutar una decisión. Una acción a destiempo puede ser desastrosa.
139 – La gaviota, el espino y el murciélago.
Siempre volvemos a lo que es de nuestro verdadero interés.
140 – El murciélago y las comadrejas.
Sepamos siempre adaptarnos a las circunstancias del momento si deseamos sobrevivir, en cualquier rama de la vida que actuemos.
141 – El murciélago y el jilguero.
La prudencia es para vivirla antes de caer en el error, no para después de la desgracia.
142 – El asno y la perrita faldera.
No nos dejemos llevar del mal consejo que siempre dan los injustificados celos. Sepamos apreciar los valores de los demás.
143 – El oso y la zorra.
Nunca pienses en destruir lo que es útil. Si quieres mejorar algo que funciona, tómalo como base inicial, sin dañarlo, y no como material de desecho.
144 – La alondra moñuda
Nunca te expongas a un gran peligro por un mezquino beneficio.
145 – Los caracoles.
Hacer las cosas fuera del tiempo o lugar que les corresponde, no es nada inteligente.
146 – Las liebres y las ranas.
El consuelo de los desgraciados es encontrar y ver a otros en peores condiciones.
147 – La comadreja y la lima
Piensa siempre que si haces un daño, tarde o temprano éste regresará contra ti.
148 – El cerdo y los carneros.
Perder lo recuperable no nos debe preocupar, pero sí el perder lo que es irreparable.
149 – El atún y el delfín.
Sufrimos con menos dolor las desgracias que nos hacen padecer, cuando las vemos compartidas con quienes nos las causan.
150 – La mosca.
Al irresponsable no le importa el fracaso si su llegada a él le depara buenos momentos.
151 – Las moscas.
Toma siempre las cosas más bellas de tu vida con serenidad, poco a poco, para que las disfrutes plenamente. No te vayas a ahogar dentro de ellas.
152 – La hormiga.
Aunque a los malvados se les castigue severamente, difícilmente cambian su naturaleza desviada.
153 – La hormiga y el escarabajo.
Cuando te queden excedentes de lo que recibes con tu trabajo, guarda una porción para cuando vengan los tiempos de escasez.
154 – Los dos escarabajos.
Siempre encontrarás supuestos amigos muy buenos para adular y prometer, pero no pasan de ahí, negándose a la hora real, de hacer un favor.
155 – Los delfines, la ballena y la caballa.
Hay personas sin valor alguno, que en épocas de confusión, se llegan a creer grandiosas.
56 – La langosta de mar y su madre.
Antes de dar un consejo con tu palabra, primero dalo con tu ejemplo.
157 – El tordo.
Nunca dejes que un momentáneo placer te cierre las puertas de por vida.
158 – El castor
A veces deshacerse de algunas fortunas puede significar evitarse una tragedia.
159 – El sol y las ranas.
Antes de celebrar un acontecimiento, primero ve sus futuras posibles consecuencias.
160 – Los árboles que querían rey.
Quien no tiene buenos frutos que dar, lo malo que dé será para sufrimiento de los que le rodean.
161 – El nogal.
Hay quienes pagan con mal hasta los mejores bienes recibidos. Seamos siempre agradecidos y no causemos daño.
162 – El abeto y el espino.
Busca siempre la buena reputación pues es una gran honra, pero sin jactarte por ello, y también cuídate de los que quieren aprovecharse de ella para su propio provecho.
163 – La lámpara.
Nunca nos jactemos como si nos perteneciera, de aquello que no depende de nosotros.
164 – La bruja.
Nunca creas en los que prometen hacer maravillas en lo que no se ve, pero son incapaces de hacer cosas ordinarias.
165 – La esclava fea y Afrodita.
No te ciegues por lo que crees tu tesoro, no vaya a ser que sólo sea una carencia en tus vecinos.
166 – La mujer y la gallina.
Si sin control ni sabiduría forzas lo que ya te está sirviendo para que te dé más, sólo obtendrás que perderás lo que ya tienes.
167 – La mujer y el marido borracho.
No dejes que una conducta equivocada domine tu vida. Pon tu razón sobre la equivocación.
168 – La vieja y el médico.
A los malvados, sus mismos actos los delatan.
169 – La viuda y las criadas.
Nunca creas que la causa de tus problemas es lo que primero se atraviesa ante tus ojos. Piensa en qué sucedería si eliminas lo que estás viendo como posible causa.
170 – El adivino.
Siempre hay personas que pretenden dirigir lo que no les corresponde, pero no pueden manejar sus propios asuntos.
171 – El apicultor.
Muchas veces sucede que vemos con desconfianza a nuestros amigos, pero por ignorancia le tendemos la mano a quien es nuestro enemigo.
172 – El astrónomo.
Está bien mirar y conocer a nuestro alrededor, pero antes hay que saber donde se está parado.
173 – El semidiós.
Si gastas tus riquezas en cosas innecesarias, no le eches luego la culpa de tus problemas a nadie más.
174 – Los dos enemigos.
Muy mezquina actitud es preferir ver sufrir a los enemigos que inquietarse por el daño que irremediablemente se está a punto de recibir.
175 – El anciano y la muerte.
Por lo general, el impulso por la vida es más fuerte que su propio dolor.
176 – El bandido y la morera.
A menudo ocurre que personas bondadosas, al verse denigrados por los malvados, no tienen duda en mostrarse también malvados contra ellos.
177 – El cazador miedoso y el leñador.
Si quieres ser atrevido en las palabras, con más razón debes ser valiente con los actos.
178 – El cazador de pájaros y el aspid.
Cuando pensamos en dañar a nuestro prójimo, no nos damos cuenta de nuestra propia desgracia.
179 – El enfermo y su doctor.
Por lo general, quienes nos rodean nos juzgan por las apariencias y nos consideran felices por cosas que en realidad nos producen profundo dolor.
180 – El médico ignorante.
Ten cuidado con los que pretenden arreglar tus problemas sin tener preparación para ello.
181 – El eunuco y el sacerdote.
No debemos pretender lo que bien sabemos que no estamos en condiciones de obtener.
182 – El hombre y el león de oro.
No es correcto acaparar riquezas para no usarlas nosotros ni dejarlas usar a los demás. Aprovechémoslas para ponerlas al servicio de todos, incluidos nosotros mismos.
183 – El hombre y el león viajeros.
No nos jactemos con palabras vanas de lo que la experiencia desmiente con claridad.
184 – El hombre y el sátiro.
No nos confundamos con aquellos que nos presentan o aparentan incertidumbre en sus actos.
185 – El hombre y la estatua.
Nada ganamos elogiando a los ingratos o malvados, más se consigue castigándolos.
186 – El estómago y los pies.
Veamos siempre con atención dónde se inicia realmente la cadena de sucesos. Demos el mérito a quien realmente es la base de lo que juzgamos.
187 – El médico y el paciente que murió.
Las correcciones debemos hacerlas siempre en el momento oportuno y no dejarlas sólo para mencionarlas cuando ya es tarde.
188 – El náufrago y el mar.
Nunca hagamos responsable de una injusticia a su ejecutor cuando actúa por orden de otros, sino a quienes tienen autoridad sobre él.
189 – Los ladrones y el gallo.
Nada hay que aterrorice más a los malvados que todo aquello que es útil para los honrados.
190 – Los leñadores y el pino.
Es más duro el sufrimiento del daño que nace de uno mismo que del que proviene de afuera.
191 – Los hijos desunidos del labrador.
Nunca olvides que en la unión se encuentra la fortaleza.
192 – El carnicero y los dos jóvenes.
Los falsos juramentos no dejan de serlo aunque se disfracen de verdad.
193 – Los pescadores y las piedras.
Es rutina de la vida que a buenos tiempos siguen unos malos y a los malos tiempos le suceden otros buenos. Estemos siempre preparados a estos inesperados cambios.
194 – El pescador y los peces pequeños y grandes.
Las personas de poca importancia pueden pasar desapercibidas sin problema, pero las de mucha fama no se escapan del juicio de sus semejantes.
195 – El pescador y el pececillo.
Más vale una moneda en la mano, que un tesoro en el fondo del mar.
196 – El pescador flautista.
Muchas veces no actuamos de acuerdo a las circunstancias que nos rodean, sino desatiempados o desubicados. Procuremos siempre estar bien situados.
197 – El pescador y el río revuelto.
Igual sucede con las naciones: entre más discordia siembren los agitadores entre la gente, mayor será el provecho que obtendrán. Forma siempre tu propia opinión y no vayas a donde te quieran empujar otros sin que lo hayas razonado.
198 – El tocador de cítara.
No seamos nosotros jueces de nosotros mismos, no vaya a ser que nuestra parcialidad nos arruine.
199 – El orador Demades.
Eso sucede entre la gente: prefieren darle atención únicamente al placer dejando de lado las cosas realmente necesarias. Cuidémonos de no caer en ese error. Compartamos equilibradamente el deber y el placer.
200 – Bóreas y el sol.
Es mucho más poderosa una suave persuasión que un acto de violencia.
201 – Los viandantes y el cuervo.
Quien no puede cuidar de sí mismo, menos indicado está para aconsejar al prójimo.
202 – Los viandantes y el hacha.
Si no estamos dispuestos a compartir nuestros éxitos, tampoco esperemos que nos soporten en la desgracia.
203 – Los viandantes y el oso.
La verdadera amistad se comprueba en los momentos de peligro.
204 – Los sacerdotes de Cibeles.
Mucha gente dice haberse retirado de su hábito, pero no se da cuenta de que su hábito no se retiró nunca de él.
205 – El jardinero y el perro.
Cuando te veas en peligro o necesidad, no maltrates la mano de quien viene en tu ayuda.
206 – El jardinero y las hortalizas.
Del interés que se ponga en un asunto, así se desarrollará y así será el fruto que se recoja.
207 – Diógenes de viaje.
Cuando servimos por igual a personas de buen agradecimiento, así como a personas desagradecidas, sin duda que nos calificarán, no como buena gente, sino como ingenuos o tontos. Pero no debemos desanimarnos por ello, tarde o temprano, el bien paga siempre con creces.
208 – Diógenes y elcalvo.
Si regalamos un insulto, no esperemos de regreso un regalo menor.
209 – El labrador y el águila
Siempre debemos ser agradecidos con nuestros bienhechores y agradecer un favor con otro.
210 – El labrador y el árbol.
Mucha gente hay que hace un bien sólo si de él recoge beneficio, no por amor y respeto a lo que es justo. Haz el bien por el bien mismo, no porque de él vayas a sacar provecho.
211 – El labrador y la fortuna.
Cuando recibamos un beneficio, veamos bien de donde proviene antes de juzgar indebidamente.
212 – El labrador y la serpiente.
No es tarea fácil deshacer grandes odios.
213 – El labrador y la víbora.
No te confíes del malvado, creyendo que haciéndole un favor vas a cambiarle su naturaleza.
214 – El labrador y los perros.
Cuídate muy en especial de aquellos que no temen en maltratar a sus mejores amigos.
215 – El labrador y sus hijos.
El mejor tesoro siempre lo encontrarás en el trabajo adecuado.
216 – Hércules y Atenea.
La disputa y la discordia son causa de grandes males a la humanidad. Nunca las estimules.
217 – Hércules y Plutón.
No hagas amistad con quien conoces que no ha actuado correctamente.
218 – Hermes y el leñador.
La divinidad no sólo ayuda a quien es honrado, sino que castiga a los deshonestos.
219 – La carreta de Hermes y los malvados.
Por eso los malvados, los astutos y los aprovechados son los mayores mentirosos de la tierra.
220 – Hermes y el escultor.
Nuestra propia vanidad siempre nos lleva a pasar por terribles desilusiones.
221 – Hermes y la tierra.
No hay frutos ni recompensa si no hay sacrificio y esfuerzo.
222 – Hermes y Tiresias.
El ladrón gusta volver a visitar el lugar de su robo.
223 – Zeus juez.
Por eso no nos incomodemos cuando los malhechores no reciben pronto su merecido castigo. Tarde o temprano les llegará su turno.
224 – Zeus y Apolo.
Cuando competimos con rivales mucho más poderosos, no sólo no los pasaremos, sino que además se burlarán de nosotros.
225 – Zeus y el pudor.
Donde hay pudor (entendido como corrupción), no hay amor.
226 – Zeus y el tonel de los bienes.
De ahí que la esperanza sea la satisfacción de los humanos, que les promete el regreso de los bienes desaparecidos.
227 – Zeus y la serpiente.
No debemos confiarnos de las aparentes bondades de los malvados.
228 – Zeus y la tortuga.
No nos encerremos en nuestro pequeño mundo. Ampliemos nuestro horizonte compartiendo sanamente con nuestro alrededor.
229 – Zeus y la zorra.
La naturaleza, o modo de ser de las personas, no se cambian al cambiar de título.
230 – Zeus y las abejas.
La envidia no es buena consejera, más bien nos puede llevar a perder lo que ya poseemos.
231 – Zeus y los hombres.
No es la apariencia de grandeza lo que confiere grandeza, es lo que está por dentro y no se aparenta lo que nos hace ser lo que realmente somos.
232 – Zeus y los robles.
Antes de culpar a otros de nuestros males, veamos antes si no los causamos nosotros mismos.
233 – Zeus, Prometeo, Atenea y Momo
Cualquier obra que se haga, por más perfecta que parezca, siempre alguien encontrará alguna razón para criticarla. Así que nunca nos desanimemos por lo que juzguen de nuestras obras; nunca faltará quien le encuentre defectos.
234 – Afrodita y la gata.
El cambio de estado de una persona, no la hace cambiar de sus instintos.
235 – Los bienes y los males.
Tengamos siempre presente que estamos continuamente acechados por los males para su acción inmediata, mientras que para recibir los bienes, debemos tener paciencia.
236 – El canoso y sus dos pretendientes.
Lo que mal se distribuye, mal se retribuye.
237 – El batanero y el carbonero.
No debemos asociar actividades de naturalezas contradictorias.
238 – El guerrero y los cuervos.
Cuando no se tiene determinación en las acciones, éstas nunca se llegan a realizar.
239 – Las gallinas y la comadreja.
Si somos precavidos, podremos descubrir las falsas poses de los malvados.
240 – El deudor ateniense.
La desesperación es causa de grandes mentiras.
241 – Dos hombres disputando acerca de los dioses.
Cuando los inferiores disputan sobre sus superiores, no tardarán éstos en reaccionar contra ellos.
242 – El ciego.
La naturaleza de la maldad se puede notar en una sola de sus características.
243 – El homicida.
La naturaleza es enemiga de los malvados.
244 – El embustero.
Quien trata de engañar, al final termina engañado.
245 – El hombre negro.
Lo que la naturaleza diseña, se mantiene firme.
246 – El pícaro.
El poder divino no es para llevarle al engaño.
247 – El fanfarrón.
Si no puedes probar con los hechos lo que dices, no estás diciendo nada.
248 – Hércules y el boyero.
La oración debe acompañarse siempre previamente de la acción.
249 – El hombre y la hormiga.
Antes de juzgar el actuar ajeno, juzga primero el tuyo.
250 – Zeus, los animales y los hombres.
Que las grandezas que observamos en las criaturas de la naturaleza, no nos hagan olvidar que fuimos obsequiados con la mayor de todas ellas.
251 – El mercader de estatuas.
Nunca dejes que el momentáneo interés material predomine sobre el espíritu.
252 – La mujer intratable.
Pequeños signos nos señalan grandes cosas, y débiles luces nos muestran secretos ocultos.
253 – El náufrago.
Cuando pidas ayuda en tus problemas, primero demuestra que ya estás trabajando para solucionarlos.
254 – Los pescadores y el atún.
Existen extraños momentos en que por circunstancias del azar, obtenemos lo que no se pudo con el arte.
255 – Prometer lo imposible.
Nunca hagas promesas que de antemano ya sabes que será imposible cumplirlas.
256 – La liebre y la tortuga.
Con seguridad, constancia y paciencia, aunque a veces parezcamos lentos, obtendremos siempre el éxito.
257 – El viajero y su perro.
El perezoso siempre culpa de los retrasos a sus seres más cercanos.
258 – El niño ciego y su madre.
No nos engañemos creyendo que nuestras ilusiones son realidades, pues podríamos luego encontrar que nuestra situación era peor de lo supuesto.
259 – La granada, el manzano y el espino.
Quien tiene el poder de castigar, termina siendo el máximo.
260 – El labrador y la cigüeña.
Quien se asocia con el malvado, con él perece.
261 – El joven y el escorpión.
Cuando hayas hecho un capital con tu trabajo, cuida de no perderlo por tratar de tomar lo que no debes.
262 – El plumaje de la golondrina y el cuervo.
Lo que sólo sirve para presumir, no es valioso en realidad.
263 – El asno y la zorra encuentran al león.
Nunca traiciones a tu amigo por temor al enemigo, pues al final, tú también saldrás traicionado.
264 – La tortuga y el águila.
Si fácilmente adquiriéramos todo lo que deseamos, fácilmente llegaríamos a la desgracia.
265 – El labrador y las grullas.
Cuando las palabras no dan a entender, la acción sí lo hará.
266 – El perro en el pajar.
Respeta siempre los derechos ajenos, para que así puedas exigir el respeto a los tuyos.
267 – La paloma sedienta.
No dejes que el fervor, entusiasmo o necesidad nublen tu discreción.
268 – El avaro y el oro.
Valora las cosas por lo que sirven, no por lo que aparentan
269 – El niño y los dulces.
Nunca trates de abarcar más de lo debido, pues te frenarás.
270 – El lobo con piel de oveja.
Según hagamos el engaño, así recibiremos el daño.
271 – Los jóvenes y las ranas.
Antes de tomar una acción que creas te beneficia, ve primero que no perjudique a otros.
272 – El ciervo enfermo y sus acompañantes.
Más vale estar solo que mal acompañado.
273 – El mercader de sal y el asno.
Tratar de evitar el deber haciendo trucos, sólo nos dañara a nosotros mismos.
274 – Los bueyes contra los carniceros.
Nunca trates de cambiar un mal por otro peor.
275 – El niño y el gusano de ortiga.
Al insolente, irrespetuoso, o delincuente, debe demostrársele siempre que la autoridad prevalece sobre él.
276 – La lecherita.
No te ilusiones con lo que aún no tienes.
277 – Los ratones poniendo el cascabel al gato.
Nunca busques soluciones imposibles de realizar.
278 – La viña y la cabra.
Los maltratos hechos con intención, tarde o temprano regresan a quien los hizo, muchas veces bajo otra vestidura.
279 – Zeus y la mona madre.
Debemos estar siempre orgullosos de lo que amamos, y no tener pena en publicarlo.
280 – El joven pastor anunciando al lobo.
Al mentiroso nunca se le cree, aun cuando diga la verdad.
281 – Androcles y el león.
Los buenos actos siempre son recompensados.
282 – El pastor y el joven lobo.
Quien enseña a hacer el mal, tiene que cuidarse de sus propios discípulos.
283 – El padre y sus dos hijas.
No trates nunca de complacer y quedar bien con todo el mundo. Te será imposible.
284 – La golondrina, la serpiente y la Corte.
No todo lo que beneficia a otros lo beneficia a uno.
285 – El ladrón y su madre.
Al nuevo árbol se le endereza tierno para que crezca derecho.
286 – Los dos recipientes.
La amistad no se consolida fácilmente entre diferentes.
287 – El cazador y el pescador.
Varía y alterna tus actividades para disfrutar mejor.
288 – La anciana y el recipiente de vino.
La memoria de todo lo bueno es perdurable.
289 – El ciervo en el pesebre de los bueyes.
Nunca te refugies en los terrenos del enemigo.
290 – Las palomas, el milano y el halcón.
Evita los remedios que son peores que la enfermedad.
291 – La viuda y su oveja.
Antes de ejercer una actividad, prepárate y entrénate adecuadamente para ejecutarla bien.
292 – El pastor y el mar.
Nunca generalices conclusiones basándote en un solo suceso.
293 – El asno, el gallo y el león.
Ten siempre presente que las cualidades de tu prójimo no son necesariamente las tuyas.
294 – Los ríos y el mar.
Antes de culpar a otros, fíjate primero si no eres el verdadero culpable.
295 – El asno juguetón.
Trabaja siempre para lo que te has preparado, no hagas lo que no es de tu campo.
296 – Los tres protectores.
Los irresponsables, los ignorantes, y los agitadores, nunca aceptan que otros puedan tener la razón, y defienden siempre intransigentemente sólo su punto de vista, aunque no tengan el menor conocimiento del tema, sin importarles las consecuencias del momento o del futuro.
297 – El lobo y los pastores cenando.
Una cosa es lo que el dueño con todo derecho decida sobre su propiedad, y otra lo que haga el ladrón con lo que no le pertenece.
298 – El asno que cargaba una imagen.
Nunca tomes como tuyos los méritos ajenos.
299 – El viejo perro cazador.
Respeta siempre a tus ancianos, que aunque ya no puedan hacer de todo, dieron lo mejor de su vida para tu beneficio.
300 – Las liebres y los leones.Acepta que todos tenemos diferentes cualidades para diferentes circunstancias.
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