domingo, 6 de marzo de 2022

Etnocentrismo


El holocausto nazi concienció a los países desarrollados de regular los derechos de los seres humanos para evitar genocidios y masacres como las sucedidas con los judíos en Alemania. Durante la segunda mitad del siglo pasado diferentes organizaciones mundiales han luchado por conseguir que las múltiples etnias que componen el planeta se comprendan y vivan en paz, utilizando para ello leyes internacionales o la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Este utópico intento contrasta con una cruda realidad que asola el mundo: la guerra entre diferentes culturas y privación de libertades a minorías étnicas.

Los problemas de convivencia que sufren por ejemplo palestinos, kurdos o gitanos en sus respectivos países son, según la Comisión del Consejo de Europa contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI), deplorables y racistas, violando una y otra vez los derechos humanos de los componentes de estas minorías, tal y como dice el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: <<Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros>>. 

En España, al igual que en toda Europa, los conflictos con minorías étnicas, como por ejemplo el colectivo gitano,  se hacen patentes en noticias como la que trata sobre un pequeño pueblo de Jaén llamado Castellar (escogida al azar para ejemplarizar el artículo). Al igual que sucede en Chequia o Rumania, en España los enfrentamientos con integrantes de la etnia gitana son comunes, aunque poco nombrados en la prensa por su débil repercusión. La incomprensión en la que conviven la cultura blanca capitalista y la comunidad romaní provoca disturbios que obligan a unos y otros a abandonar su lugar de residencia para buscar una mejor convivencia al lado de los suyos. Esto mismo se narra en la noticia escogida. La comunidad gitana ha sido "expulsada" de dos municipios anteriormente por disputas con los habitantes de esos pueblos y han recaído en Castellar. Aquí el desencadenante ha sido, una vez más, una pelea con los jóvenes del lugar. El motivo de la trifulca, según fuentes payas, ha sido la provocación de gitanos a payos que disfrutaban de una noche de juerga en la plaza del pueblo. La detención de un gitano como causante de las agresiones ha dado motivos suficientes a los habitantes del pueblo para rebelarse contra la comunidad gitana incendiando sus casas y manifestándose a favor de la expulsión de todos los gitanos del pueblo. Contrariamente a lo generalizado en la prensa, esta vez la noticia pretende humanizar a los acusados, a los que da sus nombres propios, haciéndoles víctimas, en este caso a la única familia gitana que queda en Castellar, de un suceso que nada tiene que ver con toda la comunidad, sino con un solo joven. Se da poca credibilidad a los agredidos del joven gitano y se ahonda en el temor y el pánico que sufre dicha familia gitana al salir a la calle para continuar con su día a día. También salen a relucir los estereotipos dados a los gitanos, asociados siempre a conductas agresivas y a la venta de drogas. Estos estereotipos, ya sean verdad o mentira, unidos a la trifulca en la plaza del pueblo incendiaron el ánimo de los habitantes de Castellar para que actuasen como han actuado. 

Como en todas las noticias que oímos o leemos, la visión de lo sucedido depende de la interpretación de los hechos y de la ideología tanto del periodista como de la empresa para la que escribe. El hecho de que estas familias gitanas hayan sido expulsadas ya de dos pueblos sólo deja dos versiones: o bien en España hay mucho racismo, o las familias gitanas no son tan víctimas como el periodista pretende hacernos creer. De todas formas, será el lector el que juzgue y sentencia. 

La diferencia de culturas ha sido desde tiempos remotos la principal causa de conflictos entre comunidades, vecinas o lejanas. El etnocentrismo que sufre cada cultura, por el que se cree superior a otra cultura diferente, ha sido uno de los principales motivos por los que ha habido a lo largo de siglos tantas guerras. "La existencia de ideologías excluyentes que definen a determinados grupos como sacrificables" ha proporcionado, según Rodolfo Stavenhagen (1996), una de las causas de los numerosos conflictos étnicos que asolan la Tierra. Esto mismo sucede en Castellar, donde la población, llamémosla occidental, ha identificado a la comunidad gitana como un grupo sacrificable, o como se diría en el argot castellano, sin oficio ni beneficio, dados los estereotipos que de ella se han creado a lo largo del tiempo, ya sea por el boca a boca o actualmente por los medios de comunicación o los mensajes políticos. Estereotipar a los otros, catalogarlos generalizadamente es también una causa del etnocentrismo. Los catalanes son rácanos, los andaluces perezosos, los madrileños chulos, los vascos rudos, los aragoneses obstinados… El hecho de criticar la forma de ser del diferente provoca en uno mismo sensación de seguridad y a la vez da un sentido al grupo, siendo éste el perfecto. Pero cuando este etnocentrismo se vuelve extremista las consecuencias pueden ser irreparables y devastadoras. Y sino, que se lo pregunten a Ucrania.

Los estereotipos hacen que la opinión pública ignore y no comprenda muchas de las culturas que la rodean, ya que la información sobre conflictos étnicos y sus motivos está relegada a un segundo plano por la imposibilidad de que la noticia llegue al consumidor de una forma imparcial. El etnocentrismo es también una de las primeras causas de racismo, definido por la RAE como una exacerbación del sentido racial de un grupo étnico, especialmente cuando convive con otro u otros; y doctrina antropológica o política basada en este sentimiento y que en ocasiones ha motivado la persecución de un grupo étnico considerado como inferior. Esta definición de racismo concluye que es racista aquel que cree a su grupo étnico superior a otro. La sociedad de hoy día, igual que la población de Castellar, se jacta de no ser racista pero lo cierto es que todo hombre presupone a su grupo superior al resto; si no fuese así, en Castellar los payos se hubiesen unido a los gitanos, ya que nuestra supervivencia, según algunos antropólogos seguidores de la máxima aristotélica de la ley del más fuerte, depende de nuestra fuerza. Una ley universal idolatrada por los racistas. Esta ley natural no es aprobada por la Antropología, que en palabras de Franz Boas, “si tuviésemos que elegir lo mejor de la humanidad, todas las razas y nacionalidades estarían representadas”. Así, la multiculturalidad representa el saber, el conocimiento. La mezcla, la fusión de diferentes culturas hace avanzar social y tecnológicamente a la humanidad, diferenciándonos de los animales por ello. El racismo representa pues la vuelta a un estado anterior, donde el raciocinio brilla por su ausencia, un raciocinio que nos hace ser Homo sapiens sapiens y no primates. 

Como si de un parásito se tratase, el gran insecticida formado por la sociedad capitalista ha arrinconado a esta y otras muchas etnias minoritarias a un lugar de marginación, desde el cual se hace muy difícil la integración social. Creencias, costumbres y lenguas diferentes han sido siempre un escollo para que dos culturas diferenciadas convivan en paz. Además, la superioridad que ha concedido siempre el avance tecnológico a las sociedades antiguas y actuales las convierte en una desinteresada máquina de matar. El egocentrismo del grupo étnico, los fuertes lazos que unen a sus integrantes y el miedo a lo desconocido convierte al hombre en un ser irracional capaz de matar para poder sobrevivir él y su especie. Aunque parezca extraño, hoy día las etnias minoritarias siguen luchando para que se les reconozca en un mundo cada vez más globalizado, donde el hombre blanco que vive en una sociedad capitalista se cree superior a negros, amarillos, rojos o mestizos. Conocer la historia de estas minorías acercaría a ambas culturas e invitaría a la comprensión de sus extrañas costumbres para lograr una pacífica convivencia, algo imposible de conseguir mientras nos hagan creer que existen esos estereotipos que nos anuncian día a día. Pero hay que tener cuidado también al juzgar positivamente a estas minorías, ya que podemos caer en el error de defender al culpable. 




















Bibliografía

 

 


-Movimiento contra la intolerancia (marzo 2006), nº 29

“Informe Raxen sobre racismo, xenofobia, antisemitismo e intolerancia a través de los hechos. Anteproyecto de Ley en el Deporte. III Informe ECRI.”


-Discriminación y Comunidad Gitana. Informe anual, FSG 2005.


-Declaración Universal de los Derechos Humanos (10 diciembre 1948)

“Adoptada y proclamada por la Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, 217 A.”


-Unión Romaní. Unión del pueblo gitano. [En línia]

http://www.unionromani.org/racismediaue_es.htm


-elmundo.es. La UE alerta sobre el racismo contra judíos, gitanos, inmigrantes y musulmanes en Europa. [En linia]. EFE, 2007.

http://www.elmundo.es/elmundo/2007/05/24/solidaridad/1179998672.html 


-Heraldo.es. El racismo se extiende por Chequia y obliga a los gitanos a huir a Canadá. [En linia]. Colpisa, 2008.

http://www.heraldo.es/noticias/el_racismo_extiende_por_chequia_obliga_los_gitanos_huir_canada.html


-Elpaís.com. Los gitanos expulsados de Martos tras el incendio de sus viviendas afirman que no pueden volver. [En linia]. 1991.

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/GITANOS/gitanos/expulsados/Martos/incendio/viviendas/afirman/pueden/volver/elpepisoc/19910120elpepisoc_1/Tes/


-Ciencia Hoy. “Ciencia, raza y racismo en el siglo XVII”. Volumen 6, Nº33, 1996.

http://www.cienciahoy.org.ar/hoy33/raza03.htm























Anexo



Los gitanos huyen de Castellar por

los incidentes tras una pelea


Decenas de vecinos del pueblo abandonan sus

viviendas después de que una manifestación

pidiera que se les expulsara por "seguridad

ciudadana"


A Rosa, Rafa, Juan, Luis, Paqui, Tamara y Emilia se les puede leer el miedo en su

rostro. Son los seis hijos y la sobrina de José Escobedo y Toribia García. Esta familia

gitana permanecía ayer recluida y atemorizada en una casa medio en ruinas en la

barriada marginal de El Polvorín, en Castellar (Jaén, 3.800 habitantes), custodiada por

una pareja de la Guardia Civil. En la otra esquina del pueblo, enfrente del cuartel y

junto al colegio público, otros miembros de la misma etnia permanecían atrincherados

y sin dar señales de vida, con las persianas bajadas y la vivienda bien pertrechada.

Eran las dos únicas familias de esa etnia que en la mañana de ayer permanecían en

esta localidad jiennense. Ya por la noche, fuentes de la Policía Local aseguraron que

algunas familias habían regresado al pueblo al amparo de la protección de la Guardia

Civil. Eso sí, desde su llegada permanecen encerrados en sus casas. Setenta de los

93 gitanos censados en Castellar siguen fuera de la localidad, de la que salieron

despavoridos. Algunos aconsejados por el alcalde, Pedro Magaña (PSOE), y otros por

voluntad propia, y se han refugiado en domicilios familiares en otros pueblos cercanos.

Todo surgió de un incidente durante el fin de semana, primero con una pelea entre

payos y gitanos la noche del sábado, que continuó el domingo con una manifestación

espontánea en la que centenares de vecinos pidieron a gritos la expulsión de los

gitanos, a los que culpan de la escalada de la delincuencia en los últimos meses. La

Guardia Civil, que mantiene un dispositivo de vigilancia en el pueblo, ha detenido a un

ciudadano de etnia gitana, de 37 años, por amenazas de muerte a otros vecinos.

"¿Por qué hacen esto?", se preguntaban atónitos José y Toribia, todavía con el habla

temblorosa por lo que le pudiera ocurrir a su familia. "El que haya hecho algo que lo

pague, pero que no nos metan a todos en el mismo saco", sostenían, mientras

lamentaban que no podían salir a la calle a comprar comida para sus hijos. Ninguno de

ellos asistió ayer al colegio por el temor a ser puestos en el ojo del huracán por el resto

de escolares.

"Que se vayan del pueblo", comentaba sin miramientos a las puertas del colegio Justa

Bustos, ante la aprobación del resto de madres. Sólo alguna, como Eva María

Fernández, advertía del riesgo de generalizar: "Los niños no tienen por qué pagar las

consecuencias, deben ir al colegio". Eso sí, todos se afanaban por dejar claro que la

revuelta vecinal nada tiene que ver con el racismo. Varios profesores del colegio,

como Antonio, temían el daño que estos incidentes puedan provocar en la educación

de los pequeños escolares gitanos.

Ramón y Alejandro, dos de los jóvenes que se vieron envueltos en la pelea con

gitanos la noche del sábado, cuentan a su manera lo sucedido: "Empezaron a

provocar en la zona del botellón hasta que nos liamos a palos, pero antes ya

estábamos hartos por sus continuas amenazas y robos". Esa trifulca motivó que

decenas de vecinos rodearan y tiraran objetos contra varias viviendas de la etnia

gitana. Muchos de esos vecinos volvieron a concentrarse ayer ante el Ayuntamiento

para crear una plataforma vecinal con la que quieren demandar más seguridad

ciudadana. Para el próximo sábado preparan una gran manifestación.

En Castellar muchos son los que censuran la falta de implicación del alcalde, Pedro

Magaña, del PSOE, que el sábado no quiso abanderar la manifestación vecina. "No se

trata de echar a nadie del pueblo, sino de reconducir la situación de manera pacífica",

decía Magaña, que ha convocado para hoy una junta local de seguridad ciudadana.

Antes, ayer mismo, con la presencia de la delegada del Gobierno andaluz en Jaén,

Teresa Vega, y el resto de grupos políticos del municipio, PP y PA, mantuvo un

encuentro con colectivos sociales de la localidad para intentar calmar los ánimos.

El alcalde insistía en que, pese al requerimiento de sus vecinos, se negará a

encabezar una manifestación contra los gitanos. En el recuerdo de Magaña y de la

clase política jiennense están aún episodios similares años atrás en Martos, Beas de

Segura o Mancha Real. En esta última localidad, el alcalde y varios concejales (que

fueron expulsados del PSOE) fueron condenados a penas de prisión por alentar las

protestas vecinales durante la revuelta del año 1991, que tuvo su desencadenante en

el asesinato de un vecino por miembros de la etnia gitana.


EL PAÍS

GINÉS DONAIRE - Castellar - 28/10/2008









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