La idea de "sanar con la mente" no es una propuesta mágica, sino la aplicación práctica de que **la biología humana no está separada de la psicología**. Como se muestra en el documental Heal de Prime Video, esta idea es aceptada día a día por cada vez más gente. Los enfermos crónicos huyen de la medicación de por vida y buscan una alternativa que les de esperanzas de sanación. Y no son pocos los que se han curado usando el poder de la mente.
Para entenderlo, hay que ver que este campo es un puente donde se cruzan ciencias modernas muy rigurosas con tradiciones milenarias. La Psiconeuroinmunología (PNI) es la ciencia estrella en este tema. Estudia cómo tus pensamientos (mente) afectan a tu sistema nervioso, y cómo este envía señales químicas que fortalecen o debilitan tu sistema inmune. Luego está la Epigenética, que estudia cómo el "ambiente" (estrés, dieta, emociones) puede activar o desactivar ciertos genes sin cambiar tu ADN. Es la prueba de que no somos víctimas de nuestra herencia, sino de nuestro entorno. También la Neuroplasticidad está probada científicamente y que es la capacidad del cerebro para crear nuevas conexiones neuronales. Si cambias tu forma de pensar, cambias físicamente la estructura de tu cerebro creando más conexiones neuronales. Por último está la Física Cuántica, con la que algunos científicos sugieren que, a nivel subatómico, somos energía e información. Por tanto, alterar nuestra frecuencia energética podría influir en la materia (nuestras células). Otros campos que trabajan la sanación sin medicamentos son:
Medicina Energética: Se basa en la existencia de un "cuerpo sutil" o campo electromagnético que rodea al ser humano. Incluye prácticas como el Reiki, el Qi Gong o la sanación por imposición de manos.
Espiritualidad y Misticismo: La creencia en una Fuente, Inteligencia Universal o Conciencia que es la verdadera fuente de la vida. Sanar aquí significa "alinearse" con esa fuente.
Sabiduría Ancestral: Medicinas como la Tradicional China o el Ayurveda, que llevan miles de años tratando al ser humano como un todo (cuerpo-mente-espíritu) y no como un conjunto de piezas aisladas.
Sanar con la mente es el proceso de pasar del modo de supervivencia al modo de creación. Científicamente, es bajar el cortisol y subir la oxitocina. Espiritualmente, es soltar el miedo y volver al amor o la paz. Ambos caminos llevan al mismo destino: un cuerpo que tiene los recursos necesarios para repararse a sí mismo. La premisa es simple: Si el estrés puede enfermarnos (está demostrado que el 90% de las visitas al médico tienen base en el estrés), entonces el estado opuesto al estrés —la paz profunda— tiene el poder de sanarnos. Porque no olvidemos que todo tiene su lado opuesto, y si existe el uno, también existe lo otro.
Pero para entender mejor esta posibilidad de sanación sin medicamentos debemos conocer al principal protagonista de esta película, el Sistema Nervioso Autónomo (SNA). Este sistema se encarga de todas las funciones que no controlas conscientemente (latidos, digestión, respuesta inmune) y se divide en dos ramas que funcionan como un balancín: el sistema simpático y el parasimpático.
El Sistema Simpático sería el sistema nervioso que nos pone en Modo Supervivencia. Es el acelerador del cuerpo. Se activa cuando percibes una amenaza. Su función es preparar tu cuerpo para la lucha o la huida. Este sistema, en una situación de amenaza, envía toda la energía a los músculos y el corazón. Para ahorrar energía, apaga el sistema inmunológico y detiene la reparación celular. Puedes adivinar las consecuencias de esto. Si vives con estrés, miedo o traumas no resueltos, este sistema está encendido 24/7. El cuerpo nunca tiene oportunidad de sanar, lo que abre la puerta a la enfermedad crónica y la ineficacia de los medicamentos tomados si se sigue estresado.
El otro sistema, el Parasimpático, es el modo sanación. Es el freno y el centro de mantenimiento del cuerpo. Solo se activa cuando te sientes seguro, amado, feliz o relajado. Con la tranquilidad llega el descanso, la buena digestión y, lo más importante, la regeneración. Es el único estado en el que el sistema inmunológico funciona al 100%. Aquí es donde se liberan la oxitocina y las endorfinas, y donde las células dañadas se reparan o se eliminan (autofagia). Prácticas relajantes como la meditación, el perdón o el uso de energía buscan "engañar" al cerebro para que apague el Simpático y encienda el Parasimpático.
El estrés que sufrimos, ya sea por el trabajo, la familia, los amigos, el cambio climático, la llegada masiva de UFOs, el cierre de canales pirata, etc, nos provoca enfermedades. Por ejemplo, podríamos decir que si el estrés te afecta al estómago y no cuidas tu dieta, no sería de extrañar que sufrieras colon irritable, gastritis, úlceras, intolerancias, colitis, pancreatitis, etc. Y el estrés que sufrimos depende de cómo asimilamos lo que sucede en nuestro entorno. Curarse o enfermar es causa del ambiente y el ambiente lo creamos nosotros. Por ejemplo, imagina que estás solo en medio de un bosque de grandes árboles. Puedes enfermar pensando en que estás solo y desamparado si aparece un psicópata. En cambio, si disfrutas del silencio, de la naturaleza, de la brisa, te curas. A groso modo, claro. Lo cierto es que nuestras células no saben qué está pasando en el mundo exterior; solo reciben las señales químicas que el cerebro envía. Si piensas en el psicópata, tu cerebro interpreta "peligro" y envía cortisol y adrenalina para ir preparando la lucha o la huida. En el estado de supervivencia, el sistema inmunológico se apaga porque el cuerpo prioriza correr o pelear. Si vives mucho tiempo así, enfermas seguro. En cambio, si disfrutas de la brisa y del silencio que ofrece el hermoso bosque, tu cerebro interpreta "seguridad", y envía oxitocina, dopamina y serotonina para entrar en modo crecimiento y reparación. Aquí es donde ocurre la sanación. Este ejemplo del bosque ilustra perfectamente los conceptos de nocebo y placebo. En el efecto nocebo se enferma por un pensamiento negativo o una expectativa de daño (el miedo al psicópata). El efecto placebo sana porque crees que estás en un lugar seguro o recibiendo un tratamiento efectivo (el disfrute de la naturaleza). Muchos estudios han demostrado que medicamentos placebo han curado más a enfermos que los medicamentos reales. Esto indica que creer que nos estamos curando, cura de verdad. La epigenética es un factor principal en el estudio de cómo el ambiente (tus pensamientos, dieta, estrés) puede "encender" o "apagar" genes. Tú no estás "condenado" por tu ADN. Si cambias tu "ambiente interno" (tus pensamientos y emociones), puedes literalmente enviar señales a tus genes para que se comporten de forma saludable.
Kelly Turner y Joe Dispenza creen que tenemos una "farmacia" completa dentro de nosotros. Al elegir pensamientos de paz y conexión en ese bosque, estás "recetándote" a ti mismo las dosis de químicos necesarios para que tus células se reparen.
El bosque es neutral; lo que determina si te sana o te enferma es la historia que te cuentas mientras estás en él. El documental Heal propone que, si aprendemos a dominar nuestra mente para sentirnos a salvo y amados (independientemente de las circunstancias externas), le damos al cuerpo el permiso biológico para curarse. Y esto no es una creencia, un bulo o una utopía. Que los pensamientos positivos sanan y alargan la vida es un hecho demostrado.
La doctora Kelly Turner, tras analizar más de 1,500 casos de personas que se curaron contra todo pronóstico médico, estimó nueve factores que ayudan a sanarse. Lo más fascinante es que, de esos 9 factores, solo dos son físicos, mientras que los otros siete son puramente emocionales o espirituales. Estos nueve factores son:
Dieta que prioriza alimentos integrales, vegetales y orgánicos, eliminando el azúcar y los procesados.
Conocimiento del estado de tu salud y toma de decisiones tras una exhaustiva información. Tomar el control.
Seguir la intuición, escuchando los mensajes del cuerpo sobre lo que necesita para sanar, incluso si va en contra de la lógica convencional.
Usar hierbas y suplementos naturales para desintoxicar el cuerpo y fortalecer el sistema inmunológico.
Liberar emociones reprimidas como traumas pasados, miedos, resentimientos o cualquier carga emocional que pueda estar bloqueando la energía del cuerpo.
Aumentar las emociones positivas practicando conscientemente el amor a los demás, la risa y la felicidad para inundar el cuerpo de hormonas sanadoras (como la oxitocina).
Permitir que otros te cuiden y te rodeen de amor, rompiendo el aislamiento. Más contacto social.
Profundizar la conexión espiritual con la energía cósmica interna y externa.
Y por último, tener razones poderosas para vivir y que impidan que nos rindamos.
Un dato curioso. Años después de que se grabara el documental Heal, la Dra. Turner actualizó su investigación y añadió un décimo factor: El ejercicio físico o movimiento corporal.
La nutrición es una parte importante de la sanación sin medicamentos. Y uno de nuestros mayores aliados para sanar es la oxitocina, la "hormona del amor". La mayoría de los alimentos no contienen oxitocina directamente (ya que es un neuropéptido producido por el hipotálamo), pero sí contienen precursores como el magnesio, el zinc, la vitamina C y el triptófano que facilitan su producción. Para elevar los niveles de oxitocina puedes comer chocolate negro (mínimo 70% cacao), semillas de calabaza y girasol, nueces, almendras, legumbres, plátano, naranja, kiwi, limón, pimientos rojos, brócoli, especias como el romero o la canela (en té mejor) y pescados grasos como el salmón y las sardinas. Pero más allá del qué comes, en el contexto de la energía espiritual y la sanación, el cómo comes es vital para la creación de oxitocina. Comer en compañía de personas queridas es uno de los disparadores más potentes de oxitocina que existen. Si a esto se le añade una buena sopa caliente en invierno o una infusión de té que te traiga buenos recuerdos, estás activando el nervio vago y facilitando la liberación de esta hormona. Un pequeño truco es agradecer la ingesta de estos alimentos a la naturaleza, a Dios o a quien quieras. Cierto es que queda muy católico ortodoxo, pero es de bien nacido ser agradecido. Y si te da cosa, puedes hacerlo para ti, en silencio. Este agradecimiento antes de comer reduce el cortisol y dejas el camino libre para que la oxitocina haga su trabajo de reparación celular.
Combinado con los alimentos, la medicina energética es una medicina potente y capaz. Todo está compuesto de energía, somos energía, y saber manejar la energía puede ofrecernos muchas posibilidades. Pero para entender cómo se sana un trauma desde la perspectiva de la medicina energética, primero debemos entender qué es el trauma. Un trauma es un evento del pasado que el cuerpo sigue viviendo como si fuera el presente. Con un ejemplo lo veremos mejor. Imagina a una persona que, de niña, fue duramente reprendida o humillada cada vez que intentaba expresar su opinión o llorar. Gracias a estas reprimenda, su sistema nervioso aprendió que "hablar es peligroso", así aparece el trauma. El trauma crece con esa persona y cada vez que de adulta tiene un conflicto, siente una opresión real en el pecho, falta de aire y un nudo en la garganta. Nuestro pensamiento negativo crea sensaciones físicas anómalas. Aunque el "peligro" (sus padres) ya no está, su cuerpo sigue enviando cortisol cada vez que quiere hablar. Ese estrés crónico en la zona de la garganta y el pecho puede, con los años, derivar en problemas de tiroides o afecciones respiratorias, porque el "ambiente" de esas células es de constante ataque. ¿Cómo se sana? Sanar no es solo "olvidar", es informar al cuerpo de que ya está a salvo. El proceso suele tener 4 etapas. La primera etapa es la de la Conciencia Corporal, sentir el trauma, ser consciente de tu trauma. En lugar de ignorar el nudo en la garganta, la persona se detiene y lo observa sin juicio. A esto se llama hacerse presente. Al observar la sensación física, le quitas el poder al pensamiento de miedo. La segunda etapa es la del Cambio del Estado Químico. Como el trauma vive en el sistema nervioso simpático (lucha/huida), se utiliza la respiración profunda para activar el nervio vago.
El nervio vago es, posiblemente, el componente físico más importante de la conexión mente-cuerpo. Es el nervio craneal más largo del cuerpo y actúa como una "superautopista" de información entre tu cerebro y casi todos tus órganos internos. Se llama "vago" porque su nombre proviene de la misma raíz latina que "vagabundo" (*vagus*), ya que "vaga" o deambula por todo el torso, conectando el tallo cerebral con el corazón, los pulmones, el estómago y los intestinos. Es el principal encargado de activar el sistema parasimpático diciendo al corazón que lata más lento, a los pulmones que respiren profundo y al sistema digestivo que empiece a trabajar. Es el interruptor que apaga la respuesta de estrés (cortisol) y enciende la respuesta de regeneración. Cuando sientes "mariposas" en el estómago o un nudo cuando estás nervioso, eso es el nervio vago trabajando. Esto significa que si tu sistema digestivo está inflamado o tenso, el nervio vago le envía una señal constante de "alerta" al cerebro, manteniéndote en un estado de ansiedad.
En la ciencia moderna se habla del "tono vagal". Tener un tono vagal alto es como tener un músculo fuerte: te recuperas rápido después de un susto o un enfado. Tu cuerpo vuelve al equilibrio fácilmente. Tener un tono bajo significa que te quedas "atrapado" en el estrés. Eres más propenso a la inflamación crónica, la depresión y problemas digestivos. Lo maravilloso del nervio vago es que puedes estimularlo voluntariamente para inducir la curación. Una técnica para estimular el nervio vago es la Respiración Abdominal. Al inhalar profundo expandiendo el diafragma, presionas físicamente el nervio vago, enviando una señal instantánea de calma al cerebro. Otra es el Canto y Tarareo. El nervio vago pasa por las cuerdas vocales. Las vibraciones del canto o del "Om" lo estimulan directamente. Lavarse la cara con agua muy fría o una ducha de agua fría activa el reflejo de inmersión, que es mediado por este nervio. La última técnica es la Meditación de Amor y Bondad. Se ha demostrado que los sentimientos de conexión social y compasión aumentan el tono vagal.
Si el sistema nervioso es la red eléctrica de tu cuerpo, el nervio vago es el cable que conecta la batería de la "paz" con todos tus órganos. Sin un nervio vago sano, la sanación espiritual y física es mucho más difícil de alcanzar.
Decíamos que como el trauma vive en el sistema nervioso simpático (lucha/huida), se utiliza la respiración profunda para activar el nervio vago. Al respirar lento, le envías un mensaje biológico al cerebro: Si puedo respirar así, es que no hay un psicópata en el bosque. El cerebro deja de mandar cortisol y empieza a mandar oxitocina.
La tercera etapa es la Liberación Emocional (Catarsis). Aquí es donde entran métodos como el de Rob Wergin o técnicas como el EFT (Tapping) o el EMDR. El método que utiliza Rob Wergin no es una técnica médica convencional, sino lo que él llama Sanación Energética Transformativa. Rob Wergin explica en el documental Heal que él no es quien cura. Su método consiste en convertirse en un conducto o canal para lo que él llama "Amor Divino" o "Energía Universal". Según su visión, el sanador simplemente ayuda a reconectar al paciente con su propia fuente de sanación interna. En el caso de una paciente con cáncer que aparece en dicho documental, su cáncer estaba muy vinculado a emociones reprimidas y traumas del pasado. El método de Wergin busca identificar dónde está estancada la energía en el cuerpo físico (en su caso, la zona del pecho/pulmones); ayudar al paciente a "soltar" la carga emocional que está alimentando la enfermedad utilizando sus manos (a veces tocando, a veces a distancia) y sonidos o respiraciones fuertes para "mover" esa energía densa. En este momento es crucial que el paciente deje de luchar mentalmente contra el cáncer (el miedo al "psicópata" en el ejemplo del bosque), para que su sistema nervioso cambie instantáneamente al modo de reparación. Por último, durante la sesión, el paciente experimenta reacciones físicas intensas (sacudidas, llanto, calor). Desde el punto de vista de Wergin, esto es el cuerpo liberando el estrés acumulado durante décadas. Al limpiar ese "ambiente interno", el sistema inmunológico del paciente se reactiva con tanta fuerza que los tumores comienzan a desaparecer.
Esto no es magia, y tampoco es un método exclusivo de Wergin. El mensaje es que el cuerpo tiene una inteligencia natural para sanar; que el miedo y el trauma actúan como un cortocircuito para esa inteligencia sanadora; y que cualquier método (ya sea reiki, oración, meditación o la intervención de un sanador) que logre que el paciente pase del miedo al amor y de la tensión a la relajación profunda, permitirá que ocurra la remisión. En el caso del paciente de cáncer, los resultados fueron documentados por sus médicos después de las sesiones, mostrando que sus marcadores tumorales bajaron drásticamente, lo que valida la teoría de que al cambiar el ambiente emocional, la biología responde de inmediato.
La cuarta etapa es la reprogramación. Una vez que el cuerpo se siente vacío de esa tensión antigua, se llena con una nueva creencia. La persona practica visualizarse hablando con seguridad y sintiendo amor hacia sí misma. Esto crea nuevas redes neuronales. Está enseñando a sus células a bañarse en una química de seguridad y empoderamiento.
En resumen: Sanar es "Desaprender". Siguiendo la analogía del bosque: sanar el trauma es darte cuenta de que el "psicópata" era un recuerdo de la infancia, y que ahora puedes elegir sentarte a disfrutar de la brisa. Cuando tu cuerpo finalmente "cree" que estás a salvo, utiliza toda la energía que gastaba en estar alerta para reparar tus órganos. Permanecer en el miedo provoca ignorancia y no podemos así aprender a curarnos.
Para entender mejor qué es un bloqueo emocional, hay que visualizarlo como un "atasco" de energía y química en el cuerpo. No es algo puramente psicológico; es un evento físico que se queda atrapado en tus tejidos y en tu sistema nervioso. Cuando vives una experiencia intensa (un susto, una humillación, un duelo) y no puedes procesar la emoción en ese momento, el cuerpo entra en modo de supervivencia. Y está en modo supervivencia hasta que esa experiencia pasa. Si se reprime la emoción causada por esa experiencia, si no se libera, se queda almacenada en el sistema nervioso y en la fascia, que es el tejido conectivo que envuelve tus músculos y órganos. Tus células "recuerdan" ese estado de tensión y con el tiempo, ese punto de tensión se vuelve crónico, bloqueando el flujo sanguíneo y la comunicación eléctrica en esa zona, lo que eventualmente puede causar enfermedad. Los bloqueos se manifiestan físicamente como dolores crónicos, tensión en la mandíbula (bruxismo), nudos en el estómago o presión en el pecho; y emocionalmente reaccionando de forma desproporcionada ante pequeñas cosas o, por el contrario, sintiéndote "anestesiado" o incapaz de sentir alegría. Sanar un bloqueo no es "pensar" sobre él, es sentirlo para soltarlo. Aquí los pasos clave son la identificación y localización, la respiración y la redención. El mayor error que podemos cometer es intentar "quitar" el bloqueo con fuerza. La sanación ocurre cuando observas la sensación y te permites sentirla plenamente, incluso si duele. Al no resistirte, la energía recupera su movimiento natural. Para desbloquear se necesita también la Expresión Física (Movimiento). Podemos usar el Tapping (EFT): Dar golpecitos en puntos de acupuntura para desbloquear el flujo eléctrico, gritar o hacer sonidos guturales para vibrar la zona bloqueada o dejar que el cuerpo tiemble de forma natural para soltar el estrés postraumático. A veces para sanar ese bloqueo, ese trauma, sólo hay que hablar de él. Combinar psicología con espiritualidad puede ser de gran ayuda.
Hemos hablado de la importancia de la respiración en la cura de bloqueos. La respiración consciente es una de las formas de meditación más usada. La meditación es un principio de cura, ya que mientras se medita no se estresa.
La historia de la meditación es el relato de cómo la humanidad ha buscado, desde hace milenios, una "tecnología interna" para calmar la mente y conectar con lo trascendente. No nació en un laboratorio, sino en las cuevas y selvas de las civilizaciones más antiguas. Aunque se cree que los cazadores-recolectores ya entraban en estados de trance mirando las llamas del fuego, los primeros registros escritos aparecen en la India. Los Vedas, los textos más antiguos, ya mencionan prácticas de concentración y visualización. En esa época se practicaba el yoga, pero no eran posturas físicas como lo conocemos hoy día, sino un método estrictamente mental para unir la mente con lo divino. Con Buda y los Upanishads (500 a.C.), la meditación alcanza su máximo esplendor. En este periodo, la meditación deja de ser solo para rituales y se convierte en una herramienta para acabar con el sufrimiento humano. Buda desarrolla técnicas como el Vipassana (visión clara) y el Anapanasati (atención a la respiración). Su enfoque era pragmático: observar la mente para desapegarse del ego. En el taoísmo chino aparece el concepto de Wu Wei (no acción) y la meditación basada en la observación del flujo del universo y la energía (Qi). En la Grecia Antigua ya los estoicos y neoplatónicos practicaban la introspección y el silencio. En el Cristianismo Primitivo practicaban la hesiquía, una forma de oración meditativa repetitiva. En el sufismo islámico es el dhikir. Más recientemente se ha puesto de moda practicar el mindfulness, además del yoga y el tai chi. Actualmente, la meditación es un campo de estudio científico masivo. Gracias a las resonancias magnéticas, hemos descubierto que meditar engrosa la corteza prefrontal, afectando a la toma de decisiones y empatía y reduce la amígdala, que es quien gestiona el miedo y el estrés. Como vemos, la meditación viene practicándose de siempre, así que si no se ha desechado, por algo será, ¿no crees? Te dejo aquí una reflexión.
Si te duchas cada día para limpiar tu cuerpo, ¿por qué no meditas cada día para limpiar tu mente? Tardas el mismo tiempo en ambas cosas, unos diez minutos.
Al meditar, el cuerpo deja de producir hormonas del estrés (como el cortisol y la adrenalina) y empieza a liberar una serie de químicos sanadores como la oxitocina, la dopamina, serotonina, endorfinas y óxido nítrico. A través de la meditación, podemos convertir nuestro cuerpo en una "farmacia interna" , liberando las sustancias necesarias para que las células pasen del modo de supervivencia (ataque) al modo de regeneración. Pero, ¿esto quiere decir que debo dejar de medicarme si estoy enfermo? Bueno, no seré yo quién diga que debes o no debes hacerle caso a tu médico. Esa debe ser una elección personal. Aunque los medicamentos pueden ser necesarios para estabilizar a una persona, a menudo se enfocan en los síntomas (la química cerebral) sin abordar la raíz (el entorno emocional o el estrés crónico). Las empresas farmacéuticas hoy día miran más por su economía que por tu salud, y por ello los fármacos más recetados no curan la enfermedad a largo plazo. Algo que visto desde una lógica empresarial es de cajón, ya que si curasen hace tiempo que el lucrativo negocio farmacéutico habría bajado la persiana. Pero no solo no curan sino que tienen también molestos efectos secundarios. Te presento ahora los medicamentos más comunes y sus efectos.
Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina. Prozac. En teoría ayuda a mejorar el ánimo, el sueño, el apetito y la energía. Sus efectos secundarios pueden ser náuseas y mareos (especialmente al inicio), disfunción sexual, insomnio o somnolencia y/o aumento o pérdida de peso.
Inhibidores de la Recaptación de Serotonina y Noradrenalina. Ayudan a personas con depresión y dolores crónicos o falta de energía. Efectos secundarios comunes son sudoración excesiva, sequedad de boca, estreñimiento y/o aumento de la presión arterial.
El problema es que estos medicamentos, y muchos otros, ayudan a que el cerebro tenga más serotonina disponible, pero no "enseñan" al cuerpo a producirla de forma natural mediante el bienestar o la conexión. Estos fármacos intentan forzar al sistema nervioso a salir del estado de "depresión/supervivencia" pero pueden causar más malestar con sus efectos secundarios. Muchos de los expertos sugieren que el uso de fármacos es más efectivo cuando se combina con cambios en el "ambiente interno" (los 9 factores que se mencionaron anteriormente), permitiendo que con el tiempo el cuerpo recupere su equilibrio homeostático.
Para demostrarte que lo que pensamos afecta a nuestro cuerpo, cierra los ojos e imagina tu plato favorito. Imagina que esa sabrosa comida está en tu nevera, lista para que puedas comerla. Ahora presta atención a tu cuerpo, ¿estás salivando? ¿De repente te ha entrado hambre? ¿Un poco de ansiedad porque sabes que es una imaginación y que realmente ese plato no está en la nevera? ¿Nuestros pensamientos provocan sensaciones físicas reales? Sí.
Hay gente que lleva toda su vida enferma y no hace nada por curarse, le da miedo sanar porque le incomodan los cambios. Les asusta ser otra persona, una persona sana y feliz. Se preguntan qué necesidad hay de cambiar ahora que ya han aprendido a vivir con el dolor. Más vale malo conocido… Tenemos más fe en el poder terrenal de seguir enfermos que en el poder divino de curarnos. Es curioso. Gastamos mucho dinero a lo largo de nuestra vida porque tenemos fe en la lotería, pero no creemos o no tenemos fe en la energía cósmica, una energía que es invisible, cierto, pero que se ha demostrado que existe. Es posible que te preguntes qué estrés ha podido sufrir un niño que desde su nacimiento tiene síndrome de down o leucemia. Estos niños aún no han podido tener traumas para enfermar. Pero hay una explicación más o menos lógica, dependiendo de tus creencias: su enfermedad es fruto de un trauma de una vida pasada.
Un concepto fundamental de la Física Cuántica es el entrelazamiento. El entrelazamiento tiene profundas implicaciones en la sanación a distancia y la conexión humana. El entrelazamiento cuántico ocurre cuando dos partículas se vuelven tan íntimamente conectadas que lo que le sucede a una afecta instantáneamente a la otra, sin importar si están a unos centímetros o en lados opuestos del universo. Einstein lo llamó "spooky action at a distance" (acción fantasmal a distancia) porque desafía la lógica de que nada puede viajar más rápido que la luz. Para entender esto hace falta remontarnos al principio de los principios, cuando todas las partículas estaban unidas antes del Big Bang. Aunque hubo una explosión y la consecuente separación de partículas, esas partículas siguen unidas por lazos invisibles. Esto explicaría por qué la intención o la oración de una persona puede afectar la biología de otra a miles de kilómetros. Cuando un sanador entra en un estado de coherencia, su campo energético se "entrelaza" con el del paciente, ayudando a este último a elevar su propia frecuencia y activar su sistema inmunológico. El mensaje espiritual es que la separación es una ilusión de nuestros sentidos. A nivel subatómico, estamos conectados en una red de información instantánea. Y no sólo con humanos. Nuestra conexión con todas las partículas existentes antes del Big Bang hace que también estemos entrelazados con todo aquello que esté formado por átomos. A través del entrelazamiento, cuando cambias tu estado interno de miedo a amor, no solo estás cambiando tu propia química, sino que estás enviando una "señal" a través de ese campo cuántico que puede influir en el ambiente y en los demás. Somos energía y estamos conectados con todo aquello que también es energía. Es decir, todo está conectado con todo.
Como hemos dicho, somos energía y por tanto somos más que piel y huesos. Esta energía nos rodea y se convierte en nuestra aura. Según el libro Aura y cuerpos sutiles de Sánchez Rivera, el ser humano tiene un cuerpo etérico, uno emocional y otro mental. El etérico es el más cercano al físico y actúa como un molde energético. Si este cuerpo tiene "fugas" o está debilitado, la vitalidad física disminuye. El emocional es donde se almacenan las vibraciones de nuestras sensaciones. Un bloqueo emocional no es solo un evento químico; es una "nube" densa en esta capa que impide el flujo de energía hacia el cuerpo físico. Y el mental contiene nuestros patrones de pensamiento desde fechas remotas (epigenética). El vínculo final entre "lo invisible" y "lo visible" se encuentra en los Chakras. Estos centros de energía funcionan como transformadores que convierten la energía sutil en impulsos biológicos. Cada chakra principal está alineado con un plexo nervioso y una glándula del sistema endocrino. Por ejemplo, el Chakra del Corazón regula la glándula timo, responsable del sistema inmunológico. Si hay un bloqueo por falta de amor o perdón (emocional), el timo se debilita físicamente, apagando nuestras defensas. Otro ejemplo es el Chakra de la Garganta, que está ligado a la tiroides. La imposibilidad de "hablar nuestra verdad" bloquea la energía en este centro, derivando en problemas metabólico. Según Sánchez, la sanación ocurre cuando logramos coherencia. La coherencia no es solo un estado mental de "estar tranquilo", sino un estado fisiológico y energético medible que se logra cuando el corazón, la mente y el cuerpo sutil vibran en la misma frecuencia. Para Sánchez, el corazón es el generador más potente de energía del cuerpo. La coherencia comienza aquí, con sentimientos elevados. Cultivar conscientemente la gratitud, la compasión o el amor incondicional cambia el ritmo cardíaco de uno "caótico" (estrés) a uno "coherente" (armónico). Cuando el corazón entra en coherencia, arrastra al cerebro. Es como un afinador de tonos: el latido rítmico y amoroso del corazón obliga a las ondas cerebrales a ordenarse, permitiendo que los hemisferios izquierdo y derecho trabajen juntos. La coherencia también implica que no haya "ruido" entre tus capas. Si piensas una cosa (Cuerpo Mental) pero sientes otra (Cuerpo Emocional), hay incoherencia. La sanación ocurre cuando tu intención (mente) y tu emoción (corazón) bailan al mismo son. Sánchez también advierte de los beneficios de la meditación. Al meditar, se "limpian" las distorsiones del aura, y un aura luminosa y sin fisuras actúa como un escudo protector para la salud física. Al igual que el nervio vago en la parte biológica, la respiración es la herramienta para alinear la energía. Sánchez propone una respiración consciente que no solo oxigena los pulmones, sino que "mueve" el Prana o energía vital a través de los nadis (canales energéticos). Al respirar rítmicamente meditando, estás "informando" a tus cuerpos sutiles de que el peligro ha pasado, permitiendo que la energía fluya sin obstáculos por los chakras. Cuando logras que tu campo electromagnético sea ordenado y potente (coherente), dejas de ser una "antena" que recibe miedo del entorno. En este estado, te conectas con el entrelazamiento cuántico. Tu frecuencia personal se sintoniza con la frecuencia de la salud perfecta que existe en el campo de infinitas posibilidades. Vibras en la misma frecuencia que el universo. Es ahí donde, según Sánchez, "lo invisible" restaura "lo visible": la energía del campo cuántico entra por tus chakras y repara tus células. En resumen, para lograr la coherencia según Sánchez, debes sentir (corazón) lo que quieres crear (mente), mientras mantienes tu energía (aura) limpia a través de la presencia y la respiración. Es el estado donde "quién eres" y "quién quieres ser" se vuelven uno solo.
Como vemos, poco a poco la ciencia y la espiritualidad se van complementando para dar explicación a los milagros que nos rodean. Sólo así podríamos explicar cómo en menos de un año una mujer pasa de tener un cáncer en estadio cuatro a no tener ningún signo cancerígeno en su cuerpo. Es lo que se llama el poder de la mente. Podemos sanar con la mente, y podemos curarnos sin gastar dinero en tratamientos cuyos efectos secundarios son peores que la enfermedad misma. En mi caso, me da igual si es el nervio vago o el quinto chakra el que sana. Lo que realmente me importa es saber que mi cuerpo tiene las herramientas necesarias para combatir cualquier enfermedad. Lo jodido del caso es que para estar sano tengo que amar a la humanidad, a personas que deciden ir a la guerra o contaminar el planeta para su propio beneficio. Lo jodido del caso es que para estar sano tengo que pensar en positivo mientras en las noticias aparece un nuevo virus asesino o una catástrofe natural arrasa un poblado indígena. Lo jodido del caso es que para estar sano no puedo ir a la Seguridad Social y decirle que quiero que a partir de ahora mi médico sea Joe Dispenza, Rob Wergin o Deepak Chopra. Lo jodido del caso es que no conozco a ningún sanador espiritual, y si lo busco por Internet no tengo la absoluta certeza de que no sea un estafador. Lo jodido del caso es que en esta sociedad occidental moderna, cuyos mandatarios se creen que lo saben todo, el sistema está enfocado a beneficiar al que más tiene enviando al pobre a un pozo económico del que no saldrá jamás. Pero lo más jodido del caso, o no, es que para estar sano sólo dependo de mí mismo.
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