Para empezar, en Cómo se debe resolver un crimen, Ostrosky nos clasifica los delitos en ocho categorías:
1. Crímenes contra personas: estos incluyen el homicidio doloso e imprudencial, secuestro, asalto y maltrato, robo, extorción y agresiones sexuales (violación y abuso sexual).
2. Crímenes contra la propiedad: incluyen el incendio, robo, hurto, fraude y allanamiento.
3. Crímenes que involucran fraudes: falsificación, imitación, falsificación de cheques, y el uso ilegal de tarjetas de crédito.
4. Crímenes que involucran a la salud y el bienestar: estas incluyen la posesión, manufactura, y distribución de drogas ilícitas;
manejar bajo efectos de alguna droga; y la violación de las leyes de posesión de armas y sus estatutos.
5. Crímenes involucrando la moralidad y la decencia: estos incluyen juego de azar, las apuestas; prostitución; crueldad hacia los animales; y delitos sexuales tales como la fornicación, cohabitación, incesto, y obscenidad.
6. Crímenes contra la paz y el orden: algunos ejemplos son disturbios asociación ilegal y conducta escandalosa o revoltosa.
7. Crímenes contra la administración de la justicia: esta categoría se refiere al perjurio, soborno de oficiales, desacato, resistencia al arresto, y obstrucción de la justicia.
8. Delitos contra la soberanía: el crimen principal es la traición.
La investigación de un delito empieza con una denuncia o el testimonio de un testigo. Cabe recordar que un delito no debe resolverse por cauces fuera de la ley y que es necesaria la aplicación de protocolos.
En un delito, el primer agente de la ley que llega al lugar se le llama primer respondiente, que suele ser un policía de bajo rango. Este es fundamental en la investigación inicial, ya que es el primer eslabón de la cadena de custodia, por lo que debe preservar el lugar de los hechos. Tras preservar el lugar, se procesa el espacio físico para la investigación, realizando una observación preliminar y una búsqueda exhaustiva de indicios. Los indicios encontrados, como casquillos o restos de materia orgánica, llevan a la deducción de una primera hipótesis de investigación. En caso de contar con indicios poco claros o pistas insuficientes, no se debe abandonar la investigación. Lo recomendable es recopilar la mayor información posible, analizarla y sistematizarla. Muchos delitos se resuelven con el tiempo cuando el avance de la ciencia y la tecnología lo permiten, como se ha podido comprobar en antiguos asesinatos resueltos años después al ser posible los análisis de ADN. Los avances en detección mediante ADN serían inútiles sin una recopilación, análisis y sistematización de registros con los cuales comparar una muestra. Una sistematización de las carpetas de investigación puede llevar al esclarecimiento de un delito. Este sistema de manejo de información es común en lo que se conoce como inteligencia policial.
Una vez establecida la hipótesis o línea de investigación, se deben establecer objetivos claros y plantear preguntas que lleven a probar (o refutar) esa hipótesis. La trilogía de investigación conformada por el perito, policía y agente del Ministerio Público es quien deberá plantear los objetivos para que estos reflejen una lógica basada en la acumulación de indagatorias, datos e indicios. Aunque no existe un paradigma o modelo universal que permita vincular los datos de una investigación a un proceso, la autora sugiere esta ruta:
1. Contar con suficientes elementos materiales que demuestren la comisión del delito. Estos elementos deben ubicar al presunto responsable en tiempo y espacio.
2. Establecer una hipótesis o línea de investigación a partir de los elementos materiales, subjetivos y normativos. Los elementos subjetivos, como una animadversión o la conveniencia en la muerte de una persona, deben ser valorados de forma correcta. Así, es preciso analizar la fuente de información y los datos recabados. Los elementos materiales y subjetivos deben reunir datos suficientes para sustentar la acusación jurídicamente y poder vincular a proceso.
3. Presentar ante el juez de control la hipótesis planteada y comprobada, de manera que se pueda accionar el sistema judicial para dar solución al caso. Para llevar a una persona ante la justicia es necesario articular tanto los hechos como los métodos de investigación empleados, de forma que se ajusten al marco normativo. Tal articulación debe tener en cuenta los principios del derecho penal para que dé como resultado un argumento suficientemente fuerte. Esta es, y debe ser, la única forma en que la parte acusadora logrará dar cauce a un proceso.
El primer respondiente inicia el Registro de la cadena de custodia. El procesamiento de los indicios incluye el levantamiento, que se realiza tras analizar la escena, y el embalaje en recipientes adecuados. Es por ello que el primer respondiente debe estar capacitado tanto para preservar el lugar como para llevar a cabo el Registro de la cadena de custodia. La cadena de custodia se define como el procedimiento de control que se aplica a los indicios materiales, estos indicios pueden ser:
Indicios no biológicos: como cabellos, ropa, fibras.
Huellas: tanto dactilares como de pisada.
Medios con los que se cometió el delito: como armas blancas o de fuego, casquillos, cuerdas, objetos contundentes como bates o tubos, entre otros.
Objetos materiales o productos relacionados con el delito: como sangre o cualquier otro tipo de fluido corporal, piel, rasguños, magulladuras tanto en el cuerpo como en objetos, entre otros.
Según Káiser, la criminología es un conjunto de nociones empíricas sobre el delito, el delincuente, el comportamiento socialmente inaceptado y los controles de esta conducta. Otros la definen como una rama de las ciencias sociales que estudia el fenómeno criminal para conocer sus causas y manifestaciones a través de un estudio multidisciplinario del hecho y de la persona sujeta a investigación. Hassemer y Muñoz señalan que la criminología no solo se ocupa de la criminalidad, sus protagonistas y los procesos de definición, sino también de las formas de reacción social y jurídica ante estos. Además, debe analizar la eficacia del sistema de sanciones y su idoneidad para cumplir funciones preventivas. Una rama de la criminología es la criminología crítica, representada por Jock Young (1942-2013), que plantea interrogantes sobre las causas de la delincuencia y las políticas efectivas para disminuirla o tratarla. Young considera que, a pesar de las diversas explicaciones sobre el delito, aún existen aspectos complejos que deben ser analizados. La criminalística es una disciplina que aplica conocimientos, métodos y técnicas de investigación de las ciencias naturales para estudiar el material sensible significativo relacionado con un hecho presuntamente delictivo, con el fin de determinar su existencia, reconstruirlo o señalar la intervención de uno o varios sujetos en el hecho. La criminalística en España, al igual que en otros países, se divide en diversas áreas de especialización que abarcan diferentes aspectos del análisis de la evidencia forense. Estas áreas, aunque interconectadas, se centran en tipos específicos de pruebas y técnicas de investigación. A continuación, se describen algunas de las áreas más destacadas:
1. Lofoscopia: Se centra en el estudio de las huellas dactilares, palmares y plantares. Utiliza técnicas de revelado, fijación y comparación de huellas para identificar a personas que han estado en contacto con objetos o lugares relacionados con un crimen.
2. Balística Forense: Analiza armas de fuego, municiones y sus efectos. Estudia las características de las armas, las balas y los casquillos para determinar el tipo de arma utilizada, la trayectoria de los proyectiles y la distancia desde la que se disparó.
3. Toxicología Forense: Detecta y analiza sustancias tóxicas (drogas, venenos, medicamentos) en muestras biológicas (sangre, orina, tejidos) y no biológicas (alimentos, bebidas). Determina la presencia, concentración y efectos de estas sustancias en relación con un crimen.
4. Química Forense: Analiza la composición química de diversas muestras (suelos, pinturas, fibras, explosivos, incendios) encontradas en la escena del crimen. Identifica sustancias y determina su origen, naturaleza y relación con el hecho investigado.
5. Biología Forense: Analiza muestras biológicas (sangre, semen, saliva, cabello, tejidos) para identificar individuos o establecer relaciones biológicas. Utiliza técnicas de ADN forense para obtener perfiles genéticos que pueden ser comparados con los de sospechosos o víctimas.
6. Medicina Forense: Realiza exámenes médicos y autopsias para determinar la causa y forma de muerte en casos de homicidio, suicidio o accidentes. Analiza lesiones y proporciona información sobre el tipo de arma utilizada, la cronología de las lesiones y otros aspectos relevantes para la investigación.
7. Entomología Forense: Estudia los insectos y otros artrópodos presentes en cadáveres para determinar el tiempo transcurrido desde la muerte (intervalo post mortem mínimo) y otros aspectos relacionados con las circunstancias del fallecimiento.
8. Documentoscopia: Analiza documentos para determinar su autenticidad o falsedad. Estudia la escritura, firmas, sellos, tintas y otros elementos para identificar alteraciones o manipulaciones.
9. Informática Forense: Recopila y analiza evidencia digital (archivos, correos electrónicos, registros de navegación) en dispositivos electrónicos (ordenadores, teléfonos móviles, tablets). Investiga delitos informáticos y recupera información borrada o encriptada.
10. Accidentología Vial: Investiga accidentes de tráfico para determinar las causas, la dinámica del accidente y las responsabilidades. Analiza vehículos, trayectorias, huellas de frenado y otros elementos para reconstruir el accidente.
11. Investigación de Incendios: Determina el origen y las causas de incendios. Analiza los restos del incendio, los materiales combustibles y otros elementos para establecer si el fuego fue accidental o provocado.
12. Antropología Forense: Identifica restos humanos esqueletizados o en avanzado estado de descomposición. Determina la edad, sexo, estatura y otros datos de la persona fallecida, así como posibles causas de muerte o lesiones.
Estas son solo algunas de las áreas en las que se divide la criminalística en España. Cada una de ellas requiere conocimientos y habilidades especializadas para llevar a cabo investigaciones forenses rigurosas y obtener pruebas válidas para el sistema de justicia. Algunos consideran a la criminalística como la "ciencia pura de la técnica policial", sin relación con las ciencias jurídicas y el derecho penal, mientras que otros la consideran una ciencia auxiliar del derecho penal. Esta última es la posición más aceptada. El criminalista debe basarse en un amplio espectro de conocimientos científicos, como hemos visto, y un conocimiento práctico de derecho civil y penal. El criminalista asociará e identificará pruebas, interpretará los resultados, reconstruirá la escena del crimen y escribirá un informe que resuma los hallazgos.
Para realizar una perfilación criminal, es importante considerar lo siguiente:
La perfilación criminal (PC) busca identificar al responsable de un delito a través de técnicas, herramientas y procedimientos.
La PC se ha convertido en una alternativa para esclarecer delitos seriales en los que no se tienen indicios claros sobre el agresor.
La técnica de perfilación criminal consiste en inferir características (conductuales, criminológicas, sociodemográficas y de personalidad) de un delincuente, analizando las evidencias obtenidas en la escena del crimen.
Se considera un proceso inferencial que implica el análisis del comportamiento del delincuente y su interacción con la escena del crimen, incluyendo la elección de víctima y armas.
En la perfilación, confluye el análisis de la asociación entre el victimario, la víctima y la escena del delito.
La PC se diferencia de los análisis forenses en la investigación criminal por la comprensión de las características psicológicas del delincuente, evidenciadas por la huella psicológica (motivaciones para el delito, selección de la víctima, comportamiento criminal latente y rituales) y el modus operandi (manera de actuar antes, durante y después del crimen).
La PC, cuando se utiliza con un agresor desconocido, no individualiza al victimario, sino que ofrece insumos para identificar el tipo de persona con mayor probabilidad de ser el autor del delito.
Cuando se trabaja con un agresor conocido, la técnica se enfoca en la vinculación de casos para esclarecer la responsabilidad del victimario con diferentes delitos.
Es necesario fortalecer el campo de estudio de la perfilación con evidencia empírica y ampliar la rigurosidad de la técnica en su praxis.
Es importante capacitar a los funcionarios encargados de la investigación criminal para evitar dificultades profesionales y éticas.
Se deben identificar dos componentes: especificidad y consistencia. La especificidad consiste en las características individuales y psicológicas del sujeto (victimario) que se relacionan con las características particulares de las víctimas y la forma en que es cometido el delito. En cuanto a la consistencia, hace referencia a la similitud entre el comportamiento del delincuente en la comisión del delito y el comportamiento habitual en su cotidianidad permanente en el tiempo y en los delitos.
Es necesario escudriñar en el nivel de organización, estilo de transacción interpersonal, dimensiones del comportamiento, trastornos de personalidad y patologías, motivaciones, fantasías, emociones y procesos de pensamiento.
Para el proceso de vinculación de casos se utilizan los elementos materiales probatorios y evidencia física recolectadas en los crímenes, constituyéndose en insumos para el análisis del comportamiento criminal y conexión con un posible victimario.
Se deben determinar protocolos con altos parámetros de confiabilidad y validez.
La principal contribución de la perfilación a la investigación criminal es la identificación y comprobación de las características subyacentes que unen al agresor con la víctima, el crimen y la escena del delito.
La PC requiere de la aplicación de conocimientos en psicología (personalidad y trastorno mental), criminología (factores macrosociales criminológicos), ciencias forenses y criminalística (análisis de la evidencia física y elementos materiales probatorios).
La perfilación criminal tiene diversas clasificaciones. Estas clasificaciones sirven para distinguir tipos de perfiles criminales en delitos seriales y tomaron auge alrededor de 1970-1980, cuando el FBI implementó la técnica en los procesos de investigación criminal y acuñó el término Offender Profiling a través de la conformación de la unidad de ciencias del comportamiento. Las clasificaciones se derivan del análisis de características estables y dinámicas de los delincuentes y sus delitos, y pueden ser útiles para comprender patrones ofensivos penales, contribuyendo a la vinculación de casos o determinando la probabilidad de ocurrencia de próximos crímenes. El desarrollo de propuestas en tipologías para clasificar los agresores seriales se ha enmarcado de acuerdo con el tipo de agresión, motivación o psicopatología del victimario. Algunas de las clasificaciones más citadas son:
Según el nivel de organización en el delito, en organizado o desorganizado. Se partió de la premisa de que las características de la personalidad del criminal son observables en el delito (escena y víctima) y el perfilador puede inferirlas.
El delincuente organizado se reconoce por tener una vida estructurada, reflejándose en la forma en que comete sus crímenes. Suelen ser socialmente competentes y poseer un nivel alto de inteligencia. Reflejan planeación y premeditación en sus acciones criminales.
El delincuente desorganizado tiene poca o nula planificación previa del homicidio y se distingue por ser oportunista y descuidado. Puede estar asociado con una patología como esquizofrenia.
Existe una categoría mixta para aquellos casos en los cuales no es fácilmente identificable la tipología.
Según la motivación y significado de la víctima:
Holmes y Holmes plantearon la clasificación de los delincuentes seriales fundamentada en la motivación psicológica del criminal y la utilidad de la víctima para el agresor. Se definieron delincuentes Visionarios, Misioneros, Hedonistas y de Poder/Control.
1. Delincuentes Visionarios: Estos delincuentes creen que están siguiendo un llamado o una misión superior, a menudo de naturaleza divina o mística. Pueden experimentar delirios o alucinaciones que los impulsan a cometer actos violentos. Suelen tener una visión distorsionada de la realidad y creen que sus acciones están justificadas por su "misión". Pueden sentirse elegidos o poseídos por fuerzas superiores. Algunos asesinos seriales afirman haber recibido mensajes de Dios o de otras entidades que les ordenan matar. Algunos terroristas religiosos creen que están luchando una guerra santa y que sus actos de violencia son justificados por su fe.
2. Delincuentes Misioneros: Estos delincuentes creen que tienen la misión de "limpiar" el mundo de personas que consideran "indeseables" o "inferiores". Pueden tener prejuicios raciales, étnicos, religiosos o de otro tipo. Suelen sentir una gran ira y odio hacia el grupo que consideran "indeseable" y creen que están haciendo un bien al eliminar a sus miembros. Algunos asesinos seriales han matado a prostitutas, personas sin hogar o miembros de grupos minoritarios, creyendo que estaban "limpiando" la sociedad. Miembros de grupos de odio pueden cometer actos de violencia contra personas de diferentes razas, religiones u orientaciones sexuales, creyendo que están defendiendo su "pureza" o sus "valores".
3. Delincuentes Hedonistas: Estos delincuentes buscan placer y gratificación a través de sus crímenes. Pueden ser sádicos y disfrutar infligiendo dolor y sufrimiento a sus víctimas. Suelen tener una gran necesidad de excitación y emoción, y encuentran placer en la violencia y el control sobre los demás. Muchos asesinos seriales entran dentro de esta categoría, ya que disfrutan del proceso de matar y torturar a sus víctimas. Algunos violadores sienten placer y excitación al someter y humillar a sus víctimas.
4. Delincuentes de Poder/Control: Estos delincuentes buscan dominar y controlar a otros a través de la violencia. Pueden sentir una gran necesidad de poder y superioridad. Suelen tener una baja autoestima y buscan el poder y el control para sentirse importantes y valiosos. Algunos asesinos seriales matan para ejercer poder y control sobre sus víctimas. Los agresores domésticos utilizan la violencia para controlar y dominar a sus parejas. Algunos líderes de sectas utilizan el control mental y la manipulación para someter a sus seguidores.
Es importante recordar que estas son solo algunas de las categorías de delincuentes que existen y que cada caso es único. Los delincuentes pueden tener diferentes motivaciones y características, y pueden encajar en varias categorías al mismo tiempo.
También existen las clasificaciones realizadas por Keppel y Walter, quienes proponen aplicar y adaptar la tipología para los casos de homicidios con abuso sexual seriales, fundamentando al igual que en los delitos sexuales, la expresión de la ira y, o el poder como motivación para la comisión del delito. Se definieron las categorías como poder-asertivo, poder-confirmación, ira-represalias e ira-excitación. La clasificación de los homicidas sexuales seriales según la dinámica, patrón y perfil del agresor, quedan de la siguiente manera:
Poder-asertivo / Power-assertive:
Dinámica, patrón y perfil del agresor
Existe planeación de la violación sexual.
El homicidio es producto del aumento de agresividad con las víctimas para dominar y demostrar su poder.
Se cree superior.
Expresión de virilidad.
Se preocupa por mantener el control sobre la víctima y demostrar su poder.
El arma es una extensión de su cuerpo y contiene un significado de poder.
Comportamiento en la escena del delito:
Desconocido por la víctima.
Escena desorganizada.
Puede existir mutilación.
Ataduras de manos.
Sexo ante y post mortem con fantasías o ritual.
Estrangulamiento.
Cuando pierde el control de la situación mata a su víctima.
Amenazas e intento de seducción a su víctima.
Suele ser cortés y educado en su comportamiento con la víctima.
Uso de armas de fuego. En ocasiones no preselecciona el arma.
Rituales.
Se llevan recuerdos de su delito.
Pueden desfigurar a su víctima u ocasionar lesiones en su cuerpo post mortem.
Características en el historial del agresor
Drogas y alcohol.
Hurtos.
Uso de automóviles nuevos.
Se preocupa por demostrar en su cuerpo rasgos masculinos marcados y demostrar comportamiento varonil.
Deserción escolar.
Múltiples matrimonios.
Entrenamiento militar.
Necesidad de reconocimiento.
Poder-confirmación / Power-reassurance
Dinámica, patrón y perfil del agresor
Su objetivo es la satisfacción de una fantasía sexual.
Necesidad de reafirmación sexual y dominio.
Planificación de la violación.
El acto de violación puede ser fallido y el homicidio ocurre por la frustración.
Aproximación a la víctima de manera casual.
Busca familiaridad con su víctima.
Comportamiento en la escena del delito
Descocido por la víctima.
Escena desorganizada.
Puede existir mutilación.
Ataduras de manos.
Sexo ante y post mortem con fantasías o ritual.
Estrangulamiento.
Cuando pierde el control de la situación mata a su víctima.
Amenazas e intento de seducción a su víctima.
Suele ser cortés y educado en su comportamiento con la víctima.
Uso de armas de fuego.
En ocasiones no preselecciona el arma.
Rituales.
Se llevan recuerdos de su delito.
Pueden desfigurar a su víctima u ocasionar lesiones en su cuerpo post mortem
Características en el historial del agresor
Miedo al rechazo e inadecuada vida sexual (impotencia).
Fantasías sexuales recurrentes (fetiches) y utilización de pornografía.
Bajo rendimiento escolar.
Baja tolerancia a la crítica y sentimientos de inferioridad.
Historial de robo.
Solteros.
Voyerista.
Antecedentes de tratamiento psiquiátrico.
Entrenamiento militar.
Dificultades de aprendizaje.
Utilización de automóviles viejos.
Ira-represalias / Anger-retaliation
Dinámica, patrón y perfil del agresor
Violación y homicidio planificado.
Atacan a una víctima simbólica en la búsqueda de venganza.
Manifestación de odio e ira hacia otra persona.
El homicidio puede repetirse para aliviar tensiones internas.
Traslada la culpa hacia la víctima.
Comportamiento en la escena del delito
Violencia explosiva.
Asalto sexual violento y excesivo en la víctima.
Encuentro casual con su víctima y ocasionalmente ataque por sorpresa.
Agresor descocido por la víctima.
Puede aumentar la violencia progresivamente.
Utilización de armas de oportunidad. La violación puede ser incompleta por dificultades para la erección del agresor.
Ubicación del cuerpo en posición de sumisión.
La violencia puede continuar sin importar si la victima está viva o muerta, pues el fin es la satisfacción emocional de venganza.
Escena desorganizada.
Sexo ante y post mortem .
Ataduras de manos y, o pies.
Cubren el rostro.
Cuerpo escenificado.
Heridas exageradas con cuchillo.
Lesiones en el cuerpo ante y post mortem .
Armas de oportunidad.
Víctimas desfiguradas.
Características en el historial del agresor
Experiencias y sentimientos de menosprecio, humillación y rechazo.
Personalidad explosiva, irascible, y centrada en sí mismo.
Relaciones sociales superficiales.
Deportista.
Dependiente y en conflicto con las mujeres.
Relaciones afectivas no satisfactorias.
Deserción escolar.
Ha pertenecido a servicios militares.
Casados o solteros con relaciones conflictivas.
Problemas en su hogar.
Ira-excitación / Anger-excitation
Dinámica, patrón y perfil del agresor
Violación y homicidio planificado.
Tortura prolongada, dolor y terror a sus víctimas, satisfacen la necesidad de sentir dominación y control del victimario.
La lujuria, manifestada en el proceso de ocasionar la muerte (sadismo), es lo placentero.
La víctima debe significar el objeto para satisfacción de sus necesidades.
Comportamiento en la escena del delito
Escena organizada.
Agresor desconocido.
Rituales.
Tortura, explotación y mutilación satisface fantasías del agresor.
Ataque por sorpresa.
Puede abordar a la víctima generando confianza.
La dominación y sumisión de la víctima es primordial en el acto.
Cortaduras o lesiones a la víctima ante mortem .
Se llevan recuerdos de su delito.
Posterior al homicidio puede masturbarse con los recuerdos de su crimen.
Cuerpo atado de manos y, o pies, enterrado y, o quemado.
Arma preseleccionada.
Retienen a las víctimas por largos periodos de tiempo.
Sexo post mortem .
Víctima como trofeo.
Características en el historial del agresor
Hábil socialmente.
Inteligente.
Acata las normas y es manipulador.
Relaciones sentimentales estables y armoniosas.
Adecuado rendimiento académico y con trabajo estable.
Destacado desempeño durante su servicio militar.
Antecedentes de sadismo y, o masoquismo.
Agresor de edad madura.
Formación universitaria a medias.
Algunos puntos clave sobre las reflexiones en la utilización de la PC son:
Percepciones divididas: Existen dos posiciones entre los investigadores sobre la PC: quienes están a favor y quienes están en contra de su aplicación.
Precaución en el uso: A pesar del creciente interés en la PC y la vinculación de la psicología en el análisis del comportamiento criminal, existe cierta precaución al solicitar su utilización en un proceso judicial.
Desconocimiento y desconfianza: Algunos investigadores se abstienen de vincular la PC a la investigación debido al desconocimiento de la técnica. Otros, aunque conocen la técnica, desconfían de su aplicación rigurosa y científica, posiblemente por falta de experticia o entrenamiento.
Utilidad para investigadores entrenados: Los investigadores entrenados en la técnica la consideran útil para orientar entrevistas, recolectar información y crear hipótesis para vincular delitos y al agresor.
Minimización del sesgo: La evidencia empírica demuestra que un proceso sistemático de análisis de la información recolectada y la combinación de conocimientos teóricos y hallazgos de investigación en el comportamiento criminal minimizan el sesgo y la subjetividad, generando hipótesis bien argumentadas.
Etapas del proceso de perfilación: Los investigadores suelen coincidir con las seis etapas propuestas por Ressler, Burgess, Douglas, Hartman y D’Agostino en 1986:
Entrada (input): Recolección de información en la escena del crimen.
Proceso de decisión: Organización de la información en patrones, evaluación del riesgo de la víctima y del agresor, y clasificación del delito.
Evaluación del crimen y de la motivación del agresor: Reconstrucción de lo ocurrido e identificación de características comportamentales y motivacionales del agresor.
Perfil criminológico: Desarrollo de hipótesis y descripción del agresor.
Investigación: Uso del perfil como ayuda en la investigación (diseño de interrogatorios, entrevistas, búsqueda de pruebas).
Aprehensión: Revisión de la precisión del perfil en comparación con el posible agresor.
Participación multidisciplinaria: Cada etapa incluye la participación de múltiples profesionales para el análisis de la información, requiriendo conocimientos en psicología, criminología, ciencias forenses y criminalística.
Necesidad de mayor investigación: Se exhorta a investigar y asumir conocimientos sobre los avances y retos de la PC. Las diferencias culturales e idiosincrasia pueden influir en la elaboración del perfil y la vinculación de casos.
Éxito de la perfilación: El éxito de la perfilación se encuentra en la capacidad para analizar la información recolectada en torno al hecho criminal, contribuyendo a la orientación de la investigación y al desarrollo del interrogatorio al indiciado.
Sistemas de información: Existe la necesidad de aplicar la psicología y crear sistemas de información que faciliten al perfilador la recolección de información y evaluación de hipótesis.
En resumen, si bien la perfilación criminal es una herramienta valiosa en la investigación criminal, es crucial abordar su aplicación con rigurosidad científica, capacitación adecuada y una perspectiva multidisciplinaria para minimizar sesgos y garantizar resultados confiables.
Es posible conocer de manera objetiva las capacidades y deficiencias cerebrales de personas con alteraciones en su comportamiento gracias a la neuropsicología, definida como el estudio de las relaciones existentes entre la función cerebral y la conducta humana. Cuando una persona presenta un funcionamiento anormal del cerebro o sufre algún tipo de lesión en este órgano, su conducta se altera de diferentes maneras. Estos cambios pueden manifestarse en la percepción, orientación, atención, memoria, lenguaje, cálculo, habilidades motoras, visoespaciales, visoperceptuales y ejecutivas. La valoración neuropsicológica permite estudiar los efectos que tienen en distintos sujetos las lesiones o traumatismos cerebrales, enfermedades neurodegenerativas, psicopatología, genética, el consumo de drogas e incluso las características de la personalidad de cada individuo en torno a su manera de aprender y reaccionar ante diversos procesos y emociones. Esta se realiza con base en un patrón de ejecución tanto de orden cualitativo como cuantitativo, tomando en consideración la respuesta del participante en relación con normas estadísticas que, en conjunto con la observación clínica, brindan un perfil del sujeto. Esto permite distinguir si padece un síntoma neuropsicológico (como alteraciones de memoria o demencias), orgánico (incapacidad para fijar la atención) o un cuadro psiquiátrico (como esquizofrenia). Para cumplir con los objetivos de este tipo de evaluación se utilizan pruebas de lápiz y papel y técnicas avanzadas de imagenología cerebral. Ambas permiten estudiar la anatomía y activación del cerebro durante tareas de atención, memoria y aprendizaje, así como de las funciones superiores como planeación, organización, secuenciación y toma de decisiones. Una vez realizadas las entrevistas y pruebas pertinentes, los resultados son comparados con las normas de la población, de acuerdo con factores como la edad y escolaridad de cada paciente, o bien, con los resultados obtenidos en una población semejante y clínicamente sana. Finalmente, se obtienen conclusiones en torno al perfil neurocognitivo del paciente, así como sus posibles implicaciones en la vida cotidiana. Es importante destacar que la neuropsicología forense cuenta con pruebas normalizadas y estandarizadas en diferentes poblaciones, técnicas de actividad e imagenología cerebral como electroencefalograma y resonancia magnética, que permiten identificar oportunamente la presencia de síntomas psiquiátricos, conductas anormales o déficit neuropsicológicos y su simulación. Los hallazgos neuropsicológicos en delincuentes han sido posibles gracias a los avances en el conocimiento del funcionamiento de diferentes áreas cerebrales, su interacción y su relación con la conducta de los individuos. Estos hallazgos permiten determinar perfiles específicos de poblaciones clínicas, incluyendo a la población delictiva. Algunos puntos clave sobre los hallazgos neuropsicológicos en delincuentes son:
Antecedentes históricos:
Se observaron cambios de conducta en combatientes con traumatismos craneales, lo que llevó a identificar el papel del lóbulo frontal en la personalidad, estabilidad emocional e impulsividad.
El lóbulo frontal como rector del cerebro:
Las funciones del lóbulo frontal son cruciales para la toma de decisiones, la naturaleza de las acciones y la adaptación a las normas sociales.
Las alteraciones en el lóbulo frontal pueden originar actos inhumanos que atentan contra la preservación y supervivencia humanas.
Se han encontrado deficiencias en el funcionamiento del lóbulo frontal de diferentes tipos de delincuentes.
Métodos de estudio:
Pruebas neuropsicológicas.
Estudios de actividad cerebral, como el electroencefalograma.
Imagenología cerebral, como la resonancia magnética estructural y funcional.
Áreas cerebrales y conducta violenta:
La corteza prefrontal y el sistema límbico juegan un papel importante en el procesamiento y expresión de las emociones y de la conducta violenta, especialmente en personalidades agresivas y psicopáticas.
Se han encontrado trastornos estructurales y funcionales en estas áreas, que conforman una red responsable de la emisión e inhibición de conductas relacionadas con la emoción.
El daño cerebral en estas áreas puede resultar en un afecto aplanado, falta de iniciativa y apatía, rasgos característicos de personalidades psicopáticas.
Se ha observado una correlación negativa entre el nivel de psicopatía y el volumen y actividad de la amígdala ante estímulos negativos.
Individuos violentos que fueron víctimas de abuso muestran reducción en la actividad del hemisferio derecho durante tareas de memoria de trabajo, lo cual interfiere con el procesamiento emocional (condicionamiento al miedo, percepción del dolor y reconocimiento de la ira y del temor), contribuyendo a conductas violentas.
Reducciones en áreas de la sustancia gris prefrontal se asocian con altos grados de psicopatía y ejecución deficiente en pruebas relacionadas con la toma de decisiones y el funcionamiento de la corteza orbitofrontal y ventromedial, lo que favorece la impulsividad, el rompimiento de reglas y la irresponsabilidad.
Aportaciones a la psicología forense:
La neuropsicología forense, junto con la psiquiatría y la psicología forense, estudia la conducta en relación con la justicia, analizando tanto a víctimas como a victimarios.
La función primordial es identificar componentes relacionados con la intencionalidad, es decir, la voluntad y conocimiento sobre el acto delictivo y sus repercusiones.
La neuropsicología forense puede determinar la ausencia o grado de existencia de alguna enfermedad o alteración mental, contribuyendo a establecer la competencia, culpabilidad o inimputabilidad de actos delictivos.
Definición de neuropsicología forense:
Hartlage y Horton (2010) definen la neuropsicología forense como la aplicación de la ciencia de la relación cerebro-conducta a la toma de decisiones en el ámbito legal.
A diferencia de la psicología y la psiquiatría forense, la neuropsicología forense cuenta con pruebas normalizadas y estandarizadas, así como técnicas de actividad e imagenología cerebral.
Intencionalidad del acto criminal:
El neuropsicólogo puede aportar información sobre la intencionalidad del acto criminal y las capacidades mentales necesarias para concretarlo, contribuyendo a determinar el grado de responsabilidad.
Evalúa la impulsividad, toma de decisiones, reactividad emocional y presencia o simulación de cuadros psiquiátricos y neuropsicológicos.
El estudio de Juana Samperio alias “La Mataviejitas” reveló trastornos en el procesamiento emocional y malfuncionamiento frontal izquierdo, explicando su falta de empatía y capacidad para matar con premeditación.
Evaluaciones neuropsicológicas en el proceso judicial:
La evaluación integral que contemple una entrevista clínica semiestructurada y una batería neuropsicológica sensible a la detección de alteraciones cognitivas e intelectuales es una herramienta valiosa.
El neuropsicólogo es capaz de encontrar inconsistencias entre la ejecución en pruebas y los argumentos del delincuente o sus defensores.
Estos hallazgos permiten comprender mejor las bases neurobiológicas de la conducta delictiva, lo que puede tener implicaciones importantes en el ámbito legal y forense, así como en el desarrollo de estrategias de prevención y tratamiento. Las aportaciones de la neuropsicología a la psicología forense se han incrementado en las últimas décadas ante la necesidad de expertos que expliquen las causas y efectos de la conducta delictiva, así como factores de prevención y tratamiento. La psiquiatría forense, la psicología forense y la neuropsicología forense estudian la conducta en relación con la justicia, enfocándose en las conductas de víctimas y victimarios involucrados en un delito. Estas disciplinas aplican la metodología científica para dar testimonio como expertos o peritos para determinar conductas relacionadas con el delito, diferenciándose en sus enfoques, instrumentos o evaluaciones para determinar las causas y efectos de la conducta delictiva y violenta. La neuropsicología forense determina la ausencia o grado de existencia de alguna enfermedad o alteración mental, contribuyendo a establecer la competencia, culpabilidad o inimputabilidad de actos delincuentes. Hartlage y Horton definieron en 2010 a la neuropsicología forense como la aplicación de la ciencia de la relación entre cerebro-conducta a la toma de decisiones en el ámbito legal. A diferencia de la psicología y la psiquiatría forense, la neuropsicología forense utiliza pruebas normalizadas y técnicas de actividad e imagenología cerebral, como el electroencefalograma y la resonancia magnética, para identificar síntomas psiquiátricos, conductas anormales o déficit neuropsicológicos, así como su simulación. El neuropsicólogo puede realizar aportaciones sobre la intencionalidad del acto criminal (actus reus) y sobre las capacidades mentales cognitivas y emocionales necesarias para concretarlo (mens rea), contribuyendo a determinar el grado de responsabilidad e imputabilidad. Evalúa la impulsividad, toma de decisiones, reactividad emocional y presencia o simulación de cuadros psiquiátricos y neuropsicológicos. En el proceso judicial, el neuropsicólogo puede encontrar inconsistencias entre la ejecución en pruebas y los argumentos del delincuente o sus defensores sobre la existencia de trastornos psiquiátricos permanentes o temporales. Algunos estadios del proceso judicial en los que la neuropsicología puede contribuir a determinar el grado de participación y responsabilidad de los acusados son:
Competencia: Se refiere a la capacidad del acusado para participar de manera efectiva y para tomar decisiones en su defensa durante el proceso legal, desde el interrogatorio, la declaración, el dictamen de la sentencia y hasta su ejecución.
Estado mental al momento del acto delictivo: La salud mental se relaciona estrechamente con la actividad delictiva, ya que existen neuropatologías que producen alteraciones cognitivas y, o afectivas, crónicas o transitorias, que afectan la comprensión, consciencia y voluntariedad del individuo que desde el punto de vista forense, influyen indirectamente en su intencionalidad, culpabilidad y responsabilidad.
Intoxicación por consumo de sustancias: Se refiere a los efectos neurotóxicos ocasionados por trastornos producidos por la ingesta de sustancias etílicas, psicoactivas o psicoestimulantes, que van desde cambios en el estado de ánimo, en la coordinación psicomotriz, balance y reacciones fisiológicas hasta la conducta desorganizada con actos agresivos, pérdida del juicio, alucinaciones, trastornos en la consciencia, delirio y muerte.
Simulación: Es definida por la Asociación Psiquiátrica Americana (APA, 2013) como: “la producción de síntomas físicos o psicológicos falsos o sumamente exagerados, motivados por incentivos externos como la evitación de deberes militares, de trabajo, para la obtención de compensación financiera, evadir procesos judiciales o para la obtención de drogas”.
Demencias, traumatismos craneoencefálicos y amnesias: Las demencias son trastornos en las habilidades superiores y cognitivas en la etapa adulta o adulta avanzada, originadas por accidentes vasculares, traumatismos o factores psicogenéticos que interfieren de manera importante con la socialización, ocupación y autonomía de los enfermos.
Retraso mental: Constituye un elemento esencial para determinar la inimputabilidad de un acusado y en gran medida para establecer la competencia para proceder en un juicio legal.
Esquizofrenia: Supone la pérdida de las habilidades intelectuales superiores, acompañada de distorsión del pensamiento, lenguaje, comportamiento, de la expresión de emociones, así como de la presencia de alucinaciones.
Las evaluaciones neuropsicológicas son herramientas valiosas en el proceso judicial, ya que permiten detectar trastornos en el funcionamiento cerebral en el ámbito forense. Estas evaluaciones integrales contemplan una entrevista clínica semiestructurada, así como una batería neuropsicológica sensible a la detección de alteraciones cognitivas e intelectuales. El objetivo principal de estas evaluaciones es analizar:
Relación mente-cerebro
Funcionamiento cognitivo normal y anormal
Manejo de pruebas psicométricas y parámetros estadísticos
Expresión conductual de la enfermedad
Conocimiento sobre el sistema nervioso
Experiencia clínica de la sintomatología
La neuropsicología se posiciona como una disciplina indispensable en el proceso judicial. Por ejemplo, se puede contrastar el curso de alguna enfermedad, accidente o incluso un coeficiente intelectual menor y una ejecución normal en tareas de atención, memoria y concentración; detectar cambios en la memoria a corto y a largo plazo y se pueden reportar detalladamente aspectos relacionados con la historia clínica. También es posible confirmar o desmentir el hecho de que el delincuente haya sufrido cambios en la memoria posteriores a la inconsciencia de un traumatismo craneoencefálico y obtener como resultado una ejecución neuropsicológica del sujeto que no presente afectaciones en lo concerniente a la atención y memoria. El uso de pruebas neuropsicológicas en la neuropsicología forense es de gran utilidad para determinar la presencia de psicopatologías que subyacen a la emisión de conductas criminales, o bien, para determinar la simulación de déficits que contemplan la alteración de algunas áreas cognitivas como la memoria. Estas pruebas constituyen medidas objetivas que ayudan a determinar el grado de peligrosidad de los sujetos involucrados, así como la posibilidad de diseñar estrategias para la rehabilitación. Hay estudios que han encontrado perfiles cognitivos de diversas poblaciones criminales que presentan distintas alteraciones producidas, ya sea por el bagaje genético, la influencia del medio ambiente o bien, rasgos de la personalidad. Se han investigado alteraciones en las funciones ejecutivas, específicamente en la toma de decisiones, en la flexibilidad mental y en la inhibición de individuos con personalidad antisocial y psicopatía y que no presentan alteraciones psiquiátricas. El entendimiento de estos déficits neuropsicológicos específicos de las personalidades agresivas puede suponer un avance en torno al tratamiento de personas en riesgo de cometer actos criminales o bien, en la identificación del tipo de personalidad criminal con el cual los neuropsicólogos se enfrentan en la cotidianidad y en los campos social y legal que a todos conciernen. Para lograr la evaluación neuropsicológica de un individuo en el que se sospechan alteraciones cognoscitivas se requiere:
Identificar la presencia de trastornos cognoscitivos que pueden contribuir al diagnóstico, especialmente en los casos de la presencia de un cuadro demencial leve en pacientes con altos niveles de inteligencia, bajo nivel educativo o en presencia de una combinación inusual de trastornos cognoscitivos.
Realizar una descripción de las fortalezas y debilidades cognoscitivas del paciente.
Realizar inferencias acerca de la localización de la lesión cerebral.
Cuantificar la severidad del daño o disfunción cerebral, para así establecer una línea base que permita evaluar los cambios en el estado del paciente a través del tiempo.
Ofrecer información al paciente, a su familia y al equipo de tratamiento con relación a las expectativas de rehabilitación.
El libro "Como Se Debe Resolver Un Crimen" dedica un capítulo al caso Paulette Gebara Farah, una niña de cuatro años con hemiparesia condición neurológica que se caracteriza por la disminución de la fuerza muscular o la parálisis parcial en un lado del cuerpo. Esta debilidad puede afectar tanto el brazo como la pierna del mismo lado, y en algunos casos, también puede comprometer los músculos faciales). El 22 de marzo de 2010 se denunció su desaparición, y tras nueve días de búsqueda, su cuerpo fue encontrado a los pies de su cama. El caso generó conmoción y una avalancha mediática, convirtiendo al país en "perito". La historia de la desaparición y muerte de Paulette está llena de elementos confusos. Para empezar, la madre concedió una entrevista en la cama donde apareció el cuerpo, sin percatarse de la presencia del mismo. Incluso amigos y familiares de la pequeña durmieron en la cama de Paulette después de su desaparición, sin notar nada. Las declaraciones de los padres y las nanas presentaban contradicciones, lo que llevó a su arraigo. Los medios difundieron información falsa, como que la niña fue encontrada en una bolsa de plástico y con cinta adhesiva en la boca. Las autoridades filtraron información del caso a los medios. Los políticos aprovecharon el caso para criticar al procurador y al gobernador del Estado de México, utilizando el caso para fines partidistas El caso generó un enorme interés mediático, con más de 250 mil referencias en internet. Los medios fueron acusados de crear "juicios paralelos" y de olvidar otros temas importantes. De acuerdo con la necropsia practicada al cuerpo de la menor, la causa de la muerte fue asfixia mecánica por sofocación en su modalidad de obstrucción de vías respiratorias, según establece un cronotanatodiagnóstico que oscila en un rango de entre 9 y 5 días antes de la intervención forense. Finalmente, la Procuraduría General de Justicia del Estado de México determinó que la muerte de Paulette fue un accidente. Ostrosky señala que la sociedad y los medios de comunicación emitieron opiniones y críticas simplistas, uniéndose al contexto de violencia que vivía el país. Cuestiona el papel de los medios en la difusión de información macabra y la priorización de este caso sobre otros temas relevantes, juzgando y condenando sin pruebas. La autora destaca la importancia de no dejarse llevar por la información mediática y de analizarla críticamente. Es decir, la televisión le permite al espectador elaborar una realidad que es irreal, en definitiva: un sueño. Es innegable la influencia directa que ésta tiene y ejerce en la construcción del imaginario social y cultural. Sin embargo, el campo televisivo es sumamente enclenque y fugaz porque los productos carecen, la mayor parte, de rigor científico, en razón de que no buscan la comprensión profunda de la condición humana o de las dinámicas sociales, culturales y políticas, sino que se guían por la lógica de mercado. ¨Las conclusiones periodísticas se asemejan a una lectura de mano o tarot, y es más un oráculo que un trabajo de comunicación; es decir, son una sarta de exageraciones en torno a lo que sucederá una vez que concluya el caso”, dice Ostrosky. “Pero, si algo de lo que se dice y afirma llega a ocurrir, entonces el periodista se erigirá como el poseedor de la verdad –convirtiéndose en el nuevo augur y agorero– y si no acierta a nada de lo expuesto no pasará absolutamente nada, aunque la sociedad y los ciudadanos del país formularán nuevas especulaciones alrededor de falsas apreciaciones y conjeturas; así, el país podrá ejercer su nuevo oficio: el de perito”. Concluye que, ante las múltiples interrogantes sobre la muerte de Paulette, es poco probable que los análisis logren disipar todas las dudas algún día. Señala que la familia, las autoridades, los medios y la sociedad probablemente no quedarán conformes con los resultados, y que las especulaciones continuarán. Por tanto, se puede afirmar, siguiendo a Bourdieu, que la televisión logró reforzar los vicios sociales y minimizar las virtudes del trabajo periodístico.
De acuerdo con los datos existentes en el ámbito internacional (FBI), los lineamientos que se aplican al investigar la desaparición de menores señalan que:
El mayor número de víctimas de este tipo de delito son niñas entre 2 y 5 años.
En la dinámica familiar, las víctimas se perciben como "diferentes" o "complicadas".
En el hogar hay problemas financieros, abuso de drogas, violencia doméstica o mala relación entre los cónyuges.
Hay un historial de abuso (psicológico, físico, etc.).
Las principales características que provocan la muerte son golpes, sofocación y asfixia.
La víctima suele presentar abuso sexual.
No hay testigos.
La víctima es encontrada con sus ropas.
El intervalo entre la muerte y cuando se encuentra el cuerpo es de 24 horas.
La distancia entre el reporte de desaparición y el lugar donde se descubre el cuerpo no rebasa una milla (1 609 m).
Entre las motivaciones que llevan al homicidio se encuentra la desaparición de la víctima, así como el abuso físico y sexual.
Además, el texto indica que estos son los aspectos o patrones significativos y relevantes que se presentan durante la desaparición de menores, aunque no son los únicos. Los estándares internacionales para el tratamiento de las víctimas del delito y de violaciones a los derechos humanos, según los instrumentos internacionales suscritos y ratificados por el Estado Mexicano, se basan en el respeto, promoción y protección de los derechos humanos. Estos estándares han sido incorporados en el orden jurídico nacional a través de reformas constitucionales y leyes. Algunos de los antecedentes del marco institucional y legal para la atención a las víctimas incluyen la creación de un fondo de ayuda a las víctimas con situación económica difícil. La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas adoptó esta idea en la Declaración sobre los Principios Fundamentales de Justicia para las Víctimas del Delito y Abuso del Poder. En 1993 se reformó el artículo 20 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, creando un apartado especializado en los derechos humanos de las víctimas. Algunas de las primeras leyes y disposiciones que recogieron estándares contenidos en instrumentos internacionales en favor de las víctimas son:
Ley Federal para Prevenir y Sancionar la Tortura.
Ley Federal contra la Delincuencia Organizada.
Promulgación de la Ley para la Protección de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, armonizada con los estándares de la Convención de los Derechos del Niño.
En 2008, se creó un Sistema de Justicia Penal de corte Acusatorio, ampliando las prerrogativas de las víctimas. Las víctimas tienen derecho a:
Recibir asesoría jurídica.
Ser informadas de sus derechos.
Conocer el desarrollo del procedimiento penal.
Coadyuvar con el Ministerio Público.
Que se les reciban todos los datos o elementos de prueba.
Ser parte en los juicios penales.
Atención médica y psicológica de urgencia.
Solicitar la reparación del daño.
Resguardo de su identidad (en ciertos casos).
Ser protegidas y solicitar medidas cautelares.
Impugnar las determinaciones de la autoridad ministerial.
El Sistema de Justicia Penal Acusatorio se rige por los principios de publicidad, contradicción, concentración, continuidad e inmediación. También se rige por el Principio de Presunción de Inocencia. Otro estándar internacional incorporado es el Principio de Oportunidad, que permite suspender el proceso para que la víctima y el responsable alcancen un acuerdo reparatorio. Durante la reforma constitucional, se publicó la Ley General para Prevenir y Sancionar los Delitos en materia de Secuestro, creando mecanismos de atención ad hoc. Los principios de interpretación de los derechos humanos son el Principio Pro Persona y el principio de interpretación evolutiva.
Determinar la verdad en el ámbito legal, contrastándola con la búsqueda de la verdad en la ciencia es la base primordial para una buena justicia. En el libro se narran ejemplos históricos de irracionalidad en el derecho, como los juicios a animales y las "ordalías" o "juicios de Dios". Estas prácticas medievales buscaban determinar la culpabilidad o inocencia a través de pruebas basadas en la creencia de la intervención divina. La verdad en la ciencia a menudo se basa en la verificación de los sentidos, pero esto se complica por la influencia del marco teórico de referencia. En el derecho, la complejidad es aún mayor porque el derecho "crea" los hechos que luego se deben probar. Son varios los factores que dificultan la búsqueda de la verdad en el derecho:
La interpretación de las normas puede ser subjetiva y variar entre abogados.
El sistema jurídico puede contener normas contradictorias.
Las normas a menudo deben ser "armadas" conectando diferentes artículos de distintas leyes.
La determinación de intenciones y estados mentales es problemática.
Ostrosky propone una metodología para elaborar modelos mentales sobre las condiciones óptimas para considerar verdadera una afirmación sobre hechos jurídicos. Esta metodología, llamada "teoría conexionista", utiliza tablas de oposición dialógica y derrotante (TODD) para analizar y evaluar las pruebas presentadas por las partes. Las TODD sirven como herramientas para evaluar la solidez de los argumentos de cada parte y para que los jueces puedan ponderar las pruebas y tomar decisiones informadas. También pueden ser utilizadas para evaluar la actividad de los operadores jurídicos y promover el control intersubjetivo de la irracionalidad. La determinación de la verdad no depende únicamente de los jueces, sino de la eficiencia de toda una cadena de interacciones institucionales, incluyendo el Ministerio Público, la policía, los peritos, etc.. La "dispraxis institucional" puede obstaculizar la búsqueda de la verdad, como la falta de recursos, la incompetencia, la corrupción, la negligencia y los intereses no epistémicos. También algunas normas contenidas en la ley dificultan la determinación de la verdad. A pesar de los avances, la irracionalidad sigue presente en el derecho, y la lucha por la verdad en este campo apenas está comenzando. Se invita a la sociedad civil a utilizar herramientas como las TODD para combatir la irracionalidad en la toma de decisiones judiciales y promover la transparencia y la rendición de cuentas. Las Tablas de Oposición Dialógica y Derrotante (TODD) son herramientas diseñadas para representar y evaluar la toma de decisiones jurídicas, especialmente en el ámbito judicial. Funcionan como modelos mentales de los operadores jurídicos, revelando cómo justifican la determinación de la verdad en un juicio. Las características principales de las TODD son:
Representación estructurada: Las TODD organizan la información en tablas con filas y columnas, facilitando la visualización de los argumentos de cada parte.
División por partes: En materia penal, la tabla se divide en dos grandes secciones, una para la acusación (Ministerio Público) y otra para la defensa.
Inclusión de elementos clave: Las TODD incorporan:
Normas jurídicas relevantes.
Proposiciones probandum (afirmaciones sobre los hechos que deben probarse).
Pruebas presentadas por cada parte para respaldar sus afirmaciones.
Función evaluativa: Permiten evaluar si las decisiones judiciales están justificadas epistémicamente, es decir, si se basan en pruebas sólidas y razonamientos válidos, o si son arbitrarias.
Identificación de la teoría del caso: Facilitan la representación clara de la confrontación jurídica de cada caso para que los jueces puedan ponderar las teorías y tomar decisiones.
Análisis de la conectividad: Representan la conectividad entre los diferentes elementos que constituyen el modelo mental a partir del que el juez toma sus decisiones.
Uso de pesos epistémicos: En algunos casos, se asignan "pesos epistémicos" a las pruebas para evaluar su solidez y determinar si se alcanza el estándar probatorio requerido.
Aplicación general: Si bien se ejemplifican en el contexto penal, las TODD pueden aplicarse en diversas materias jurídicas.
Control intersubjetivo: Permiten un control democrático de la función judicial, al transparentar las bases de las decisiones y fomentar la rendición de cuentas.
Detección de problemas sistémicos: El análisis de TODD en una muestra de sentencias puede revelar problemas sistémicos en la toma de decisiones judiciales, como la influencia de formularios rígidos o la negligencia en la recolección de pruebas.
En el libro se menciona la anécdota de Charles Darwin de cómo el científico utilizó una tabla para tomar la decisión sobre si debía casarse o no. En 1837, Darwin diseñó una tabla con dos columnas para comparar los pros y los contras del matrimonio, similar a lo que recomiendan muchos textos de autoayuda. En una columna anotó las ventajas de casarse, como tener hijos, compañía constante, un hogar y alguien que cuide la casa. También consideró aspectos como disfrutar de la música y la charla con su esposa. En la otra columna, Darwin enumeró las desventajas, como la falta de hijos (en caso de no tenerlos), la ausencia de alguien que lo cuide en la vejez y la posible pérdida de tiempo. Tras ponderar los pros y los contras, Darwin decidió contraer matrimonio. Un año después, se casó con una de las hijas de su tío Josiah. Tuvo un matrimonio feliz y diez hijos. La razón por la cual se incluye esta anécdota en el libro es para mostrar cómo una estrategia racional puede ayudar en la toma de decisiones, y para ilustrar la idea de que la ponderación de diferentes factores puede llevar a una elección informada. Esta anécdota sirve como introducción a la propuesta de las "tablas de oposición dialógica y derrotante" (TODD) como herramientas para la toma de decisiones en el ámbito jurídico. Ostrosky nos narra también la diferencia entre proposiciones descriptivas y prescriptivas. Las proposiciones descriptivas, son aquellas que afirman algo acerca del mundo y pueden ser verdaderas o falsas. Por ejemplo, “la nieve es blanca” o “Juan privó de la vida a Pedro”. Al conjunto de proposiciones descriptivas con secuencia temporal mediante las que se manifiesta lo que supuestamente ocurrió se le denota con la expresión narrativa. En los casos reales las narrativas constituyen la versión de la historia de lo que sucedió para cada una de las partes involucradas en el proceso, partes en litigio, testigos, entre otras. Las proposiciones prescriptivas, son aquellas que indican cursos de acción. Hay muchas subclases de proposiciones prescriptivas, pero al derecho le interesan las que prohíben conductas, permiten conductas o imponen la obligación de realizar conductas. Son ejemplos: “A quien cometa el delito de homicidio se le sancionará con una pena de 10 a 20 años de prisión” (está prohibiendo cometer homicidio); “Los mayores de 18 años que se encuentren en aptitudes físicas deberán presentar su servicio militar” (obliga a los mayores de edad en condiciones físicas adecuadas o realizar su servicio): “Las personas del mismo sexo pueden contraer matrimonio” (está permitiendo la celebración de matrimonios entre personas del mismo sexo). La relación entre ambas proposiciones en el derecho es que las normas (prescriptivas) establecen la posibilidad de que ciertos hechos jurídicos ocurran, y las proposiciones descriptivas afirman que esos hechos ocurrieron4. El problema, entonces, es saber si esos hechos efectivamente ocurrieron y si la proposición descriptiva es verdadera o falsa.
El capítulo "Adolescentes, pena de muerte y prisión perpetua. Perspectivas desde el neuroderecho" examina la historia reciente de la pena de muerte y la prisión perpetua para adolescentes en Estados Unidos, resaltando los cambios y modificaciones derivados de casos llevados a la Corte Suprema de ese país. En los fallos de la Corte Suprema de EUA se utilizaron argumentos neurocientíficos relacionados con el desarrollo del cerebro adolescente para fundamentar la menor culpabilidad de los jóvenes infractores. Los argumentos clave incluyen:
Falta de madurez y menor sentido de la responsabilidad: Los adolescentes, en comparación con los adultos, carecen de madurez y tienen un menor sentido de la responsabilidad, tal como lo demuestran estudios sociológicos y científicos.
Desarrollo cerebral incompleto: Las partes del cerebro encargadas del control de la conducta continúan madurando hasta la adolescencia tardía. En particular, las regiones y sistemas encargados de las funciones ejecutivas, como el control de impulsos, la planificación y organización, y la evaluación del riesgo, no están completamente desarrolladas en los adolescentes.
Vulnerabilidad e impulsividad: Los adolescentes son más vulnerables a las presiones externas, tanto de sus pares como de su familia, y a las influencias negativas. Además, muestran un accionar imprudente, impulsividad y toma de decisiones arriesgadas.
Desequilibrio entre sistemas emocionales y cognitivos: Los jóvenes presentan una mayor atracción hacia los estímulos novedosos, la búsqueda de nuevas sensaciones y las actividades de riesgo, lo que podría incluir el comportamiento criminal, al mismo tiempo que presentarían menor capacidad para medir las consecuencias a largo plazo de sus acciones y menor autocontrol.
Diferencias fundamentales entre la mente de adolescentes y adultos: Los descubrimientos en psicología y la ciencia del cerebro continúan mostrando diferencias fundamentales entre la mente de los adolescentes y la de los adultos.
Estos argumentos fueron presentados por asociaciones científicas como la Asociación Americana de Médicos (AAM), la Asociación de Psiquiatras Americana (APA) y la Asociación Americana de Psicología (AAP), quienes realizaron análisis profundos sobre el avance de las investigaciones en materia de desarrollo cerebral, toma de decisiones y adolescentes. La Corte Suprema de EUA hizo referencia específica a estas investigaciones en fallos como Roper vs. Simmons, Graham vs. Florida y Miller vs. Alabama. En el Fallo Thompson v. Oklahoma (1988) La Corte Suprema de EUA dictaminó que la pena de muerte para jóvenes menores de 16 años era inconstitucional, considerándola un castigo cruel e inusual. Sin embargo, esto no impidió que se siguiera ejecutando a adolescentes de 17 y 18 años. Aunque EUA firmó la Convención de Derechos del Niño en 1995, no la ha ratificado, y condenó a la pena de muerte a 22 jóvenes entre 1973 y 2003 que habían cometido delitos a los 17 años. En el Fallo Atkins vs Virginia (2002), la Corte Suprema de EUA determinó que las personas con retraso mental debían ser excluidas de la pena de muerte debido a su disminución en la capacidad para comprender y manejar información, comunicarse, aprender de la experiencia, razonamiento lógico y control de impulsos. En el Fallo Roper v. Simmons, la Corte Suprema de EUA señaló que los adolescentes carecen de madurez y sentido de responsabilidad en comparación con los adultos, basándose en estudios sociológicos y científicos. La Asociación Americana de Médicos (AAM), la Asociación de Psiquiatras Americana (APA) y la Asociación Americana de Psicología (AAP) presentaron análisis sobre el desarrollo cerebral, la toma de decisiones y los adolescentes. En el Fallo Graham v. Florida (2010), la Corte Suprema de EUA mencionó informes sobre diferencias fundamentales entre la mente de los adolescentes y la de los adultos, señalando que las partes del cerebro encargadas del control de la conducta continúan madurando hasta la adolescencia tardía. Se consideró inconstitucional la imposición de la pena perpetua en adolescentes infractores en delitos que no involucraban homicidio. En 2010, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos hizo referencia a lo señalado por la Corte Suprema de EUA en el fallo Graham vs Florida en relación con el desarrollo y madurez del cerebro adolescente. La morbimortalidad de los adolescentes aumenta debido a dificultades en el control de su conducta y emociones, presentando altas tasas de accidentes, suicidio, homicidio, depresión, abuso de alcohol y drogas, violencia y trastornos de la alimentación. La morbimortalidad se refiere al aumento en las tasas de enfermedad (morbilidad) y muerte (mortalidad) que se observa en los adolescentes en comparación con los niños. Este aumento no se debe principalmente a enfermedades como el cáncer o enfermedades cardiovasculares, sino más bien a dificultades en el control de la conducta y las emociones. Esto se manifiesta en altas tasas de:
Accidentes
Suicidio
Homicidio
Depresión
Abuso de alcohol y drogas
Violencia
Trastornos de la alimentación
La adolescencia es un período de cambios neuroanatómicos funcionales, neurofisiológicos y hormonales, acompañados de características conductuales como la búsqueda de nuevas sensaciones, exposición a situaciones de riesgo y toma de decisiones diferente a la de los adultos. Las conductas de riesgo en adolescentes son producto de la interacción de dos sistemas neurobiológicos que maduran de manera diferenciada: el sistema socioemocional (sistema límbico y paralímbico) y el sistema cognitivo (lóbulo frontal). El sistema socioemocional se refiere a una de las dos redes neurobiológicas que, en interacción con el sistema cognitivo, influyen en el comportamiento de los adolescentes. Las características y el funcionamiento del sistema socioemocional son:
Composición: El sistema socioemocional está compuesto por el sistema límbico y el paralímbico.
Función: Este sistema está relacionado con el procesamiento y la expresión de las emociones.
Desarrollo en la adolescencia: Durante la adolescencia, el sistema socioemocional muestra una mayor activación y una mayor sensibilidad a los estímulos sociales. Esto puede deberse a un rápido crecimiento de los receptores dopaminérgicos.
Influencia en la conducta: El sistema socioemocional tiene un papel fundamental en la búsqueda de recompensas y en la reactividad emocional, lo que puede llevar a los adolescentes a ser más propensos a tomar decisiones riesgosas, especialmente en contextos donde las emociones están presentes o en compañía de sus pares.
Interacción con el sistema cognitivo: El sistema socioemocional interactúa con el sistema cognitivo (lóbulo frontal). Dado que el sistema cognitivo madura más lentamente que el sistema socioemocional, se genera un desequilibrio que hace a los adolescentes más vulnerables a conductas de riesgo.
Alteraciones en personalidades violentas: En individuos con personalidades agresivas y psicopáticas, se han encontrado trastornos tanto estructurales como funcionales en la corteza prefrontal y el sistema límbico. El daño cerebral en estas áreas puede resultar en un afecto aplanado, falta de iniciativa y apatía, rasgos característicos de personalidades psicopáticas.
Corteza prefrontal La corteza prefrontal madura gradualmente, completándose dicho proceso entre los 18 y 21 años, siendo una región crítica en las funciones ejecutivas.La corteza prefrontal es una región crítica en las funciones ejecutivas debido a su papel fundamental en la organización, planificación y el control de los impulsos, así como en el análisis costo-beneficio de las decisiones.
Las funciones ejecutivas son consideradas funciones superiores que distinguen a los humanos. Las funciones del lóbulo frontal, donde se encuentra la corteza prefrontal, son esenciales para adaptar a la persona a las normas sociales y para la toma de decisiones en diversas situaciones.Además, la corteza prefrontal es fundamental para:
Control inhibitorio
Seguimiento de reglas
Procesamiento riesgo-beneficio
Memoria de trabajo (visual y visoespacial)
Productividad
Flexibilidad mental
Planeación
Metamemoria (conocimiento sobre el funcionamiento de los procesos memorísticos)
Comprensión del sentido figurado
Razonamiento abstracto
Alteraciones en el lóbulo frontal, y por ende en la corteza prefrontal, pueden conducir a actos inhumanos. Deficiencias en estas funciones favorecen la impulsividad, el rompimiento de reglas y la irresponsabilidad. La maduración gradual de la corteza prefrontal, que se completa entre los 18 y 21 años, explica por qué los adolescentes pueden tener dificultades en el control de los impulsos y un aumento de la reactividad emocional. Este desarrollo asimétrico entre el sistema socioemocional y el sistema cognitivo, donde se encuentra la corteza prefrontal, contribuye a la vulnerabilidad de los adolescentes a tomar decisiones de riesgo. El neurocientífico Joaquín Fuster señala que la agitación adolescente se debe a un desequilibrio entre los lados emocional y cognitivo del cerebro. Las investigaciones sobre el desarrollo del cerebro adolescente presentan limitaciones y deben interpretarse en términos de cómo se produce el proceso de maduración desde la adolescencia hacia la adultez, no como la medida exacta de la madurez de un individuo puntual. La privación de libertad en instituciones cerradas de alta seguridad impacta negativamente en la maduración psicosocial, con un retraso en la templanza y la responsabilidad.La privación de libertad en instituciones cerradas de alta seguridad impacta negativamente en la maduración psicosocial debido a que retrasa el desarrollo de la templanza y la responsabilidad. Esta templanza se refiere a la habilidad para refrenar las conductas impulsivas y agresivas. Tambien se necesita responsabilidad, que es la habilidad para llevar adelante una vida autónoma. Un estudio realizado en 2012 demostró que el contexto de encierro en un adolescente afecta negativamente el proceso de maduración, lo cual es un factor importante a considerar en el sistema de justicia penal juvenil. Por suerte, las neurociencias han comenzado a influir en decisiones judiciales, con investigaciones citadas en fallos en países como EUA, Alemania, España, México y Argentina. Las aplicaciones de las neurociencias no se limitan al ámbito forense, sino también a los ámbitos de la prevención y la intervención, brindando herramientas cognitivas para que los adolescentes aprendan estrategias conductuales específicas. Es necesario actualizar las formas en las cuales existe un acercamiento a estas complejas problemáticas, por ejemplo, realizando abordajes basados en conceptos como el de justicia restaurativa, gestión de emociones, fortalecimiento de las funciones ejecutivas del cerebro y un papel más activo –y corresponsable- de la propia sociedad. Esto nos lleva al concepto de neuroderecho.
El neuroderecho surge como una interdisciplina a partir de los aportes de las neurociencias al derecho, revitalizando discusiones sobre temas como el libre albedrío y la toma de decisiones. Se destaca cómo las investigaciones sobre el desarrollo, crecimiento y maduración del cerebro adolescente han cobrado relevancia, influyendo en las decisiones judiciales y políticas. Las investigaciones sobre el desarrollo, crecimiento y maduración del cerebro adolescente permiten sacar diversas conclusiones relevantes en el ámbito del neuroderecho y la justicia para adolescentes. Los adolescentes carecen de la madurez y el sentido de la responsabilidad de los adultos, dado que las regiones del cerebro encargadas del control de la conducta y las funciones ejecutivas (control de impulsos, planificación, evaluación de riesgos) no están completamente desarrolladas en la adolescencia. La corteza prefrontal, fundamental para estas funciones, madura gradualmente hasta los 21 años. Además, os adolescentes son más vulnerables a la presión de sus pares y a la toma de decisiones riesgosas, mostrando impulsividad y falta de control. Existe un desequilibrio entre el sistema socioemocional (más activo y sensible a las recompensas) y el sistema cognitivo (aún en desarrollo), lo que genera una mayor propensión a conductas de riesgo. Los adolescentes toman decisiones de manera diferente a los adultos, sobrevalorando las ganancias a corto plazo sobre las consecuencias a largo plazo. El cerebro adolescente es altamente plástico, lo que significa que es maleable y sensible a las influencias del entorno. Esto puede tener implicaciones tanto positivas (oportunidades para el desarrollo prosocial) como negativas (vulnerabilidad a influencias negativas). La toma de decisiones de los adolescentes varía según el contexto. En situaciones "frías" (baja activación emocional), su madurez puede ser suficiente para tomar decisiones informadas. Sin embargo, en situaciones "calientes" (alta activación emocional, presión de pares), su cerebro es menos maduro y más propenso a decisiones impulsivas. Estas conclusiones respaldan la idea de que los adolescentes tienen una culpabilidad disminuida en comparación con los adultos, lo que debe tenerse en cuenta en el sistema de justicia penal. Las investigaciones resaltan la necesidad de políticas de prevención e intervención temprana dirigidas a adolescentes en riesgo, abordando tanto los factores neurobiológicos como los sociales y familiares que influyen en su comportamiento. La privación de libertad puede afectar negativamente la maduración psicosocial de los adolescentes, retrasando el desarrollo de la templanza y la responsabilidad. Si bien las neurociencias aportan información valiosa, es importante ser cauteloso al interpretar los resultados y evitar utilizarlos para predecir conductas futuras o determinar la madurez individual de un adolescente. Se enfatiza la necesidad de un enfoque multidisciplinario que combine las neurociencias con las ciencias sociales, la psicología y el derecho para comprender y abordar de manera integral el comportamiento adolescente. Es crucial recordar que las investigaciones sobre el desarrollo cerebral adolescente ofrecen datos generales y no permiten determinar la madurez neurobiológica exacta de un individuo en un momento específico. En resumen, las investigaciones sobre el cerebro adolescente revelan un período de cambios y vulnerabilidades que influyen en el comportamiento y la toma de decisiones. Estas conclusiones tienen importantes implicaciones para el sistema de justicia penal juvenil, así como para las políticas de prevención e intervención dirigidas a adolescentes en riesgo. El método de las capacidades progresivas para la toma de decisiones de los adolescentes es un enfoque que se aplica en relación con los adolescentes y que se propone para determinadas decisiones que atañen a su propio cuerpo. Este método tiene en cuenta la madurez del adolescente y el riesgo asociado con la decisión. Los puntos clave de este método son:
Adolescentes de 13 a 16 años: Se presume que un adolescente de entre 13 y 16 años tiene aptitud para decidir por sí mismo respecto de aquellos tratamientos que no resulten invasivos, ni comprometan su estado de salud o provoquen un riesgo grave en su vida o integridad física.
Tratamientos invasivos o de riesgo: Si se trata de tratamientos invasivos que comprometen su estado de salud o está en riesgo la integridad o la vida, el adolescente debe prestar su consentimiento con la asistencia de sus progenitores. En caso de conflicto entre el adolescente y sus padres, se resuelve teniendo en cuenta su interés superior, sobre la base de la opinión médica respecto a las consecuencias de la realización o no del acto médico.
Adolescentes mayores de 16 años: Se considera que a partir de los 16 años el adolescente es considerado como un adulto para las decisiones relacionadas con el cuidado de su propio cuerpo.
Consideraciones para el Futuro: Se plantea la necesidad de que la legislación incluya argumentos científicos sobre el comportamiento adolescente y que los conocimientos generados en la investigación tengan mayor repercusión en los tribunales de justicia. Se destaca la importancia de fortalecer la investigación en neuroderecho y aprovechar su desarrollo en los procesos legislativos.
Privación de libertad: La privación de libertad en instituciones cerradas de alta seguridad impacta negativamente en la maduración psicosocial debido a que retrasa el desarrollo de la templanza y la responsabilidad.
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