lunes, 14 de marzo de 2022

Lo que cuentan los muertos de Enrique Dorrado

Enrique Dorado es médico forense, actualmente responsable del Laboratorio de Antropología del Instituto Anatómico Forense. Es uno de los profesionales más respetados en el campo de la Medicina legal, conocido por su intervención en casos mediáticos y de relevancia histórica, entre otros, el análisis de los restos del general Prim.

Definiciones 
Dactilograma=identificación por huellas dactilares 

Marcas tafonómicas=marcas o lesiones hechas después de morir.

Data de la muerte = tiempo transcurrido desde la muerte. Este punto, básico en toda investigación forense, gana una especial relevancia en los casos de naturaleza criminal, porque saber cuándo una persona ha fallecido condiciona de forma ineludible la investigación judicial y policial. Para orientarse en este sentido se dispone de algunas observaciones claves, como son los signos que van apareciendo en el cadáver tras la muerte, los llamados «fenómenos cadavéricos»: la rigidez del cuerpo (rigor mortis), las livideces (livor mortis), la pérdida de temperatura (frigor mortis), la deshidratación corporal y paulatinamente la putrefacción. En cuanto a la rigidez cadavérica, es un fenómeno que se va instaurando progresivamente tras la muerte. En el momento de morir los músculos se relajan de forma espontánea, para luego ir ganando una rigidez que puede acabar proporcionando al cuerpo una firmeza que, gráficamente, se compara a menudo con la de una tabla. Las livideces son resultado del cese de actividad de la bomba cardiaca, lo que conduce pasivamente al depósito de la sangre en las zonas más bajas del cuerpo. Como resultado, la piel de las zonas que quedan más elevadas tiende a palidecer, al tiempo que se produce el efecto contrario en las zonas declives opuestas: la piel se pone azulada o rojiza, cosa que generalmente ocurre en la espalda ya que los cadáveres suelen yacer boca arriba. Este hecho es muy importante, porque la evolución de ese cambio de coloración nos da pistas sobre la data y, además, nos indica en qué posición se encontraba el cadáver en el momento de morir, o si fue movido posteriormente, lo cual puede tener mucha importancia en casos criminales. En cuanto a la temperatura, al cesar la actividad biológica y la producción de calor tras la muerte, se va a producir un enfriamiento gradual hasta alcanzar el equilibrio térmico con el medio circundante: es un efecto de las leyes de la termodinámica. Como lo habitual es que la temperatura ambiental sea más baja que la del cuerpo, solemos decir que los muertos se enfrían. La temperatura del cadáver nos proporciona también datos útiles para la data aunque, por supuesto, hay que tener en cuenta muchos factores y excepciones que modifican la velocidad de este enfriamiento, como es que un cadáver expuesto al sol, en pleno verano, puede calentarse. Otro aspecto a tener en cuenta, la pérdida de agua por deshidratación cadavérica, puede observarse a través de fenómenos como la pérdida de turgencia de la piel o los cambios oculares. También para mayor exactitud en la datación del momento de la muerte se pueden realizar análisis químicos, generalmente relativos a las concentraciones de potasio en el humor vítreo. Por último, la putrefacción ofrece datos importantes sobre el tiempo transcurrido tras la muerte, intervalo post mortem que por otra parte se hace mucho más impreciso cuanto más tiempo haya transcurrido. La putrefacción suele comenzar con una mancha de color verdoso en el abdomen (no siempre, por ejemplo lo hace en el tórax de los ahogados). Esta coloración anormal se va extendiendo por todo el cuerpo, que a la vez se va hinchando por efecto de los gases que generan las bacterias de la putrefacción. La degradación progresiva de todos los tejidos proseguirá hasta llegar a la esqueletización del cuerpo. Pero, cómo no, en esto también hay variaciones: las condiciones ambientales y otros factores son decisivos en el ritmo de la putrefacción y, además, existe toda una serie de fenómenos que la detienen conservando los cadáveres en mejor o peor estado. En el estudio de la putrefacción adquieren protagonismo los insectos, las moscas y las larvas. Es tan importante que de su estudio se ocupa una especialidad que ha alcanzado gran desarrollo, la Entomología Forense. El análisis de huevos, larvas y, digamos, «bichos» en general, su tamaño, sus características, su desarrollo, etc., son datos que facilitan el cálculo de la data. Aparte de esto disponemos de otras pruebas complementarias, como es el estudio de los denominados fenómenos supravitales. Por poner un ejemplo, sabemos que durante cierto tiempo tras la muerte la pupila conserva su capacidad de reaccionar (dilatarse o contraerse) ante determinados estímulos químicos, por lo que observando la reacción ocular en el cadáver tras instilar determinados colirios tendremos una referencia sobre el tiempo transcurrido desde la muerte.

Ejemplos de datación 

Si el cadáver es encontrado en la cama, no pasaremos por alto la costumbre, tan corriente, de ir al baño antes de acostarse: midiendo la cantidad de orina acumulada en la vejiga del cadáver podemos orientarnos sobre el tiempo transcurrido desde que la persona se fue a dormir. Otro detalle importante, siempre con la debida cautela, es la cantidad de comida presente en el estómago y su grado de digestión. O la longitud del pelo de la barba, indicando el tiempo transcurrido desde que se afeitó por última vez. En el lugar de los hechos podemos preguntarnos si estaban las luces encendidas o la televisión, si vestía el cadáver ropa de calle o estaba en pijama, cualquier documento o impreso donde figure una fecha, periódicos y revistas que hubiera en la casa, las llamadas al móvil y también el estado en que se encuentran los alimentos fuera del frigorífico.

El análisis de los tres huesos que conforman una pelvis completa puede indicar: por su desarrollo, la edad; por el grado de putrefacción, el tiempo transcurrido desde la muerte; por la mayor carga de una de las caderas, la existencia de cojera; ciertas marcas del hueso permiten saber que había estado embarazada o no y por tanto si es mujer u hombre; y por el tipo de heridas en el hueso y un fragmento de metal incrustado en el mismo se puede determinar la naturaleza de los proyectiles y hasta la dirección del disparo. 

Suicidios 

Por sexos, el suicidio consumado es más frecuente en los hombres, aunque las mujeres protagonizan más tentativas. Los hombres, en general, escogen métodos más violentos. También parece que el suicidio es más habitual en solteros, divorciados y viudos. Se sabe también que el riesgo de suicidio aumenta entre reclusos jóvenes durante la primera semana de encarcelamiento. También la guerra influye: entre los soldados combatientes que regresaron de Iraq o Afganistán en los últimos tiempos se demostró una tasa de suicidios por encima de lo «normal». El ahorcamiento es el método de suicidio más usado en todo el mundo. 

Tipos de suicidios

1. Suicidio por Balance Global (suicide balance, en inglés): la persona hace un análisis global de su vida, que encuentra decididamente negativo. Tras valorar y sopesar el resultado, decide quitarse la vida de forma meditada. 

2. Suicidio en Cortocircuito: debido a una situación pasajera o a un suceso fortuito, la persona se suicida de forma impulsiva, sin ninguna reflexión. Es más frecuente entre hombres jóvenes. 

3. Suicidio por Enfermedad Mental: la conducta del individuo se ve mediatizada por la enfermedad. En cierto modo, no es dueño de sus actos. No solo son depresiones profundas, hay también casos de esquizofrenia y de paranoias entre otras.

Heridas

Al estudiar una herida de arma blanca o de bala se fijan en su situación, su número, la trayectoria interna, si hay orificios de salida. Todo esto proporciona una serie de datos importantes de cara a la investigación judicial: la forma en que se usó el arma, si hubo ensañamiento, tipo de arma o armas utilizadas, orden en que se produjeron las lesiones, etc. Se analiza también cualquier posible residuo sobre las heridas, en particular si se ha utilizado arma de fuego: restos de pólvora, quemaduras, manchas de humo en la piel o la ropa. También se estudian los proyectiles por los equipos de balística, cuando aparecen claro. 

Cadáver 

En ocasiones el cadáver está en mal estado debido a la putrefacción, a la exposición al fuego o incluso puede encontrarse esqueletizado. Ante tales situaciones no es raro solicitar la participación de los servicios especializados de Antropología Forense, donde se realiza ya un primer estudio del cuerpo antes de manipularlo, se recogen muestras (si las hay) para análisis, fundamentalmente toxicológicos y genéticos, se obtienen imágenes radiológicas, y es habitual terminar de esqueletizar el cuerpo, si no lo está ya, de forma completa o al menos parcial, según el caso. Se hace esto porque los huesos nos informan sobre multitud de datos: sexo, talla, edad, rasgos de raza, malformaciones corporales, enfermedades y otras características que facilitan la identificación del cuerpo. En los huesos también puede haber dejado su señal el arma homicida, como la bala o la hoja de un cuchillo.

Mientras un cuerpo completo es objeto de la correspondiente autopsia, un cadáver en estado de descomposición, quemado o esqueletizado suele requerir para su análisis e identificación las técnicas características de la Antropología. El antropólogo forense es el encargado de examinar un esqueleto muerto hace tiempo. Por ejemplo por los restos de comida en el estómago sabe a qué clase social pertenece, al lugar aproximado, etc. Los alimentos en el estómago, entre ellos arroz y carne, su cantidad y el grado de digestión señalan una ingestión realizada al menos tres horas antes de la muerte. 

En los institutos forenses siempre se describen en el cadáver los datos básicos al respecto, como son el sexo, la edad aparente, su complexión física, posibles alteraciones o malformaciones corporales, color de los ojos y características de uñas, nariz y labios. El pelo es también objeto de observación: color, longitud, tintes, tipo de corte y forma, presencia de barba, etc. Tienen también gran valor identificativo las alteraciones que en el cuerpo hayan podido dejar enfermedades o traumatismos de cualquier origen.

Entre las tareas habituales forenses están la asistencia a detenidos, determinaciones de edad, examen de víctimas de malos tratos, peritación de lesionados en accidentes de tráfico o que han sido víctimas de agresiones, valoraciones psiquiátricas (imputabilidades, discapacidades, internamientos). Durante los turnos de guardia se encargan también de realizar las diligencias relacionadas con los fallecimientos (levantamientos de cadáver, autopsias).

Encontrarse un cadáver en decúbito supino (boca arriba), con los brazos y piernas flexionados, en posición de boxeador, nos indica posiblemente que el Cadáver ha sido quemado, pues al deshidratarse por efecto del calor los músculos se contraen, tiran de la estructura a la que se insertan y hacen que los brazos y las piernas se flexionen.

Momificación 

Sabemos que el ingrediente principal de la momificación es la deshidratación de los restos y la rapidez con que se produzca. En general, cuanto mayor y más rápida sea la deshidratación, mejor se conservará el cuerpo. Esto ocurre porque los organismos que participan en la putrefacción necesitan un medio acuoso para vivir. Si no hay tal medio, los tejidos, al secarse, se endurecen y dejan de ser un bocado apetecible para bacterias e insectos. La momificación artificial persigue frenar la putrefacción por diversos procedimientos.

Las huellas dactilares son distintas para cada persona y no cambian con el tiempo. 


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