jueves, 10 de febrero de 2022

Trastorno paranoide de la personalidad

Los individuos paranoides tienen una fuerte tendencia a culpar a los demás por los problemas interpersonales; por lo general aducen experiencias que parecen justificar sus convicciones acerca de la gente, niegan o minimizan sus propias dificultades y no tienen mucha conciencia del modo como su propia conducta contribuye a creárselas. Asimismo, como las características de la paranoia son hasta cierto punto conocidas por la mayoría de los profanos, es probable que los paranoides se den cuenta de que los otros los consideran como tales (paranoides), y creen que es prudente que se reserven sus pensamientos.
Conflicto clave: La palabra clave en el trastorno paranoide de la personalidad es «desconfianza». Es concebible que, en ciertas circunstancias, la cautela, la búsqueda de motivos ocultos o la falta de confianza en los demás sean adaptativas —incluso ayudan a salvar la vida—, pero la personalidad paranoide adopta esta postura en la mayoría de las situaciones, incluso las más benignas.
Concepción de sí mismas: Las personalidades paranoides se ven como rectas y se sienten maltratadas por los demás.
Concepción de los demás: Las otras personas son vistas esencialmente como tortuosas, mentirosas, traicioneras y encubiertamente manipuladoras. Creen que quieren obstaculizarlas, humillarlas, discriminarlas, pero siempre de un modo oculto o secreto, disfrazado de inocencia. Los paranoides pueden pensar que los demás forman coaliciones secretas contra ellos.

Creencias:

       Nivel 1. Las creencias clave consisten en nociones tales como: «Soy vulnerable a otras personas», «No se puede confiar en los demás», «Sus móviles son sospechosos», «Me engañan», «Me van a derrumbar o desacreditar».

       Nivel 2. Las creencias condicionales son: «Si no tengo cuidado me manipularán, abusarán o se aprovecharán de mí», «Si la gente actúa amistosamente, es porque trata de usarme», «Si las personas parecen distantes, ello demuestra que son hostiles».

       Nivel 3. Las creencias instrumentales (o de autoinstrucción) son: «Mantente en guardia», «No confíes en nadie», «Busca los motivos ocultos», «No te dejes engañar».

Amenazas: Su temor principal es ser secretamente manipulado, controlado, rebajado o discriminado.

Estrategias: En razón de la idea de que los demás están contra ellas, las personalidades paranoides se ven impulsadas a una enorme vigilancia y a estar siempre en guardia. Son cautelosas y suspicaces, y constantemente buscan indicios que revelen los «motivos ocultos» de sus «adversarios». A veces se enfrentan a tales «adversarios» con quejas por presuntos agravios, y de tal modo provocan realmente la hostilidad que creían percibir.

Afectos: El principal afecto es la cólera por el presunto abuso. Pero algunas personalidades paranoides experimentan además una ansiedad constante por las amenazas percibidas. Esa ansiedad penosa es a menudo la causa de que soliciten terapia.


Usted sufre de TPP si presenta mínimo cuatro de estas características:

Se espera, sin bases suficientes, ser explotado o perjudicado por los otros.

Se cuestiona, sin justificación, la lealtad o confiabilidad de amigos o asociados.

Se descubren significados humillantes o amenazadores en observaciones o acontecimientos benignos; por ejemplo, se sospecha que un vecino sacó la basura más temprano para molestar.

Se abrigan resentimientos o no se perdonan insultos o desaires.

Hay renuencia a confiar en otros por miedo injustificado a que la información sea utilizada contra el sujeto.

El sujeto es muy sensible al desdén y reacciona rápidamente con cólera, o contraataca.

Se cuestiona sin justificación la fidelidad del cónyuge o compañero externo


Los signos visibles de este trastorno son:

Vigilancia constante, posiblemente puesta de manifiesto como tendencia a escudriñar el consultorio durante la entrevista y/o mirar frecuentemente por la ventana.

Preocupación anormal por la confidencialidad, que es posible que incluya la renuencia a permitir que el terapeuta tome notas, o el requerimiento de que adopte precauciones especiales para mantener el secreto cuando llama por teléfono al cliente.

Tendencia a atribuir a los demás toda la culpa por los problemas, y a considerarse maltratado y víctima de abusos.

Conflicto recurrente con las figuras de autoridad.

Convicciones habitualmente fuertes sobre los móviles de los otros y dificultad para considerar explicaciones alternativas de sus propias acciones.

Tendencia a atribuir gran importancia a pequeños acontecimientos, y a reaccionar con una fuerza proporcional, «tomando a una pulga por un elefante».

Tendencia al contraataque rápido en respuesta a una amenaza percibida de desdén, o tendencia a disputar y querellarse.

Tendencia a recibir más que lo que corresponde, a maltratar a los demás o a provocar su hostilidad.

Tendencia a buscar intensa y escrupulosamente datos que confirmen sus expectativas negativas respecto de los demás, ignorando el contexto e interpretando significados especiales (verosímiles) y motivos ocultos en acontecimientos comunes.

Incapacidad para relajarse, en particular en presencia de otros, lo que también puede significar incapacidad para cerrar los ojos, o negativa a hacerlo, ante el terapeuta, durante el entrenamiento en relajación.

Incapacidad para ver los aspectos humorísticos de las situaciones.

Necesidad inusualmente fuerte de autosuficiencia e independencia.

Desdén por quienes son vistos como débiles, blandos, enfermizos o defectuosos. Dificultad para expresar calidez, sentimientos tiernos o dudas e inseguridades.

Celos patológicos.


Las personas con TPP pocas veces entran en terapia, puesto que no consideran que su desconfianza sea un problema y son renuentes a aceptar ayuda,  pero es posible que en lugar de evitar la terapia, inicien el tratamiento sin el trastorno diagnosticado. Es cierto que no suelen recurrir a la terapia presentando su paranoia como problema principal; plantean otros problemas, como por ejemplo la dificultad para controlar el estrés, conflictos con los superiores o con compañeros, problemas matrimoniales o abuso de drogas.


Las metas de las técnicas conductuales son tres:

modificar las conductas autodestructivas.

si el paciente tiene una capacidad deficiente, la terapia debe incluir un componente de construcción de la capacidad. 

se pueden plantear tareas conductuales para realizar en casa a fin de poner a prueba las cogniciones

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