Algunas mentiras son más fáciles de creer que la verdad.
BRIAN HERBERT Y KEVIN J. ANDERSON
Ya hablamos de Erikson en el resumen de su libro El hombre que estaba rodeado de idiotas. Si recuerdan, en ese libro se asociaban distintos caracteres de personalidad a distintos colores: rojo, amarillo, verde y azul. Pero hay un carácter que no está reflejado en los colores basados en el lenguaje DISA: el psicópata. El estudio más reciente y amplio sobre la psicopatía publicado en la revista científica Frontiers in Psychology (2021) concluye que el 4.5% de la población mundial es psicópata. Si se usan autoinformes de personalidad, la cifra sube al 5.4%. Este estudio también dice que de cada cuatro psicópatas, tres son hombres.
El psicópata no tiene personalidad propia, copia la personalidad de los demás, de quién crea que podría manipular a su víctima escogida. Es una especie de camaleón con un programa oculto que solo él conoce. Y podemos estar seguros de que ese plan solo lo beneficia a él. Y por supuesto, manipular significa dañar a alguien. Son vagos, tacaños, infieles y muy mentirosos. Pero eso sí, saben engañar, embaucar y manipular a cualquiera que no sea como ellos. Caen bien a muchos, los colocan en un pedestal y, sin duda, los respetan.
Hollywood nos ha presentado a los psicópatas como asesinos despiadados, chalados de la vida con infancias traumáticas en hogares donde el alcohol, las drogas y la violencia eran el pan de cada día. Nada más lejos de la realidad. Sí es cierto que hay psicópatas en prisión, pero son aquellos que no controlan sus impulsos y muy tontas. Pero la mayoría de los psicópatas no están encerrados. Los psicópatas más inteligentes y aquellos que básicamente no cometen crímenes violentos andan sueltos a nuestro alrededor como cualquiera. Y son muchos. Lisbet Duvringe y Mike Florette escriben en su libro Kvinnliga psykopater (Mujeres psicópatas): «Saborean la venganza y (las psicópatas) encuentran placer en hacer daño; disfrutan con ello. Particularmente las mujeres psicópatas parecen buscar satisfacción en la venganza emocional, la agresión social y, en este caso, en forma de rumores que crean relaciones manipuladoras, inseguras y amenazantes. Es un tipo de venganza destructiva que no aparece tan visible como la violencia física y, por lo tanto, es más difícil de identificar.» Corroboro lo dicho por experiencia propia. Las consecuencias de la conducta psicópata en sus víctimas son considerables. Ruina económica, enfermedades mentales como depresión, ansiedad, estrés crónico, Trastorno de Estrés Postraumático Complejo (TEPT-C), disonancia cognitiva. Fibromialgia y fatiga crónica, problemas gastrointestinales, enfermedades autoinmunes como lupus, artritis reumatoide o problemas de tiroides (Hashimoto), hipertensión, arritmias, atrofia ligera en el hipocampo (memoria) y una sobreactivación de la amígdala (miedo), insomnio crónico, fracturas por lesiones e incluso la muerte. Los psicópatas son responsables de negocios empresariales muy arriesgados, estafas, fraudes, timos, robos, crimen organizado y narcotráfico. Pero además son los responsables del enorme sufrimiento provocado por una serie interminable de guerras violentas, montones de asesinatos y abusos, violaciones, pedofilia, maltrato infantil, torturas y trata de seres humanos. Y como hemos dicho, pueden ser políticos (Stalin, Bill Clinton, Pedro Sánchez), agentes de bolsa, oradores religiosos, jardineros, obreros, médicos, etc. Cualquiera puede robar, estafar, manipular, y en algún momento dado matar. Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de los psicópatas no cometen crímenes manifiestos, sino que se mueven entre nosotros y viven como todos los demás tras una máscara de normalidad. Además, al ser el narcisismo una característica psicopática, suelen ser personas que cuidan su imagen, son locuaces hablando, encantadoras, educadas, sonrientes, zalameras y populares en su entorno. Todo fingido, por supuesto, pero como se acercan a personas ingenuas y crédulas, a éstas les parece que cuando hablan saben lo que dicen, aunque no sean más que mentiras.
Los psicópatas tienen una autoestima exageradamente alta. Se consideran a sí mismos por encima de los demás. Valen más y se merecen tener más éxito que nadie en la vida. Muchos psicópatas son narcisistas de manual; es decir, solo se aman a sí mismos. Pueden fanfarronear de éxitos reales o inventados con la misma facilidad que piden un café. Además, se consideran con derecho a estar por encima de todas las leyes… menos las suyas propias. No tienen remordimientos ni sentimientos de culpa, y son incapaces de sentir arrepentimiento. Pueden simular dichos sentimientos cuando les conviene, pero nunca en coherencia con sus actos. Hacer daño a otras personas les trae sin cuidado. No importa si se trata de su peor enemigo o de sus propios hijos. Solo ellos mismos importan. Otro rasgo es la falta de empatía. El psicópata sabe que tú sientes algo, pero no le interesa saber qué es. Puede observar a una persona gravemente herida y pensar que es algo interesante, pero no le conmueve lo más mínimo. Y la mayoría de los psicópatas quiere que sea así. Se sienten orgullosos por no haber sufrido un «trastorno empático de la personalidad», porque eso hace que sea más fácil abusar o engañar. La mentira en ellos es patológica. No requiere ningún esfuerzo en absoluto. Si a un psicópata lo pillan en una mentira no se avergüenza lo más mínimo. Da inmediatamente la vuelta a las cosas y asegura que él nunca ha dicho eso. O que lo hemos entendido mal. Mentir es un juego divertido para ellos.
Su capacidad para embaucar y manipular es sobresaliente. Los psicópatas advierten las debilidades de la gente de una manera tremendamente sencilla. Y enseguida vuelven esas debilidades en contra de su víctima con el fin de embaucarla o engañarla. Su indiferencia a que les pillen les hace actuar con tanto descaro que en ocasiones nos cuesta creer que nos están engañando.
Una de sus peores características es la falta de sentimientos. Una botella de plástico siente más que ellos. Ni miedo, ni temor, ni preocupación, ni angustia: nada. Su pobreza emocional es total. Sin embargo, no deben darnos ninguna pena estas personas, ya que por lo general están muy satisfechos de no sentir nada cuando intrigan y engañan. No obstante, ten en cuenta que el psicópata finge esos sentimientos sin ninguna dificultad. Pueden darse cuenta de que cuando el psicópata finge que llora, no asoma ninguna lágrima en sus ojos, o las patas de gallo no aparecen cuando ríen.
Vive el presente. El futuro no les importa. Conocerán a un psicópata por su cuenta corriente, siempre a cero, y si tienen algo es porque ha robado o estafado a alguien. De todas formas ese dinero no tarda en gastarlo. No dedican ningún tiempo a sopesar los pros y los contras de algo. No existe el análisis de las consecuencias, ya que les hace vulnerables.
Su falta de empatía les hace aplicar eso de haz lo que digo pero no lo que hago. El más mínimo pisotón o comentario espontáneo, percibido como una provocación, puede desencadenar un acceso de furia violento. Si el psicópata es violento, ataca; si no es así, al que ha abierto la boca a destiempo le caerá una lluvia de improperios. Lo raro es que la ira desaparece de inmediato. Como si tuviera a su alcance un interruptor de encendido y apagado.
Se aburren fácilmente. Necesitan continuamente sus dosis de dopamina. La emoción y las cosas excitantes son lo máximo. Si no pueden hacer locuras ellos mismos, intentan inducir a otros a que las hagan. Cuando los demás nos ponemos nerviosos al ver un coche de policía e inmediatamente controlamos nuestra velocidad, un psicópata puede muy bien desafiar a la Policía delante de sus narices. Cualquier cosa con tal de vivir una experiencia excitante. De ahí que vivan al margen de la ley. No solo porque se creen Dios, también porque les excita.
La responsabilidad no va con ellos. Si el bebé llora ya se levantará el otro o ya dejará de llorar si él es el único que puede atenderle. Un auténtico psicópata ni siquiera se responsabiliza de sus propios hijos, por más que asegure que los quiere. Es capaz de dejarlos solos durante mucho tiempo sin comida ni agua. Él o ella no se preocupa de eso y suele librarse porque el mundo está lleno de personas que asumen la responsabilidad. He ahí una razón por la que no viven solos. Son como garrapatas, necesitan sangre, y esclavos.
La mayoría de los psicópatas muestra desviaciones antes de los doce años. Puede tratarse de todo, desde crueldad con los animales o con otros niños hasta robar y mentir sin despeinarse. También surgen experiencias sexuales muy tempranas y hay ejemplos de críos de doce años que han cometido una violación.
Son antisociales. Las reglas que rigen para todos nosotros no van con ellos. Las normas limitan las posibilidades de hacer lo que él quiere, entonces se pone sus propias reglas. A menudo esta es la causa de que algunos de ellos acaben entre rejas.
Como hemos mencionado, su estilo de vida es de parásito. Vive de los padres,, de los hijos, de la pareja, de sus amigos, de su vecino o del Estado. Aparece con frecuencia en las listas de morosos porque le aburren detalles como comprobar las fechas de pago. Nunca se hace cargo de la cuenta en el restaurante (siempre se le ha olvidado la cartera) y pide alegremente dinero prestado a la gente de su entorno sin la menor intención de devolvérselo. Si alguien se lo recrimina, entonces echa la culpa a otro.
Como buen narcisista, suele ser promiscuo. Su encanto atrae al sexo opuesto, por lo que pocas veces le falta pareja. Además, su constante infidelidad le añade al mismo tiempo más emoción al hecho de engañar a su pareja.
Otro punto es la incapacidad para asumir la responsabilidad de sus propios actos. Nada es culpa suya y si le das pruebas, estas están manipuladas o simplemente negará lo hecho. Además, un psicópata siempre encuentra a alguien o algo a quien echarle la culpa. Cargar a otro con la culpa de lo que él mismo ha hecho incluso puede llegar a parecerle divertido.
Solo tiene una meta en la vida: vivir a lo grande sin dar un palo al agua.
Es muy frecuente que los psicópatas hayan tenido problemas a una edad muy temprana por no respetar las leyes. Dado que la psicopatía normalmente empieza a manifestarse con claridad alrededor de los diez años, les da tiempo a liar más de una tropelía de juventud. Pero no gamberra das, hablamos de violación, maltratos graves, robos e incluso asesinatos. Y si entran en la cárcel, es muy posible que incumplan los permisos carcelarios o que no respeten las normas de la prisión. Un psicópata puede estar en la cárcel por cualquier delito, ya que no se especializan en nada. Su curiosidad y aburrimiento les hace ir de un lado a otro.
La “lista” más conocida para evaluar rasgos psicopáticos es la Psychopathy Checklist-Revised (PCL-R), creada por el psicólogo canadiense Robert D. Hare. Consta de 20 ítems, cada uno puntuado de 0 a 2 (máximo 40 puntos). En muchos países, una puntuación de 30 o más indica psicopatía clínica (en Europa a veces se usa 25). Por ejemplo, si la persona a la que observamos nunca muestra ningún signo de narcisismo se le dan cero puntos. En cambio, si manifiesta signos claros de narcisismo de vez en cuando, entonces se le da un punto. Sin embargo, si este rasgo de personalidad se manifiesta en todo momento se le darán dos puntos. Psicópatas conocidos como Charles Manson y algunos asesinos en serie suelen obtener entre 35 y 40 puntos. La diferencia entre un psicópata y tú y es que tú tienes sentido moral. Tienes frenos. Tienes una sensación clara de lo que está bien y lo que está mal. Y te preocupas de los demás. El psicópata no. El problema es que las víctimas de psicópatas suelen ser personas allegadas que no suelen denunciar por vergüenza, pena, compasión o mil cosas más. Seguro que ha sido culpa mía, piensan muchas víctimas. Y callan. Y el psicópata puede continuar. De todos modos, Erikson nos da tres medidas preventivas a tomar:
Aumentar la autoconciencia al máximo vigilando los actos del psicópata y no tragarte sus mentiras. Tampoco exculparlo. Si conoces tus puntos débiles y ves que el psicópata urga en ellos, toma consciencia de quién tienes a tu lado. Todos tenemos varias caras.
Tu YO PÚBLICO está formado por lo que tú conoces de ti y lo que conocen los demás de ti.
El YO CIEGO está formado por lo que tú desconoces de ti mismo, pero los demás sí conocen.
EL YO SECRETO consta de lo que tú sabes de ti mismo pero los demás ignoran.
EL YO DESCONOCIDO está formado por lo que tú ignoras de ti mismo y los demás tampoco conocen. Este Yo solo sale a la luz en situaciones de extrema presión.
Si eres consciente de tus YOS, tienes más autoconciencia y por lo tanto eres menos susceptible a ser víctima de un psicópata. Fortalece tus puntos débiles.
Aprende a reconocer el comportamiento psicopático. Nos protegemos contra enfermedades, ¿por qué no contra las manipulaciones? Dado que hay 400 millones de psicópatas en el mundo, ¿creen en serio que jamás conocerán a ninguno? En mi caso, en mi círculo cercano, hay dos. Seguro que si se quitan la venda de los ojos empiezan a reconocerlos y alguno es posible que esté muy cerca suyo, incluso conviva con él.
Detecta el peligro antes de que él te detecte a ti. Respétate y aprende a decir no o basta. Aumenta tu autoestima, hazte valer, sé valiente. Los lobos se lanzan contra los animales más débiles del rebaño. En el caso de los humanos, el más débil del grupo es aquel que no se gusta a sí mismo. Un secreto, los psicópatas suelen ser muy cobardes, así que si se les planta cara, suelen salir huyendo. Asegúrate de que el psicópata no te elija a ti y te aísle de tus seres queridos. Y si caes en sus redes, no dudes en pedir ayuda a tu familia o amigos (de los que se encargará de separarte). Al tener una baja autoestima nos “enamoramos” del primero que pasa. Y el primero que pasa y se queda es el que quiere aprovecharse de nosotros, porque, piénsalo bien, ninguna persona en su sano juicio querría estar con otra persona que no se quiere a sí misma. Estas son las personas que pueden utilizarte con mayor facilidad:
Miembros de la familia
Tu cónyuge o pareja
Compañeros de aventuras románticas o sexuales.
En las relaciones laborales tu jefe y compañeros de trabajo o personas que están bajo tu dirección
Amigos y conocidos
Contactos profesionales como médicos, abogados, psicólogos u otros profesionales a los que te dirijas en busca de ayuda. Sí, estos también pueden ser psicópatas.
Cierto, estas son casi todas las personas con las que hablas alguna vez en la vida. Es posible que te digas, pero mi marido con rasgos psicópatas me dice que me quiere. Cierto, ha aprendido a decirlo en momentos que le interesan, pero no lo siente. Si te amara de verdad no te apartaría de tu familia ni se puliría el dinero que a ti te cuesta tanto trabajo ganar. Recuerda que mienten todo el tiempo, y sus mentiras son parte de su plan. Les contaré un caso real. La mujer de un amigo llegaba cada día varias horas tarde a casa. Su excusa era que el transporte público que cogía para llegar a casa se estropeaba ¡cada día a la misma hora! Lo más fuerte es que el marido trabajaba en la empresa de ese transporte público y sabía que no se estropeaba nunca. Aún así, ella seguía mintiendo, importándole un bledo que su marido le pillara las mentiras. Como ya deben haber intuido, ella tenía un amante. ¿Y por qué estaba con él? Porque él era el único que cuidaba de su hijo y pagaba todas las facturas (además de sus caros caprichos).
Al principio, se mostrará encantador con tu familia y con tus amigos, todo para construir una imagen de sí mismo que parezca la de un auténtico tío estupendo. Te ayudará, se ofrecerá a hacerse cargo de algunas tareas —que probablemente acabarás haciendo tú— y marcará su propio territorio. Tener de su lado a tu familia te hará quedar como paranoico cuando les expliques cómo es realmente. Pero ni siquiera los psicópatas pueden actuar 24/7. Se cansan rápido y pronto pasan a ser como son y a vivir como un parásito. Recuerda que lo tuyo es suyo y lo suyo sólo suyo. Lo malo es que te arruinará. Lo bueno es que una vez arruinado tú, se buscará a otro idiota manipulable. Y lo mejor es que una vez escuchado este podcast, sabrás verlos venir de lejos y podrás cruzarte de acera y hacerte el loco para que no te vea. Y si caes en sus redes, dale problemas, pronto se buscará a otro. Hay gente muy dócil por ahí, ¿por qué tiene que aguantarte? Esto también lo sé por propia experiencia.
Pero hay un tipo de psicópata que no será tan fácil sacártelo de encima: tu compañero de trabajo. El compañero psicópata lo centra todo y atrae a todos a su alrededor. Lo consigue moviéndose por donde se mueven los demás. Puedes encontrártelo junto a la máquina del café, donde aprovecha cualquier oportunidad que se le presente para hallar nuevas presas. Suele seducir a su público con su personalidad cautivadora y hacer que la gente piense que es un tipo fantástico e inteligente. No dará un palo al agua, pero os hará reír. Dará datos que se inventará, por eso, si lo quieres como enemigo, pregúntale cuál es su fuente de información. Un interrogatorio o una contradicción a sus mentiras lo deja en ridículo. Estate preparado. Si tú eres el elegido, inmediatamente simulará ser tu mejor amigo para que le hagas el trabajo y se adueñe del tuyo. Además, si su mal trabajo le lleva a ser advertido por el jefe, no dudará en echarte la culpa. Él no puede ser visto como un inútil. Y tranquilo, le importa una mierda que pierdas el trabajo por su culpa, aunque “llorando” te diga lo contrario.
Reír, tampoco ríen la mucho, ya que ellos saben que es fácil detectar una risa forzada. Muchos psicópatas parecen más bien pensativos. Se ganan la confianza de la gente a través de su calidez aprendida, pero no por atraer a un gran público hacia ellos.
Las profesiones psicópatas son aquellas que dan poder, dinero, emoción, o que dentro de esas profesiones tienen muchas oportunidades para controlar a otras personas y para dominar sus vidas. Un ejemplo de ello son los agentes de bolsa. Sus profesiones favoritas son:
Director (interpretado como el jefe superior dentro de su actividad, con independencia de si esta es legal o no)
Abogado
Comunicador (televisión/radio)
Vendedor
Cirujano
Periodista
Policía
Líder religioso
Cocinero
Funcionario público
La manipulación psicológica es una forma de influencia social con el objetivo de cambiar el comportamiento de otras personas mediante métodos ocultos o engañosos, o incluso mediante abusos psíquicos o físicos. Lo que hacen los psicópatas es emplear la clásica manipulación psicológica, pero lo hacen de una forma tan refinada que no somos conscientes de ello. En el entorno laboral hay básicamente seis factores que impulsan la manipulación:
Fuerza impulsora intelectual (deseo de aprender y de obtener mayor conocimiento). El psicópata simula saber mucho de eso que quieres aprender tú.
Fuerza impulsora económica y práctica (gran interés por el dinero o cosas similares que puedan resultar útiles y prácticas).
Fuerza impulsora estética (generalmente dan mucha importancia al estilo y la armonía).
Fuerza impulsora social (interés por las personas, ayuda a otros).
Fuerza impulsora individualista (aspiran al poder, la influencia y el éxito).
Fuerza impulsora tradicional (modo de vida adaptado a la creencia de cualquier tipo, ya sea religiosa, vegana, naturista, etc.)
Hay investigadores que afirman que si hablamos solo de las fuerzas impulsoras básicas del hombre, estas se reducen a dos: poder y sexo. (O como dijo alguien: todo gira en torno al sexo, menos el sexo, que es una cuestión de poder. Piensa en ello.) En cualquier caso, haremos todo lo posible para conseguir aquello hacia lo que nos sentimos realmente impulsados, y a veces nos saldremos de las normas establecidas para conseguir lo que queremos. Las elecciones para conseguir algo que deseamos nos definen (ladrón, vago, perseverante, ambicioso, etc.) Las fuerzas impulsoras determinan muchas de nuestras decisiones en la vida. Que otra persona conozca nuestras fuerzas impulsora puede darles poder para manipularnos. La persona que se dedica a manipular generalmente lo hace por dos razones: para ganar dinero o para conseguir poder. Así de simple. Si tú y yo nos movemos por razones totalmente distintas, por ejemplo, ayudar a los demás o crear un mundo mejor, seguro que seremos utilizados. Pero cuidado, una persona que intenta ligar con nosotros en una discoteca no tiene por qué ser un psicópata, aunque si te hace pagar todo a ti, ándate con ojo. Los peores monstruos han aprendido a comportarse de modo tan normal como tú y como yo. Algunos de ellos parecen incluso tan normales que casi parece que somos nosotros quienes estamos más cerca de ser unos desviados. Cuidado también con confundir a un psicópata con un rojo. Dado que el comportamiento rojo puro es tan poco habitual (solo el 0,5 por ciento de la población tiene únicamente el color rojo en su perfil), hay un buen porcentaje de personas que no entiende su manera de comportarse. Es cierto, hay bastantes estudios fidedignos que indican que cuanto más alto llegas en una organización, a más psicópatas te vas a encontrar. Lo mismo ocurre con la conducta roja. Un estudio publicado en Personality and Individual Differences usó la escala B-Scan 360 para medir rasgos de psicopatía en supervisores y encontró que estos rasgos están asociados con menor satisfacción laboral y mayor conflicto entre trabajo y familia entre empleados — lo que apoya la idea de que rasgos psicopáticos en cargos de mando tienen efectos perjudiciales organizacionales. Dado que los rojos toleran que les partan la cara mejor que el resto de los colores, no es raro que alcancen los puestos más altos dentro de una organización gracias a su habilidad para abrirse paso a codazos, algo que comparten con los psicópatas. Los psicópatas porque no tienen ninguna consideración con el resto de las personas, los rojos porque están centrados en el cumplimiento de sus objetivos y no se alteran significativamente por los conflictos. Distinguirlos no es fácil, pero hay diferencias. El rojo trabaja. Es más, será el primero en llegar a la oficina y el último en irse. Los halagos de un jefe rojo brillan por su ausencia. No suelen socializar mucho, algo que el psicópata no puede evitar. Criticar a su personal en público es una cosa que tienden a hacer tanto los jefes rojos como los psicópatas, pero los rojos no disfrutan al hacerlo. La bronca del rojo es para que no vuelva a suceder, la del psicópata busca humillar. También la insensibilidad por las desgracias ajenas es una similitud, pero hay una diferencia primordial, el rojo reconocerá su error si se equivoca, el psicópata ni muerto. Por último, ten cuidado con confundirlos. Si tú, en la creencia de que se trata de un jefe rojo que quizá sea receptivo a tu crítica constructiva, le cuentas lo mal que te hace sentir su comportamiento, caerás en una trampa y tendrás muchos problemas con tu jefe psicópata. Puede llegar a amargarte la existencia de tal manera que ni te lo imaginas, por experiencia propia. Al no hacer nada, el psicópata tiene mucho tiempo para pensar en cómo destruirte.
También hay muchas semejanzas entre la conducta amarilla y los rasgos psicopáticos. Según la lista de verificación de psicopatías de Robert D. Hare, el encanto personal, la locuacidad y la superficialidad son rasgos característicos de la psicopatía. Todas estas cualidades se pueden atribuir a demasiadas personas amarillas como para que podamos ignorarlo aquí sin perder la credibilidad. Además, con frecuencia se percibe a los amarillos como personas manipuladoras. Para colmo suelen darse importancia, que es exactamente lo que le gusta hacer a un verdadero psicópata. Asimismo, las personas amarillas tienden a culpar a otros cuando todo está a punto de irse al garete. Que es también lo que suele hacer el psicópata… Al amarillo le gusta entretener y, en su empeño por hacer reír a la gente, o hacer que se conmueva, de vez en cuando suelta anécdotas exageradas para hacer reír. Recuerda que los amarillos nos utilizan a los demás como si fuéramos su público. El psicópata miente porque le gusta mentir, y lo hace para probar hasta dónde puede tirar de la cuerda. La diferencia entre el psicópata y el amarillo en esto de mentir/exagerar es que si lo descubres en público, el amarillo se vendrá abajo y el psicópata se vendrá arriba, atacándote con fuerza. Es más, te acusaría de mentir a ti, diciéndote que no sabes de lo que hablas aunque seas una eminencia en el tema. El problema con el psicópata es que no parece que esté mintiendo. Una persona amarilla se estresa y lo pasa mal cuando la descubren. Levanta la voz, se esfuerza aún más y entonces afloran sus sentimientos. La persona amarilla puede tartamudear y hacerse un lío, pero el psicópata permanece impávido todo el tiempo mientras sigue aumentando las contradicciones de lo que dice hasta que no sabemos ni qué pensar, pero a él ni siquiera se le acelera el pulso, ni muestra ningún signo típico de alguien que miente, por ejemplo, toquetearse la cara o la nuca. Él se queda allí plantado como si fuera la persona más sincera del mundo. Al amarillo puede que se lo perciba como una persona agradable y encantadora cuando está de buen humor. Pero también puede ser arisco y estar de mal humor en los malos momentos. En situaciones de estrés, por ejemplo, las personas amarillas son bastante pesadas para su entorno y de encantadoras no tienen nada. Entonces dan voces, se quejan, señalan con el dedo y echan la culpa a los demás. El psicópata no sufre estrés porque cree que puede superar cualquier situación manteniendo la mente fría. En el campo de batalla son los psicópatas quienes corren los mayores riesgos, porque les gusta el chute de adrenalina que obtienen al ponerse ante el peligro. ¿Se imagina un ejército de políticos, CEOs y agentes de bolsa? Invencible.
La similitud con los verdes es obvia: las pocas ganas de trabajar. Además, el verde también miente, sobre todo para escaquearse del trabajo, pero también para evitar el conflicto. Los verdes son expertos en manipular, aunque no lo creamos. Si en un viaje en grupo hay un verde y se le encarga la compra de billetes de avión, el grupo no viaja. La inactividad de la persona verde ha llevado ahora a pagar unas consecuencias excesivas a un grupo grande de personas que confiaron en ella desde el principio. El grupo se ha visto manipulado por la confianza que depositaron en una persona que dijo una cosa pero quería decir otra. La agresividad pasiva puede lisa y llanamente provocar estos efectos aunque uno no los vea así. Al igual que el psicópata, el verde te dirá lo que quieres oír. Pero el comportamiento de la persona verde se diferencia del comportamiento del psicópata en que ella no es completamente consciente de lo que hace, el psicópata sí. En el caso del viaje en grupo, el psicópata probablemente sería más activo si tratara de engañar al grupo, les crearía auténticos problemas y, además, sería consciente de las consecuencias. El verde se sentirá mal por su pasotismo, mientras que al psicópata los otros le importan un pitó. El verde también consigue con su actitud que otros hagan su trabajo escurriendo el bulto constantemente. Al final siempre aparece alguien que hace las cosas que el verde no ha tenido ganas de hacer. Escurrir el bulto y eludir la responsabilidad también es un rasgo psicopático. Recuerda esto si eres verde y no quieras que te confundan con un psicópata.
La persona azul no suele ser percibida a simple vista como psicópata. Posiblemente sea la que menos similitudes tenga con un psicópata. Él no tiene el menor interés por las relaciones e incluso le parece que las personas, en general, son pesadas. Prefiere pasar todo su tiempo consigo mismo y cree que se habla demasiado en esta sociedad. Pero sí hay alguna. Mucha gente percibe a las personas azules como frías y sin sentimientos. Te miran sin mover un músculo de la cara. Te observan, te juzgan y te analizan. Pero sin decir una palabra. Y en realidad, eso es lo que hacen muchos psicópatas. Miran fijamente a los demás como si fueran objetos a los que evaluar. Otra similitud es que los psicópatas no se preocupan por otras personas, y los azules solo se preocupan de unas pocas, las más cercanas, así que pueden percibirse como insensibles. Una diferencia grande es que el azul no miente. Un psicópata miente constantemente incluso cuando no hay motivos para hacerlo. Los azules no mienten en absoluto, sino que más bien te dicen las cosas a la cara si les preguntas directamente, por muy desagradable que sea la respuesta. El azul no halaga, su autoestima es baja o reconoce sus limitaciones. Para un azul, si hay algo escrito, como un manual, instrucciones de uso, leyes, etc., es para cumplirlo a rajatabla. Para el psicópata las únicas normas que obedece son las suyas.
Si ya sabes qué color o colores eres y por lo tanto también conoces tus debilidades, analizaremos ahora qué estrategia es más eficaz para manipularte.
Los puntos ciegos de los rojos son la grosería, arrogancia, agresividad, ignora a los demás, no escucha, lleva demasiada prisa, es dominante, controlador, intolerante y egoísta. Su agresividad puede ser usada por el manipulador para enfrentarlo a sus enemigos, quedando el manipulador al margen de la contienda. Sin embargo, lo mejor para un psicópata es jugar con la mala conciencia de los rojos (incluso las personas rojas la tienen, aunque a uno le cueste creerlo) y atreverse a hacer lo inesperado. Esto es lo que las personas rojas tienen que entender. Pueden ser totalmente engañados por alguien que no vea el peligro como un peligro. Los psicópatas irradian confianza en sí mismos, más que la mayoría. Y los rojos notan quién tiene una alta estima y, generalmente, lo respetan. Incluso pueden llegar a admirarlo por ello. Cuando el psicópata le muestra al rojo su admiración y respeto, sin saberlo el rojo está cayendo en la trampa. Pero como los halagos no funcionan con los rojos, ya que no les gustan los pelotas, el psicópata halagará al rojo por boca de otros. Es posible que use a un azul, a los que los rojos respetan. El truco con las personas rojas es no hacer nada abiertamente, y eso lo saben los manipuladores hábiles. Otra táctica que funciona con los rojos es hacer algo absolutamente inesperado y atrevido. Esto hace que se gane la confianza del rojo y su atención. Otra debilidad del rojo es que no piden ayuda a los demás. Así, el psicópata sabe que sólo tiene que luchar contra él.
Al amarillo le gusta divertirse, reír y hacer bromas. La otra cara de la moneda es que suele depender de otras personas para funcionar bien. Sin una considerable cantidad de gente a su alrededor se vuelve más pequeño de lo que en realidad es. La falta de público es su gran debilidad, por lo que el manipulador intentará apartarlo de todo acto social. Lo que gana el psicópata con esto es evidente: si la víctima no tiene nadie con quien hablar, el psicópata puede presentarse como el único que le escucha. Esto hace que sea la única persona en la que el amarillo pueda confiar. La amenaza de irse y dejarlo solo puede aterroriza al amarillo, que hará cualquier cosa para mantenerlo a su lado. Las debilidades de la persona amarilla son el egoísmo, la superficialidad, egocentrismo, autoconfianza exagerada, promete mucho y no da nada, disperso, descuidado, olvidadizo, quisquilloso, sensible, desorganizado y desordenado, pamplinero y poco serio, habla sin parar y no sabe escuchar. Si le echamos todo esto en cara a una persona amarilla se sentirá profundamente incómoda. Lo que hace el psicópata embaucador y manipulador es, por ejemplo, decirle en confianza a su víctima que una persona a la que ella aprecia mucho ha dicho algo malo de ella. ¡Qué puñalada por la espalda! A continuación, el circo está en marcha. El amarillo es muy sensible a las críticas y se aparta de quien le dice el psicópata que lo ha criticado. Al amarillo tampoco le gustan los conflictos, por lo que no hablará directamente con el que supuestamente lo critica. Una escena de celos del psicópata puede provocar la promesa del amarillo a no volver a hablar con otra persona. Supuestos celos, porque el psicópata no siente. Si aún así el amarillo desea hablar con la persona en cuestión, no dudes de que al psicópata le dará un ataque de ansiedad o los mil males para impedir que el amarillo intente solucionar las cosas. También comprobado en primera persona. No cabe duda de que el amarillo es particularmente sensible a perder a sus amigos. Le produce estrés y le hace perder el equilibrio. Y mantenerlo de forma continuada en ese desequilibrio es como ir sembrando la semilla de la duda sobre sí mismo. También el psicópata le creará mala conciencia hablando constantemente del comportamiento egocéntrico del amarillo. Por supuesto, el amarillo no quiere que el otro se sienta mal, así que comienza a evitar hablar de sí mismo. Muy pronto dejará de soñar, de imaginar cosas y ha iniciado el camino de su declive. También el hecho de no escuchar a los demás cuando hablan puede causarle más de un problema al amarillo. Pero lo que funciona de verdad es repetirle a un amarillo que debería ser más serio, no reírse tanto y no andar haciendo el tonto todo el tiempo. Y fingir sentirse el psicópata avergonzado por ello. Esto hará que el amarillo se vuelva aburrido y la gente se distancie de él. Al final el amarillo no saldrá de casa, mientras el psicópata seguirá con su vida y gastándose el dinero que el amarillo no gasta.
La debilidad de los verdes es, en gran medida, que tienen miedo a los conflictos. A la mujer verde le asustan también los cambios, no le gusta el cambio de planes, menos aún si es con prisas. Entonces se puede bloquear. Ella no quiere estar en el centro, y no quiere que la critiquen en público. Tampoco le gusta hablar ante grupos grandes, es decir, más de cinco personas, a no ser que las conozca bien. Es introvertida y algo parecido a una observadora. Las debilidades de la persona verde son el miedo a los conflictos, minuciosidad, reacio a los cambios, terco, cohibido, cobarde, pasivo, se escaquea, declina hacerse responsable, poco sincero, no habla con la gente sino de ella, hipersensible a las críticas e irresoluto. Por lo tanto, si un psicópata quiere atrapar a una persona verde, apuntará decididamente a su sensibilidad frente a la crítica y su miedo a los conflictos. La manera de acercarse a un verde es actuar como un rojo, ser resolutivo y coger la iniciativa. Los verdes rehúyen encantados la pesada responsabilidad de tomar un montón de decisiones que puedan tener consecuencias duraderas, dejando las decisiones a los demás. Si el psicópata necesita un piso para vivir gratis, no hay mejor método que enrollarse con un verde. El verde querrá ayudar, echar una mano al prójimo, puesto que ese es uno de los puntos fuertes de los verdes. Le ofrecerá su apartamento y el psicópata, poco a poco se irá mudando a casa del verde. Su miedo al conflicto no le dejará oponerse ni echarlo de su casa. A cambio, el psicópata dejará que el verde haga la compra, le lave la ropa, le planche las camisas, limpie la casa y haga la comida, todas esas cosas que el psicópata no tiene ganas de hacer y que el verde hará para ganarse su admiración. Muy pronto, habrá algún lío con su salario, dado que en la oficina han cometido algún error con las nóminas. En ese momento el psicópata le pedirá dinero al verde, que por no querer conflicto y querer ayudar, se lo dejará. El simulacro ha salido bien. Ahora el psicópata sabe que el verde está dispuesto a abrir la cartera para darle dinero. Así que continúa poco a poco. Se olvida la cartera cada vez que van a cenar a un restaurante, pero felizmente el verde abre la suya. Sin embargo, el psicópata quiere comprobar dónde están los límites. Otra táctica es la merma de su autoestima. Lo único que tiene que hacer el psicópata, por ejemplo, cuando una mujer verde se mira al espejo y dice que ha engordado un poco, es darle la razón. Y su autoestima, ya de por sí débil, sufre otra fisura. Y si ella protesta, basta con levantar un poco la voz, solo un poco. Como de costumbre ella no quiere peleas. Dado que el verde protege a la familia, y la imagen que esta proyecta al exterior, esta también será un arma eficaz. Si el psicópata quiere algo — dinero, tiempo para él, quizá sexo demasiado depravado— solo tiene que insinuar que es posible que lo abandone. Eso sería un castigo que el verde no está dispuesto a aceptar. Y cuando el verde esté empeñado hasta las cejas y sin recursos, el psicópata desaparecerá.
El azul es la persona más difícil de manipular. La razón es bien sencilla: el azul controla la situación. Él sabe lo que has dicho y recuerda los detalles. Apunta lo que oye. Guarda los mensajes de correo electrónico y sabe cómo son las cosas. En las mentiras psicópatas el problema es evidente. El compañero de trabajo, el jefe, el amigo o la pareja azules descubrirían antes que otros que la mentira es eso: una mentira. Su método es hacer un seguimiento de los hechos y verificar las cosas dos veces. Las irritantes deficiencias de las personas azules: son esquivos, cortantes, sospechosos, meticulosos, gruñones, insatisfechos, esclavos de las normas, indecisos, reservados, fríos, carecen de competencia social, lentos, etcétera. La manera más eficaz de manipular a un azul es convencer al resto de que su trabajo es deficiente. De esta manera, muy pronto sembrará la duda entre muchos de sus compañeros de departamento, que empezarán a replantearse la imagen que tienen del infalible azul. Y poco a poco el halo de gloria que antes rodeaba al trabajador y eficiente azul se pone en entredicho. Mientras el psicópata modifica los trabajos del azul para que sean erróneos, sus peones irán poniendo en duda el trabajo del azul y ensalzando al psicópata y sus logros. Los investigadores Robert D. Hare y Paul Babiak llaman peones a tontos útiles al servicio del psicópata,
recursos fáciles de sacrificar. A esos aliados se les atrae con buenas palabras y siempre hablarán bien del psicópata, dirán que es el mejor chico del mundo. Cada vez que alguien critique al psicópata, sus peones saldrán en su defensa y el crítico quedará como un gruñón y un mezquino. La segunda fase empieza con decir a todos, menos al azul, que las reuniones empiezan quince minutos antes. Con lo cual el azul, con extraña regularidad, empieza a llegar tarde a las reuniones. Como es una persona introvertida y realmente no quiere hablar con sus compañeros más que lo imprescindible, no hace nada, no dice nada. No quiere hablar con ellos y ellos no quieren hablar con él. El azul empieza a volverse loco, no entiende nada. En la empresa empiezan a dudar de él. El azul empieza a dar muestras de mal humor tanto en casa como en el trabajo, donde de esa manera refuerza la idea de que es muy difícil tratar con él. Hasta que el azul empieza a dudar de sí mismo. Alterar a una persona azul es un auténtico desafío, incluso para los psicópatas más astutos. Probablemente le resulte mucho más fácil a una hermosa mujer psicópata hacer caer en su trampa a un hombre azul que tenga problemas para relacionarse. Ella le presta toda su atención y le elogia todos sus puntos fuertes. Él no se ha visto nunca en una situación parecida, y es un objetivo propicio para caer en la dulce trampa de la seducción. Como, además, las mujeres psicópatas utilizan también el sexo como arma, la cosa puede acabar en un verdadero desastre.
Ahora pasamos a ver las distintas técnicas de manipulación, técnicas que ya habíamos visto en el podcast de manipulación oscura y que trataremos aquí brevemente.
Confirmación positiva arbitraria. Darle a un individuo una fuerte aprobación positiva unas veces sí y otras no. Funciona muy bien con personas de autoestima baja. El truco está en que el manipulador al principio acostumbra a su víctima a una situación de fiestas y lisonjas. Y cuando todo esto desaparece, es cuando surge la caída y empieza el infierno. No es nada raro que personas que se ven expuestas a una situación semejante terminen de baja por enfermedad durante una buena temporada o sencillamente que se despidan porque no soportan la presión psicológica. Y la jefa manipuladora continuará buscando a su próxima víctima hasta que se vea rodeada de un coro de voces que siempre dicen sí. Amarillos y verdes son más débiles en este tipo de manipulación.
Bombardeo amoroso. Piensa lo que significaría para ti que te digan que eres el ser más maravilloso que Dios ha creado, dicho por una persona de la que tú estás enamorado. Te colmará de pequeños regalos, flores, gestos amables, calidez, besos y admiración de la mañana a la noche. Cualquier color es susceptible a esta manipulación. Si, además, no has experimentado nunca lo que es el verdadero amor, eres una víctima clara para los planes malévolos del manipulador. Un buen día, puede ser después de seis meses o un año —depende del plazo que se haya marcado, y puede que ese plazo esté en realidad relacionado con tu capacidad para mantenerlo— de repente acaba todo el bombardeo amoroso.
Para entonces, puede que ya estéis casados, o lo que es peor: esperando un hijo. Estás atrapado. No tienes salida. Como siempre, lo primero es mantener la calma. Lo que suena demasiado bien para ser cierto no suele serlo. Lee la frase anterior al menos tres veces. Escríbelo y guárdalo en la cartera. Una llamada que siempre suele hacerte a una hora concreta, desaparece. Una mano que suele agarrar la tuya cuando vais de paseo, permanece en el bolsillo. Tal vez, tu amada de repente sonría a otra persona de una manera que no te gusta, cosa que negará si tú le dices algo. Durante una semana desaparecen las relaciones sexuales, algo que no ha ocurrido antes. Y ¡zas!, de la noche a la mañana empiezas a recibir críticas por aspectos de tu personalidad que ella hasta ahora había aplaudido. Déjame que te recuerde a Adolf Hitler. Así se ganó la confianza del pueblo alemán. Les dijo todo lo que querían oír y se ganó su confianza. Luego, poco a poco, empezó a poner en marcha su plan a largo plazo. De manera un poco simplificada, podría decirse que la confianza depende de tres cosas: la previsibilidad, la fiabilidad y la seguridad. Los psicópatas tienen poca paciencia por lo que no pueden mantener la máscara por mucho tiempo. Las palabras deben ir acorde con los actos. Una vez que has comprobado la astucia del psicópata o manipulador, actúa enérgicamente y, sobre todo, de inmediato. Actúa como lo haría un rojo.
Confirmación negativa. El manipulador deja de hacer algo que te gusta cuando tú empiezas a hacer algo que a él o a ella no le gusta. Y esto tiene un efecto muy simple: tú harás en el futuro lo que quiera el manipulador. El resultado es que ya no pides el premio, te conformas con hacer cosas que no le enfaden. Obtienes una respuesta negativa hasta que cedas en lo que sea. Entonces todo vuelve a la normalidad. Y empieza la rueda para conseguir otra cosa.
Cortinas de humo incomprensibles. El propósito aquí es cambiar el foco y pasar de una pregunta real a decir que estás mal de la cabeza. Con frecuencia, la táctica es presionar diferentes teclas emocionales. Esta táctica es común en las infidelidades. Experiencia propia y de conocidos. En lugar de hablar del problema real —la infidelidad— él o ella simplemente lo niega todo y vuelve el foco hacia ti. Él quiere hablar ahora de tus errores y defectos, por ejemplo, tu irritante inseguridad, tus celos o incluso tu coqueteo con el vecino de ochenta años. Cualquier invención es buena para cambiar de tema. En ese momento puedes decir: «Veo que ahora has cambiado de tema. ¿Podemos volver a hablar del asunto que nos ocupa?». Si lo deseas puedes plantear el tema cuando haya otras personas presentes. Por ejemplo, en un restaurante, o en presencia de alguien de tu confianza. Un amigo común, un familiar o cualquier persona, cuya presencia haga que el psicópata no pueda valerse de esa técnica sin quedar totalmente en ridículo. Si has llegado a plantearle el tema es porque estás seguro/a de que tienes razón. No decaigas, confía en tu intuición y te pongas a la defensiva.
Cuando tus sentimientos se vuelven contra ti mismo. Otra forma de crear confusión y distraer la atención de lo que en realidad se está discutiendo es volver tus propios sentimientos contra ti mismo/a. La táctica consiste en tocar aspectos sensibles de tu personalidad, aspectos de los que tú mismo/a no estás particularmente orgulloso/a. La ventaja para el manipulador es evidente: los sentimientos son difíciles de manejar. Y los sentimientos embarazosos aún más. Si el manipulador es un hombre, puede valerse de expresiones como: «¿Estás otra vez con síndrome premenstrual?». Por un lado, el manipulador puede suscitar fácilmente la ira de su víctima provocándola. Dado que él no siente nada, puede aguantar el rebote sin problemas. Y puede señalar enseguida lo que ocurre: ¡Mira! ¡Justo lo que yo decía! ¡Tú siempre estás enfadado! ¡No estás en tu sano juicio! Ahora la conversación se centra en tu actual sentimiento, sea el que sea, y no en lo que ha hecho él. Y además te lo restregará por la cara. A un rojo le dirá: ¡Y ahora te enfadarás y me gritarás como haces siempre! A un amarillo: ¡sólo dices tonterías y no me escuchas! . Al verde: «¡Nunca dices nada, no eres más que un pusilánime que siempre se esconde cuando pasa algo! Al azul: ¿Cómo puede ser tan frío?, y empezará a llorar.
Triángulo amoroso. El manipulador crea una situación entre él mismo, tú y una tercera persona que no tiene nada que ver con vosotros. Imagínate que tu pareja te ha puesto por las nubes durante varios meses —confirmación positiva—, pero de repente se calla. Tú te has esforzado por conseguir más confirmación positiva, pero no lo has logrado. En lugar de eso, tu pareja ha empezado a venir con una serie de críticas inesperadas sobre cómo es vivir contigo —confirmación negativa—. En lugar de contestar a tus angustiosas preguntas para saber qué has hecho mal, el manipulador empieza a hablar ahora de otra persona, un tercero del que quizá ni siquiera conocías su existencia. Probablemente llegue a describirte a esa mujer u hombre como una persona con características totalmente opuestas a las tuyas. Sin embargo, si eres como la mayoría, tu inseguridad se disparará, y tu deseo de agradar a tu manipuladora pareja nunca será más grande. Si le hicieras frente con todo —por ejemplo, después de haber leído el libro o escuchado este podcast— él lo negará todo. Son imaginaciones tuyas, estás celoso/a y tienes que hacer algo con tu falta de confianza en ti mismo/a. No sería de extrañar que esa tercera persona fuese en realidad su amante. Si al plantarle cara, el psicópata decide abandonarte, no te sientas culpable, él o ella ya tiene a otro imbécil al que amargarle la vida (también experiencia propia). Un consejo, déjalo ir, porque como le pidas volver estarás perdido, ya que él sabrá que puede hacer contigo lo que quiera, y él seguirá con su amante.
Luz de gas. La palabra gaslighting carece de un término específico en español, pero podría traducirse como el efecto luz de gas, una táctica que consiste en presentar información falsa para hacer dudar a la víctima de su propia cordura. Un ejemplo: tu esposo/a se arregla una noche y se dispone a salir con sus amigos/as. Tú le preguntas por qué no te ha dicho nada al respecto, a lo que él o ella responde: «¡Pues claro que te lo he dicho! Lo hablamos la semana pasada».
Es posible que se lo discutas porque a ti realmente no se te olvidaría una cosa así. Por otra parte… has olvidado algunas cosas antes y nadie es perfecto.
Entonces te dice que saldrá con su mejor amigo/a. Cuando tu esposo/a no ha vuelto a casa a pesar de que ya empieza a ser muy tarde, y tampoco te ha respondido a los SMS que le has enviado, llamas a su amigo/a para saber si ha vuelto a casa. Él o ella te responde que no ha salido de casa en toda la noche. Dado que tu esposo/a es un/a psicópata, ahora te dirá que no dijo su mejor amigo/a: él o ella dijo un buen amigo/a. Tú estás seguro/a de que dijo mejor amigo/a, y, por cierto, ¿quién es ese buen amigo? El gaslighting es una táctica inhumana que destroza a las personas de forma irremediable. Se trata de una técnica de dominación cruel y manipuladora, y funciona porque los psicópatas se pasan el tiempo mintiendo.
Pacto de silencio. Significa, entre otras cosas, que te sometan a un silencio total, que no contesten nunca a tus preguntas y que te ignoren de una forma tan extrema que te puede llevar a la locura. Y cedes en lo que sea. Si se te ocurre preguntarle cuál es el problema puede muy bien responderte con una mirada asesina. Algunos psicólogos le llaman a esto tortura emocional.
Recuerda:
Un psicópata no cambiará nunca su manera de ser. Es posible que durante unas semanas «finja» que ha cambiado, pero muy pronto estaréis otra vez como siempre.
En lugar de responder inmediatamente, una manera eficaz es esperar antes de responder y dejar pasar un poco de tiempo entre el suceso y tu reacción ante lo ocurrido.
Tienes que cambiar tu comportamiento; solo entonces cambiarán tus sentimientos ante la nueva situación. Así es como funcionamos. Mantente firme.
Repite tu mensaje una y otra vez.
No cambies el mensaje
Las personas que hacen exactamente lo que dicen gozan de un gran respeto entre las demás.
Si eres rojo, solo tienes que pensar en todo aquello que no controlas.
Si eres amarillo, siempre tendrás miedo a que te rechacen.
Si eres verde ya sabes que tienes miedo a los conflictos.
Si eres azul lo que más temes es convertirte en el hazmerreír
El miedo nunca desaparecerá mientras sigas evolucionando.
La única manera de deshacerse del miedo a hacer algo es salir y hacerlo.
La única manera de que te sientas mejor contigo mismo/a… es salir y hacerlo sin más.
Obligarte a vencer el miedo es menos aterrador que vivir con una profunda sensación de impotencia.
Si tienes miedo a oponerte a las exigencias de tu pareja en algo en lo que realmente no quieres participar, compara este miedo con la sensación que tienes en el cuerpo cuando accedes en contra de tu voluntad a hacer lo que él quiere.
Las preocupaciones no tienen por qué ser reales. Tú puedes cambiar tus pensamientos muy fácilmente.
Enfréntate al manipulador cara a cara. Recuerda que son unos cobardes.
Esto es lo que tienes que decir:
1. Cuando tú… (describe lo que hace el manipulador y lo que tú quieres que deje de hacer)...
2. me siento… (describe exactamente los sentimientos negativos que esto provoca en ti)
3. Si dejaras de hacerlo (el mal comportamiento) y en lugar de eso… (describe qué comportamiento quieres ver en esa situación concreta)
4. … entonces yo me sentiría (indica exactamente qué sensación quieres experimentar junto con tu pareja/jefe/amigo/madre o quienquiera que sea el manipulador)
Cuando le expliques tu posición al manipulador, hazlo con voz tranquila y segura.
Sé constante y perseverante. No se cambia en un día.
Si has dicho que no aceptas cierto comportamiento, tienes que mantenerlo
Si tu manipulador fuera un psicópata, aceptará tus condiciones inmediatamente, y buscará resquicios en tu comportamiento. Después, cuando los encuentre, introducirá el cuchillo mucho más hondo en tus puntos débiles.
Cuando el manipulador te someta a un pacto de silencio, a gritos, improperios, portazos, puñetazos en la mesa, miradas de enfado, risas sarcásticas, llanto, sollozos, caras largas, críticas mordaces, suspiros, amenazas, cuando te ignore, te amenace o cualquier otra técnica con la que haya conseguido doblegarte antes, tú dirás sencillamente: Entiendo que quieres que haga o no haga esto, pero tu táctica ya no funciona.
Explica que a partir de ahora vas a tomar tus propias decisiones
Explícale al manipulador cómo quieres que te trate
Establece marcos y límites claros. Aclárale que sus técnicas de manipulación (habla de las que has observado) ya no las vas a tolerar.
Pídele al manipulador que confirme que tú tienes necesidades, principios, opiniones y valores que, aunque no coincidan con los suyos, no por ello están equivocados.
Explícale que esperas que la calidad de vuestra relación mejore a partir de ahora
Finalmente: pídele (tal vez con una sonrisa amable y buenos ojos) al manipulador o manipuladora que confirmen que te ha escuchado y ha entendido tu mensaje y que piensa hacer un esfuerzo de ahora en adelante. Recuerda, el problema no es el miedo en sí, sino lo que haces con él.
Si plantas cara, en el mejor de los casos, el manipulador con el tiempo adoptará una nueva forma de actuar. En el peor, buscará otro al que manipular.
No puedes curar al psicópata. Es un trastorno de personalidad causado por una anormalidad en el cerebro. Lo único que parece hacer mella realmente en un psicópata es una cosa: la edad
Cuando le explicas a un psicópata cómo sufren otras personas a causa de su comportamiento, le estás dando nuevas ideas.
Lo que todos los investigadores aconsejan es que debes alejarte de un psicópata.
No trates de negociar con él ni creas que vas a conseguir cierto contacto. Todo eso será bajo las condiciones del psicópata. Experiencia propia.
Tú no eres más que un recurso, un recurso que el psicópata puede sustituir.
Si tú dejas al psicópata, prepárate para afrontar sus ataques de ira hasta que encuentre a otro al que atacar.
No lo critiques en público o en las redes sociales, él está preparado para responder. Sus peones están por todas partes.
Si una persona se ha ganado tu confianza, asegúrate de que no se la ha ganado de por vida. Lo que ese individuo, seguramente muy simpático, hiciera hace tres meses no vale de nada si ahora de repente ha empezado a comportarse mal. Observa siempre el último comportamiento, no el del principio.
Tú sientes, el psicópata no.
Amar es respetar las decisiones del otro, sean las que sean.
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